martes, 22 de noviembre de 2011

Contestación desesperada a quien ya se encuentra en plena desesperación:

Pastor dice que la Ley de Dependencia "es muy bonita, pero debe financiarse"
 Anónimo dijo...
“La vedad es que no se de que hablan ustedes dos.
En fin; Señor Palazon, deje ya de insultarnos a los que no hemos votado al PSOE, ya vale. Usted tiene sus ideas y yo las mias, usterd cree que votar al PSOE era el menos malo de los remedios, yo creo que era una forma de seguir engañados y arrastrados por los siglos de los siglos. Ojala el PSOE hubiera obtenido CERO votos, y toda la izquierda tambien. Lo que espero de esta victoria es que la oposicion este en la calle no en los salones de estos caballeros, tan civilizados ellos, tan razonables, tan limpios y tan canallas, asesinos, ladornes (recuerde Libia).
Con la oposicion el la calle seguro que no les es posible ser tan razonables y llegar a acuerdos beneficiosos para todos .. para todos ellos claro.
Esperemos con desesperanza, porque no nos queda otra opcion. Y actuemos con valor
En cuanto a la ley de dependencia, mi hijo se beneficia de ella, se que la perdera porque el fascismo -dejese de derechas- siempre ha sido implacable y despreciativo con los debiles: Solo los fuertes tienen derecho a vivir ( o sea, ellos)peor estoy seguro que con el PSOE tambien la perderia.
Veremos. Las cosas no siempre han sido asi y no tienen porque serlo
22 de noviembre de 2011 17:27".
Mi estimada compañera en la izquierda, de las 17:27:
Le juro a v. por mi salud y la de mi mujer que yo no sé tampoco de qué habla mi amigo neutrino, últimamente me tiene muy, pero que muy desconcertado.
Pero creo que yo sí que tengo una pequeña idea de lo que hablo.
Me duelen ya los dedos de tanto escribir que yo no soy socialista sino comunista.
Resumiendo: el comunismo dice que todo lo que hay en el mundo le pertenece por igual a todos y cada uno de nosotros, que, en contra de las horripilantes ideas de nuestro nuevo presidente de gobierno, todos somos iguales y, por lo tanto, deberíamos tener iguales derechos, derivados de esa condición humana común que ninguno de nosotros ha querido ni solicitado.
Ya sé que este asqueroso mundo en el que ustedes, su familia, y nosotros, la mía, estamos obligados a vivir sin que nadie nos haya pedido permiso para traernos, está ya demasiado tiempo organizado así y temo que no podamos nunca reconstruirlo porque el poder es cada día más fuerte y nosotros, los débiles, los desheredados, los menesterosos, cada día lo somos más, apenas si contamos para ellos.
El otro día, no me podía dormir pensando en esa madre, enferma, moribunda, terminal, que había sido puesta en la calle por las fuerzas de orden público en la Comunidad de Madrid, junto con su hijo, un disminuido físico.
Tengo  ya la vida suficiente a mis espaldas, he vivido lo suficiente para, al no pertenecer a la que se llama clase dominante, saber muy bien lo que significa eso: primero, unos pocos días acogidos por una institución de beneficencia, y, luego, cuando pase el tiempo suficiente, dejar que la madre muera cuanto antes y que el hijo vaya a morirse solo por ahí, seguramente y además, avergonzado de ser ese miserable al que todos miran con una lástima disgregadora, con la terrible consciencia de ser una especie de estorbo social con el que nadie quiere enfrentarse. Y sé muy bien qué es esto y lo que se siente porque yo también lo he sentido en mis propias carnes, yo también he sido desahuciado un par de veces y he tenido y tengo en mi familia enfermos aquejados de dolencias absolutamente inhabilitantes que han pasado a ser para todos un auténtico estorbo social que no saben cómo quitarse de encima.
La ventaja, si así puede llamársele, es que esta pobre gente sólo es consciente de su abandono y desamparo más allá de cualquier límite pero no sabe, como yo sabía entonces, como sigo sabiendo ahora, que toda esta monstruosa indefensión es sólo el producto de un sistema social montado únicamente para que la riqueza se acumule en unas pocas manos que obligarán a los demás a trabajar siempre para ellas por unos miserable jornales, en una situación en la que, cada día,  el desamparo de los débiles es cada vez mayor, mientras contemplan como se habla de ellos como si realmente fueran la preocupación de los que, en cada momento, nos gobiernan.
Es el dolor insufrible de cada una de estas personas, es su irremediable desamparo que, como le digo, he sufrido yo en mis propias carnes, el que, ahora, cuando me hallo relativamente a salvo de estas inimaginables tragedias, me impide incluso dormir porque las pesadillas que me produce la sola posibilidad de pensar que alguno de los míos pueda volver a caer en ese pozo sin fondo, me origina tal ansiedad que tengo que levantarme de la cama y sentarme frente a la ventana y llorar.
Pero, al propio tiempo, soy un hombre que, tal vez para su desgracia, conserva todavía cierta capacidad de pensar y me he detenido un momento ante estas terribles circunstancias que nos ha tocado vivir y he tratado de esforzarme para entender qué es realmente mejor para todos los que padecemos persecución social por unas clases que sólo piensan en nosotros como unidades de una terrible estadística, y he llegado a la desoladora conclusión de que había tan sólo una lejana esperanza de que nuestra condición no se hundiera quizá para otros 40 años de plomo y ésta descansaba en mantener todo lo alejados que nos fuera posible del poder a todos esos cuya avaricia sin freno nos ha llevado adonde estamos, v., su hijo dependiente, yo y mis familiares dependientes también, y he visto que ante la inclemencia de las circunstancias sociopolíticas y económicas que nos afligen y su conformación actual, la única posibilidad que existía, si no de salvarlas plenamente, sí de atenuarlas de alguna manera estaba precisamente del lado de esos que propugnaron una ley para que las necesidades de nuestros dependientes estuvieran, por lo menos, en la consciencia de todos, frente a esa jauría rabiosa de gentes que sólo se mueven por ese ánimo de lucro desmesurado que nos ha traído hasta a aquí.
Ésta es mi triste y desoladora respuesta a su tan bien fundamentado alegato, que no sé ciertamente si le va a proporcionar a v. un poco de alivio o, si todo lo contraria, la va a desesperar más aún.  Ojalá le sirva de algo esta desengañada perorata de quien ya no tiene ninguna esperanza en un mundo así. Salud.

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