miércoles, 30 de noviembre de 2011

El combate de boxeo de todos los siglos


Advertencia a todos los que se pasan de listos: yo, puedo ser y estar viejo, gordo, feo y, como Quevedo, cojo, pero no soy tonto, quiero por tanto decir que no soy socialista sino comunista pero de ningún modo soy tonto, o sea que sé muy bien cuando asisto a unos combates de boxeo como los que se celebraron el 22M y el 20N quiénes son realmente los púgiles que toman parte efectiva en el combate y, por lo tanto, no es que sea difícil es que resulta realmente imposible darme gato por liebre, o sea, que si los combates se celebraban entre Tyson, PP, y Holyfield, Psoe, a mí no me vengan todos ustedes, falsos izquierdistas, a decirme que el antagonista de Tyson era Casius Clay, Izquierda Unida,  por otro nombre también Mohamed Alí, porque yo no soy como esa caterva de imbéciles y no me lo creo.


Como todo el mundo, aficionado al boxeo, sabe, y, si no lo sabe, yo se lo digo: Mike Tyson, el púgil de los puños de hierro y el alma de acero,  anda por ahí, haciendo de las suyas, los hay que incluso le acusan de dedicarse a la venta de drogas y, si no es verdad, muy bien podría serlo porque es capaz de todo, desde pegarle a las mujeres, porque él las desprecia, hasta morderle la oreja hasta arrancarle el pedazo a Holyfield, su contrincante en el ring, donde los combates deberían de ser impolutos.

Evander Holyfield, Psoe, es un boxeador elegante, fino, estilista, poco contundente porque no puede serlo, porque no se puede ser y no ser una misma cosa al propio tiempo, trato decir que si uno quiere ser de izquierdas no puede al mismo tiempo querer ser de derechas porque eso es sencillamente imposible, ya que lo impide ese jodido principio de contradicción, y ahí es donde la vida política tiene cogido al Psoe, digo, a Holyfield, por los mismos testículos, ya que, el pobre, sube al ring y no puede lanzar contra el avieso Tyson ninguna clase de golpes porque todos los que pudiera utilizar, todos los que, al fin, se ve obligado a utilizar son precisamente los golpes no ya preferidos sino los típicos directos que desde siempre viene usando el taimado Tyson de modo que incluso podría decirse que son de su exclusiva propiedad, de tal manera que, cuando Holyield los usa, no hace otra cosa que llevar el agua al molino de Tyson o sea que le está entregando el combate sin ninguna clase de condiciones.

Pues, bien, en estas circunstancias, no sólo los jueces del combate sino el público en general se empeña absurdamente en que en este extraño combate participe un púgil más, el mejor de todos los tiempos, el único, el invencible, el inigualable Cassius Clay o Mohamed Alí, como quiera llamársele, que, como es lógico, si pudiera participar en igualdad de condiciones que los otros se llevaría el combate de calle, pero no puede hacerlo porque los jodidos empresarios, los canallescos árbitros, lo han situado absolutamente fuera de juego, pretextando que no está en condiciones físicas de competir porque sufre una terrible enfermedad, el parkinson, de modo que Alí o Clay no puede siquiera competir, subirse al ring porque está penalizado con un terrible handicap-¿saben lo que significa este término deportivo?, es la pena que se le impone a determinados deportistas por ser demasiado buenos en la práctica del mismo por lo que, cuando compiten con otros de inferior categoría, tienen que darle a éstos una serie de puntos de ventaja-en el caso que nos ocupa, Clay o Alí, el más grande de todos los boxeadores de la historia, tiene el handicap, terrible, verdaderamente insuperable, invencible, de que por cada voto que él consiga los otros 2 boxeadores se apuntarán 4 o 5, de modo que su victoria es radicalmente imposible.

En realidad, él ni siquiera participa en la pelea porque realmente no puede, su parkinson, o sea su handicap, su penalización, que fue establecida precisamente por los que hubieran podido ser sus rivales, se lo impide, Izquierda Unida, no puede siquiera subir al ring, a disputarles al PP, Tyson, y al Psoe, Holyfield, el codiciado trono del mejor boxeador del mundo, o sea de España, porque los traicioneros, taimados, y tramposos empresarios y jueces que realmente mandan en este cochino deporte, establecieron unas reglas absolutamente tramposas que se lo impiden, pero, OJO, eso no significa, ni mucho menos, que a las honradas gentes de la verdadera izquierda el resultado del combate del siglo les dé igual porque NO ES LO MISMO QUE GANE el taimado, tramposo y canallesco Tyson, que pega a las mujeres, las maltrata, que dicen que trafica con drogas, que hace lo que haya que hacer para seguir siendo el campeón del mundo, o sea de España, frente al otro, Holyfield, que, para poder participar en igualdad de condiciones que el otro boxeador, ha tenido que asimilarse a él todo lo que ha podido, de manera que ha aceptado las reglas del juego impuestas por esa mafia que gobierna el boxeo y es ya tan de derechas como el otro, pero que, en el fondo, no siempre ha  sido así e incluso es posible que en condiciones normales sin tener que enfrentarse a un tipo así, quizá algún día recobre la memoria de su pasado decente y, avergonzado de su caída, vuelva a practicar la decencia.

Dicho de otro modo, se trata de un combate de cuyo resultado depende todo el porvenir de los que forman parte de esa sociedad que pone no sólo el ring sino también la empresa, el país, que se verán arrastrados al bando del púgil que resulte vencedor en este combate, de tal manera que no es posible ni siquiera admisible la posibilidad de una actuación equidistante, imparcial, neutral porque no se puede permanecer equidistante, imparcial y neutral ante una lucha en la que se decide no sólo nuestro porvenir sino el de nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.


Por supuesto que si Clay o Alí participara en igualdad de condiciones que estos otros dos, todo el mundo decente, en masa, debería votarle a él, claro que sí, pero es que éste es un planteamiento absolutamente tramposo puesto que votarle a él, estando tan penalizado que necesita 5 votos para lograr un diputado, cuando los otros sólo precisa 5 menos, implica darle a los otros contendientes una enorme, una insalvable ventaja.

Entonces, ¿qué, no votar?, esto sería suicida, porque el combate se va a celebrar de cualquier manera, se trata de apostar por el menos malo de los otros dos, porque uno de ellos es seguro que nos va a gobernar y lo contrario no sería sino tirar piedras contra nuestro propio tejado.

Y esto lo deberían de saber muy bien los alegres muchachos del 15M o, a lo peor, resulta que lo saben, que lo sabían, que siempre lo han sabido demasiado bien, porque tan tontos no pueden ser por mucho que se esfuercen.

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