lunes, 28 de noviembre de 2011

La prensa es el primero de todos los poderes



Ugo Betti, Corrupción en el palacio de justicia, Oswald Spengler, La decadencia de Occidente, Orson Welles, Ciudadno Kane, pero, sobre todos, Marx, Karl Marx, El Capital, todo es economía, la religión, el arte, la filosofía, la cultura, la ciencia, la ética, la moral, todo no son más que superestructuras económicas, pero tampoco era manco Welles, Orson Welles y su enorme, gigantesco Ciudadano Kane: el poder puro y duro, el poder por excelencia no es ya otro que el poder de la prensa, al que eufimisticamente se ha situado en el cuarto lugar, cuando no sólo es el 1º sino que está muy por encima de cualesquiera de los otros.

Pero, en el fondo de todo, la esencial y profunda naturaleza podrida del hombre, El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. Si el hombre no estuviera podrido por naturaleza, todo esta larga serie de hombres, signados por el genio, no se hubiera dado nunca. Si todos los hombres que pisan la Tierra fueran capaces de servir, de respetar, de decir, de mantener siempre la verdad, ni la economía sería la base de todo, ni la prensa, o sea la facultad de contarle a la gente cómo es y cómo funciona este asqueroso mundo serían tan importantes, tan poderosas, en realidad he debido escribir omnipotentes.

Pero el hombre necesita comer varias veces al día y vestirse y guarecerse, necesita, pues, dinero, si quiere vivir con cierta normalidad y no lo tendría si no respetara las normas que rigen el comportamiento social, que se han establecido de tal manera que tiene que dedicar la mayor parte de su jornada a lo que hemos dado en llamar trabajo, es decir, acudir todos los días laborables, a un sitio en donde hará una tarea en el fondo de la cual está su necesidad de prostituirse, de corromperse para poder sobrevivir, porque no otra cosa es lo que hace todos los días en cualquier lugar en el que trabaje, vender una parte de su dignidad, de su integridad, de su honradez, para pode seguir viviendo.

Pongamos por ejemplo, sólo para ganar tiempo, la prensa, el periodista acude al diario, se planta frente al teletipo y recoge las que podríamos llamar noticias: Merkel y Sarkozy han decidido que el BCE no compre deuda soberana italiana ni española, esto es un hecho desnudo, escueto, helado y probablemente sería la verdad si ésta sólo fuera lo que ocurre pero es que es mucho más importante decirnos los motivos por los que las cosas ocurren porque, entonces, sabríamos realmente la verdad que no es otra que Merkel y Sarkozy, que dominan al puñetero Banco Central Europeo, no quieren salvar definitivamente a Italia y a España porque cuando los especuladores acaben con éstas, no tendrán más remedio que ir a por ellos, Francia y Alemania, porque, ya se ha dicho, la naturaleza del escorpión es matar y necesita imperiosamente  todos los días carne en la que clavar su aguijón y cuando no tenga otra, porque Italia y España ya se hayan hundido, irá a por ellos, o sea,  Francia y Alemania, en realidad, éstas ya saben cómo duele la picadura del escorpión.

¿Entonces? No hay otra cosa que el puñetero dinero, o sea, el capital, si queremos hablar en términos científicos, o sea, marxistas. Pero al capital puro y duro ¿qué es lo que le interesa, la producción real, que todas las fábricas del mundo fabriquen cada día la mayor cantidad de bienes al mejor precio?, no, ni mucho menos, éste es un procedimiento obsoleto para enriquecerse, es mucho más rápido el de la especulación, si las Bolsas de valores funcionan a pleno rendimiento, las grandes fortunas de la Tierra crecen de una manera tan exponencial que daría miedo, que si todos los que pueden sentirlo en sus pobres carnes pudieran saber realmente qué es lo que está ocurriendo ahora mismo en el mundo, se aterrorizarían y veríamos tal vez pavorosos espectáculos promovidos por ese irresistible miedo colectivo.

Y, aquí, es donde la prensa juega su decisivo papel, por eso nosotros la colocamos en la cumbre del poder que hoy gobierna el mundo. Si la gente supiera de verdad lo que ocurre, si los periódicos nos contaran realmente lo que está sucediendo, una locura colectiva absolutamente incontrolable recorrería el mundo. Pero ¿cómo va a contarnos lo que  tanto le perjudica el auténtico culpable de todo lo que está sucediendo?, sería de estúpidos, de locos, de auténticos suicidas, y el suicidio es, por ahora, un acto muy minoritario.

De modo que la prensa no nos dice nunca la verdad porque eso sería tirar piedras, enormes, destructoras, definitivamente destructoras, sobre su propio tejado. Lo hemos dicho muchas veces ya, no se puede publicar un diario, montar una emisora de radio o de televisión sin ingentes, casi inconcebibles cantidades de dinero, del famoso y puñetero capital, entonces, ¿cómo podemos imaginar siquiera que ese inmenso poder se revuelva contra sí mismo?

Voy a ponerles un ejemplo sencillo, elemental, para niños: el fútbol, y más concretamente, el fútbol español. Desde los emperadores romanos se sabe que el pueblo, esa masa gregaria que sólo se preocupa de lo superficial, precisa todos los días algo que la distraiga, que la abstraiga de sus propias miserias, que son muchas y por su propia estulticia, irremediables, el famoso “panem et circenses”, pan y circo, hoy, pan y fútbol.

 El dinero, el capital, se ha encontrado casi sin comerlo ni beberlo con este extraordinario embaucador de masas y lo está aprovechando, digo que si lo está aprovechando. En el circo había un gladiador bueno y otro, malo. En el fútbol, hay un equipo bueno y otro, malo, muy malo, tan malo que lo merece todo, incluso el castigo divino, que se concreta en esa serie de cánceres que ahora afligen a su plantilla, incluso  a ese pobre hombre al que el otro le metió el dedo en el ojo, tal como tan acertadamente han puesto de manifiesto los seguidores blancos con sus comentarios en todos los foros. 

Y todo el entramado, la parafernalia, se ha montado para que la cosa funcione a tope. El gladiador bueno tiene que ganar siempre porque, si no, el público, la masa se encabrita y embiste, por eso cuando los equipos de 2 grandes ciudades españolas iban a bajar al infierno de la 2ª división, por causas administrativas,  no hubo reaños suficientes para ello y la 1ª división se amplió para que no descendieran.

En este mismo orden de cosas, si el equipo bueno, el equipo blanco, el equipo que Franco hizo todo lo necesario para que fuera el de la mayor parte de todos los españoles, no gana, el pueblo se encabrita y rebela, se vuelve hosco y desapacible, organiza tumultos y escándalos, que, convenientemente orquestados por la famosa prensa canallesca, se convierten, tal como conviene en una situación general tan esencialmente precaria, en el foco verdadero de la atención de un pueblo racionalmente castrado durante muchos, tal vez demasiados años para que su estulticia no haya pasado ya a formar parte de su verdadera naturaleza, de modo que se hace todo lo necesario para que la situación, esta situación absurda que, como decía uno de los integrantes de la plantilla blanca no puede seguir siendo así, y no sólo se financia fuera de los cauces normales al equipo blanco sino que se constituye todo un entramado sociopolítico tal que forzosamente acabará imponiéndose al hecho incontrolable de que el equipo contrario  halla encontrado, por casualidad, una de las mejores plantillas de la historia pero que, por muy bueno que sea, no podrá superar obstáculos tales como que toda la federación, toda la estructura oficial del fútbol español pero, sobre todo, toda la prensa nacional íntegramente colabore decisivamente para que el equipo blanco recupere cuanto antes su hegemonía, con una campaña ferocísima que el estamento arbitral no ha podido soportar por más tiempo, de modo que ha iniciado, subrepticiamente, una campaña que con el silencio y la tozudez de la estalactitas, ya está dando sus frutos y el equipo rival va cediendo terreno no por sus carencias técnicas relativas, que todavía no las tiene, sino porque los árbitros, aterrorizados por una terrible campaña en su contra, han terminado convenciéndose de que contra la prensa, una prensa debidamente orquestada, no se puede luchar de modo que ellos y sus familias no pueden exponerse a las iras de ese populacho que,  un día, le parte la cara a un linier con un paraguas y que otro ve como el entrenador del club blanco le mete el dedo en el ojo al del equipo contrario y no solo no pasa nada sino que la jauría de aquél instala una pancarta en la parte noble de su graderío en la que reza: “Mourinho, tu dedo nos muestra el camino”.

Y la prensa, toda la prensa madrileña, aplaude y la ínfima prensa rival, calla, porque el presidente de los blancos es igualmente el presidente de todas las empresas españolas y si la prensa local del equipo contrario protesta verá como se le cierra, tal vez, para siempre el grifo sagrado de la publicidad empresarial.

De modo que el viejo Pangloss pasea por los estadios españoles una pancarta que dice literalmente “vivimos en el mejor de los mundos posibles” y es que esto, que acabamos de escribir, es una ligera anécdota al lado de lo que realmente sucede en lo que atañe a los asuntos realmente importantes, los que afectan al capital en sí mismo.

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