domingo, 11 de diciembre de 2011

Dioses y genios. Anicia en el país de las maravillas o de Alfredo Sáenz, el genio de las finanzas, que acaba de ser amnistiado por Zp, el hombre que se había enamorado de Emilio Botín.


Ana Patricia Botín-Sanz de Sautuola O'Shea(SantanderEspaña4 de octubre de 1960), es una banquera española, actualmente consejera delegada de la filial británica del Grupo Santander.


El problema de los genios es que cuando el mundo, la vida o la naturaleza se resisten a verificar sus designios, el genio va y los fuerza.

El problema de los dioses es que si los simples mortales no se pliegan a sus designios, simplemente, los condenan, a la puta cárcel, por lo menos.

Los genios están por encima de la lógica corriente, de la lógica habitual, los dioses están por encima de los hombres.

Y los dioses que son, por naturaleza, omniscientes eligen cuidadosamente entre los hombres a aquellos que tienen la condición natural de geniales, el problema de los dioses es que, a veces, sus hijos no son lo suficientemente inteligentes para que sus cielos no se vengan abajo, y entonces no tienen más remedio que echar mano de los genios.

¿Tienen derecho los hijos de los ricos a ser tontos?

Evidentemente, no, y el ejemplo son los Botín, los Botín son una larga familia de banqueros santanderinos, cuya estirpe ha ido degenerando  seguramente por sus matrimonios morganáticos. 

Dicen  los que lo conocen íntimamente que sus grandes ideas siempre las tiene en el water y que por eso cuando va a cagar siempre lo hace provisto de un block y un lápiz y que por eso a veces ha pensado seriamente poner su despacho en el baño.

Pero de lo que no cabe ninguna duda es de que se trata de un auténtico genio económico, seguramente el mejor de todos ellos después del gran Carlos, Marx, por supuesto. Estamos hablando ni más ni menos que de Alfredo Sáenz, un genio y, por lo tanto, maléfico.

Pero yo quería escribir de Ana, Ana Patricia, Botín, por supuesto, no  sé si podré hacerlo. Botín, que lo posee todo, tiene también aspiraciones dinásticas.

Ana Patricia Botín, Anitia por aquello de Alicia, en el país de las maravillas, como su propio nombre indica es la hija de Dios.No es tonta pero tampoco va a descubrir la pólvora, entre otras cosas porque esos cochinos chinos de mierda la descubrieron ya hace siglos, entonces, ha tenido que ser más modesta y ha iniciado el camino de regalarle cosas muy atractivas a la estúpida gente utilizando para ello su propio dinero, quiero decir el de la gente.

¿Es o no es éste un país maravilloso en donde la gente común, la gente corriente es incapaz de comprender que cuando Anitia, acrónimo de Ana y Patricia, le ofrece un magnífico televisor de plasma siempre que abra una cuenta corriente en una de las sucursales de Banesto, el Banco que hace poco presidía, y la mantenga activa 3 años, abonándose en ella la nómina y cargando en la misma un par de recibos, lo que realmente hace es comprarse ella misma, la gente, ese maravilloso televisor con su puto y asqueroso dinero.

La duda que yo tengo es si esa maravillosa idea, de regalarle a la gente el televisor con el que sueña pero que no se atreve a comprar directamente porque cuesta muchísimo dinero, es de la propia Anitia, la hija predilecta de Dios, o es del genio maléfico, la mano derecha y también la izquierda de ese mismo Dios, ni más ni menos que Alfredo, Alfredo Sáenz, por supuesto.

Porque Alfredo y Anitia van indisolublemente unidos en sus aventuras financieras desde que ambos, ella poniendo el nombre y, él, el ingenio, reflotaron Banesto, el Banco que hundió aquel falso genio, que se llama Mario, Conde, por supuesto.

El problema es que los genios, como los dioses, se consideran por encima del Bien y del Mal, como es lógico, porque sus leyes no son las de este mundo, en realidad, yo no sé de qué coño de mundo son, de modo que Sáenz, al que yo vengo llamando genio maléfico, no se paró en barras y metió en la cárcel, mediante la correspondiente denuncia falsa, a unos “pobres” empresarios que se resistían a sus maravillosas ideas, recurriendo a los buenos oficios de un juez que, como Miguel Hernández, antes fue cabrero en las maravillosas tierras catalanas, pero aquel juez que se creyó que todo el monte es orégano acabó en la cárcel y casi se lleva con él al genio de Sáenz y algunos otros compañeros de banda más.

Pero Botín, Sáenz mediante, sabe más que los ratones coloraos, como sus famosos tirantes, y se ha preocupado, y mucho, de que los jueces, bueno, algunos jueces, coman mansamente en su mano, Garzón nos puede servir de ejemplo, de maravilloso ejemplo, de manera que cuando Pascual Estivill, aquel juez catalán  que empezó como cabrero,  y que se había convertido en la cólera de Dios para los que no hacían lo que Botín, Sáenz o un poco más abajo, Anitia, querían, tiró de la manta o se fue de la lengua, contando todas las faenas que había hecho, la sentencia condenatoria de Sáenz, que es el que daba la cara por sus amos, Emilio y Anitia Botín, fue empequeñeciéndose poco a poco, con las sucesivas instancias judiciales, quedándose sólo, a efectos prácticos, en la inhabilitación que para el ejercicio de la profesión bancaria imponen las leyes para los delincuentes financieros.

O sea que Anitia, la hija predilecta de Emilio Botín, sigue viviendo en el país de las maravillas, ahora está en Inglaterra, dirigiendo otra de las grandes empresas de su padre, aprendiendo aún más el oficio, dirán ellos, mientras el genio auténtico lo sigue dirigiendo todo sentado en el water, de modo que el Santander, aquel Banquito de provincias, se ha convertido quizá en el mejor y mayor Banco del mundo, si prescindimos de los chinos y de algún otro.

O sea que vivimos en un mundo maravilloso que don Emilio ha construido con sus propias manos para que lo disfrute su hija predilecta, utilizando para ello a ese genio maléfico que ha puesto su despacho secreto en el cuarto de baño, para que no le coja demasiado lejos el water.

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