martes, 27 de diciembre de 2011

Ignorancia


                   Ebenezer Scrooge se encuentra con la Ignorancia y la Miseria enCanción de Navidad de Charles Dickens


Lo contrario de la sabiduría es la ignorancia, aunque yo lo quería plantear al revés: lo contrario de la ignorancia es la sabiduría, pero Einstein, a través de bemsalgado, me ha hecho retroceder.

El otro día, en mi post “Inteligencia”, yo quería atacar a fondo la actitud de toda esa gente, sobre todo, los jóvenes, que se niega a plantearse en serio el problema político, porque desprecian la política, que, entre paréntesis, es el más noble de los oficios si se ejerce bien porque no otra cosa que el arte, el noble arte, de ocuparse y preocuparse de las cosas de los otros, de los demás, del público, o sea de la “res publica”, es éste tan denostado trabajo de hacer política, que, por ejemplo, es lo que yo intento hacer en este preciso momento.

Porque uno de los más importantes trabajos de la buena política es la formación, tratar de enseñar a los otros qué es lo que procede en cada caso cuando se trata de los asuntos públicos, o sea, de los que nos conciernen a todos, y yo, el otro día, utilizaba la presencia de mi hija y de su marido, en mi casa, durante estas vacaciones, para intentar comprender cómo 2 personas no sólo muy inteligentes sino absolutamente preocupadas por enfocarlo todo desde el punto de vista científico, ya que ambos son profesores vocacionales de universidad,  tienen una visión tan equivocada del mundo y de la vida.

Y decía yo que ambos son de derechas, ella, moderada, y él, radical, y lo de éste no me extraña porque ha nacido y forma parte de esa vieja aristocracia extremeña que tan bien nos mostrara Delibes en “Los santos inocentes”, pero mi hija, se ha criado en el círculo más estrecho de mi propia familia, donde mi mujer y yo somos de izquierdas, ella, moderada y yo, el más radical de los tipos que conozco.

Bien, el caso es que mi hija ha derivado hacia una derecha que yo llamaba moderada porque la moderación forma parte de su personalidad en la que domina una extraordinaria inteligencia.

Y ya estamos otra vez con ello: ¿como es posible que una persona de  una inteligencia fuera de lo común haya caído desde la izquierda a una derecha todavía moderada porque no descarto que acabe en la extrema derecha si las circunstancias económicas siguen apretando?

Aparentemente, ha sido la crisis la que ha hecho evolucionar a mi hija desde la izquierda moderada a una derecha moderada también, y el motivo ha sido que el gobierno de Zp decretara aquellos recortes a las nominas de los funcionarios, ella, como profesora titular, lo es y trabaja como una auténtica bestia, es, además de enseñante, vicedecana de la Facultad, o sea que, prácticamente, dirige todo el trabajo administrativo de dicho órgano, aparte asignatura que se queda, por cualquier motivo, sin profesor, trabajo que tiene que asumir ella, de modo que trabaja cada vez más y gana cada vez menos.

Entonce, como la superderecha ultraliberal mundial le echa la culpa de la depauperación económica que sufrimos a la mala gestión del socialismo, ha pasado a creer que sólo una ultraderecha liberal neocons es capaz de restaurar el bienestar económico que impida que le vuelvan a meter mano a su nómina, como han hecho este mes en el que le han quitado ni más ni menos que 600 euros.

Y lo que yo no comprendo es cómo ella no ve que no es un socialismo casi inexistente en la geopolítica mundial el culpable de la actual crisis sistémica sino precisamente esa ideología ultraliberal a la que ella ahora se ha adscrito.

Y, aquí, llega Einstein, de la mano siempre tan generosa de bemsalgado, y me dice: “Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.”  O sea que no era, como yo creía, un problema de sabiduría, de inteligencia, sino, todo lo contrario, de ignorancia.

Genial. Ellos, mi hija y su marido, saben muchas más cosas que yo, porque se dedican al estudio todo el tiempo y sus épocas de ocio las ocupan viajando continuamente por el mundo, cuya totalidad han recorrido ya varias veces, pero ninguno de ellos ha descendido nunca, todavía, a ese maldito corazón de las tinieblas en el que yo pasé los primeros veinte años de mi vida, experiencia que es absolutamente intransmisible y, por lo tanto, no pueden conocer realmente, sufriéndolos en la propia persona, el hambre y la miseria, y la consiguiente desesperación que marcan, para siempre, una vida aún peor que la de aquellos santos inocentes extremeños de Delibes.

O sea que la ignorancia de mis hijos no tiene nada que ver con la mía, o al revés, que da lo mismo, el caso es que entre ellos y yo existe una distancia realmente insalvable, lo que provoca nuestra terrible incomunicación.

No hay comentarios:

calificacion de las entradas