jueves, 15 de diciembre de 2011

Los jueces (IV)


-Pero ¿qué tienen que ver las instituciones actuales con las de la Justicia' franquista?

Mire, el Tribunal Supremo editó en 2006 un libro autolaudatorio, carísimo. Y el mensaje que transmite respecto al franquismo es la continuidad legal: al principio y al final. El libro habla de todo, pero pasa de puntillas sobre el franquismo. No se cuenta que en la sede del Tribunal Supremo se celebraron miles de consejos de guerra, se ignora cómo los miembros de la carrera judicial participaron activamente en la represión: en la magistraturas de Trabajo de estilo fascista, en los tribunales para la represión del comunismo, la masonería y las responsabilidades políticas, en múltiples comisiones mixtas... ¡Ni siquiera se menciona el TOP, que fue una creación judicial al 100% y cuyas sentencias eran revisadas por el Supremo!
¿La transición no fue completa en el mundo judicial?
No hubo ruptura en ningún ámbito judicial ni político. Ahora no deberíamos extrañarnos de lo que pasa. A día de hoy, las altas instancias judiciales son sociológicamente franquistas. Sobre todo en su concepción del orden. Lo que sucede en la Sala de lo Militar del Supremo es llamativo. Siguen considerando justas sentencias fruto de consejos de guerra con el argumento de la seguridad jurídica. Algo así sería difícilmente asimilable en un país democrático.
¿Y las nuevas generaciones?
Ni una sola de las convocatorias a oposiciones a jueces y fiscales desde 1977 ha incluido alguna materia que trate la represión. ¡Ni una línea del TOP! Imagine un juez de 35 años: ni se lo contaron en la escuela, ni en la universidad, ni tiene que estudiarlo para las oposiciones. ¿Qué se le puede pedir?
¿Quién es el responsable?
Todas las instituciones clave han asumido un pacto de silencio: el Tribunal Supremo, la Fiscalía, el Consejo General del Poder Judicial, los sucesivos ministerios de Justicia... El Ministerio Fiscal también editó recientemente un lujoso libro autolaudatorio. Se remonta nada menos que hasta el siglo XIII, pero no dedica ni una línea a la Causa General que en 1943 Franco encargó a la Fiscalía General. Ni una línea para la represión.
¿Los problemas de Garzón se explican por intentar investigar el franquismo?
Garzón es un personaje muy polémico y desenfoca la cuestión central sobre el estado de la justicia en España el tener que opinar sobre él. Pero está claro que es una monstruosidad que el Supremo se dedique a esto. (Juan José del Águila. Magistrado. Autor de la obra ‘El TOP. La represión de la libertad (1963-1977). Entrevista, Público, 15-12-2011’
Amigo Javier: Que los dioses y los hombres te bendigan porque te lo mereces.



Me parece inútil decirle a un historiador como tú que es el Derecho, La Ley, la Justicia lo que separa a la civilización de la barbarie y demuestras tu sensibilidad social especialísima cuando no sólo te preocupas de leer mis seguramente frustrados intentos de señalar con el dedo por qué no funciona, y seguramente no funcionará nunca una sociedad que tiene este sistema judicial que padecemos, y tu preocupación y sensibilidad no se detienen ante la mera exposición que hago en mis 3 post del estado de la cuestión sino que da el decisivo paso más allá aún de pedirme que exponga cuáles son las posibles soluciones al que, sin duda, es nuestro mayor problema:

“Javier Traité en diciembre 14, 2011 en 12:08 pm dijo:
Estimado JLPalazon: ¡que interesantes estos tres artículos sobre los jueces! Es un tema que desconocía totalmente.
Según tu pensamiento, ¿cómo debería estructurarse el poder judicial en un pais? Porque el asunto, desde luego, no parece fácil.

Un saludo y gracias".-

Supongo que no te alegrará demasiado que te diga que es la misma pregunta que me formularon Margarita Mariscal de Gante, a la sazón ministra de Justicia del Gobierno de Aznar, y Andrés de la Oliva, catedrático de Derecho Penal, su asesor y “alter ego” en la preparación del proyecto de Ley de la de enjuiciamiento civil vigente, cuando les expuse cuáles eran los problemas de la administración de justicia de nuestro país, en el inicio de los años 2000, también les dije cuáles creía yo que eran las soluciones y creo, digo creo, porque me jubilé aquel mismo año de la reforma que ellos introdujeron, que lo único que ha provocado, según me contó ayer un colega que me encontré junto a la ventanilla de un Banco, es que la situación se haya hecho realmente insostenible porque lo que ellos, la Mariscal y su asesor, el profesor Oliva, hicieron fue precisamente todo lo contrario de lo que yo proponía y utilizaron mi exposición como guión precisamente de lo que había que impedir a toda costa que se hiciera en el ordenamiento jurídico de nuestra administración de justicia, hasta el punto de que yo a veces pienso que la LEC de 2001 se debería de llamar Ley anti Palazón.

Porque lo que yo proponía era de una simplicidad aterradora: que se aprovechara el modelo que funciona en los Usa para el nombramiento de los fiscales de distrito para implantarlo en el de todos los órganos realmente decisivos en el funcionamiento de nuestra administración de justicia, o sea, que se eligieran por votación personal, directa y secreta, y por períodos limitados de tiempo, a los jueces y fiscales, y todos los demás funcionarios de dicha administración se cubrieran tal como se hace en cualquier empresa privada.

O sea, precisamente todo lo contrario de lo que aquí se hace. Mientras aquí, los jueces y fiscales se eligen, mediante el trampantojo de unas oposiciones, en las que los miembros del tribunal de oposición son los propios jueces con lo que se consigue que la hija de Mariscal de Gante, uno de los más feroces magistrados franquistas del canallesco y famoso Tribunal de Orden Público, encargado muy especialmente de  la más canallesca aún represión franquista, logró plaza en nuestra judicatura gracias a la aprobación que de sus exámenes hicieron los compañeros de estrados de su propio padre, de modo que la hija de aquel juez no sólo fue juez como él sino que, además, llegó a ministra de Justicia, encargada de promover y de aprobar las leyes fundamentales de la etapa de gobierno aznarista.

En los Usa, como digo, son los ciudadanos de a pie, todos ellos sin excepción los que eligen por votación directa, personal y secreta a jueces y fiscales entre los miembros más notables y honrados de la abogacía, y el cine nos ha trasladado la imagen de cómo se investiga a fondo la vida y milagros de todos cuantos aspiran a la Magistratura.

Resultado: mientras allí, a veces, un pobre ciudadano/a consigue indemnizaciones multimillonarias por los perjuicios que le han causado las granes empresas, aquí, a las grandes empresas todo lo más que les hacemos es cosquillas en la planta de los pies de sus despiadados dirigentes, que juegan con nuestra salud como si fuéramos los dóciles animalitos de sus granjas experimentales.

Como ves, Javier, la solución que me pedías es fácil, e incluso democrática, pero precisamente por esto jamás de los jamases la veremos funcionar en este desdichado país nuestro de todos nuestros increíbles pecados.

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