sábado, 14 de enero de 2012

Adrián Massanet me convence de que la felicidad existe

CUADERNO AUDIOVISUAL

de Adrián Massanet


De vez en cuando, muy de vez en cuanto, casi nunca, uno toma breve contacto con la felicidad y disfruta de ella todo lo que puede de una manera semejante a cuando acabó la guerra y estrené mi primer par de zapatos.


Y ha sido otro bloguero el que me ha hecho tan feliz y por eso le estaré eternamente agradecido.

Es un tipo especial, tanto que tiene un blog, “Cuaderno audiovisual”, y lo guarda cerrado a cal y canto. Ahí está, en eso radica su radical diferencia conmigo, a su favor, claro.

Yo soy un tipo raro, con fama de solitario, de arisco, antisocial, al que todos los años, por Navidad, los funcionarios judiciales de Cartagena daban por unanimidad el premio Limón, porque no suelo buscar la amistad de nadie, porque nunca escribo una sola palabra pensando en lo que van a decir los demás cuando la lean, de tal modo que ya he mencionado por aquí, más de una vez, la famosa estrofa del Fénix de nuestros ingenios: “a mis soledades voy, de mis soledades vengo, porque, para estar conmigo, me bastan mis pensamientos”.

Pero ese regusto mío por la soledad que me lleva incluso a no hacer partícipes de mis inquietudes siquiera a los más íntimos, mi adorada mujer y mis queridos hijos, no me ha llevado al extremo, porque es un extremo, creo, de cerrar mis blogs a mis lectores, de modo que yo sí que admito comentarios y no sólo eso sino que me alegro mucho cuando me los hacen aunque sean adversos, si seré masoquista.

Adrián Massanet, la persona de quien les escribo, seguramente porque es mucho más inteligente que yo, no admite comentarios en su blog.

Bien, el caso es que ayer, cuando después de comer me dispongo a echar la siesta, di, como siempre, un rápido vistazo a mi blog, precisamente para comprobar si hay comentarios y vi, satisfecho, que los había.

En el texto de mi post de ayer, yo había dicho: “.......
Me resta por dilucidar el otro problema: ¿por qué de esos 100 lectores aproximados intervienen tan pocos, casi ninguno?, y pese a las teorías de Malditos Bastardos, creo que he hallado la respuesta: mis lectores son gente sana que acude a aquí, a mi blog, porque les interesa lo que yo pienso, lo que yo escribo, no exhibirse ante la puerta del colegio, desnudos bajo la gabardina, para enseñarle sus miserias fisiológicas a un público constituidos por niños......
Estos tíos/as ¿qué son realmente, zombis o ladrones de cuerpos?

Hay algo en la ferocidad con la que esta gente asalta los blogs ajenos que ha hecho aparecer en mi cabeza la imagen de esos alienígenas que llegan a la Tierra pero que no tienen cuerpo y han de meterse dentro de uno ajeno y colonizarlo para poder vivir, o de esos muertos que necesitan la sangre ajena para poder volver a la vida....”.


Y, comentándolo,  Adrián Massanet dijo...

Estimado Palazón:

Sospecho que muchos, como yo mismo, que visitamos diariamente su blog (entre otras cosas porque lo actualiza usted casi diariamente y porque es un blog siempre estimulante) no participamos más activamente, es decir, no dejamos más comentarios constructivos o más opiniones, porque a menudo es difícil añadir algo más, o porque, tal como usted argumenta en esta última entrada, no sentimos la necesidad de exhibir ningún tipo de complejo intelectual o necesidad de demostrar (el que lo sea) lo listos o sabios que somos.

En mi experiencia, ya muy larga, para bien o para mal, en esto de los blogs o internet, el tema de los comentarios es para suicidarse, directamente. Jamás he visto tal cantidad de espumarajos, bilis, complejos incurables, mala leche, inquina, envidia...en suma, tal cantidad de basura disfrazada de palabras y opiniones como en los comentarios de cualquier blog, mucho más si el artículo en cuestión es valiente, directo, audaz, rebelde. Los comentarios de los blogs son, quizá, la más fehaciente prueba de la cochambre intelectual que nos asola.

Por esa razón yo no permito comentarios en mi blog. Y no tiene nada que ver con censura ni con miedo, sino con dignidad. La dignidad de que mi trabajo, mi esfuerzo, no se vea corrompido por los muchos zombis, como usted los llama, que no tiene otra cosa que hacer que elegir un alias y soltar la primera subnormalidad que se le pase por la cabeza. 

¿Que también hay comentaristas interesantes e inteligentes, y sobre todo respetuosos? Sí, también. Pero por cada uno de esos hay cien zombis dispuestos a demostrar que su vida es tan ruin y miserable que ocupan su tiempo libre en arrastrar por el suelo el trabajo, los pensamientos, las reflexiones de los demás. Con lo cual no merece la pena. Un blog, como el suyo, por ejemplo, existe para ser leído, y para incitar al pensamiento o a la reflexión, no para discusiones estériles en el área de los comentarios.

Créame que hay bastante gente que lee lo que escribe, y son muchos más importantes que todos los que le comentan o le citan por ahí. Internet, como la televisión, es un invento maravilloso, pésimamente empleado por los que lo financian y lo consumen.

13 de enero de 2012 11:29

Esto dijo Massanet lo que me obligó a ir a su blog “Cuaderno audiovisual”,  y, allí, casi al final, encontré este post que es el que me ha proporcionado ese momento de felicidad al que me refería yo, al principio:

“SOBRE ‘LEGÍTIMA DEFENSA’ Y LO QUE QUEDA DEL ESPÍRITU HUMANO

“Sólo existe una furia mayor que la del infierno, y es la de una mujer despechada” (Leo F. Drummond)

Revisando el siempre interesante y estimulante blog de Jose Lopez Palazón, Arcángeles, me encuentro con su último post, titulado ‘El Doctor Angélico vence al Ángel Maléfico, visto, como es lógico, desde una perspectiva católica’, cuya lectura, como suele ser habitual conmigo cuando accedo al pensamiento de este autor, me hace reflexionar mucho, encontrar puntos en los que me siento completamente de acuerdo con su postura, hasta identificado, y otros puntos con los que no estoy tan de acuerdo, de hecho estoy totalmente en desacuerdo. Es un texto magníficamente escrito con el que Palazón reincide, una vez más, en su visión del hombre como un grandísimo hijo de puta, una mierda pinchada en un palo, y a la deriva histórica de la humanidad como un ejemplo de codicia suprema. Pero en este hay un ligero cambio a lo que viene siendo habitual en Palazón, pues, Marxista convencido, comunista radical hasta la médula, antepone el análisis de Tomás de Aquino al de Marx porque mientras el genio de Marx vio que todo giraba en torno al dinero y a la posesión, es decir la Economía, Aquino llegó un poco más lejos y llegó a explicar por qué el hombre no llegará a sobreponerse sobre sus miserias morales, y así la esperanza de Marx de que los proletarios derribaran a los tiranos y construyeran una nueva sociedad se hace imposible.

Resulta bastante insólito que Palazón considere que Marx está equivocado, y nada más lejos de mi intención reprobar lo que escribe Palazón. Principalmente porque aunque sé que Marx fue uno de los grandes filósofos de su tiempo, no estoy de acuerdo en su forma de pensar, ni en su teoría de la Economía. Y secundariamente porque Palazón (al que sí me gustaría aconsejar que hiciera más cortos los títulos de sus posts para ganar lecturas…) es mucho más sabio y mucho más culto que yo. Pero resulta que leyendo este texto me acuerdo, y no por azar, del último visionado a una de las películas de la última etapa de Francis Ford Coppola, realizada en 1997 y que aquí se llamó ‘Legítima defensa’ (‘The Rainmaker’), y de todo lo que pensé y sentí viendo esta película, y de mis propia visión del hombre, de la humanidad, de la cruda realidad, del pésimo presente y del sombrío futuro. Y aunque a grandes rasgos considero a Palazón uno de los intelectuales más radicales que puedo leer, no creo que sea más radical que yo en cuanto a la percepción del hombre, ni que sea más pesimista que yo, ni más lúcido. Y, pese a todo, sigo creyendo que el hombre es capaz de conseguirlo, de ser libre. Es capaz de recuperar la conexión con lo poco que queda de su espíritu y de dar la vuelta a la situación, y voy a explicar por qué lo creo.

En la película de Coppola, adaptación de la novela de Grisham, un joven cruzado, recién terminada la carrera de derecho, interpretado por Matt Damon, se enfrenta a una poderosa compañía de seguros y a un despacho de abogados que son la viva imagen de la codicia y el abuso legal. Su principal adversario en la película es Leo F. Drummon, al que Jon Voight clava como a un sujeto repugnante capaz de hacer cualquier cosa para vencer el  pleito, aplastar al aprendiz que tiene por contrincante, y quitarle la razón y humillar a una familia de escasos recursos que acaba de perder a su hijo adolescente porque la compañía de seguros no quiso financiar su tratamiento médico. Si ‘El padrino, parte III’ es probablemente el relato más feroz y más crítico en contra del Vaticano, ‘Legítima defensa’ ataca sin piedad al sistema sanitario estadounidense y a la panda de arribistas sin escrúpulos que seguramente son todos esos letrados que ganan mil dólares a la hora y se mean en el sistema legal que dicen representar. Como la familia pobre y el joven cruzado tienen razón (en realidad todas la familias pobres y todos los jóvenes cruzados casi siempre tienen razón y, si no la tienen, lo parece) al final ganan el pleito, arruinan a la compañía de seguros y dejan en evidencia al carísimo despacho de abogados que creyó que podría con un idealista y su arrolladora energía.

Por supuesto que esto ocurre muy pocas veces, y casi siempre, los malos ganan y los buenos pierden. Pero eso no es lo que importa aquí, ni es la base de mi razonamiento. Bien sabe Coppola de finales tristes y desoladores, y la cantidad enorme de dinero que la aseguradora debe pagar no aparece nunca, y el despacho de abogados de Drummond seguirá viento en popa, y muchas otras familias pobres serán aplastadas por la codicia, la hipocresía, la mezquindad humanas. En el final de la película, esto se percibe tan nítido como todo lo demás. Pero también es verdad, y lo sabemos, que casos como este también se ganan de vez en cuando, y entonces los poderosos hincan la rodilla de una maldita vez y los pobres y los desheredados de la Tierra recuperan una dignidad que nunca perdieron y que es lo único que les sostiene. Y aquí es donde verdaderamente yo apoyo mi tesis: aunque los malos ya han ganado y los buenos han perdido, casi desde el principio de los tiempos, en realidad los malos nunca podrán ganar y los buenos nunca podrán perder. Porque no hay nada más poderoso que la actuación del que no tiene nada que perder. Porque solamente cuando el ser humano se siente verdaderamente acorralado, cuando ya se lo han quitado todo, solamente entonces (triste realidad, ya podría ser de otra manera) saca lo mejor de sí mismo. Y los poderosos tiemblan, porque aunque son mucho más listos, y arteros y manipuladores que la gente humilde, poseen un defecto que les vuelve frágiles, muy frágiles.

Y ese defecto es que infravaloran hasta tal punto a los pobres, a los humildes, que son incapaces de darse cuenta de que, como ya ha ocurrido otras veces en la historia y volverá a ocurrir, los pobres y humildes, que les superan en una relación de uno a cien, o a mil, o a un millón, irán un día a por ellos y les prenderán fuego a sus edificios y se calentarán con sus escombros, porque, como acabo de decir, el que no tiene nada que perder es imparable y ya no teme a la muerte porque la muerte para él es una liberación, y no una maldición.

Pero más allá de todo esto, repito aquí lo que ha dicho varias veces José Luis Sampedro: hay que luchar por el mero hecho de luchar, no por conseguir una victoria, sino por presentar pelea. Y es que estoy completamente en desacuerdo con eso que dijo Marx de que todo es Economía. Y estoy en desacuerdo con lo que dijo Darwin de que todo está relacionado con la biología y la supervivencia de la raza. Creo, sinceramente, que las cosas son mucho mas sencillas. Yo creo que hay dos cosas que definen al hombre: el dolor y la necesidad. No es el dinero el que mueve el mundo, ni la codicia, aunque muchas veces pueda parecerlo. Es el dolor y la compasión por ese dolor. Porque dolor sentimos todos, incluso los banqueros, y cuando por fin lo experimentan recuperan parte de su dignidad perdida y se acercan un poco a lo que les quede de espíritu. Es el dolor el que vertebra el mundo, y es la compasión hacia el dolor de los demás (pasión con, dolor con) el que muy poco a poco, con calma, nos hace mejores, nos hace crecer y darnos cuenta de nuestros errores y posibilidades. Y la necesidad es la otra cara de la misma moneda, pues toda la economía, y el capitalismo, y las ideologías, hasta el sexo, todo eso es irrelevante (hasta estúpido) cuando no tienes qué comer, ni agua para beber y limpiarte, ni un techo en el que cobijarte. Y como todos, absolutamente todos, hasta los peores de nosotros, experimentamos dolor y tenemos necesidad, en realidad todos caminamos juntos, aunque no lo sepamos, y algún día recuperaremos lo que coño somos y el mundo cambiará, estoy seguro.

Por muy mal que estén las cosas, que lo están. Por mucho que Palestina siga aplastada por los fascistas de Israel. Por mucho que Guantánamo siga abierta y Fidel y sus secuaces sigan vivos. Por muchos animales que sean aniquilados. Por muchas guerras que haya y que habrá, y pobreza y desesperación, nada de todo eso ha exterminado a jóvenes cruzados, y a familias pobres que se levantan y luchan y siguen adelante. Y esto es un pensamiento alentador.

Es tan sencillo todo como la frase que abre esta entrada, y que pronuncia el más cínico de los cínicos (aunque se trata de una enorme verdad), Leo Drummond: “sólo existe una furia mayor que la del infierno, y es la de una mujer despechada”. En realidad la llave para cambiar las cosas no la tienen los poderosos ni los gobernantes (quienes además está demostrado que están locos de atar y son peligrosos, todos), la tenemos nosotros: dejarnos de tonterías, de conflictos absurdos, y despertar de una maldita vez, como el que siente que le ha hecho un click el cerebro. En una palabra, madurar. Dejarnos de idioteces, dejar de tener miedo a todo y a todos (especialmente a la muerte, que es la mayor mentira de todas), dejarnos de peleas infantiles por sexo o por dinero y recuperar la dignidad que aún podamos tener. El que la tenga, claro…

Etiquetado Francis Ford Coppola, Legítima defensa
DIC 31 2011".

1 comentario:

Adrián Massanet dijo...

Joder, esto no me lo esperaba...

Como soy un tipo un poco inseguro, pensé que ese comentario no generaría ninguna respuesta por su parte, al menos positiva. Me ha hecho una ilusión tremenda ver este post nada más abrir su Arcángeles.

Lo curioso es que lo escribí en un momento de bajón anímico absoluto, y ahora que lo vuelvo a leer lo encuentro extrañamente optimista. Yo, que soy el tío más pesimista que ha existido o existirá jamás.

Es un orgullo que haya leído mi blog y, sobre todo (claro), que le haya gustado.

Saludo afectuoso.

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