sábado, 14 de enero de 2012

Adrián Massanet, una charla sobre marxismo



Amigo Adrián:

Vaya por delante el inmenso respeto que me has inspirado no sólo con tu comentario a mi post sobre los zombis sino también por tus artículos que he leído en tu blog.

Andaba yo por aquí, más que perdido, porque no lograba encontrar alguien con el que dialogar amablemente sobre todo lo divino y lo humano y de pronto irrumpes tú y pones sobre el tapete una serie de cuestiones que son las que me apasionan de tal modo que puede decirse sin exageración que vivo sólo para ellas.

Soy un animal esencialmente político, ya sé, ya sé que todos lo somos pero es que yo sólo vivo para esto, para ocuparme todo el tiempo en el análisis de los problemas que sobre la felicidad de la gente se plantean todos los días, que esto y no otra cosa es la política.

Pero no quiero divagar y acabar como siempre por los famosos cerros.

Verás, no quiero que te sorprendas y mucho menos aún que te enfades pero, dentro de la alegría que me ha proporcionado tu conocimiento, he comprobado que son más las cosas que nos separan que las que nos unen y que, además, son también más importantes.

Pero esto es un motivo más para que seamos buenos amigos, ya sabes, por aquello de polos del mismo signo se repelen y de distinto se atraen fuertemente.

Soy un firme partidario de aquello de que el hombre es la medida de todas las cosas, "homo mensura", a lo que me ha llevado de la mano Rilke cuando escribió aquello de toda vida es vivida, toda existencia tiene su secreto. Cada uno de nosotros anda un camino que no sólo es único sino también, si se sabe verlo, maravilloso.

De modo que me parece de lo más natural que tú, que vas a congeniar muy bien conmigo, no sólo no seas marxista sino que eres radicalmente contrario a esta filosofía de la vida, porque tu existencia te ha llevado, como decía Rainer María, a tus propias conclusiones de la misma manera que me condujo a mí a las mías.

¿Por qué sé que eres antimarxista? Porque has situado en tu lista de réprobos ni más ni menos que a Fidel.

Fidel es junto a Chávez, los dos ejemplos más completos de marxismo bien entendido.

El marxismo, que domina egregiamente como teoría todo el campo económico, es tan grande que ha provocado el odio mortal de todos sus enemigos que se niegan a reconocer su evidente profesión de fe marxista.

Cuando yo estudiaba economía política en la Facultad de Derecho, hace la friolera de 63 años, leí algo que luego no he podido corroborar siquiera en Google: economía, me dijo mi viejo profesor, viene del griego ekonomos, que significa elegir. En todos y cada uno de los momentos de nuestra vida, nosotros, lo humanos, no hacemos otra cosa que economía porque sólo hacemos elegir entre las distintas opciones que se nos ofrecen y, dejando aparte a los locos, todos elegimos lo que creemos mejor.

He hecho antes una afirmación que requiere urgentemente su comentario: todos somos marxistas y lo somos porque, sin querer queriendo, elegimos constantemente entre el cúmulo de opciones que la vida nos presenta.

Es económica la elección que yo hago ahora mismo de mantener este diálogo contigo porque la decido en pugna con otras opciones como la de dedicar este tiempo a leer la prensa que es lo que siempre suelo hacer a estas horas.

El quid de la incomprensión casi universal de este concepto radica en la estrecha visión que confunde la economía con lo meramente crematístico, por supuesto que, al final del camino, lo crematístico se halla presente en todas nuestras decisiones porque, sean cuales fueren éstas, suponen la renuncia a una actividad estrictamente remuneradora.

Pero cuando Marx acuña la frase todo es economía precisamente está pensando, como ahora lo hago yo, en que la decisión que acabo de tomar de dedicar este rato a charlar virtualmente contigo implica necesariamente la renuncia a una actividad que pudiera ser lucrativa.

O sea que, en el fondo, todo lo que hacemos está marcado por una base económica, aquella en la que estamos sumergidos: si yo soy abogado en ejercicio, toda mi vida se halla marcada por este sustrato profesional, por esta base económica, por esta elección que hice en su momento, y todo lo que yo haga, tanto cuando trabaje como cuando descanse, va a estar determinado por este sustrato básico económico.

No sé si me estoy explicando bien. Lo que quiero decir es que es mi profesión, elegida más o menos libremente por mí, la que ha determinado no sólo mi vida, toda mi vida, sino también la de mis hijos. Es pues de la mayor importancia la actividad económica primaria a la que nos dediquemos porque de ella nacerán todas nuestras posibilidades futuras y no sólo nuestras sino de todos aquellos que constituyen nuestro entorno y que, de alguna manera, nos están subordinados.

De modo que incluso los que reniegan de la economía, tanto como otros lo hacen de la política, no están haciendo otra cosa que pura economía, y me viene a la memoria Aristóteles y su “el hombre que no es social o es un dios o es una bestia”, porque ahí está el principio y el fin de todo, la naturaleza intrínsecamente política del hombre que le obliga a elegir constantemente ante todas las alternativas que se le ofrecen.

Y, luego, vienen Fidel, y Chávez, pero hoy pienso que no tenemos ya espacio para dedicarnos un poco a ellos, así que lo dejamos para otro momento.

Un afectuoso saludo, Adrián. 

1 comentario:

Adrián Massanet dijo...

¿Se da cuenta? Ante entradas como esta no sé muy bien qué responder, o directamente no sé si responderé adecuadamente y a la altura porque, por un lado, me creo bastante ignorante, y por otro, sé que a veces soy bastante bestia en mis opiniones. Pero es estupendo dejar un comentario en un blog y que la gente respete lo que yo escribo (algo que, en honor a la verdad, me sucede pocas veces o casi nunca). Pero como esta entrada representa el inicio de una charla, voy a demostrar el respeto que también merece usted liándome la manta a la cabeza, superando mis inseguridades, y respondiéndole.

No sé si soy anti-marxista. No sé si soy anti-nada. O puede que, en el fondo, yo sea anti-todo. Tampoco estoy muy seguro que mi desprecio hacia Fidel Castro me defina como anti-marxista.

Fidel me cae bien. Es un tipo valiente, inteligente, de grandes ideales. Y sin embargo, ha fracasado. Porque, como César, devolvió al pueblo lo suyo...pero luego se quedó con todo, cuando decidió asentarse en el poder. Y es que el poder todo lo corrompe.

De entre las muchas ideas que he leído de usted en este blog, la que más me ha sorprendido es esa: su defensa a ultranza de Chávez y Fidel, dos individuos que no permiten a su gente llevar a cabo eso de lo que habla usted: ekonos. Y estoy completamente de acuerdo con usted en que, cuando por fin el ultraneoliberalismo se haga con esa isla maravillosa, todo se irá al carajo. El problema es que son los ciudadanos los que deben elegir, aunque se equivoquen trágicamente. En caso contrario, no merece la pena vivir.

Se explica usted, como siempre, muy bien. Yo no soy una persona muy versada en economía, ni en política. La verdad es que en una conversación de este cariz temo que quedaría bastante mal parado por mis limitaciones. Pero reflexionando sobre lo que usted me comenta, es muy cierto que al final todo deviene economía, o, al menos, organización del tiempo y el dinero y el esfuerzo. Y, desde ese prisma, es cierto que todos tomamos una elección. Me gustaría ver también a los venezolanos y a los cubanos decidir que puta mierda de televisión pueden ver, o qué radio pueden escuchar, o reunirse en la plaza a cagarse en la constitución o en las leyes.

Por supuesto que defender ideas dispares no aleja, sino que acerca a las mentes maduras. Y no hay muchas. Para mí es un placer hablar con usted, y de verdad que me ha alegrado la mañana viendo dos post suyos consecutivos dedicados o por lo menos dirigidos a mí. Es fruto de mi bestial inseguridad pensar que no merezco la atención o el interés de nadie, o incluso que aburro a cualquiera.

Un saludo más que afectuoso.

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