miércoles, 25 de enero de 2012

Fascismo y mafia (V). El poder en la sombra.

La historia se nos mostraba como una sucesión de acontecimientos absolutamente convulsa en la que las luchas continuas implican una enorme pérdida de fuerzas y de sangre, por eso los más grandes filósofos de la humanidad se han esforzado en analizarla y comprenderla, Aristóteles, Marx y Popper, por poner a 3 de los más representativos de un pensamiento que de alguna manera puede considerarse totalitario.

 Aristóteles nos describe la política como una serie sucesiva de fases que experimenta un organismo vivo como son las sociedades políticas.

Marx, por distintos caminos y con otra técnica, llega a la misma conclusión, el motor de la historia es el materialismo dialéctico

Y Popper, el maléfico Popper, que es el que, al final, se ha impuesto, nos dice que la única manera de resolver todos esos ingentes problemas que sufren el mundo y la vida es aplicarle  las recetas del peor de los liberalismos y nos habla de lo que él llama "la sociedad abierta y sus enemigos", entre los cuales, claro, no sólo se encuentran los otros 2 filósofos que acabamos de nombrar sino otros muchos y tan importantes como ellos.

Pero el más importante de los pensadores políticos postmodernos, un oscuro príncipe italiano, que se parece como una gota de agua a otra a un Papa o a un capo mafioso, por su sibilina oscuridad, estableció las bases para el desarrollo ulterior del nazifascismo mafioso.

 Como decíamos ayer, el nazifascismo no sólo está vivo sino que impera bajo el amplisimo paraguas del liberalismo usaniano, una de cuyas normas, tal vez la norma de normas, se debe a ese silencioso y oscuro italiano que dijo aquello tan sencillo que ha cambiado el mundo: es preciso, orden tajante, que todo cambie, hay que imponer el reinado de la apariencia, para que todo siga igual, el objetivo final, que la situación de predominio de los poderosos se consolide para siempre, por eso ayer hablábamos del señuelo y de la metáfora, señuelo, la democracia y la metáfora, el deporte.

El deporte sublimiza la lucha sociopolítica que ya no se desarrolla en el campo de las armas sino en el de una pugna que a 1ª vista parece únicamente simbólica.

El señuelo tal vez haya cerrado las bocas para siempre a los que nos hablaban de revolución como el método para llegar a ese indiscutible desideratum que es el gobierno del pueblo no sólo para el pueblo sino llevado a cabo por el propio pueblo. Democracia=elecciones generales, o sea, de todo el pueblo que puede votar, para designar a los representantes de un pueblo que, por sí mismo, no puede gobernar.

Y la metáfora es el hallazgo de ese procedimiento por el que el instinto pugnaz del ser humano halla una válvula de escape que parece realmente inofensiva, el deporte, “citius, altius, fortius”.

Pero todo ello, no lo olvidemos, obstinadamente dirigido a conquistar, mantener y aumentar el poder de las clases dirigentes sobre las oprimidas. Esto se puede hacer o intentar de una manera descarada o absolutamente subrepticia, o sea, mediante políticos profesionales o la mafia. Pero el poder político supremo siempre lo tendrá la mafia.

Una de las características esenciales de la mafia es su invisibilidad, el capo di capi, el jefe supremo, el jefe de jefes, nadie debe de saber realmente quién es, aun cuando parezca que el hombre de paja, interpuesto por ellos, es el que manda realmente.

El nazifascismo actuó así y esto tiene sus indiscutibles ventajas. Si no hubiera actuado mediante personas interpuestas, Hitler, Mussolini y Franco, ahora, esa formidable fuerza que mueve realmente la historia se habría desactivado pero sucede precisamente todo lo contrario, es más poderosa que nunca.

Nadie ha sabido cuál era realmente la fuerza que movía al Führer, ni al Duce, ni al Caudillo, de éste último sí que alguien ha apuntado a ese capo del contrabando que se llamó Juan March y que le envió a Canarias el famoso Dragón Rapide para que diera el gran salto. Pero de los otros yo no he sabido nunca quienes eran sus patrones.

Y es que a los españoles, como dijo Andreotti siempre nos ha faltado finura, “manca finezza”, de cualquier modo ahora parece que la mafia española vuelve por donde solía y los March, si es que son ellos los que realmente mandan, tienen a su hombre de paja que estúpidamente se está haciendo famoso con el Real Madrid. O sea, la metáfora.

La mafia, dicen, es un Estado dentro de otro Estado, ha conseguido crear un mundo completamente aparte del otro mundo real que, por cierto, es aun mucho más mafioso que éste, es como esas magnificas historias que nos han narrado Mario Puzzo y Coppola, en las que vemos cómo los diversos capos se reparten sus respectivas zonas de actuación, “yo me encargo de las drogas, tú del juego y del alcohol y éste de la “protección personal” y del crimen superorganizado” que no se va a detener ni ante un presidente del gobierno como fue el propio John Fizgerald Kennedy y, por favor, que nadie haga como que piensa que aquel mundo está muy alejado de éste, en otro país normal, sin la pesada y actual carga del franquismo mafioso, un juez hubiera podido abrir causa criminal contra los evidentes reductos de éste y no le hubiera pasado nada, nada, no ya sólo le hubieran permitido continuar sus investigaciones como instructor sino que ni siquiera se les hubiera ocurrido que podía procesarsele por ello, yo mismo fui un día a denunciar ante la policía una de estas increíbles persecuciones mafiosas y quedé plenamente asombrado cuando los agentes me advirtieron que ni yo ni mi familia éramos en absoluto invulnerables, que lo sabían todo no sólo de mí sino también de los míos, entonces, ¿qué es lo que puedes hacer que no sea callarte como un muerto, pero como un muerto no sólo enterrado en una tumba ignorada u olvidada, sino un muerto del que parece que no hay ninguna clase de noticia, que es como si nunca hubiera pasado por este mundo tan siniestro?

De modo que el gran mafioso es como aquellos maestros de ajedrez capaces de jugar partidas multitudinarias y ganarlas todas, de manera que la del fútbol es una cosa de risa para él, que incluso le ha ganado la partida a la que parece la dueña de Europa, Merkel, arrebatándole la que era la joya de la construcción alemana.

Frente a un rival así la solución es el acobardamiento absoluto, que no es sino la plena convicción de su total desamparo: el entrenador perseguido dice: “y¿ para qué quieren uves. que critique a los árbitros, para qué serviría, si acaso para que la persecución sea aún más dura, más implacable, está, además, el caso de mi seguridad personal, soy marido y padre y tengo la suprema obligación de proteger a mi mujer y a mis hijas. Pero ¿qué quieren que haga yo si incluso el anterior jefe del gang, del grupo, de la banda ha expresado públicamente, a través de la prensa, sus temores por su propia vida y la de su familia, si el único entrenador que se ha atrevido a oponérseles abiertamente y que incluso llegó a llamar al 2º de los capos “canalla”, qué es lo que le habrán hecho, qué es lo que le habrán dicho que le van a hacer a él mismo o a los suyos que, ahora, es el más sumiso de los “amigos” que el 2º de los capos tiene?”.


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