martes, 31 de enero de 2012

Pero ¿de qué nos quejamos, si, al final, hemos conseguido todos vivir en una maravillosa sociedad abierta?

                                                                  Karl Popper
                                                                   Hayek
No podemos y, por lo tanto, no debemos quejarnos de nada.

Hoy, más que nunca, es verdad eso de que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece.

Poco a poco, hemos consentido que un grupo, cuidadosamente elegido de pensadores, haya ido imponiendo sus ideas que no es que sean ultraconservadoras es que son absolutamente regresivas.

El Papa intelectual, el Papa del nuevo pensamiento político es Karl Popper, que, en la sombra, y soplándole al oído las ideas económicas, tenía nada menos que a Hayek y con estos supremos popes del pensamiento ¿cómo nos iba a salir la tortilla?

Popper: en su obra cumbre “La sociedad abierta y sus enemigos”, se carga de varios plumazos ni más ni menos que a Platón, Hegel y a Marx y se erige él mismo como la luminaria que va a incendiar el mundo utilizando la mayor y mejor de las trampas para engañar a todos esos papanatas que llenan las calles de todas las ciudades: la libertad, sí, la libertad, eso que todos queremos pero ¿cómo y para qué?

La libertad requiere un montón de inexcusables condiciones para establecerse: yo no puedo ser libre de ninguna de las maneras si no tengo asegurado permanentemente, o sea, para siempre, mi propia subsistencia, si yo no tengo para comer, para vestir y para guarecerme de la intemperie, ¿qué  libertad es la que tengo, la de entregar 14 horas de trabajo diario a quien quiera contratarme, que, además, se reserva el derecho de despedirme cuando él, sí, él sí es libre para despedirme, quiera? ¿Puede alguien ser tan sinvergüenza como para llamar a esto libertad?

Pues, resulta que sí, que hay millones de millones de tíos que afirman que esto es la verdadera libertad y que lo que hay en Cuba o Venezuela, donde todo ciudadano por el mero hecho de serlo tiene su subsistencia asegurada al mismo nivel que los demás y, por lo tanto, todos son verdaderamente iguales y pueden hacer realmente lo que quieran siempre que no sea alterar las condiciones sociopolíticas, que rigen el funcionamiento de una sociedad estructurada sobre el principio real de la igualdad.

Pero Popper dice que no, que la sociedad tiene que estar abierta totalmente a las iniciativas libres de los emprendedores que pueden acudir libremente a los mercados de trabajo y contratar también allí libremente a unos trabajadores que no son libres de ninguna manera para otra cosa que no sea aceptar las condiciones que les ofrecen los dueños del capital y que, si no las aceptan, claro que son muy libres, pero para morirse de hambre, eso, si es que hay trabajo para todos y no una bolsa de casi 6 millones de parados como gran reserva laboral para que los empresarios jueguen a su favor con las estrictas reglas del mercado que consagrarán que el precio del trabajo lo fijen libremente, sin ninguna intervención estatal, las duras pero justas leyes de la oferta y la demanda, o sea, que el porvenir de los parados es o morir de hambre porque no tienen donde trabajar y el Estado no puede ni debe alimentar gandules por lo que se suprime el subsidio de paro, o trabajar casi de balde interminables jornadas laborales por 300 euros, los famosos “minijobs”,  o esto ¿es quizá demasiado para lo que se merecen todos estos vagos profesionales que, en su día, no quisieron esforzarse preparándose para trabajar más y mejor?

Supongo que no habrá nadie que se atreva a decir que Popper, ese Papa del nuevo pensamiento ultraliberalista neocons, no tiene razón, sobre todo si apoya y se apoya en ni más ni menos que Hayek, aquel tipo que dijo que la economía planificada y socialista conducen al totalitarismo y a la ausencia de la libertad para el desarrollo individual, como sostiene en “Camino de servidumbre”. 


"Durante sus años en Londres tomó una gran notoriedad y fama en el ámbito académico, tanto por sus publicaciones y estudios, como por su rivalidad con Keynes y la beligerancia en contra de sus ideas. Pero durante los años 30, fueron las ideas de Keynes las que se impusieron y también tras la Segunda Guerra Mundial triunfaron gobiernos socialdemócratas o socialistas, con lo que Hayek perdió relevancia y mucha de la fama que había ganado de joven. Las críticas de Hayek no iban dirigidas tan sólo hacia los sistemas de economía planificada, sino en general hacia cualquier intervención del estado en la economía, que para él significaba un socialismo progresivo". (Thatcher y Reagan). 

"Hayek argumentaba que sin propiedad privada, se crea una dependencia tan grande del Estado que nos convierte prácticamente en esclavos. El estado debería tener tantos poderes que necesariamente tendría que repercutir en la sociedad. En una sociedad planificada, debe haber alguien que ejerza el poder, que controle el estado. Para imponer unos objetivos comunes a una sociedad, aunque se quiera hacer de manera bienintencionada, es necesario imponer estos objetivos a las personas que no estarán de acuerdo. Para imponerlo, se deberá coaccionar y tomar medidas represivas en caso de que no acepten a la autoridad central, por lo tanto el dirigente se verá obligado a tomar decisiones “desagradables” como el arresto o el asesinato. En consecuencia, los que llegarían al poder serían los que estuvieran dispuestos a tomar estas medidas, y estos serían asesinos y criminales y a partir de aquí estas personas utilizarían el poder para su beneficio personal.

Según Hayek, las instituciones de la sociedad, como las leyes, los mercados o el gobierno, incluso el sistema de precios o el lenguaje, no eran un invento o diseño humano para responder a unas determinadas necesidades, sino que era fruto de un orden espontáneo que consideraba un resultado de la acción humana pero no de su diseño. Así, el ser humano, en un proceso de prueba y error, ha visto como ciertas acciones hechas de forma inconsciente le servían para cierta finalidad. Las acciones que sirven para algo perduran y su combinación también espontánea acaba dando lugar a instituciones humanas, que aparecen sin que el hombre se haya planteado deliberadamente su creación. Es por eso que defendía que no debían haber interferencias en la acción individual espontánea y consideraba que la idea del racionalismo de intentar diseñar conscientemente el mundo era una amenaza para la civilización, ya que esta precisamente había nacido a partir del orden espontáneo.

Dicho de otro modo, Hayek concluirá que el surgimiento y desarrollo de las normas morales que permitieron el surgimiento y crecimiento de sociedades extensas fue producto de un azar evolutivo aún en curso, considerando entonces al orden espontáneo que permite tales sociedades inabarcable para la razón humana, no en el sentido de comprender su funcionamiento, sino en el controlar su dirección, por lo que rechazará todo racionalismo constructivista que pretenda guiar o rehacer racional y completamente tal evolución natural del orden social.

Necesaria sería, para Hayek, la coexistencia de la primitiva moral colectivista propia de los grupos pequeños y muy cohesionados que perviven dentro de la sociedad extensa, con su contraria moral evolutiva individualista que garantiza el funcionamiento y crecimiento exitoso de la sociedad humana extensa. Como un intento de imponer la primera sobre la segunda definirá al socialismo, deduciendo de ello que la búsqueda de tal orden social expresaría una aspiración involutiva o retrógrada y su consecución implicaría la imposibilidad de sustentar la numerosa población humana creciente".

Como fácilmente se percibe,  a simple vista, a pesar de la multitud de libros y de artículos escritos por Hayek sobre estos temas, lo esencial de sus teorías radica, como luego hiciera Rajoy en sus teorías rechazando la igualdad en sus artículos de El Faro de Vigo, en una concepción del hombre y de la vida esencialmente irracionales: todo lo que no puede explicar razonando lo remite a la propia y espontánea evolución de la vida y de la naturaleza, pero la popularidad de sus apoyos radica en que ambos se basan en lo peor y más inhumano del hombre, en sus canallescos instintos que lo empujan hacia el egoísmo más desaforado y la ausencia total de fraternidad, en ningún momento, ninguno de ellos lo menciona, pero la base de su teoría está en Hobbes y la idea de que el hombre es un maldito lobo para los demás hombres, pero que es este instinto esencialmente criminal y caníbal, antropófago, el que hace progresar “la sociedad abierta”.

Nota: la base central para elaborar este artículo, en lo que se refiere a Hayek, ha sido recogida de Wikipedia.

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