viernes, 3 de febrero de 2012

Un nuevo pocalipsis, sí, pero definitivo



 En su artículo “El invierno del miedo”, publicado en El País, el 31-01-12, Joaquín Estefanía, dice literalmente: 

 -“Entre las huellas profundas que está dejando la crisis hay que anotar un grave retroceso de la democracia y del contrato social entre los ciudadanos. Se plantea, de nuevo, el equilibrio entre economía y política”. 

 Y Paul Krugman, ese mismo día, en ese mismo diario, en su artículo “El desastre de la austeridad” afirmaba, también textualmente:

 -“Lo más exasperante de esta tragedia es que era totalmente innecesaria. Hace un siglo, cualquier economista -o, de hecho, cualquier estudiante universitario que hubiese leído el libro de texto Economía, de Paul Samuelson- les podría haber dicho que la austeridad frente a una depresión era una idea muy mala. Pero los que elaboran las políticas, los expertos y, siento decirlo, muchos economistas decidieron, en gran parte por razones políticas, olvidar lo que solían saber. Y millones de trabajadores están pagando el precio de su amnesia deliberada”.

 Uno, el 1º, es, quizá, una de las mejores cabezas económicas de nuestro país, y el otro, además de sus varias cátedras o profesorados en diversos centros de enseñanza, es Nobel de economía en el año 2.008.

Pero estos resúmenes, estas conclusiones finales, se quedan muy cortas en la exposición, es absolutamente imprescindible leer los artículos íntegros para lo que a continuación consigno los enlaces, porque es el texto íntegro de ambos artículos el que me ha inducido a pensar a mí que la situación en que nos hallamos no es la que reflejan dichas conclusiones finales antes expuestas, sino que es realmente, auténticamente desesperada y que 2 mentes tan honestas y absolutamente comprometidas con su mundo y su época, no se han atrevido a apuntar una solución a este definitivo problema, tal vez porque no la tiene, es por eso que yo, siguiendo las normas de uno de mis grandes maestros, Albert Camus, en El hombre rebelde, me atreva a proponer, como él lo hizo, que en este tipo de situaciones, la única salida honesta y decente es el suicidio.

 Y es que si uno lee los artículos anteriores con la tranquilidad intelectual que proporciona estar ya, por desgracia, al otro lado de la línea roja, se aterra, a pesar de ello, porque parece que sus autores no han tenido más remedio que detenerse ante una muralla inexpugnable, o sea, ante uno de esos problemas tan famosos de la ciencia matemática que no tienen solución, como el de la cuadratura del círculo.

 El análisis del problema y la exposición que se hace en los artículos de referencia son absolutamente modélicos, pero a mí, por lo menos, me asombra que  hombres tan comprometidos con su tiempo, no se hayan atrevido siquiera a insinuar un camino por donde podría llegarnos la solución porque, si es que no la hay, está claro que, entonces, sí que hemos llegado al fin de los tiempos o de la historia, según lo prefieran, porque un mundo herido por las más groseras y siderales diferencias entre sus habitantes, no es que no puede seguir sobreviviendo sino que no debe de sobrevivir y si alguien tiene, en algún sitio, la posibilidad de terminar con esta suprema injusticia debe ya, de una puñetera vez, apretar el botón, porque lo contrario supondrá haberse transmutado de Dios en el Diablo, porque la consciencia de tanto dolor humano es ya realmente insoportable de modo que habrá que acabar con ella de alguna manera.

 Entre otras, hay 2 concepciones eminentemente antagónicas de la historia, una se basa en el judaísmo y otra en el marxismo, una, en una visión profética de los acontecimientos históricos como directamente encaminados a un juicio final precedido del apocalipsis y la otra, en una visión exclusivamente materialista de dichos acontecimientos, encaminados, uno detrás de otro, a instaurar el gobierno, en una especie de democracia perfecta, del proletariado sobre el universo.

 Yo, que seguramente soy el tipo más raro que pisa la Tierra, no sólo creo en las 2 sino que pienso que ambas no son sino la misma cosa, de modo que el apocalipsis y el juicio final van a llegar pero precisamente porque Dios imbuyó en el devenir histórico ese jodido materialismo dialéctico que hace que todo el acontecer se produzca inexorablemente mediante una serie de acontecimientos en la que cada uno de ellos es, precisa y necesariamente, el fundamento del siguiente, o sea, una cadena cuyos eslaboness se producen cada uno a partir del anterior inexorablemente.

 De modo que creo en todo eso de que Dios le permitirá al Diablo el dominio del mundo durante no sé cuánto tiempo hasta que a El se le hinchen los cojones y entonces venga el jodido ángel ése y levante el 7º sello, dando comienzo así al apocalipsis.

 Que el Diablo lleva ya cierto tiempo dominando este asqueroso mundo parece indudable, el problema que yo me planteo es: ¿han comenzado ya a sonar las trompetas del apocalipsis, y, si ya es así, por qué este jodido mundo de locos idiotas no las escucha?

 De modo que, para mí, estos 2 artículos de Estefanía y de Krugman que he traído hoy a mis blogs no sean más que sonoros trompetazos de los jodidos arcángeles, que nos anuncian, con la suavidad de expresión que caracteriza a estos 2 inefables tipos, que la cosa ya está que arde, que no tenemos mucho tiempo más y que deberíamos de hacer todos algo.

 Y he aquí lo que yo propongo:

 Holocausto nuclear, sí, aunque, si es posible, sin un minuto de supervivencia, que todo acabe en unos instantes y que el mundo, la superficie de la Tierra vuelva a estar por otros millones de años completamente deshabitada y nunca algo tan horroroso, Rilke, habrá estado más justificado. Y a mí, por lo menos, me dará igual si no hay ningún arcángel que nos anuncie el apocalipsis.

 SEPTIMO SELLO.- Apocalipsis 8:1-2: "Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora. Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas".

 Con la apertura de este séptimo sello, Dios esta anunciando siete plagas o juicios peores que los anteriores, de ahí el silencio en el cielo. Si los sellos hacen énfasis en los juicios sobre los seres humanos, las primeras cuatro trompetas lo hacen sobre la naturaleza y las últimas tres para castigar a todos los hombres del mundo que rechazan la salvación.






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