jueves, 15 de marzo de 2012

La extrema derecha económica, EDE.

 
De vez en cuando uno se encuentra el trabajo hecho, gracias a Dios, y, entonces, no tiene otra cosa que hacer que copiarlo y pegarlo en su blog, citando su procedencia:
 
El trabajo que inserto a continuación ha sido realizado por un periodista español que, por sus nombres, parece más catalán que Tarradellas y hace un análisis de la intervención de la ultraderecha en la crisis que actualmente padecemos. Creo sinceramente que trabajos como éste deberían de ser trasladados a la opinión pública española con la más alta de las posibles difusiones porque aclaran definitivamente no sólo la situación económica española sino que también ofrece pautas para la actuación ciudadana en este campo.
 
"La extrema derecha económica
Esta ideología se basa en la convicción de que todos somos rehenes de la cultura del dinero


EL PAIS.-JORDI MUIXÍ ROSSET 14 MAR 2012 - 00:08 CET

De lo mucho que se ha hablado hasta ahora de la crisis económica hay dos aspectos que resultan sorprendentes: el tratamiento de la economía como una ciencia pura que no admite discrepancias y su carácter aséptico, desvinculado de cualquier ideología.

Parece como si todo lo que nos está pasando sea irremediable, que nadie sea responsable de nada, que nadie sea dueño de su vida y que todos aceptamos resignadamente las consecuencias deshumanizadoras de una enfermedad que nos destruye como personas y como sociedad y que no somos capaces ni de reconocer.

Se intentan obviar las raíces ideológicas de todo lo que nos sucede, cuando no parece absurdo situar el origen de la crisis actual en los mandatos de Reagan y Thatcher y su acentuación tras la caída del muro de Berlín. Mucha gente celebró el colapso del comunismo, incluyendo buena parte de sus partidarios, decepcionados por la deriva totalitaria del sistema.

Entonces hubo un cierto consenso en la creencia de que el único sistema económico mundial viable era la economía de mercado que, mediante unas reglas establecidas, debía conciliar libertad individual y justicia social, libre competencia e igualdad de oportunidades.

Pero pronto alguien se aventuró a anunciar que se había acabado la Historia y se extendió la idea de que también se habían acabado las ideologías. Progresivamente, el espacio hegemónico que hasta entonces habían ocupado las ideologías lo ocupó el dinero, nunca reconocido como ideología. La exhibición del dinero pasó a ser uno de los principales reclamos mediáticos y sociales, la principal forma "de ser alguien".

"Los mercados" han ido dejando por el camino a millones de personas sin trabajo
Llegados a este punto se puede considerar que la raíz de nuestra situación actual obedece a una ideología de una sola idea, la del dinero. No es el capitalismo regulado, sino la forma más salvaje de capitalismo despojado de cualquier aspiración moral que solo responde a los intereses de lo que podríamos denominar como la EDE, la Extrema Derecha Económica. Extrema, por su darwinismo social. Derecha, porque su referente es el dinero. Económica, porque se estructura en base a un mundo solo económico donde impera la anomia social y donde no importan la degradación humana y ecológica.

A diferencia de la exuberante Extrema Derecha Política que conocimos en el siglo pasado, la EDE del siglo XXI tiene un eje determinante: la opacidad. Desde el anonimato, a través de un sujeto colectivo impersonal —los mercados— ha ido marginando la economía productiva en beneficio de la economía especulativa, dejando a millones de personas sin trabajo por el camino y tentando a empresas responsables a buscar salidas irregulares.

El circuito de esa EDE parece especialmente perverso: eliminación de regulaciones sociales, disminución de impuestos a la gente con mayores recursos, bendición de los paraísos fiscales, la corrupción y el fraude fiscal, rechazo de todo espacio público y desprestigio de la política. Desde Reagan a Clinton, desde Schröder a Merkel, desde Blair a Cameron o desde Aznar a Zapatero, todos parecen haberse arrodillado ante las exigencias de los mercados. En nombre del crecimiento ilimitado, dieron su apoyo incondicional a la economía especulativa desprestigiando la propia política y olvidando qué tipo de sociedad y qué tipo de progreso estaban potenciando.

Y aquí estamos, en un mundo narcotizado por el imperio de la codicia. Recordando a Erich Fromm, la cultura del tener desprecia los valores del ser. Así la EDE se encarga de recordar a quien fomente cualquier otro valor que no sea el del dinero (esfuerzo, responsabilidad, honestidad, cultura) que eso de los valores éticos (solidaridad, generosidad, sensibilidad, empatía) es cosa de ingenuos. ¿Esa es la sociedad que queremos?

La gran fuerza de esa EDE estriba en su convicción de que todos somos rehenes (con síndrome de Estocolmo) de la cultura hegemónica del dinero a la que hemos ayudado a contribuir con nuestras acciones o silencios. La EDE es consciente que con la adoración a la cultura del dinero abríamos la puerta al individualismo más feroz y al consumismo más voraz. Detrás de esa puerta se escondían impagos, frustraciones, depresiones, insolidaridad, vacío personal y, sobre todo, mucho miedo (hipotecas, desempleo, inseguridad). Y el miedo provoca parálisis personal y desmovilización social.

Estamos ante una encrucijada esencial. Ahora más que nunca hemos de tener coraje para mirarnos al espejo y ver qué estamos dispuestos a hacer, como sociedad y como personas. Nos necesitamos todos y necesitamos lo mejor de la política. Si reconocemos el origen ideológico de la crisis,  podremos analizar ideológicamente las salidas y debatirlas políticamente. ¿Acaso no fue ideológico permitir al mundo financiero la brutal irresponsabilidad de las hipotecas basura que ha originado esta crisis mundial? ¿Y las soluciones posteriores a Lehman Brothers? ¿No actúan ideológicamente las agencias de calificación y los tecnócratas?

Albert Camus nos alertó de que la peste se propaga a través de lo más oscuro del ser humano. Hace algunos años, en un aeropuerto extranjero, me topé con una inmensa pared en la que solo había un diminuto anuncio publicitario. Se veía la imagen de una tarjeta de crédito y debajo se leía: "Todo lo demás es exceso de equipaje". Si esa Extrema Derecha Económica consigue que nuestro exceso de equipaje sean los sentimientos, la relación con los demás, la exigencia de dar un sentido a nuestras vidas y reivindicar una sociedad más justa para nuestros hijos, es posible que la peste esté cerca. Entonces cabría preguntarnos por el motivo del propio viaje y hacia dónde nos dirigimos realmente.

Jordi Muixí es periodista".

3 comentarios:

Futbolín dijo...

Hoy cojo el Talgo "pa" Murcia y llevo la "master" y la maletica, mas que nada para meter dentro la fiambrera.
Estamos hechos unos nuevos ricos de lo mas superficiales, muy bueno el artículo que nos haces llegar hoy, pronto te aviso para hacerte una visita por tierras cartageneras, preparate para explicarme como haces para conservar esas neuronas tan engrasadas, que las mías ya empiezan a flaquear con menos years, Un abrazo

neutrino dijo...

Y esa foto que en sí misma dice casi tanto como el texto, Eutiquio. El tonto útil. El gran bobo solemne. El payaso que nos ha hecho a todos reir para luego llorar. Maldita sea su estampa. Maldito miserable, maldito ZP, púdrete en tu nueva poltrona del Consejo de Estado, siente la mirada de los demás acusándote de usurpar ese puesto para el que tampoco vales porque no sirves absolutamente para nada.

Futbolín dijo...

Zapatero ha sido para mi un idiota útil, me ha recordado a mi lo iluso que soy y lo bobo, pues en un principio albergué con el unas pequeñas esperanzas, pues ni eso, nos ha mandado a la porra y nos ha puesto en manos de la derechona, supongo que me nubló el poco intelecto que tengo porque era del Barça como yo, pero por mi ya puede hacerse de otro equipo porque ha contribuido con todas sus idioteces a llevar al país a 3ª regional.
Saludos

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