domingo, 18 de marzo de 2012

Todos somos Ulises, la desmitificación de los héroes,la descomposición de la tragedia o la destrucción del ser humano Un intento de ensayo.



 Jodido Adrián, otra vez vuelves a hacer feliz a este viejo chocho que  ya no sabe bien lo que quiere, porque hay momentos en los que me satisface plenamente esto de ser una especie de conciencia con patas y otros en los que me acuerdo de aquellos adorables tiempos en que dedicaba lo mejor de mis fuerzas a la creación, consiguiendo clasificarme para el premio Planeta de novela de 1.996, con mi “Fuera de juego”, ser finalista  del premio Carlos Arniches de Teatro, del Ayuntamiento de Alicante, con “El suicida” y ganar el premio internacional de teatro “El Paisaje”, en 1.988, con “El movimiento”.

 Pero lo que más me gustaba era ir al cine y, cuando me tropezaba con una gran película, encontrarle lecturas que ni siquiera sus autores habían imaginado, ésta era mi manera de ejercer la crítica cinematográfica, de la que vivía entonces.

 Verás, Adrián, creo que te debo una y aunque sea lo último que haga en mi vida te voy a brindar la crítica de “Sin perdón”, pero, para ello, tengo que hacer imprescindiblemente 2 cosas: ver la película otra vez porque este jodido proceso degenerativo tipo alzheimer, que me han diagnosticado, no es ya que me provoque el olvido total de lo que acabo de escribir  en el mismo instante de hacerlo, sino que ha borrado casi por completo el recuerdo de la película en cuestión, de la que sólo me resta una difuminada síntesis de su argumento y con estos mimbres es muy poco lo que puedo hacer para lo que tú te mereces.

 Toda historia es la historia de un hombre y es el mismo hombre el que está en el fondo de todas las historias.

 Sabes que soy marxista lo que, entre otras cosas, significa una visión eminentemente materialista de la vida, por eso creo que William Munny, el protagonista de “Sin perdón”, sólo era el mismo jodido Ulises que fascinó a Homero de tal modo que le obligó a escribir su apasionante historia, pero Ulises se ha reencarnado desde entonces en tantos tipos que resulta ya muy difícil contar algo nuevo sobre este personaje y el puñetero Clint lo ha conseguido.

 Cuando Clint nos muestra al puñetero Munny, éste está ya tan derrotado, que no tiene inconveniente alguno en revolcarse en la mierda de sus propios cerdos y no es casual, ni mucho menos, que sea precisamente una pobre prostituta, a la que un gamberro ha inutilizado ya para ejercer su decorosa profesión, la que venga a encargarle una nueva odisea que le dignifique, porque un asesino borracho o un borracho asesino, al fin, no es más que un pobre hombre que ha tenido que vivir como los demás le han permitido.

  O sea que el jodido Eastwood, al fin, lo que ha hecho no es más que reflejar lo terrible que resulta siempre la tristísima condición humana, en la que sólo los imbéciles o los cínicos están conformes con su propia existencia.

 O sea que, para Eastwood, y paramí, no hay absolutamente ninguna diferencia entre el ahora presidente de los Usa, el inefable Obama y este desesperado y fracasado asesino que se revuelca en la mierda de sus propios y asquerosos cerdos, porque, al fin y al cabo, resulta que no hay distancia alguna entre el famoso Agamenón y su porquero, y, si la hubiera, tanto Clint como yo estamos convencidos de que estaría a favor del porquero, porque es mucho más difícil, y por lo tanto, más laudable vivir entre los cerdos que entre los palaciegos que nos gobiernan.

 Tal vez sea tan sólo esto lo que nos trata de decir este canalla avejentado que ahora es el tal Eastwoot: Obama no es mejor que Bin Laden, sólo está mejor situado. Y Obama, claro está, en la película es el personaje que interpreta Gene Hackman, el tipo que se considera por encima del bien y del mal, autorizado-¿por quién?-para matar legalmente, como si el acto de matar pudiera ser alguna vez legal.

 Tal vez por eso la jodida cinta se titula “Sin perdón”, porque ninguno de nosotros lo tiene por todo lo que hace no en una semana, no en una secuencia sino en un sólo instante, una odisea.

 Tú creo que también lo has dicho en tu ensayo, la cinta es una serie de historias que se entrecruzan como  nos planteara Borges en su narración del jardín de los senderos que se bifurcan, la vida nos ofrece a cada instante la posibilidad de cambiar de rumbo pero sólo es aparentemente, en realidad no somos sino lo que, dadas nuestras circunstancias, se nos permite ser.

 No hay, seguro, predestinación sino sólo destino y éste se recoge en esas puñeteras circunstancias que nos rodean y hacen que tú seas un joven lleno de ilusión frente a la vida que estudia a fondo lo que otros han hecho y escrito, esperando una oportunidad que es seguro que algún día ha de producirse y yo sólo sea ya un viejo que no espera nada ni siquiera una buena muerte porque la muerte no puede ser buena ni siquiera para el amigo negro del tal Munny, que está allí, muerto, metido en su caja de pino, iluminado por las antorchas para servir de ejemplo a los honrados vecinos del pueblo, o sea que la muerte ni siquiera nos puede  servir  de ejemplo.

  El amigo negro de Munny también es, qué duda cabe, otro trasunto de Ulises, había vuelto de su agitada vida de asesino y vivía feliz y sin memoria con su negra Penélope, hasta que, no sabemos bien por qué, el destino volvió a llamar a su puerta, él supo desde el principio que por última vez y no obstante no dudó un momento en secundar el proyecto de su infernal amigo.

 Leopold Bloom, el Ulises de Joyce, lo 1º que hace cuando se levanta ante nosotros de su cama después de haber rodeado el enorme culo de su mujer es ir al retrete y cagar.
 Pero el Munny de “Sin perdón” es viudo y ya no tiene que darle la vuelta al culo de nadie.
 Dime una jodida cosa, Adrián, tú que, por ser tan joven, sabes tanto y yo que por ser tan viejo he vuelto a ser como los niños y ya no estoy  seguro de nada, ¿es Munny o es Manny, no podría ser que Clint jugara con un diminutivo de man, hombre, en cuyo caso William Manny podría traducirse, sin ninguna clase de libertad, por Guillermo el hombrecillo?
 Este hosco e irritable individuo con el que hemos de tener mucho cuidado porque es capaz, muy capaz de asesinarnos a todos, no se cansa de contarnos la misma historia, en eso, al menos, se parece a los grandes.

 Todo es luz, dicen que dijo Goethe cuando se moría, y yo les digo a ellos, todo es una puñetera mierda.

 Y, si no, que se lo pregunten al jodido Shakespeare, al no menos jodido Cervantes, al puñetero jodedor Joyce, pero, sobre todo, al primigenio Homero, todo lo que intentaron decirnos con esos millones y millones de palabras que escribieron, joder, ahora me viene a la memoria lo mejor que yo he leído sobre ellas, “Les mots”, del supremo jodío de todos, el puñetero Sartre, es que no somos sino eso, una puñetera mierda que los compañeros de golferías infantiles de mi pueblo consagraron todavía más pinchándola en un palo.

El caso es que este hosco y cabreado individuo, que seguramente lo está más que con nadie consigo mismo, es uno de los pocos tíos a los que aborrezco casi tanto como admiro porque el canalla es un puñetero fascista, un nazi de los pies a la cabeza al que, si lo dejaran, montaría en cualquier sitio el más espantoso de los campos de concentración y nos encerraría a todos nosotros en él porque piensa el tío que no nos merecemos otra cosa.

 Que es un nazifascista a mí, al menos, no me cabe la menor duda, porque yo puedo pensar, como él, que el hombre no es más que una especie de gusano asqueroso que sólo anda por ahí buscando un poco de carroña para llenarse la barriga, claro que sí, en eso estoy totalmente de acuerdo con él y esto no es sino lo que pensaban también todo esos genios literarios a los que acabo de citar más arriba pero ni ellos ni yo fuimos capaces de coger una escopeta con los cañones recortados y liarnos a matar gente por ahí como el que hace la mejor de las cosas, después de haberse hartado de interpretar una y otra vez a ese arquetipo fascista que es Harry el sucio.

 Porque precisamente se trata de eso, de mostrarnos una y otra vez toda la suciedad que se almacena en el seno del alma humana, no se cansa de hacerlo, empezando, como es natural, por la suya, por la propia, que es la que mejor conoce, de ahí esa secuencia magistral en la que aparece ¿jugando? con los jodidos cerdos, o sea, con todos nosotros, al comienzo de ese testamento vital que es “Sin perdón”.

 De modo, mi querido Adrián, que tú y yo, mal que nos pese, no somos sino eso, unos puñeteros cerdos, sí, ya sé, como él, pero el jodido tipo cree que él se redime precisamente porque lo reconoce, viene el tío y nos lo dice a gritos, “eh, señores, yo soy un asqueroso, pestilente y repugnante cerdo pero lo soy mucho menos que vdes. porque no sólo lo sé sino que lo admito y no me paso toda la vida como un jodido hipócrita aparentando que soy todo lo contrario, el tío más limpio del mundo”.

  Osea que Eastwood no es sino un Ferdinand más, otro jodido y asqueroso fascista, que estoy totalmente seguro que hubiera colaborado plenamente feliz con los alemanes del III Reich como hizo el autor del “Viaje al fondo de la noche”. En realidad, a lo largo y lo ancho de toda su extraordinaria carrera cinematográfica, incluso cuando sólo era una mierda de actor a las órdenes de Sergio Leone, no hizo otra cosa que fascismo, que no es sino la ideología que permite asesinar tranquilamente a todo aquel que no está de acuerdo con nosotros.

 Pero hay maneras y maneras de ser fascista, esto ya nos lo demostró Dostoiewski con Raskolnikolv, el sombrío asesino de “Crimen y castigo”, hay fascistas absolutamente convencidos de que la mejor manera de comportarse con el hombre es asesinándolo no por nada sino porque no se merece otra cosa y, en principio, yo puedo estar de acuerdo con eso, con que este cochino animal que es el hombre no merece en absoluto vivir pero, coño, castiguemoslo de otra manera, si le descerrajamos un tiro en la cabeza, habremos superado incluso su propia miseria.

 “No es eso, Clint, no es eso”, le diría Ortega, al hombre, sí, hay que castigarlo de algún modo pero no asesinándolo porque eso es incluso bendecirlo, santificarlo como hicieron los judíos con el Cristo matándolo de aquella increíble manera.

 No sé, ahora que escribo todo esto me acomete la terrible sospecha, si todos estos jodidos genios que antes he citado no serían también sino unos condenados fascistas porque todos ellos se empeñaron, primero, en mostrarnos las irredimibles miserias del hombre, y, después, lo glorificaron narrando su historia, sí, no encuentro una palabra mejor, como una odisea.

 Homero, coño, Homero, el padre de lo padres, el patriarca de todos los que alguna vez hemos contado una historia, empeñado en mezclar a los hombres con los dioses como si eso fuera posible ya que no hay, ahora lo sabemos, dioses y es muy dudoso que existan hombres de verdad, que asuman su propia condición de seres imperfectos que no debieran de atreverse nunca a juzgar a otros hombres, pero Homero era un cuentista misericordioso quizá porque estaba ciego, o sea, que no veía realmente sino que tan sólo adivinaba.

  Y, luego, viene el muy jodido cisne de Avon, del que incluso se dice que era homosexual, lo que yo creo a pie juntillas porque es difícil  encontrar alguien que supiera más del alma humana y nos narró historias tales como la del hijo que odiaba a su propia madre tanto que quiso matarla o la de ese individuo que se cobraba las deudas dinerarias arrancándole a su deudor un trozo de carne, pasando por el moro celoso y el hombre que quiso cambiar su reino por un caballo, después de llegar a la conclusión de que esta puñetera vida no es sino una historia llena de ruido y de furia narrada por un idiota que, por lo visto, no era precisamente él.

  Y qué decir del que se rió de todos, comenzando por él mismo, el que elevó a los altares de la sin par locura ese ansia irreprimible de gloria que anida en nuestro corazón, para terminar con el más canallesco de todos, sin duda, el creador de ese Ulises moderno que fue el señor Bloom, que bordeando el inmenso trasero de su mujer se fue directamente al retrete y cagó delante de todos nosotros.

 Todos ellos no son sino unos jodidos jesuitas, unos hipócritas de mil pares de cojones que nos han dorado la píldora cantando sus propias excelencias siendo como son tan fascistas como el propio Eastwood, sólo que, muy taimados, no nos lo dicen, engañándonos como a chinos de esta jodida manera.

 Pero yo quería escribir un momento de “Sin perdón”, que creo que es de lo que se trataba, pero el caso es que el jodido alzheimer me lo va a impedir porque si dentro de un momento no seré capaz de recordar nada absolutamente nada de lo que acabo de escribir, imaginate, querido Adrián, como voy a escribir de una película de la que ya no recuerdo nada, sólo la idea de que era una cinta formidable.

 De lo que sí que estoy completamente seguro es de que Harry, quiero decir Manny, el hombrecillo, se lió a matar a todo el que se le ponía por delante y de que luego se fue tan tranquilo como si no hubiera hecho realmente nada, porque desinfectar una ciudad, o un pueblo, es una labor higiénica que deben de realizar los que son precisamente como arcángeles.

 Y dejo abruptamente de escribir porque estoy muy cansado.

3 comentarios:

Futbolín dijo...

José, como eres¡¡¡ mira que te autoexiges¡¡¡, como no te vas a olvidar de un montón de cosas con todo lo que has llegado a meter en ese tu cabezón, yo que no me he metido ni la mitad que tu en el mío y soy menos viejo, de lo único que no me olvido es de que todos no somos iguales, vaya que hay variedad en este valle de lágrimas y que unos son peor que otros, pero en algo hemos avanzado y es que lo que tu escribes ahora al poco rato lo leemos otros y tu te olvidas y nosotros también pero pasamos un rato delicioso leyéndolo y entonces el ADSL ya no me parece tan caro, de ese buen rato no me olvido, quizás a otro no les guste y les obligas a pensar en lo contrario, en cualquier caso te aseguro que vivir y tu lo sabes, es fascinante porque todo el día estamos rodeados por cerdos que son unos animales de los que hasta los andares son buenos.
En un mundo perfecto (otra peli de Clint.) no sucederían estas cosas.
Hay mas mundos pero el nuestro es este y un Murciano no se puede quejar, solo puede denunciar la injusticia de los que no disfrutan de el, por DIOS¡¡¡
Yo siempre, o casi siempre, positivo aunque no me lo crea ni yo mismo, Un abrazo

Anónimo dijo...

ESTIMADOS HERMANOS:
Soliciten al sitio UN.ORG/ES de la organizacion de las naciones unidas a mi email denominado PARADOJA MUNDIAL porque resuelve a la absolucion demográfica mundial de la delincuencia y de las paradojas sociales especulativas que restauraron a la gente a ser cándidos por mi intercesion politica con la organizacion de las naciones unidas y con la organizacion de los estados americanos.

Atentamente:
Jorge Vinicio Santos Gonzalez,
Documento de identificacion personal:
1999-01058-0101 Guatemala,
Ciudadano de Guatemala de la América Central.

Futbolín dijo...

No me enterao de na Vinicio, lo siento.

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