viernes, 27 de julio de 2012

La aporía del comunista


 No sé lo que me aterra más de esta gente, su incompetencia profesional o su radical inmoralidad, su falta absoluta de ética.

 Quizá el más potente de todos los filósofos de la historia, el hombre que fue capaz de escribir la crítica de la razón pura y la crítica de la razón práctica, estableció lo que se denomina el imperativo categórico: obra de tal manera que puedas aspirar a que tu conducta sea universal, ese maravilloso acervo de sabiduría popular que es el refranero español lo condensa de esta manera: no quieras para otro lo que no quieras para ti.

 La profunda desintegración moral que se ha apoderado del género humano es lo que nos ha llevado adonde estamos, hemos permitido impertérritos que se hayan adueñado de la moralidad pública principios tales como que el egoísmo y la avaricia son impulsos legítimos en el desempeño de la actividad humana.

 No sólo hemos desoído el precepto kantiano que él expresó como absolutamente categórico sino que hemos hecho caso omiso de ese otro mucho más exigente aún: hay que dar a la sociedad según nuestras capacidades y obtener de ella según nuestra necesidad.

 Si hubiera que resumir en una sola palabra el espíritu que anima este último precepto, yo lo expresaría con el término solidaridad., que hace referencia al impulso de hacerse uno solo con el resto de la humanidad.

 Fue la suprema generosidad de este impulso el que hizo exclamar a  dos de los más señeros representantes de nuestro género aquello de proletarios de todos los países, uníos, quizá la frase mas ambiciosa que nunca se haya pronunciado y que, hoy, uno de esos descerebrados que por una inadmisible aberración de nuestra sociedad se dedica a la más noble de todas las actividades humanas, la política, ha dicho:

"Esta ley permite a todos los ciudadanos disfrutar de una vivienda digna. Y le pido a la señora Villares que retire eso de que el PP roba... ¡Lo que es un insulto es ser comunista hoy en día!": JOSÉ MARCOS Madrid 25 JUL 2012 - 21:38 CET. El País, 25 de julio de 2012.

 Se discutía en la Asamblea de Madrid la aprobación de una ley que permite construir viviendas de 900 metros cuadrados en suelo privilegiado mientras se desahucia a miles de españoles por no poder pagar sus hipotecas y alquileres.

 Esta frase del diputado pepero Alvaro González es la que motiva mi comentario de hoy porque ya no es que me asuste, es que me aterra que haya una sola persona capaz de pensar que todos esos imperativos morales que antes transcribíamos no existen para él porque seguramente nunca los ha leído y esa es precisamente la tragedia de este pueblo mártir nuestro: que tengan la posibilidad de legislar en este país gentes a los que una ciudadanía engañada por la prensa más canallesca de la historia ha dado ese poder.

 Y este incidente me ha llevado a recordar lo que me sucedió hace aproximadamente un año cuando llevé a mi mujer a que le hicieran un  pet al único hospital que lo realiza por estas latitudes que se halla en Alicante.  En la sala de espera, dicha prueba médica tarda muchísimo en realizarse, yo me puse a leer Qué es la literatura, de Sartre, y una señora, muy distinguida, me dijo: “Así que leyendo a Sartre aquí. Es muy curioso, un comunista en un hospital sólo para millonarios”. El dichoso pet, que no ha servido para nada, me costó 150.000 pesetas.

 Lo que me indujo a formular la que llamo “aporía del comunista”, a imitación de la famosa de Aquiles y la tortuga que, ya saben, dice que, si el tiempo y el espacio son divisibles hasta el infinito, Aquiles no alcanzará nunca a la tortuga porque siempre habrá entre ellos un espacio infinitesimal que rebasar.

 Para la inmensa mayoría de la gente, un comunista está obligado por su credo a la absoluta pobreza porque siempre habrá de entregar a los demás hasta el último céntimo que pueda tener. Los no comunistas, por supuesto, pueden almacenar dinero hasta el infinito.

 Es esta cínica exigencia de los políticos no comunistas lo que pone de manifiesto su absoluta incapacidad no sólo profesional sino también ética.



10 comentarios:

Futbolín dijo...

Esta gente de derechas recalcitrante piensan como el tonto y el ladrón que todos son de su misma condición y ante cualquier filosofía solidaria reaccionan con enfermiza aversión y siendo como han sido capaces de convertir las enseñanzas de Cristo en unas prácticas majaderas absolutamente contrarias a lo que ellos mismos dicen que el Maestro predicaba, desde luego no están dispuestos a que venga un comunista y les diga que han de repartir lo robado, vamos ni en broma.
No obstante cuando es su Banco el que tiene problemas entonces si quieren que los demás sean solidarios con ellos y les encanta ese “socialismo” que reparte sus pérdidas entre los más pobres, y así es, desde que el Mundo es Mundo, por tanto viene de lejos y está en nuestros genes, supongo que esa competitividad exacerbada tiene como finalidad que sobrevivan solo los mas fuertes, esto que llamamos en las especies animales la selección natural, por tanto en el hombre que es un mono que aprendió a engañar, creo que dentro de unos años solo sobrevivirán los mas ladrones de entre ellos y cuando ya no quede nada que robar será el fin de la especie, tan solo quedarán en el planeta las cucarachas que lo soportan todo y algún fascista español desesperado que se debió quedar encerrado en su bunker contemplando a través de una cámara situada en el exterior, como aquel hongo de fuego se llevaba por delante todo lo que su noble familia, cuyos ancestros conquistaron las Indias a trabucazo limpio, había robado y amasado desde tiempos inmemoriales.
En aquel tiempo que vino después solo había oscuridad, aunque dicen que ya nada volvería a ser igual en la tierra, y hubo por fin esperanza porque las cucarachas habían aprendido la lección escarmentando en cabeza ajena, se dijeron a si mismas que cuando evolucionaran no querían parecerse a los humanos, querían ser solidarias como las hormiguitas buenas y laboriosas.

Futbolín dijo...

CASCOS ABRE LA BOCA(David Torres en Público)
Juan Benet votó sí a la OTAN porque Antonio Gala decía que había que votar no. Y añadió: “Basta que ese señor diga una cosa para que yo haga exactamente la contraria”. Yo mismo me he guiado muchas veces por este sano principio, el del gurú invertido, método eficaz gracias al cual, por ejemplo, he esquivado la lectura de varios ladrillos en letra impresa alabados no por Antonio Gala sino por infalibles críticos literarios. Infalibles en el sentido que explicaba Fernando Savater, que alguien con buen gusto puede tropezar un día u otro pero que el mal gusto, amigo, nunca falla.
En este país mucha gente que tenía como brújula desnortada a Álvarez-Cascos ha sufrido un cortocircuito mental cuando le han oído decir que hay que convocar elecciones de inmediato ante la incompetencia manifiesta del gobierno. Ha sido una experiencia extraña, casi paranormal, como si hubiésemos oído a Zapatero con la voz de Solbes decir que sí, que había crisis, o a Aznar con la voz de Ana Belén admitiendo que no, que no había armas de destrucción masiva. Iker Jiménez ya le ha solicitado una entrevista a Cascos para inquirir si se ha excedido con la medicación o si está poseído y necesita un exorcista.
La cosa, sospecho, es más sencilla. Muchos pensaban que a la derecha del PP sólo estaba la pared, pero entonces llegó Cascos y derribó la pared a cabezazos, demostrando que siempre surge un más allá donde menos te lo esperas. Entonces el hombre, echando mano de la sidra y del ectoplasma de don Pelayo, levantó unas siglas y un espacio político donde otros sólo hubieran levantado un chalet de dos plantas. Cascos ha llevado al límite el estilo municipal de Jesús Gil, que amasó un patrimonio a base de cascotes y una ideología a base de tal y tal. Durante una temporada, irritado con sus antiguos correligionarios, Cascos abría la boca y hacía que Mussolini pareciera el asesor de imagen del Che Guevara. Era así de exagerado, tanto que por aquel entonces nos enteramos que habían encargado un retrato suyo por ciento noventa mil euros, una cantidad excesiva para alguien a quien le podía sacar el parecido un enfermo de Parkinson pintando con brocha gorda y guantes de boxeo.
Rubalcaba abre la boca y sube el pan. Guindos abre la boca y sube la prima de riesgo. Rajoy abre la boca y sube el IVA. Cayo Lara abre la boca y sube el ascensor. Las declaraciones de Cascos han hecho que algunos se replanteen sus opciones políticas mientras que los demás dudamos entre echarnos al monte o esperar a que el monte se queme del todo.

Futbolín dijo...

FRAGMENTO:

EL FIN DE LA MAL LLAMADA MERITOCRACIA
Vicenç Navarro
Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra
28 de julio de 2012
Una de las consecuencias de la enorme crisis financiera y
económica que estamos experimentando es la pérdida de confianza
en las élites gobernantes, sean éstas financieras, económicas,
mediáticas o políticas. La confianza que un sistema político
democrático requiere que exista entre el establishment –las
instituciones que gobiernan las distintas actividades financieras,
económicas, mediáticas y políticas del país- por un lado, y las clases
populares por el otro, se está perdiendo rápidamente. La gente
normal y corriente, que solía creer que “los que mandan” son mejores
y tienen más información sobre la cual toman decisiones, ya no cree
en ello. Más y más gente cuestiona que las élites que están arriba
mandando estén allí debido a su mérito. Según la última encuesta de
valores realizada por la Pew Foundation, la mayoría de las
poblaciones de los países en recesión incluyendo los países de la 2
Eurozona, no confían en las élites gobernantes. Y ello explica que
tales élites estén perdiendo no sólo la confianza sino su legitimidad
para “mandar”, sea en el sector que sea.
Hay muchas consecuencias de este hecho, fácilmente
evidenciables. Pero una de las más importantes es que además del
esquema político derecha-izquierda hay que incluir otra línea divisoria
que separa los que están arriba de todos los demás, que constituyen
la gran mayoría de la población. Esta mayoría percibe que la línea
ascendente en el gradiente social no la determina el mérito, sino las
conexiones y relaciones interpersonales determinadas en gran parte
por el origen social del individuo, definido este por clase social y
género. En realidad, la evidente incompetencia de los que están
arriba (tanto en los sectores financieros como en los políticos), que
aparece claramente en su continuo y persistente intento de seguir las
políticas de austeridad que han conducido a estos países al desastre,
muestra que el mérito tiene poco que ver con que estén donde están.
Las conexiones y redes de intereses (que los sociólogos llaman capital
social y la gente normal y corriente llama las conexiones y enchufes)
que les permiten trepar, explica que estén arriba. Ésta es la
percepción hoy generalizada.
Es lógico, pues, que la gran mayoría de la ciudadanía cuestione
el sistema que permite a las élites existir, permanecer y reproducirse, 3
sin ninguna justificación o responsabilidad frente a los demás (lo que
en inglés se llama accountability). La meritocracia aparece como la
ideología que las élites promueven en los medios que controlan para
justificar su poder. La pérdida de credibilidad de esta ideología es
clara y enorme. La gran mayoría de la población en la citada encuesta
Pew, no cree que las élites gobernantes sean “mejores” que la gente
normal y corriente. En realidad, comienza a verse lo contrario. Unos
porcentajes que están creciendo son los de los que piensan que la
gente de arriba es más corrupta que la gente normal y corriente. Se
han enriquecido, no a base de sus méritos, sino a base de sus
contactos y conexiones (repito, el llamado capital social).
http://www.vnavarro.org/?p=7615

Patrick Bateman dijo...

La estrategia política del 15M

Posted on agosto 3, 2011 by Alberto Garzón Espinosa

El siguiente texto es una amplia reflexión sobre la estrategia política que debería, a mi parecer, mantener el 15M y los grupos que forman parte del mismo. Es mi opinión y como tal es tan subjetiva como cualquier otra. Se puede estar de acuerdo o no, pero la lanzo para aportar elementos que considero imprescindibles así como para hacer pública la visión que tengo de un proceso tan complejo pero a la vez tan necesario.

Cronología rápida de una movilización

En 2007 estalló la crisis en Estados Unidos y los economistas críticos nos pusimos manos a la obra para intentar explicar a la gente corriente lo que estaba pasando en las finanzas internacionales. Pronto se vio que esa crisis sería de una importancia excepcional sólo comparable con la Gran Depresión de los años treinta, y ningún país quedaría a salvo de la que para entonces se llamaba ya la Gran Recesión. En verano de 2008 la crisis se trasladó dramáticamente al tercer mundo y mató de hambre a millones de personas a causa de la especulación en los mercados de futuros de materias primas. En ese momento nosotros comenzamos en ATTAC a escribir nuestro primer libro de divulgación gratuito sobre la crisis (“La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla”), esperando que la gente pudiera comprender que la crisis tenía unos culpables de carne y hueso y que había que exigir responsabilidades. Al finalizar 2008 la crisis se agudizó y la economía española se vino definitivamente abajo. Durante todo 2009 la crisis se expandió con fuerza y afectó cada vez a más sectores de la población. Y al terminar ese año muchos de nosotros, activistas de izquierdas y militantes de diferentes organizaciones políticas, pedimos públicamente a los sindicatos que organizaran una huelga general.

Por entonces pensábamos en términos muy clásicos. Hasta entonces todas las movilizaciones políticas habían sido organizadas por movimientos sociales (precarios, vivienda digna, ecologistas, feministas, etc.) y con relativo poco éxito en cuanto a cantidad de participantes. Había una calma tensa que no lográbamos comprender quienes seguíamos los fenómenos económicos. Nosotros pensábamos que estábamos viviendo una crisis cuya resolución (más o menos social) dependería de la relación de fuerzas. Y confiábamos en que los sindicatos pusieran sus cartas encima de la mesa para plantarle cara al poder económico que estaba pensando ya en agudizar su línea neoliberal. Pero no lo hicieron.

Los sindicatos organizaron una huelga general muchos meses más tarde, el 29 de septiembre de 2010, y en medio de un ataque brutal de la derecha contra las organizaciones de trabajadores. Unos meses antes la comunidad de Madrid había atacado sin piedad al combativo sindicato del metro, poniendo toda la carne en el asador y utilizando los medios de comunicación para poner a la opinión pública en su contra. Yo viví aquella batalla en Madrid, y pensé que era el inicio de nuestro final como clase trabajadora organizada. La derecha estaba dispuesta a arrasar cualquier, ya débil de por sí, movimiento de izquierdas organizado. La huelga del 29 de septiembre fue un respiro, pero llegaba tarde y sabíamos que muchos no estaban dispuestos a subirse a ese barco que navegaba a la deriva.

La firma del pacto de las pensiones por los sindicatos, a principios de 2011, fue el acabose. Los sindicatos claudicaron ante un proceso de regresión social que ya estaba más que claro, y con eso alejaron todas las posibilidades que restaban para aglutinar y ser un actor principal en la batalla ante el neoliberalismo.

Patrick Bateman dijo...

Por suerte paralelamente los movimientos sociales habían ido reuniéndose en torno a la plataforma Democracia Real Ya (DRY), y otras organizaciones combativas, como era el caso de Juventud Sin Futuro, surgían a su lado. Fue Juventud sin Futuro la primera en dar el paso de organizar una manifestación contra la crisis digna de tal nombre, recibiendo bastante cobertura mediática y un apoyo importante. Eran tiempos en los que nosotros insistíamos una y otra vez en la urgencia de una insurrección generalizada, que objetivamente era más necesaria que nunca. Era un bosque de hojas secas y faltaba un chispazo para que el fuego se extendiera. Y eso fue precisamente lo que ocurrió el 15 de mayo, cuando DRY sacó a la calle a miles y miles de personas exigiendo una salida social a la crisis. Su programa político era tan de izquierdas o más que el que tenía Izquierda Unida, ATTAC, los sindicatos más combativos o cualquier movimiento social de larga trayectoria contestataria. Pero ellos dieron en la clave y consiguieron atraer la atención de muchísima gente desencantada y que, siendo consciente de la necesidad de movilizarse, no había encontrado espacios para hacerlo hasta entonces.

Y de aquel éxito nacieron las asambleas del 15M, que a su vez dieron luz a las comisiones sectoriales y de barrio y a un nuevo tipo de activismo político que en realidad era muy viejo pero que ahora parecía funcionar (no sin obstáculos). Desde entonces conviven experiencias movilizadoras (15M, DRY, Mesas de Convergencia, etc.) que unen sus fuerzas y que trabajan conjuntamente para seguir construyendo algo alternativo.

El peso de la revolución

Con el 15M de repente había que estar en todas partes a la vez y participar en todos los debates, aunque éstos llevaran horas y horas y acabaran con nuestras energías vitales. Era un imperativo moral aprovechar esta ola que por fin había llegado y que ahora había que saber canalizar para que no quedara neutralizada o desmovilizada por la acción del poder económico y político dominante. Pero eso era a la vez una presión en muchos casos insoportable.

En efecto, hemos tenido, y seguimos haciéndolo, que participar en comisiones de horas y horas de duración; hemos tenido que enviar centenas de e-mails para explicar conceptos y ayudar a la gente a comprender de qué estamos debatiendo y a formarnos nosotros mismos; hemos tenido que desmontar a muchos saboteadores que aprovechando los espacios democráticos abiertos han querido neutralizar el movimiento o, al menos, determinar de qué se podía hablar y de qué no; hemos, en definitiva, dedicado todos nuestros esfuerzos a costosos procesos de formación política en su sentido más amplío.

Y en nuestro despiste, creo que nos hemos creído que teníamos que organizar la revolución en un par de días. Nos hemos encontrado en el camino mucha gente de tradiciones políticas distintas y hemos tratado de integrar lo mejor de cada una en muy poco tiempo. Hemos sido demasiado autocríticos con nosotros porque nos hemos exigido lo mejor en todo momento. Hemos intentado responder en unos meses la hegemonía que el neoliberalismo ha tardado en cimentar unos treinta años. Y eso es una tarea hercúlea que no podemos conseguir en esos tiempos de ningún modo, puesto que no sólo estamos ante un dominio económico sino también cultural y de valores. Es magnífico que hayamos despertado, pero no podemos autoexigirnos construir una base social consistente y coherente en cuatro meses.

Patrick Bateman dijo...

Necesitamos una base social

Es verdad que el 15M se está comportando como una especia de universidad política. La gente va a las comisiones para aprender y para dotarse de herramientas para comprender cómo funciona el mundo y cómo puede cambiarlo. Y ese es un proceso lento de formación política que debemos continuar sin lugar a dudas. Estamos construyendo una base social, es decir, un colectivo de personas con unos intereses políticos comunes y que permite sustentar y apoyar un proyecto político alternativo. Sin base social ya hemos visto qué sucede con los partidos y sindicatos revolucionarios: nada. La construcción de la base social es, por lo tanto, la tarea primordial del movimiento 15M.

Tenemos que politizar a la gente de nuevo. La política tiene que volver al debate cotidiano. Debemos conseguir que todo el mundo sepa lo que está pasando y cómo nos afecta a la mayoría de los ciudadanos, porque es precisamente de la indiferencia y de la individualidad de lo que se nutre el neoliberalismo. Tenemos que construir esa base social, la cual debe estar constituida por personas formadas y que tienen una identidad común, es decir, que se ven como víctimas de un mismo proceso al que hay que responder colectivamente.

Los procesos económicos tienen una velocidad mucho más lenta que los procesos políticos y que los procesos vitales. Estamos en crisis y todavía seguiremos en crisis mucho más. Los economistas tenemos que procurar predecir los escenarios posibles en los que tendrá lugar la acción política. Y sobre esto hay un consenso generalizado. Los planes de ajuste que se están aplicando (y que se seguirán aplicando) agudizarán la crisis y provocarán nuevos escenarios aún más drásticos de regresión social. Y para eso hay que estar preparado, más aún cuando el nuevo gobierno será aún más radical en la aplicación de medidas neoliberales.

El corto plazo: un escudo social

Ser conscientes de que los escenarios futuros son aún más negros nos permiten caminar con inteligencia y con una estrategia determinada. Porque sabemos dónde nos van a dar el siguiente golpe, y es ahí donde tenemos que estar. Sin duda eso no significa que nos olvidemos de que en realidad hay gente con una situación económica de urgencia. Hay millones de personas en paro, centenares de miles de personas perdiendo sus casas, miles de familias cayendo en la pobreza y otros tantos millones de personas entrando en regímenes laborales de semi-esclavitud. Por eso es necesario un plan de choque de corto plazo, una creación de un escudo social para proteger desde ya a todas esas personas.

La base social no puede limitarse a preparar una revolución, como si de una vanguardia clásica se tratara, sino que en realidad tiene que estar en la calle plantando cara y defendiendo los derechos de sus conciudadanos. La base social no se crea desde los despachos académicos o las reuniones sino desde la calle, y eso implica tener que actuar siempre en situaciones concretas. Hay que ir a proteger a las personas que pierden sus casas, hay que ayudar a los estafados por la banca y hay que ir a los servicios de empleo a nutrir la base social haciéndoles ver a los parados que nosotros somos ellos y que ellos somos nosotros. Y todo esto debe hacerse de una forma organizada y atendiendo a una estrategia definida y que tenga presente que hay limitaciones de tiempo y energías.

Patrick Bateman dijo...

El programa político

Nos dicen que no hay alternativas a los planes de ajuste, pero eso es falso. Y en este blog lo hemos puesto de relieve muchas veces. Hay medidas concretas que pueden hacerse para resolver la crisis desde un punto de vista social y que permita construir un sistema económico distinto. Tenemos mucho que debatir sobre qué medidas son prioritarias y cómo debe ser el sistema venidero, pero no cabe ninguna duda de que encima de la mesa hay ya proyectos alternativos. En ATTAC contribuimos humildemente a formar a la gente para que comiencen debates y la gente se pueda plantear sus propias opciones, pero en particular los economistas ya hemos propuesto alternativas palpables y que son de aplicación inmediata si existiera voluntad política. Otras opciones, lógicamente, requieren a su vez una base social suficientemente amplia como para que puedan ser puestas en marcha.

Por eso un elemento clave es la formación de esa base social. La formación ha sido dejada de lado por los partidos políticos de izquierdas y las organizaciones sindicales. Y sin formación al final no existen referentes teóricos y sin ellos la gente se deja llevar por la inercia política o se sitúa en una posición estrictamente defensiva. Y nosotros lo que tenemos que hacer es precisamente pasar al ataque. Tenemos que poner un programa político encima de la mesa que permita pasar al ataque de forma inmediata.

El largo plazo: las respuestas futuras

Sí, el PP ganará las próximas elecciones con casi toda seguridad. Y sus objetivos serán los servicios públicos, que privatizarán o deteriorarán sin piedad. Nosotros tenemos la ventaja de que lo sabemos, y hay que hacer los movimientos oportunos. Es urgente que la base social del 15M, DRY, las Mesas, y demás proyectos de este tipo se dirijan a los colegios, a los institutos, a los hospitales, etc. y planteen la necesidad de reunir fuerzas. Muchos van a sufrir en sus propias carnes una crisis que hasta ahora parece pasar de largo de sus propias vidas. La gente comenzará a percibir deterioros en los servicios públicos, habrá despidos y la rabia se incrementará. El caldo de cultivo de la insurrección se generalizará y el bosque de hojas secas del que hablábamos antes crecerá exponencialmente. En última instancia no estamos hablando de otra cosa que de sumar fuerzas con las que poder vencer a un enemigo, y eso es tan viejo como la humanidad.

Y ello conlleva, les guste a unos u otros, en sumar las fuerzas también de los sindicatos y sus afiliados. Hay que olvidar las viejas rencillas que puedan existir, por muy razonables que sean, y sumar a todos en el proyecto. De otra forma estaremos divididos y no podremos enfrentar exitosamente la avalancha que viene encima. Además, el sistema puede tolerar manifestaciones esporádicas sin perder demasiada legitimidad y sin verse acosado, pero no puede soportar la paralización de la actividad productiva por mucho tiempo. Dicho de otra forma, una base social suficientemente amplia y cuya acción de de lleno en el corazón del mundo económico (la actividad productiva) tendrá todas las cartas para ganar.

¿Es posible mitigar el efecto perjudicial de los procesos venideros? Sí, y creo que debemos hacerlo. Yo votaré en las próximas elecciones, y lo haré a Izquierda Unida. Pero no lo haré porque confíe en que de ese modo se pueda cambiar algo suficientemente importante, ya que en realidad yo impugno al sistema en su totalidad, sino porque utilizo las herramientas a mi disposición aunque sepa que son insuficientes. No pienso dejar pasar una oportunidad de poner una piedra en las ruedas del neoliberalismo, dicho de otro modo. Aunque sea consciente de que la lucha está en otro lado y que limitarse al sistema político es pasar por el aro.

Patrick Bateman dijo...

En definitiva

Dicho todo lo cual creo que conviene ser autocríticos pero sin pasarnos. Y sobre todo debemos ser tolerantes con otras personas que provienen de tradiciones políticas distintas y que enfocan los fenómenos de otra forma pero que a la vez comparten nuestros intereses políticos. Ante todo creo que debemos pasar a la etapa de definir estrategias políticas y de contextualizar los fenómenos que suceden, para evitar siempre estar a la defensiva y reaccionando ante cada paso del neoliberalismo. Más bien debemos construir nuestro programa político, que no tiene que ser un documento de cien hojas sino una declaración de intenciones alternativas, asumibles, factibles y radicales, y pasar con él a la ofensiva.

Patrick Bateman dijo...

Este chaval comunista,economista de Iu,Alberto Garzón de solo 26 años,es la única esperanza política que tengo desde que se jubiló Julio Anguita.
Esperanza y política,dos términos incompatibles,nunca mejor dicho.
Un abrazo a todos.

Futbolín dijo...

Bueno Patrick a mi me pasa lo mismo con Alberto a ver si no se malogra, un abrazo.

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