jueves, 13 de septiembre de 2012

El sistema


                                                       El primer Rockefeller
 Pero ¿dónde está el tío que maneja el jodido sistema?
 Releyendo mi post anterior parece que deduzco que el sistema nos venía impuesto por la propia naturaleza de las cosas. Porque el lenguaje es tan innato como el ladrido de los perros.
 Y creo que estoy en condiciones de afirmar que el lenguaje es el sistema. ¿O es al revés?
 Éste es el tema que más me preocupa de todos los que he tratado en mi vida.
 La 1ª vez que me ocupé de él en serio fue en Mérida, donde mi adorada hija Cristy trabajaba en la Comunidad de Extremadura, antes de aprobar las oposiciones a la Universidad.
 Fue una revelación tal que casi me caigo de la cama.
 Por 1ª vez me di cuenta de que todo, absolutamente todo, lo que decimos está marcado con el jodido tinte de la mentira.
 Es mentira que yo sea el tío éste que ahora está escribiendo todo esto. Mi verdadero yo se ríe de este estúpido idiota. Si yo pudiera de verdad ser lo que quiero probablemente sería ese jodido actor de moda que las lleva locas y que ahora no recuerdo como se llama o, todavía mejor, ese maravilloso poeta que fue Miguel Hernández, porque probablemente Rilke era técnicamente mejor pero mucho menos humano, porque tener siempre a nuestra disposición una de esas espléndidas mujeres que parecen irreales tiene que ser divino, pero escribir desde lo más profundo de mi corazón “me llamo barro aunque miguel me llame, barro es mi corazón y mi destino que mancha con su lengua cuanto lame”, yo creo que es mucho mejor aún.
 Aunque dudo mucho que lo prefiera absolutamente a haber escrito “¿quién, si yo gritara, me escucharía entre las jerarquías de los ángeles? Todo ángel es horroroso.” porque, precisamente, aquí, en estas jodidas 16 palabras, está compendiado todo este poderoso discurso que entre todos estamos tratando de dilucidad: nuestros gritos, nuestros desesperados gritos son desoídos por esa inmensa, inacabable multitud que es la humanidad, porque esta canallesca muchedumbre no es más que un maldito sistema que nos comprende, nos abraza y nos ahoga como una poderosa boa constrictor.
 Y la culpa ¿la tiene aquel jodido neardental o cromagnon que se inventó las primeras palabras para dominar por completo a su pareja o a su hermano que probablemente se llamaba Abel y que no le hizo caso cuando él le propuso algo imposible?
 Ahora, algunos se empeñan en que Caín se llama Rockefeller o Botín o alguien que está sobre los 2 y que no quiere siquiera que sepamos su nombre. Hace bien. Porque así se ahorra todos esos millones de maldiciones. Pero él sabe muy bien que las merece.
 Pero el problema, mi problema, al menos, es: y este tío ¿a qué coño juega?
 ¿A tener más dinero, para qué, si sólo puede comer una vez cuando le toca, si sólo puede dormir en el mejor de los lechos del mundo, si sólo puede enviar a sus armadas, a sus ejércitos, a sus flotas de aviones teledirigidos, a machacar a un pueblo, cuyo sistema de vida no es el que él propone?
 Joder, me parece que no soy capaz de penetrar en el cerebro de un tipo semejante, aunque recurra a la poderosa ayuda de Foucault y sus estudios sobre el poder.
 A no ser que el poder por el mismo poder sea como el sexo, algo inexplicable que parece basarse en una especie de instinto mortal, mediante el cual el hombre puede llegar a considerarse a sí mismo divino.
 Si es así, resulta todo tan inexplicable como esa taberna que un día nos mostrara Sastre, en la que cada uno trata de ser el peor de todos, de acuerdo con esta canallesca condición humana.

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