jueves, 27 de septiembre de 2012

Del Tiamnamen chino al Congreso español, la dialéctica como motor de la historia.


 Un muchacho chino le ofrece a un poderoso tanque de la misma nacionalidad su escuálida anatomía como pasto a su terrible potencia y la bestia supermortífera se detiene.
Un hombre español de mediana edad se arrodilla, con los brazos en cruz, ante la formidable potencia policial desatada por los pacíficos seguidores de monseñor Escrivá de Balaguer, esos cínicos chupacirios que dudan al elegir su CAMINO, entre el poder y el dinero, si es que no son la misma cosa.
Deberíamos de fijarnos bien si queremos llegar al fondo del problema. En uno y otro caso, la fuerza intenta prolongar el poder mucho más allá de sus límites naturales. Mao, el gran timonel, ha decretado una revolución cultural que no tiene otra finalidad que acabar de infectar la mentalidad de su pueblo y un pobre hombre, quizá un loco, logra detener a una columna de tanques situándose ante el 1º de ellos, cerrándole el paso cada vez que el artefacto intenta sortearle, después, cuando el tanque se detiene, se aupa a él y le dice a su conductor: "¿Por qué están aquí? Mi ciudad es un caos por su culpa"; "Retrocedan, den la vuelta y dejen de matar a mi gente"; "Váyanse".
 Luego, la grabación muestra cómo varios civiles empujaron al hombre entre la multitud, mientras los tanques seguían su camino. Muchos sospechan que eran, en realidad, fuerzas de la ley sin uniforme. Como ayer aquí.
Las similitudes son enormes entre ambas fotografías. En el fondo político que las provoca lo son todavía más. Decía lord Acton que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.
¿Por qué corrompe el poder? Aquí, no tengo más remedio que enviar un cariñoso saludo a mi amigo Adrián Massanet, notable pensador y escritor, que se declara anarquista, el poder corrompe porque lo lleva implícito en su propia naturaleza. Para mí, poder es sinónimo de fuerza, de capacidad de actuar sobre el mundo y las cosas forzándolas a discurrir de una determinada manera.
Mao había hecho que en su pueblo pasara, en una generación, la tasa de alfabetización del 15% en 1949 al 80-90% a mediados de los años 70. Entre 1949 y 1976 China, el "enfermo de Asia", se transformó en una potencia industrial importante, con una tasa de desarrollo igualada solamente por los grandes auges de crecimiento de la historia.
 Las revoluciones suelen hacerse siempre a base de sangre, sudor y lágrimas porque el poder se resiste a ceder siquiera una milésima de su capacidad sin luchar a muerte, aquí, ayer o antes de ayer, la sangre si no abundante sí que estuvo presente, en esos hombres y mujeres con sus cabezas abiertas por la ferocidad de unos cipayos que nunca saben realmente lo que hacen puesto que actúan siempre en contra de sus propios intereses y no como aquel tanquista de Pekín que se negó a aplastar con su máquina a aquel testarudo que le impedía el paso haciendo inútiles todos sus intentos para sortearle, el sudor hace ya demasiado tiempo que inunda las frentes de todos los trabajadores españoles y las lágrimas han abierto surcos en los rostros de sus mujeres y sus hijos, o sea que concurren ya todos los elementos requeridos para que la dialéctica obligue a un cambio.
 Los hay profundamente convencidos de que esto se va a producir indefectiblemente. Yo no estoy tan seguro porque las fuerzas represivas han infectado a fondo todo el tejido de una sociedad que actualmente se halla radicalmente podrida. El “panem et circenses” está funcionado a toda marcha, de una manera que parece incontenible, Belén Esteban y el tal Ronaldo son los únicos temas que parecen interesar realmente a unos individuos que han cambiado su capacidad de ser auténticas personas, seres humanos capaces de intervenir en la construcción de su propia historia, por ese repugnante plato de lentejas que supone la telebasura, en la que, por cierto, predomina la deportiva.
 Y una prensa, absolutamente venal, más podrida aún que la sociedad que pastorea, se ha erigido en la punta de lanza de la corrupción más generalizada que ha visto la historia.
 Los tiempos son pésimos no para la lírica sino para la épica, que se ha visto degradada a lo que sucede en esos repugnantes campos de fútbol en los que la gente, iletrada y totalmente alienada, es incapaz de comprender que le están dando gato por liebre cuando le ofrecen la posibilidad de que sus ansias de propia realización se concreten en que un equipo de mercenarios que en modo alguno la representa compita con otro de su propia naturaleza, transustanciando así sus legítimos intereses sociales que atañen a su propia vida y a la de sus hijos en un estúpido y barriobajero simulacro.


1 comentario:

Futbolín dijo...

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