sábado, 27 de octubre de 2012

Lo que deberían de hacer estos cínicos sinvergüenzas que dicen que gobiernan para el bien común

OPINIÓN

Cabos Sueltos
Palíe, Sr. Rajoy, la crisis con su dinero y con el que, sin dar golpe, le llega de Santa Pola
Éste no es un Gobierno con voluntad de honesto. Parece un Gobierno de embaucadores. Mariano Rajoy entró en La Moncloa a lomos de sus falsedades, difundidas urbi et orbe por él mismo, por sus portavoces y por la omnipotente prensa 'genovesa'. El PP consiguió -gracias a la crisis- emular a Goebbels. Lo hizo con enorme eficacia.
“Es Zapatero quien envía al paro a millones de trabajadores”, decían por todas partes los pregoneros populares. “La culpa de la crisis es de Zapatero. La culpa de que se vayan hundiendo muchas empresas es de Zapatero. La culpa del desbordante desempleo que no hay manera de frenar es de Zapatero”, proclamaban, sin pudor alguno, los periodistas de la caverna. El amarillismoha estado siempre al servicio de la derecha extrema, como es sabido.
Frases hueras, cinismo a raudales
Publicó el candidato a la Presidencia del Gobierno un libro en el mes de septiembre de 2011. Frases hueras, cinismo a raudales. “Necesitamos -subrayaba Rajoy en el libro- crear oportunidades de empleo, reincorporar a los desempleados al mercado de trabajo y la flexibilidad. La prioridad (…)  será el crecimiento económico y la creación de empleo.” ¡Pues qué bonito! ¡De eso nada, monada!
El fumador de puros
Se nos puso el fumador de puros muy solemne y dejó escrito esto: “No estoy dispuesto a aceptar que haya cinco millones de españoles en paro, que más del 20% de la población activa busque un trabajo sin encontrarlo, que la mitad de nuestros jóvenes estén perdiendo la esperanza de encontrar un empleo que les permita independizarse, ganarse la vida y realizar sus sueños”.
Diez meses ya de Gobierno
Brindis al sol de la demagogia. Nada de lo dicho por Rajoy se ha puesto en marcha durante estos diez meses de Gobierno de la derecha. Nos prometió una y otra vez don Mariano que, con él de presidente, las cosas se iban a ir mejorando. Monumental embuste.
¿Los verdugos de la crisis
No sólo no hemos avanzado de forma positiva ni un milímetro, sino que todo está peor que nunca, desde la transición democrática al año en curso. La crisis es muy dura, argumentan. Y tienen razón. Pero mandando el PP no hemos oído aún ni a Rajoy ni a su mesnada pedir perdón por sus ataques mortíferos a su predecesor en el cargo. Y menos aún han pedido perdón a los ciudadanos a los que tomaron vergonzosamente el pelo, haciéndose  pasar por los verdugos de la crisis.
Otro ultraje a los más débiles
Se empeñó don Mariano en hacer guiños al empresariado y le regaló la reforma laboral. Sus corifeos predicaron la buena nueva: la reforma laboral aliviará el paro y hará posible que se recuperen puestos de trabajo. Otro engaño. Otra mentira. Otro ultraje a los más débiles. Los datos de la EPA son estremecedores.
Su reforma laboral, una estafa
Dimita, si le queda dignidad política, Sr. Rajoy, y contribuya con sus emolumentos, que son muchos -además de los que le llegan sin dar golpe del Registro de la Propiedad de Santa Pola- a paliar la crisis de los parados. De cada cuatro trabajadores, uno de ellos está en el paro. Felicidades por su perspicacia. Su reforma laboral es, en términos políticos, una estafa.
Enric Sopena es director de El PLURAL.COM

5 comentarios:

eddie dijo...

http://jmalvarezblog.blogspot.com.es/2012/10/breves.html

Mirad este enlace con esas ilustraciones, sobre todo la 1ª

eddie dijo...

http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article43274
DE RECORTADORES Y RECORTADOS. Esther Vivas
Nos han recortado por encima de nuestras posibilidades. Y aún nos pueden recortar más. De hecho, nos recortarán hasta dejarnos en pañales o en pelotas. La avaricia no tiene límites. De eso va el capitalismo, de buscar beneficios sin cesar. Así lo ha demostrado el gobierno del PP, y en su momento el gobierno del PSOE. El dogma neoliberal, la dictadura de los mercados, se impone. Y los Presupuestos 2013, que se debaten esta semana, apuntan en esta dirección.

Y es que el mundo se divide entre recortadores y recortados o entre, lo que es lo mismo, los de arriba y los de abajo, el 1% versus el 99%. Unos pocos mandan, a los otros, se supone, nos toca obedecer. Los primeros se benefician de la crisis, a pesar de haberla creado, los segundos pagamos sus platos rotos.

Han recortado tanto que cuesta hacer inventario. Sanidad, educación, derechos laborales, ayudas públicas diversas, etc., etc. y etc. ¿Lo vemos en detalle?.

Sanidad, en venta. Sufrimos una contrarreforma sanitaria que nos hace retroceder tres décadas. Se acabó la atención sanitaria universal, se reducen las prestaciones sanitarias básicas, se privatiza el servicio público de salud. Dos grandes medidas. Primera, el copago farmacéutico, o mejor dicho “repago”, volver a pagar aquello que ya hemos abonado mediante impuestos. ¿Los más perjudicados? Pensionistas, rentas bajas y enfermos crónicos. Ser viejo y estar enfermo es hoy un lujo sólo al alcance de unos pocos. Segunda medida, expulsar del sistema sanitario a las personas inmigrantes sin papeles. En palabras de la ministra de sanidad Ana Mato porque ” traen a sus familiares a España sin derecho a utilizar la sanidad”. Mentira. Varios informes demuestran que las personas inmigrantes gastan menos en sanidad que las autóctonas. Conclusión: no sólo nos enfrentamos a medidas profundamente regresivas sino absolutamente racistas y xenófobas.

SOS Educación. Aumenta la jornada laboral del profesorado, recortan su salario y multiplican, en un 20%, el número de alumnos por aula. A parte, miles de interinos a la calle. A las y los estudiantes universitarios se les incrementan las matrículas en un 50% y las condiciones para obtener becas se endurecen. A las madres y padres les piden, en Catalunya y Madrid, unos 3€ para que sus hijas e hijos puedan llevar el tupper al cole. Y para colmo: pagar más por los libros de texto y el material escolar. Sinwertgüenzas.

ed dijo...

(continúa)
Y, ¿dónde están mis derechos laborales? Ecoeco. Gracias a la última reforma laboral, despedir resulta más barato, se facilitan los EREs y se precarizan, aún más si cabe, las condiciones laborales. ¿Pagar por trabajar? Pronto dejará de ser un sueño de empresarios, si nada cambia, para convertirse en una realidad. O que se lo digan a tantos becarios con trabajo… gratis. Y las prestaciones por desempleo a la baja, faltaría. Los parados “¡qué se jodan!”, como nos recordaba la diputada Andrea Fabra.

Las ayudas públicas, parece, pasaron a mejor vida. ¿La Ley de Dependencia? Si ya nació endeble, ahora está semifiniquitada: ayudas a las personas dependientes un 15% menos, como mínimo; dependientes moderados, no entrarán en el sistema hasta 2015; las personas cuidadoras pierden el pago a la Seguridad Social que hasta ahora asumía el Estado. Y, ¿el presupuesto para servicios sociales? Un 14% menos. ¿El de igualdad? Un 25% menos. Y una vez más, los recortes se sustentan sobre el trabajo invisible de las mujeres. En la medida en que se recorta Estado del bienestar, hay toda una serie de trabajos no valorados pero imprescindibles que acaban recayendo sobre nuestras espaldas.

¿Y qué pasa con la solidaridad con los países del Sur? ¿Con aquellos a quiénes nuestros gobiernos y multinacionales han expoliado, endeudado y sumido en la pobreza? La crisis no llora los que pasan hambre en la otra punta del planeta. Así lo reflejan los presupuestos públicos: 65% menos en cooperación al desarrollo. Primero, lo nuestro. O no.

Mientras nos aumentan el IVA, nos suben las tarifas eléctricas, el precio del transporte público… ¿Qué os voy a contar?

La realidad, pero, debería ser otra porque no somos recortables. Ni yo, ni tu, ni ella ni él. Aquí los únicos recortables son banqueros y políticos profesionales que hipotecaron nuestras cuentas en la época del boom inmobiliario y que siguen haciendo negocio con nuestras vidas y nuestro futuro. A ellos se les tiene que recortar… y mucho. Sin olvidar, claro, a la Casa Real.

Ni recortes, ni recortados. Hartos ya de tanta tijera enfocada al revés.

eddie dijo...

http://www.nuevatribuna.es/opinion/pedro-luis-angosto/deslocalizacion-es-igual-a-ruina/20121027103357083235.html
DESLOCALIZACION ES IGUAL A RUINA. Pedro Luis Angosto
Hace dos décadas que comencé a oír la palabra “deslocalización” de forma reiterada y pelmaza. Yo, como la mayoría de las veces no me entero de lo que ocurre ni de por donde van las cosas, viniendo de donde vengo y sin el María Moliner a mano, pensé que ese vocablo se refería a algún remedio del última hora para las cosas de la cabeza, o de los nervios. Sin embargo, después de pensarlo mucho, llegué a la conclusión de que ese no podía ser su significado, porque de haberse inventado algo a través de las células madre o del mapa del genoma humano para curar la locura, al proceso se le llamaría desenlocar o deslocar, pienso, aunque no estoy seguro. Con el tiempo y la ayuda de Doña María, que dios o quien sea tenga en su gloria, he ido comprendiendo el significado y resulta que indica el traslado de empresas o actividades mercantiles de un lugar a otro, de un país a otro para maximizar beneficios y que al parecer nuestro país plurinacional –que tanto se benefició de la instalación de industrias procedentes de otros países cuando éramos muy pobres y no teníamos derechos y tan poco se preocupó de crear un tejido industrial propio–, está padeciendo ahora “que fuimos ricos y con derechos”, ya que como es sabido, el capital no tiene patria, sólo intereses.

Desde hace años, no tengo ni la más remota idea de por qué será, numerosas multinacionales han abandonado España con rumbo a Oriente. Con ser eso muy grave porque se trata de desplazar la industria a lugares dónde los salarios son bajísimos y no existe el Derecho, lo es más que la mayoría de los “emprendedores” españoles hayan imitado su conducta, trasladando sus empresas, grandes, medianas o pequeñas a ese lugar por dónde según nosotros se pone el sol, por idénticos motivos y razonamientos “patrióticos”, de modo que hoy un simple fabricante de hilaturas o de alfileres contacta con un “emprendedor chino”, manda allí a su hombre o mujer de confianza e, ipso facto, tiene montada una industria por cuatro perras en el otro lado del mundo, ahorrándose las molestias de asegurar a los trabajadores, respetar los tiempos de trabajo o las vacaciones o pagar impuestos y cotizaciones, que son cosas del pasado y limitan la libertad que en todo momento y situación debe tener la iniciativa privada. Pero como digo, no estoy seguro de casi nada. Ni tan siquiera de que este artículo se vaya a publicar, ni de que lo envíe al periódico, pero ese es otro cuento que no viene a cuento.

El hecho es que la España plurinacional, la España de la diversidad que algunos quieren ver muerta, viene sufriendo, desde que Aznar y Rato inventaron el ladrillazo y la especulación financiera siguiendo el modelo económico de Bush, un proceso de desindustrialización imparable amparado en las deserregularizaciones constantes y en la falta de leyes estatales e internacionales que impidan el trabajo de niños, de mujeres embarazadas, de enfermos, de viejos y de cualquier persona que no tenga garantizados los derechos políticos, laborales, económicos y sociales fundamentales, todos ellos recogidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Y lo que está ocurriendo, en este caso si hay algo de seguridad, es que se han ido, se están yendo y se irán muchas empresas que tienen beneficios sin que nadie ponga coto a esta sangría humana que supone perpetuar la explotación y expandir la pobreza a todos los rincones del planeta por el afán de lucro desmesurado que late en cualquier capitalista por el hecho de serlo cuando el Estado y la Comunidad Internacional lejos de ponerle límites, se convierten en colaboradores necesarios principales promotores de esos comportamientos suicidas, ya que el beneficio, el enriquecimiento rápido, por el modo que sea, es la antesala –como bien estamos sufriendo en nuestras carnes– de la desigualdad y de la ruina de los países y los ciudadanos que los habitan.

eddie dijo...

Nada de cuentos chinos. Ya está bien. La empresa, que según nuestros gobiernos tiene una función básica en nuestra organización social, como el municipio, la familia y el sindicato –aunque haya honrosas excepciones–, no surge para contratar trabajadores, para crear empleo, para que la gente tenga un contrato indefinido, un buen sueldo y una jornada que le permita formarse, disfrutar de su familia y de su tiempo libre. La empresa, como es natural, queridos amigos, nace solo y exclusivamente para ganar dinero, pero no únicamente para ganar dinero, sino todo el dinero posible, y si se puede, un poquitín más. A los dueños, a los ejecutivos de las grandes multinacionales y a los dueños de las pequeñas y medianas empresas –ya he dicho que hay excepciones que confirman la regla– les importa bien poco dejar familias en la calle, echar sobre el Estado cargas millonarias después de haberle sacado otro tanto el día en que decidieron venir a visitarnos, arruinar comarcas enteras. Lo que les interesa, y es coherente dentro del sistema de felicidad que nos hemos dado, es su beneficio particular. Tampoco se les puede criticar. Si España lleva más de cuarenta años beneficiándose, por los bajos salarios de entonces, de que numerosas transnacionales eligieran el suelo patrio para instalar sus sucursales, lo que, indudablemente, suponía dejar a otros países bastante tocados –hoy mismo, día 24 de octubre hemos conocido que Ford cierra sus fábricas en Bélgica para trasladarlas de momento a las que tiene en Alemania y España, en espera de mejor destino– ahora les toca a otros países disfrutar de “las ventajas de la localización”.

Los teóricos ultraliberales dicen hipócritamente, como si les importase algo más que un bledo, que esa es la única forma de eliminar las diferencias entre el Norte y el Sur, el Oeste y el Este, pero a mí, que como he dicho, cada vez entiendo menos de nada, se me ocurre pensar, que la igualación se quiere hacer por abajo, es decir, no se pretende que Corea, Vietnam o China lleguen a tener el nivel de vida de que gozan los españoles, los europeos, sino de que nosotros desarmemos todo nuestro tinglado fiscal, de protección social, de regulación laboral, para así, igualarnos con ellos por abajo, con lo cual las empresas que ahora nos deslocalizan, pasado un tiempo, volverán a localizarnos, cuando estemos dispuestos a trabajar como un chino por lo que gana un chino, sin que derechos sociales, laborales, ni otras zarandajas hagan la vida imposible a quienes desde las torres de marfil mueven los hilos de nuestras vidas. Mientras tanto seguiremos a la cola de los países de Europa en I+D, insistiremos en los recortes sociales de todo tipo hasta que nos dejen como nuestra santa madre nos trajo al mundo, continuaremos buscando el tesoro por las calles de nuestras ciudades, levantándolas una y otra vez para volverlas a tapar, y nos dedicaremos a la economía especulativa o la sumergida, pensando que eternamente nos visitarán cincuenta millones de turistas y esperando a que vuelva Godot. No se puede ser más feliz.

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