miércoles, 30 de octubre de 2013

Blatter, Ronaldo y el Real Madrid


El otro día terminaba yo mi post diciendo, bajo el magisterio del que seguramente ha sido el mejor orador político de la Historia: ¿entre qué gentuza estamos, en qué país de mierda vivimos?

 Sólo que él, mucho más moderado, dijo exactamente: "¿ubinam gentium sumus, in qua urbe vivimus?”.

 Y lo que ocurría en la Roma de entonces era tan grave que el propio Cicerón murió asesinado por sus rivales políticos y no fue el único.
 Como la historia, qué jodida, dicen que es "magistra vitae", maestra de la vida, la derechuza, siguiendo el siniestro consejo de ese maestro de fascistas que fue Lampedusa, lo ha hecho de tal forma que parece que todo ha cambiado pero todo sigue igual.
 Ahora, a los que luchan por la libertad e igualdad de las gentes no los matan o asesinan directamente, ahora los meten en la cárcel y perpetran una especie de simulacro que ellos llaman proceso y los encierran allí, o sea, los entierran allí, vivos, hasta que se mueren, entre otras cosas del asco que les produce vivir en un mundo como éste.
 Y todo esto a propósito del Real Madrid, RM.
 Los más famosos socios del RM son el Rey de las Españas y el expresidente del Gobierno Aznar, prescindo a propósito de tipos como Rajoy.
 Y su presidente es el más importante de todos los empresarios españoles. Un tío tan importante que su empresa señera se ha permitido el lujo de comprar la más importante empresa de contrucción de Europa, ni más ni menos que la alemana Hoctlieb, con lo que se ha convertido así en el más importante empresario de la construcción no ya del viejo continente sino de todo el mundo mundial, tan importante es que hace lo que le da la gana: construye con la subvención del Ayuntamiento de Madrid 4 gigantescas torres que el se permite el lujo de llamar Zidane, Ronaldo, Figo y Beckam, saltándose a la torera toda la legislación urbanistica de la capital que prohibía construir en la zona en que él llevó a cabo el mayor desastre urbano de la historia.
 Ni que decir tiene que un poder empresarial de esta categoría en un país de mierda (Cicerón) como el nuestro consigue todo lo que se propone por lo que el pueblo lo ha denominado El Conseguidor.
 No hay tropelía que no se le haya permitido a este hombre, la última  todavía está en las 1ªs de todos los diarios nacionales: al tío no se le ha ocurrido otra cosa que hacer unos enormes depósitos naturales de gas en grietas de origen tectónico cerca de la desembocadura del Ebro, lo que ha provocado una interminable serie de terremotos que han hundido para siempre la tranquilidad de los habitantes de todas las grandes ciudades del entorno.
 Y el presidente del RM dice: "¿Y a mí, qué me importan a mí, la tranquilidad y la seguridad de millones de peronas, lo único que a mí me preocupa es ganar dinero, cada día más, me importan un bledo los procedimientos porque para mí, sí, como para todas las personas inteligentes el fin justifica los medios?".
 Y así las cosas, a un tío, que por cierto no sólo es fan del RM sino incluso socio, se le ha ocurrido hacer unas risas a propósito del más ridículo de todos los futbolistas que en el mundo ha sido, un tío tan presumido y estúpido que cuando marca un gol se señala a sí mismo como diciendo "aquí estoy yo, no ya el rey del fútbol sino el propio dios, así que todo el mundo a adorarme" y como dice que tiene un enorme respeto por todo el mundo, sus asesores de imagen le han aconsejado que ahora no se meta con los públicos de los estadios por donde pasaba porque eso no sólo es muy impopular sino que, además, le hace perder sponsors, le dice a los árbitros que no hacen lo que él quiere, "cagones, coño, que os habéis cagado y no pitáis lo que a mí me conviene" y el comité nacional de árbitros que quiso empurar a Piqué porque dijo que uno de ellos le había pitado un penalti premeditadamente, dice que esos de llamarles cagones está muy bien, porque, al fin y al cabo, lo son y que a él y al RM hay que , permitirselo todo, porque son tan buenos.....
 Y la prensa, todo la canallesca y babeante prensa de esta mierda de pais, hale, a hacer palmas con las orejas, tragándose todo lo que haya que tragar no sea que el Ser Superior incluya a sus diarios en las listas negras de los que nunca publicaran anuncios de los miles de empresas de El Conseguidor.
 -Qué asco de país, Miquelarena, qué asco-le dijo Unamuno a su amigo, pero, claro, es que a Unamuno esta mierda de país no sólo le asqueba sino que le dolía.
 A mí, no, yo me quedo sólo con el asco.

lunes, 28 de octubre de 2013

La verdad sobre el caso Undiano


Los madridistas tienen razón absolutamente: Undiano incumplió, en este partido, casi todas las reglas que esto del fútbol tiene en España: hay que pitar siempre a favor del Madrid, siempre, en todo momento.

¿Entonces? Lo hizo muy bien cuando el criminal nato, según el penalista Garófalo, machacó el tobillo de Fábregas que no se rompió de milagro, todo el madridismo, ante las fotos que lo prueban, reconoce que esto era también penalti, pero errores los tiene cualquiera y Undiano, los puede cometer también, ¿no?

Sí, es verdad, la falta en sí misma atentaba muy gravemente contra la integridad física de un compañero que a lo peor incluso podía haber quedado inútil para seguir practicando el fútbol como aquel pobre chico al que Figo echó de su práctica para siempre, mientras que el empujón a Cristiano no supuso en ningún momento la posibilidad de una grave lesión: a mí me enseñaron en Derecho penal que las penas, si se quiere ser justo, han de ser rigurosamente proporcionadas al daño real o posible que se puede infligir al contrario, entonces ¿por qué eminencias futbolísticas tales como todos los miembros de eso que se ha dado en llamar, injustamente, la caverna mediática no entran, forzados por la ética de una profesión ten exigente puesto que forma ni más ni menos que la opinión pública, a razonar, caso por caso, cada una de las incidencias de un partido.

Así, por ejemplo, por qué Sergio Ramos, como Pepe, Albeloa, Xabi Alonso, etc. tienen licencia absoluta para matar siempre, siempre, siempre, de modo que cuando, por ejemplo, Sergio Ramos, con el indisimulable propósito, le mete reiteradamente el codo, con la contundencia y el descaro con el que él sabe hacer, al mejor jugador del equipo contrario, no por nada, sino para eliminarlo de una puta vez, obliga al pobre Undiano a incumplir esa regla del juego imperante siempre que juega el Madrid y enseñarle la amarilla, lo que, como es lógico, a Ramos, por ahí se las den todas, él cree, basándose en su cotidiana experiencia, que no hay árbitro en España con los reaños suficientes para expulsarlo, pero Anceloti, que viene de otras ligas en las que sí que impera la justicia, no lo sabe aún, de modo que se apresuró a cambiarlo, pero vosotros, maravillosos periodistas de camiseta, en lugar de admitir lo evidente, dijisteis que no, que el cambio lo hizo Carlo porque no le estaba dando resultado su idea.

Como tampoco habéis dicho ninguno, absolutamente ninguno, que hubo otro accidente del juego mucho más digno de expulsión, porque el balón no estaba en juego, cuando el defensa que marcaba a Neymar vio que iba a recibir un pase mortal de necesidad y, sabiendo como sabe las ya mencionadas prerrogativas de Madrid, ni más ni menos que agarro al barcelonista reiteradamente.

En fin, que sí, señores periodistas de camiseta, que tenéis toda la razón: la culpa de que el Madrid no ganara ese partido la tiene Undiano, porque no cumplió con su sacrosanta obligación de hacer todo lo posible para que ganara el Madrid.

De cualquier modo, tanto Casillas como yo le daremos un fuerte abrazo de agradecimiento.

viernes, 25 de octubre de 2013

Obama ya tiene su panóptico

 Hay dos pensadores en el mundo ante los que me descubro reverentemente al propio tiempo que les echo la bronca por su egoismo y falta de solidaridad.
Porque ni yo ni tú, amigo lector, tenemos la culpa de no haber nacido tan inteligentes como ellos, son los muy jodidos Wittgestein y Michel Foucault.
Como hoy no vamos a escribir del primero, dejémoslo aparte y concéntremosnos en el puñetero Foucault, filósofo oscuro donde los haya, que murió como deben de morir todos estos tipos tan cabrones en última instancia: después de haber tomado mucho por culo, o sea de un sidazo.
 Él quería ser un nuevo Aristóteles pero nunca tuvo la gentileza del estagirita que era, sin ninguna duda tan profundo como él pero mucho mas claro por lo que tal vez se haya llevado el galardón del filósofo más leído del mundo.
 Foucault eligió para sus estudios básicos 4 o 5 temas de importancia decisiva para la comprensión del mundo actual: la locura, el poder y sus manifestaciones básicas, vigilar y castigar y, por supuesto, el desideratum de todos los aspirantes a tiranos: el panóptico, o sea, un sistema que permitiera, o permita, a todos los aspirantes a dictador, ver, vigilar, controlar y dominar a todos los seres humanos que se hallen dentro de su esfera de acción.
 Nos hemos pasado unos cuantos años creyendo que este visionario homosexual se había ocupado del panóptico, llevado por su espíritu vengativo y su obsesiones, pero, ahora, Obama nos ha demostrado a todos que no, que una superpotencia, que ha actuado siempre para hacerse con los grandes genios de la tecnología, lo que pretende realmente es dominar al mundo exhaustivamente y para eso necesita inexorablemente disponer de los mecanismos que le permitan vigilar a todo el mundo, espionaje universal, y de los medios para castigar a todo aquel que se atreva a no seguir sus órdenes y cometa el pecado de estorbar sus designios, entre cuyos medios se halla, sin ninguna duda a mi entender, la capacidad de endosarles una buena enfermedad que acabe con sus oponentes sin que nadie pueda acusarles de asesinato: véase, ni no, la larga serie de dirigentes sudamericanos que han enfermado gravemente y que son, o eran, todos revolucionarios, sin que tal calamidad,  haya afligido a ninguno de los canallescos y abundantes hijos de puta que tanto han proliferado en aquella región.
 El mundo entero se revuelve indignado porque Obama, aquel jodido presidente cuyo discurso de investidura me hizo llorar como un niño, se dedica a espiarnos a todos, absolutamente, para saber no sólo lo que hacemos y lo que decimos sino también lo que pensamos.
 O sea que el jodido Obama se ha convertido en un nuevo Dios que nos irá expulsando a todos, uno a uno, de este asqueroso paraíso por habernos atrevido a comer de la fruta prohibida, que no es otra que haber aprendido a leer.
 Por eso nuestro buen Rajoy hace todo lo posible para que nuestros hijos y nuestros nietos sean, por lo menos, analfabetos.

martes, 22 de octubre de 2013

La libertad de expresión


 Aborrezco profundamente todo lo que usted está diciendo pero estoy dispuesto a dar mi vida para que pueda seguir haciéndolo, una traducción libérrima de lo que dijo Voltaire.
A lo peor, mañana ya no estoy aquí, en mi casa, porque un tipo de NNGG del PP me ha despenado o los esbirros de ese opusdeísta que ahora dirige la policía española me han metido en la puta cárcel.
Porque lo que voy a hacer está penado por esas leyes, enaltecimiento del terrorismo.
Pero ¿es enaltecimiento del terrorismo decir que Eta, al principio, tenía razón y que cuando hizo volar por los aires a Carrero Blanco, el mundo entero dio un suspiro de alivio porque uno de los hombre más ominosos del mundo había pasado a mejor vida, desapareciendo con él, la posibilidad de que aquellos horrorosos años de piedra continuaran oprimiendo a un pueblo cuyo único delito era el de ser, como ahora mismo sigue siendo, un pueblo de analfabetos ignorantes?
¿En qué momento Eta dejó de tener razón?
¿Cuando colocó aquella infame bomba en Hipercor?
¿Cuando sus objetivos dejaron de ser esencialmente militares?
Ahora, tímidamente, en unas circunstancias semejantes a las del franquismo, una serie de artefactos caseros han comenzado a explosionar por distintos puntos de la geografía española.
Esto ¿es justificar dichos antentados incipientes?
¿O, simplemente, es decir que la situación del país es ya absolutamente insostenible y si sólo se producen esos irrisorios atentados de artesanía es porque la larga noche de piedra del franquismo ha hecho que los españoles nos hayamos habituado a la opresión como la forma normal de vida?
Yo terminaba ayer o antesdeayer mi post diciendo, parafraseando a Cicerón, en sus célebras catilinarias que “¿ubinam gentium sumus, in qua urbe vivimus?”, ¿qué clase de gentuza somos y en qué mierda de país vivimos?, cuando ya el gobierno hace todo lo posible para que no se sepa el número de suicidios cotidianos y para que los desahucios sean reprimidos con toda la dureza del mundo entre las risotadas de los cipayos.....
Que España entera no sea ya un país en llamas es algo que yo nunca lograré explicarme porque no tiene ninguna clase de explicación, que 12 millones de ciudadanos se estén muriendo de hambre entre las risotadas de Botín y Montoro.

domingo, 20 de octubre de 2013

Necesitamos alguien con los reaños suficientes para pronunciar unas nuevas "catilinarias"

 “¿Quosque tandem abutere, Rajoy, patienta nostra?”. ¿Hasta cuándo, Rajoy, abusarás de nuestra paciencia?
 O sea que Rubalcaba tiene escrito su discurso desde hace cientos de años. Y nada, no se atreve a pronunciarlo y no porque tema, como temía Cicerón, que lo mataran, como acabaron haciéndolo, sino por algo mucho más prosaico, tal vez hubiera debido escribir “canallesco”, porque teme que un discurso como aquél que ha pasado, quizá, como el mejor de todos los discursos políticos de la historia, disminuya sus posibilidades de victoria en las próximas elecciones.
 Fíjense en el descenso a los infienos que ha supuesto tener políticos de aquella catadura moral, que arriesgaban su vida en la defensa de sus ideales, a estos que no se atreven siquiera a poner en riesgo su maltrecho porvenir político, porque yo soy de los que opinan que Rubalcaba, políticamente, es ya hombre muerto, que ni siquiera podrá ganar, por eso se resiste a convocarlas, la propias elecciones primarias de su partido.
 Porque Rubalcaba, seguido de todos los suyos, tendría que haber hecho lo que está haciendo ese muchacho, Jorge, creo que se llama, que ha decidido hacer huelga de hambre hasta que Rajoy se vaya, lo que significa hasta la muerte, porque Rajoy, que no tiene vergüenza política ni de la otra, no se irá nunca por las buenas.
 Pero Jorge parece que sólo hay uno y a todos los demás los encuentro todos los días por la calle, es por eso que el jodido Cicerón, en una momento de su celebérrimo discurso dijo aquello de “¿Ubinam gentium sumus? ¿In qua urbe vivimos?”. ¿Entre qué gente estamos? ¿En qué país vivimos?
 ¿Qué les parece? Pues les juro por todos mis muertos que todo el resto de aquellos discursos, que dieron en llamarse “catilinarias” porque iban dirigidos contra el Rajoy de aquel entonces, que se llamba Catilina, puede trasladarse, íntegramente, a nuestras Cortes actuales.
 Siempre he sustentado una deplorable opinión sobre la condición humana que yo creo que supera, en pesimismo, a la que tenían Hobbes, que decía que el hombre es un lobo para el hombre, y otros grandes pensadores históricos como nuestro Tomás de Aquino, que decía, el muy ingenuo, que el hombre es un ser desfalleciente cuando lo que realmente es, sin excepciones, perdón, Jorge, un perfecto canalla.
 Porque Jorge, como un Mourinho cualquiera, nos ha mostrado el camino: si todos nosotros, lo que nos consideramos estafados, humillados y ofendidos por estos canallas que dicen que nos gobiernan nos echáramos en masa a la calle, nos sentáramos en las aceras y declaráramos una huelga de hambre hasta que ese reptil venenoso y babeante se fuera, el tipejo éste no tendría más remedio que irse porque España entera se vería invadida por la prensa foránea y sus cámaras de TV, que no se retirarían de aquí hasta que el problema se solucionara en un sentido u otro, que Rajoy se fuera o los ciudadanos, haciendo honor a su condición de tales, comenzaran a morirse por las calles, defendiendo sus derechos de esta manera ya que de otra no podrán nunca hacerlo por la complicidad de toda la clase política.
 Pero este sueño no sucederá jamás, porque ya nos lo dijo claramente el maestro: “¿Ubinam gentium sumus? ¿In qua urbe vivimus?”.
 Que yo me atrevo a traducir muy libremente: pero ¿qué clase de gentuza somos y qué mierda de país es éste en el que vivimos?

miércoles, 16 de octubre de 2013

¿Es una traición o simple ingenuidad de los políticos jóvenes?

     Alfonso López, en Público, 16-10-13
 Ahora, sí, ahora parece que estamos todos de acuerdo: dejar, permitir, tolerar, alentar, cooperar a que el PP arrasara en todas las elecciones que se celebraron en España fue un error histórico de proporciones incalculables, porque, ahora, sí, ahora ya sabemos todos que, como buenos perros de presa que son, han mordido carne y no la van a soltar ya nunca, ni siquiera aunque perdieran las próximas elecciones generales, algo, por otra parte imposible, teniendo, como tienen toda la prensa nacional a su favor, porque la prensa, ya lo hemos dicho muchas veces, pertenece a aquellos que tienen el dinero suficiente para emplearlo a favor de ese capital que les permite publicar diarios.
Acabo de leer la prensa, como casi todos los días. Y lo que me ha llamado la atención es que todas la Nuevas generaciones del PP están infectando el país no ya con la exhibición de su añoranza franquista sino que van incluso más allá exhibiendo su descarada vocación nazifascista.
 No es una cosa baladí. El PP, “major”, que es mucho más fascista que sus juventudes hitlerianas, está preparándose para si este pueblo nuestro tan infalible se equivocara otra vez, hacer  lo que hicieron ellos mismos, por medio de sus padres y abuelos, el 18 de julio de 1.936, porque no están dispuestos, de ninguna de las maneras, a perder todo lo que han ganado, por la voluntad de pueblo español convenientemente adiestrado por la prensa franquista y ante la pasividad neutral, imparcial y equidistante de movimientos que se autotitulaban progresistas, 15M y DRY, que decían que sólo trataban de tener las manos limpias ¿para qué?
 Para ahora sufrir una persecución a fondo por aquellos a los que colaboraron decisivamente en auparse al poder.
 Es algo que no acabo de entender por mucho que lo pienso y repienso.
 ¿Cómo es posible que gente muy sensata, excelentemente preparada, 
alguno de ellos con la mejor de las formaciones históricas, fueran incapaces de comprender que su actitud era esencialmente suicida, que no es cierto, ni mucho menos, que la historia sea cíclica, que todo esté sometido al eterno retorno, sino que ésta avanza de una manera tan incontenible hacia el imperio intangible del neocapitalismo liberal que algunos de sus voceros, como Francis Fukuyama, se han atrevido ya a anunciar el fin de la historia.
Yo no me atrevería a decir que no, que no es cierto que la historia haya llegado a su fin inalterable.
 Porque ¿qué es lo que se opone realmente al imperio usaniano?
 ¿China y los llamados países emergentes?
 China está luchando contra el imperio con las cartas que éste ha elegido.
 Es posible que ganen porque son la quinta parte, aproximadamente, de la humanidad y eso es mucha gente.
 Y además sus ciudadanos, notablemente inteligentes, han aceptado sacrificios ingentes en aras del triunfo final, pero es una sola nación contra el mundo y eso es mucho tomate.
 Alemania agredió al mundo cuando pensó que sus ofensas eran insoportables y que tenía una capacidad militar capaz de hacerlo, yo no sé si seguirán habiendo dirigentes políticos capaces de pararles los pies a los MacArthur que pretendan imponer por la fuerza al mundo una “pax usaniana”.
 Los norteamericanos siguen viviendo cien veces mejor que cualquier otro pueblo del mundo, a expensas de los demás,  y no creo que se arriesguen a perderlo todo porque China también tiene armas atómicas.
 Pero si por algo siento irme pronto de aquí es porque me voy a perder el final de esa lucha a muerte que los chinos le han planteado a los americanos en todos los terrenos, incluso en el dominio de su propia economía nacional, ya que la mayor parte de la deuda nacional usaniana está en manos chinas.
 En fin, que comencé escribiendo de España y he acabado haciéndolo de China, pero esto de escribir es así: comienzas con una idea y, luego, sin saber cómo, se te impone otra que, a lo peor, no tiene nada que ver con la primigenia.

sábado, 12 de octubre de 2013

La izquierda y la derecha (II)

 
    Kant
 
Hace unos días, no sé por qué, sentí la necesidad de profundizar todo lo que me fuera posible en los conceptos de izquierda y derecha y comencé a hacerlo, pero, como me ocurre siempre, cuando me dí cuenta estaba escribiendo sobre mí mismo y si yo era realmente un tipo de izquierdas y tristemente llegué a la conclusión de que no.
Comenzaba recordando que los términos izquierda y derecha nacieron en la Asamblea Nacional Francesa para designar los lugares en los que se sentaban los grupos más y menos revolucionarios de entonces.
No sé si es por algún oscuro mimetismo, en nuestro Congreso, también se sientan a la derecha los reaccionarios y a la izquierda los que se supone más progresistas.
Pero no hay tal. Progresistas, lo que se dice progresistas, en nuestras Cortes, no hay sino esos minúsculos grupitos que ocupan los escaños del centro del famoso hemiciclo.
Hay quienes recurren a un método excluyente, que yo me atrevo también a llamar elusivo, para designar a estas dos grandes facciones de la política mundial: izquierda es todo lo que no es derecha y viceversa.
Para mí, la izquierda está constituida por todos esos que no sólo piensan y sienten sino que también lo sostienen con todos los medios a su alcance que todos los hombres somos iguales y que esta igualdad no sólo debe inscribirse en esos panfletos que son las Constituciones de los diversos Estados, sino que éstos no tienen otra misión que propugnar y garantizar dicha igualdad.
Y todos somos y debemos ser iguales porque estamos constituidos de la misma carne y de la misma sangre y nos han arrojado a este asqueroso mundo sin que lo hayamos pedido.
Ya sé, ya sé que famosos izquierdistas, como Felipe González, abjuraron del marxismo precisamente por eso, porque consideraban que la mayor igualdad es la suprema injusticia porque no hay injusticia mayor que hacer iguales al que se pasa toda su puñetera vida trabajando como un negro y al que no da puto golpe en toda su puñetera vida, también.
Como diría un jodido Ortega cualquiera: “no es eso, no es eso”.
Se trata, ni más ni menos, de que todos, absolutamente todos tengan realmente la igualdad de oportunidades.
Si uno es una fiera insaciable y se lee y asimila todas las bibliotecas del mundo, hagamos de él, el director de la instrucción pública del país, y otorguemosle el status social suficiente para que viva y muera como lo que es, el más sabio de todos los ciudadanos.
Pero ello no implica, como quiere el ministrol Wert, siguiendo la directrices de su maestro, Aznar, que el menos voluntarioso de los hombres no tiene derecho a vivir y por lo tanto hay que matarlo de cualquier manera, preferentemente de hambre.
Hay gente que ha venido a este mundo, como otros muchos vegetales y animales no para ser los reyes del mambo sino sólo para seguir alentando, sólo para sobrevivir, dejémosles que lo hagan y no les pisemos el cuello hasta ahogarlos.
A mí me hubiera gustado mucho ser uno de éstos últimos. Que me hubieran dado un modestísimo puesto del último de los jardineros o agricultores de mi pueblo y que me hubieran permitido seguir viviendo regando los árboles y las plantas y podando de ver en cuando sus ramas.
No me lo permitieron. Me hicieron leer y escribir como un burro y ahora no puedo vivir sin unos enormes remordimientos de conciencia porque creo que mi pueblo y mi país han desperdiciado todo lo que emplearon en mi instrucción, porque no soy capaz de hacer nada realmente útil.
Y este sentimiento de estafa hacia los demás es lo que creo que, a pesar de todo, me cualifica de izquierdas porque responde a la máxima marxista de dar a la sociedad todo lo que seamos capaces y obtener de ella sólo lo necesario para sobre vivir.
Imperativo marxista que yo considero superiora al imperativo categórico kantiano: obra de tal manera que siempre puedas aspirar a que tu norma de conducta sea universal.

  

domingo, 6 de octubre de 2013

La izquierda y la derecha

Decía no sé quién que no hay nada nuevo bajo el sol, "nihil novum sub sole", yo lo transformo un poco y digo que no hay nada puro bajo el sol.
 Y lo afirmo porque quiero escribir hoy sobre la izquierda y la derecha.
 En un principio fueron de izquierda aquello elementos superrevolucionarios que se sentaron a la izquierda en la Asamblea Nacional  que surgió de la Revolución francesa, cámara en la que se suponía que todos eran revolucionarios.
 Tan revolucionarios eran que, cuando se dieron cuenta, se estaban matando unos a otros, lo que ciertamente fue el colmo de la revolución.
 No sé si es por esto que, para mí, los conceptos de izquierda y revolucionario son idénticos.
 Yo me niego rotundamente a admitir que un tío que está de acuerdo con el actual estado de cosas en el mundo sea de izquierdas.
 Para ser de izquierdas hay que pretender sinceramente dar la vuelta a la situación institucional, de la misma manera que ser de derechas es hacer todo lo posible para que todo siga igual, es por eso que ellos, los de derechas se denominan a sí mismos, conservadores.
 Por eso decía yo antes que para mí los conceptos de izquierda y revolucionario son sinónimos.
 Por supuesto que soy plenamente consciente de que, con esto, adelgazo el número de los auténticamente izquierdistas hasta un extremo que los hace casi inexistentes.
 Para ser de izquierdas no se puede estar de acuerdo con el actual estado de cosas, en el momento en que consientas que algo de lo que actualmente existe está bien, es como debería de ser, eres un jodido conservador y, por tanto, un tío de derechas.
 Un tío de izquierda se rebela contra todo, comenzando contra sí mismo.
 Yo, por ejemplo, no estoy de acuerdo no ya sólo con nada de lo que hago sino tampoco con lo que soy.
 Soy un asqueroso y pestilente individualista-lo esencialmente contrario a socialista en el sentido marxiano de la palabra-que sólo se preocupa de sí mismo, hasta el extremo que cuando lo hago también de los otros es porque eso, en el fondo, acaba revertiendo también en mí.
 O sea que, ahora, cuando me ocupo y preocupo tanto de mi mujer es porque ello es lo que más me satisface en el mundo.
 No hay pues nada altruista ni revolucionario en que yo, ahora, viva por y para mi mujer.
 Sí que lo sería si yo lo hiciera por todo los que se hallan en la misma situación que ella.
 Es el concepto primigenio de sociedad, aquél del que escribía Aristóteles cuando decía que el hombre es un zoon politikon, un animal social de tal manera que todo aquel que no lo es o es un dios o una bestia.
 Lo que empequeñece, lo que no hace mi actitud respecto a mi mujer ni social ni revolucionaria, es decir, lo que impide que la conceptuemos de  izquierda es el profundo egoísmo existencialista que domina mis sentimientos.
 En cambio, hay otras personas que han constituido una sociedad que se denomina de "familiares de enfermos de alzhéimer" que sí que están actuando como auténticos revolucionarios izquierdistas en tanto en cuanto se mueven en orden a revolver no ya la situación de absoluto abandono de los pacientes de este enfermedad y de sus familiares, sino la casi total desconexión e independencia de todos los que de un modo u otro sufren por causa de esta terrible enfermedad.
 O sea que es posible ser absolutamente revolucionario y, por lo tanto, izquierdista si intentamos que todo lo que hacemos no sólo nos beneficie a nosotros y a los nuestros sino que ensanchamos el campo de nuestra preocupación y de nuestro trabajo a todos los que se hallan en la misma situación.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Otra de las traiciones de los intelectuales

Decía el otro día, por aquí, por internet, Ramoneda, que la izquierda se había dejado arrebatar sus banderas.
Y yo comentaba que si sólo fuera las banderas...
La izquierda se lo ha dejado arrebatar todo porque ha demostrado su incapacidad de pensar.
Son millones y millones de sedicentes izquierdistas los que se niegan a admitir que el fútbol forma parte de la política, a pesar de que desde los emperadores romanos se venga postulando por los que manejan el cotarro que al pueblo, al cochino, al asqueroso pueblo hay que darle “panem et circenses”, pero mucho más de lo último que de lo primero.
Yo no sé de dónde ha sacado esta falsa sedicente izquierda que el fútbol no es parte principalísima de la política.
No es ya que el padre de todo el pensamiento humano nos dijera para siempre que el hombre es un zoon politikon, de tal manera que el hombre que no es político o es un dios o es una bestia, no, no es sólo eso, es que la derecha no sólo nos ha arrebatado la bandera de que ella es tan popular que el suyo es el partido de los trabajadores de manera que todo lo que hace, incluso cuando rebaja sus sueldos, les suprime derechos como el de la sanidad y el de la instrucción pública que ha costado siglos y muchos muertos conseguir, si lo hace es en beneficio de todos ellos, para que la economía se recupere y ellos puedan volver a vivir un día muy lejano, otra vez, como auténticas personas y no como lo hacen ahora como auténticos animales no sólo salvajes sino también acobardados.
 No, no es sólo eso, es que ha sobornado de tal modo a los intelectuales que éstos han perfeccionado hasta el último límite su traición: y desde las cátedras, los periódicos, las revistas y los libros martillean las débiles inteligencias de las clases inválidas hasta convencerlas de que no deben, por ejemplo, consentir que tipos tan atrabiliarios como yo se salgan del tiesto y vayan por ahí gritando que los están engañando como a chinos cuando nos dicen eso de que el fútbol está fuera de la polìtica y que los que sostenemos lo contrario o estamos locos o somo unos asquerosos embusteros.
 Y es inútil, completamente inútil, que, de vez en cuando, muy de vez en cuanto un tipo llegue y escriba un libro en el que se relate asépticamente como las clases gobernantes nos traen un día a un reconocido demagogo que, como el flautista de Hamelin haga sonar la flauta que más le gusta a los estúpidos españoles, ésa que dice que el mejor equipo de fútbol del mundo reside en la capital de todas las Españas.
 Y el jodido demagogo grita a través del gigantesco altavoz de toda la prensa nacional que el equipo capitalino es el que guarda todas las esencias de la raza y el jerifalte que lo trajo afirma con toda la cara que eso es precisamente la mayor demostración del señorío de su equipo y le importa poco a él y a su afición que el demagogo en cuestión envalentonado por un seguimiento tan increíble no sólo insulte y persiga hasta la muerte (Preciado) al que no se le somete de buen grado sino que ante más de 400 millones de espectadores anda con toda la premeditación y ostentación del mundo 30 metros para agredir salvajemente al entrenador del equipo contrario y el pueblo enfebrecido, como cuando los romanos echaban los cristianos a lo leones, escribe su propio epitafio: MOURINHO, TU DEDO NOS SEÑALA EL CAMINO.
 Y este canallesco individuo, mucho menos ruin que el que lo trajo, aspiraba ni más ni menos que a ocupar el trono mundial del fútbol que iba a dejar vacantes sir Alex Fergurson.
 Y el autor de libro de referencia nos narra cómo cuando el momento sucesorio se produce, el canallesco personaje espera en vano que alguien le llame para darle la gran noticia pero nadie lo hace porque el elegido es otro, y el narrador nos cuenta como otro sir, Boby Charlton, hizo pública la sentencia de muerte, el Manchester Unite jamás aceptaría ser dirigido por un tipo capaz de aquella criminal y alevosa agresión que el tipo en cuestión cometió ante la humanidad.
 Pero, como no he leído el libro no sé si su autor se habrá atrevido a decir que mucho más culpable aún que el autor de semejante crimen contra el decoro universal es quien no sólo lo trajo sino que lo mantuvo contra viento y manera frente a la opinión del mundo entero.
Qué soberbia.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Me cago en sus putas madres, por muy santas que fueran

 Un país que tolera esto no tiene ninguna clase de perdón ni siquiera el de ese Dios supermisericordioso  al que adoran los legionarios de Cristo Rey, comunidad a la que pertenece Ana Botella, la tipa que ha decidido que echen a esta pobre gente a la calle.
 Hay que ser el más absoluto de los desalmados para no sólo colaborar decisivamente en expulsar de su casa, porque, según la Constitución de Fraga, el hogar del que los acaban de expulsar es su casa no sólo porque la han estado pagando muchos años sino porque, además, la canallesca Constitución dice que todos los españoles tenemos derecho a una vivienda digna sino para, además, reírse por lo que están haciendo.
 ¿Es así como los canallescos cipayos, cuya semejanza con las SS alemanas cada día es mayor, protegen a sus hermanos del pueblo del que forman parte? ¿Cuál va a ser ahora la vivienda digna de esta pobre gente, la puta calle? Pero ¿qué está pasando aquí, coño, que los banqueros cada día ganan más y más y a los que ellos esquilman con sus hipotecas, se les persigue a muerte? ¿Y esta asquerosa sociedad se denomina  a sí misma cristiana, y la parábola de Cristo expulsando a los mercaderes del templo?
 Por eso no me canso de escribir que ya no creo realmente en nada: ni en las altas autoridades de la nación, en ese Rey que no se cansa de operarse aferrándose al trono y no dice una sola palabra contra esto, ni en los jueces, que deberían servir a la justicia y que cursan estas órdenes de desahucio, ni mucho menos aún en estos esbirros sedientos de sangre que sufren auténticos orgasmos machacando a la pobre y hermosa gente, pero tampoco creo en mí ni en ti, que toleramos todo esto impasiblemente, si yo tuviera los cojones que se me suponen iría cada día a las sedes de los juzgados y  acompañaría a la comisión judicial cuando sale a los desahucios para dejarme la piel luchando contra estos sonrientes desalmados.
 Lo repito una y mil veces, en un país como éste, la única solución digna que nos queda es el suicidio y esto ya lo pensaba yo ya hace 60 años cuando mi obra El suicida fue finalista del premio Carlos Arniches del Ayuntamiento de Alicante.


martes, 24 de septiembre de 2013

La aporía del comunista (II)

 Hace ya algún tiempo que escribí por aquí la aporía del comunista, porque una millonaria alicantina me reprochó que, desesperado en mi intento de ayudar ami mujer en la lucha a muerte que mantiene con su terrible enfermedad, hubiera recurrido a un centro para millonarios, y decía yo, más o menos, así:
 Un comunista es un tipo que sostiene que los hombres no sólo somos iguales sino que hemos de hacer lo posible e imposible para conseguirlo, de modo que yo en lugar de gastarme las 150.000 ptas., que aquellos ladrones del hospital me cobraron por hacer a mi esposa el pet tenía que haberlas entregado a esa comunidad universal que constituimos todo los proletarios del mundo, a fin de constituir un acervo mundial para atender racional y equitativamente todas las necesidades del colectivo.
 Es un razonamiento perfecto, parece, desde la óptica de la lógica más o menos aristotélica, pero es una falacia como la de esa otra aporía tan famosa de Aquiles y la tortuga que reza así: si el tiempo y el espacio son divisible hasta el infinito, Aquiles no alcanzará nunca a la tortuga porque siempre habrá entre ellos un espacio que dividir, en un tiempo también infinitamente divisible.
 La falacia de esta última aporía radica en que afirmar que el espacio y el tiempo son divisibles hasta el infinito es una falsedad real evidente.
 Afirmar que un tipo como yo con 3 enfermos gravísimos, desahuciados por la SS, todo lo que tengo lo debo entregar a una fantasmal autoridad universal comunista para que ésta proceda a su mejor distribución universal, es todavía una entelequia más falsa que aquella famosa aporía.
 Pero lo que aquella tipa me echaba en cara es lo que toda la derecha del mundo reprocha al comunismo: la ausencia de esa solidaridad integral, una exigencia que se halla mucho más allá de las reales capacidades humanas.
 Por eso yo recordé enseguida la puñetera aporía de Aquiles y la tortuga.
 Yo para propugnar el comunismo hago todo lo que puedo, como ahora mismo, cuando escribo todo esto, en un momento en que siquiera puedo teclear porque ya casi no obedecen mis temblorosas manos.
 Por eso pasan tantos días sin que cuelgue un post por aquí.
 Espero que con la medicación que me han mandado pueda mejorar y seguir colaborando con todos vosotros.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

Brevísimo discurso sobre la historia


 Que la Historia se repite cíclicamente no lo voy yo a descubrir ahora.
 Eminentes historiadores lo han demostrado suficientemente.
 Lo que yo no sé ciertamente es si estos grandes historiógrafos han desentrañado el motivo, el fin, el impulso que determina el curso de la misma.
Yo sólo soy el más pequeño de los aprendices, lo único que sé con cierta certeza es que no se nada y ni siquiera en este proposición soy original, pero voy a intentar pergeñar una pequeña teoría que trate de explicar de alguna manera todo lo que está sucediendo.
Hay, hubo, y seguramente habrá gente muy estudiosa que se preocupe de este mismo tema: ¿por qué sucede todo lo que está ocurriendo?
 En mi opinión no es sino como consecuencia de la lucha de dos principios que algunos han llamado el bien y el mal, Ormuz y Arhiman, el ying y el yang, Dios y el Diablo, cartagineses y romanos, alemanes y japoneses contra los aliados, Usa y Urss, y ahora se inicia una Usa  y China.
 Dos ratones de biblioteca, dos estudiosos de la Historia hasta la saciedad, nos han dejado sintéticamente dos frases que por sí solas explican todo lo que está sucediendo: Marx: proletarios de todos los países, uníos; y Lampedusa: es preciso que todo cambie para que todo siga igual.
 Desde Marx, una corriente incontenible de liberación laboral recorre el mundo. 
 Él se encargó de demostrar de una manera irrefutable no sólo que todo es economía sino que ésta es la que dirige los destinos del mundo.
 Si dejamos, la inmensa multitud de los trabajadores, que el capital, o sea, los empresarios campen a su antojo, el mundo se configurará como actualmente es: un inmenso, universal, campo de concentración y de trabajo, en el que los trabajadores no pintamos absolutamente nada, de manera que la revolución, cualquiera que sea su forma, es absolutamente no ya necesaria sino imprescindible.
 Y esta idea cuajó en una serie de instituciones como los sindicatos, las comunas, las cooperativas, etc., pero, sobre todo, en el ideario que movía a pensadores políticos, filosóficos, científicos y artistas, lo que produjo, de una manera que parecía irreversible, su propagación.
 Esto preocupó y mucho a los pensadores reaccionarios que encontraron al fin la formula de contrarrestar el formidable alegato marxista: un oscuro hombrecillo, un ratón de biblioteca italiano la formuló concretamente en diez palabras: es preciso que todo cambie para que todo siga igual.
 Es absolutamente genial: ante el empuje arrollador producido por la autoconsciencia de las clases trabajadoras de la criminal explotación que sufrían el mejor de los diques que podría oponérsele es la más radical de las hipocresías: “hagamos”, dice el italiano, “como que cedemos a este empuje, construyamos una teoría científica que propugne la liberación de las masas trabajadoras, digamosles de mil maneras que tienen razón, montemos aparatos del Estado que parezca que atienden todas sus exigencias, hagamos que se conciba como la tarea fundamental de dicho Estado la redistribución de la riqueza nacional de mil maneras y, luego, nos apoderaremos del mismo, mediante aparatos que afirmaremos rotundamente que son esencialmente democráticos, Cortes, Parlamentos y Senados, a los que se accederá mediante elecciones generales universales, directas y secretas, con un pequeño e imperceptible truco que ya nos encargaremos nosotros de que parezca oculto siempre: mantener a las masas electoras en la total ignorancia, en la más profunda de las inculturas de manera que siempre nos elegirán a nosotros que seremos dueños absolutos de los medios de información y creación de la opinión pública, para ello haremos de la instrucción pública una auténtica falacia y les someteremos a las más altas dosis de lo que se ha dado en llamar opios del pueblo, fútbol y otros deportes en los que se encarne un nacionalismo absolutamente embrutecedor”.
 Y así estamos, en manos de los discípulos de Lampedusa, que han aprendido perfectamente la lección, mientras que los de Marx pierden la mayor parte de sus energías en luchas fratricidas.



viernes, 13 de septiembre de 2013

El infierno de Sartre o la jungla de Preminger


 Desde que leí Las palabras, mi fascinación por Sartre es total. 
Luego, mientras dirigí los programas literarios de Radio Popular de Alicante, lancé a las ondas A puerta cerrada, Huis clos, en la que el genio bizco expone su tesis de que el infierno son los otros.
Llevo un par de meses viviendo un auténtico infierno.
La enfermedad de mi mujer, alzhéimer, ha hecho crisis, convirtiendo mi vida en un suplicio insoportable y mi hermano menor se ha roto una cadera y le han descubierto, ¿cómo no?, el dichoso alzhéimer, una diabetes, una polineuritis y qué se yo más, que lo han trasformado en una especie de masa sangrienta que yace de mala manera en una cama de los 3 hospitales que están peloteando con él.
Pero esto no es lo peor, lo horrible es que con este motivo he descubierto que los hospitales se han transformado en aquella terrible jungla de la que nos hablaba Otto Preminger, con empresas y direcciones que sólo buscan el jodido beneficio como sea, de manera que han suprimido hasta el límite el personal que atiende a los enfermos y han dado entrada a las mafias que se han hecho dueñas de todo.
 Los servicios que se prestan a los enfermos disminuyen día a día siendo usurpados casi violentamente por una serie de mujeres casi todas extranjeras que ejercen por los pasillos de los hospitales una nueva prostitución que adopta la forma de sanitaria. Y, sobre ellas, están los chulos o las chulas que deciden tiránicamente cómo funciona todo.
 O sea, la alcantarilla de Sartre o la jungla de blanco de Preminger, un mundo canallesco que explota a fondo el dolor y la enfermedad de los viejos y de los enfermos españoles ante la pasividad de las autoridades sanitarias.
 Mi hermano me grita cada vez que voy a verle, que no son tantas como yo quisiera: “José, sácame de aquí”, pero cada movimiento que hacemos nos hunde más en un terreno fangoso donde sólo se trata de extraer hasta el último céntimo de estos pobres pensionistas, 943 euros es la pensión de mi hermano, que ahora nos han dicho que su nuevo destino a casi 200 kilómetros de su pueblo, ambiente y amigos, se quedará íntegramente con ella, no restándoloe, como dice él, ni para pipas.
 Y yo, que estoy intentando ayudarle desesperadamente, me he visto denunciado ante la policía nacional ni más ni menos que por tráfico de trabajadoras extranjeras.
 No tengo la capacidad de expresión suficiente para contar todo lo que estoy viendo aquí y ahora, pero la sensación que todo esto me produce me hace llorar casi las 24 horas, tanta es la sensación de dolor e impotencia.
 El jueves próximo lo llevan a una residencia de ancianos o de enfermos, que yo ya no sé, que se halla en Hellín, a 200 kms del que ha sido el ambiente de toda sus vida y creo que allí se morirá a solas, como un perro.
 Y, para desengrasar, llego a casa y tengo el problema de mi mujer con 3 cuidadoras que no se ponen de acuerdo sobre los turnos y yo he perdido ya cualquier facultad de razonar y decidir, de manera que vivo a expensas de lo que los que me rodean quieran hacer.
 No sé si todo esto lo debía de contar aquí, a lo peor, los pocos que vienen salen huyendo al leer tanta desgracia y desolación, pero es lo que tengo ahora que ofrecer y que ya no son hermosas teorías sobre cómo se debe de organizar el mundo para que funcione mejor sino la brutal y directa comunicación de cómo está funcionando ahora mismo, entre nosotros, delante de nuestras narices con gente de arriba y de abajo que lo ha transformado en un auténtico infierno o en una jungla en la que los menesterosos nos estamos devorando unos a otros.

domingo, 8 de septiembre de 2013

A propósito de los juegos olímpicos

 Mi honda filiación marxista lucha y, creo, que vence a mi rígida formación cristiana y a mi humanismo rampante.
 A uno, en su infancia, le pueden haber inculcado a sangre y fuego, las ideas de la iglesia católica, uno de los fundamentos básicos de la actual represión en el mundo: bienaventurados los pobres porque de ellos será el Reino de los cielos, y los del más preclaro de los humanismos: “homo sum et nihil humanum mihi alienum puto”, soy hombre y nada humano me es ajeno, lo que no es óbice para que mi comunismo militante los haya mandado a ambos mucho más allá de la mierda.
 Porque ahora creo que sé que tan falso es el primero como el segundo, 
que predicarle a los pueblos la resignación cristiana frente al abuso de los dos diabólicos poderes, el económico y el político, y la comprensión humanística de todas las verdades no son sino socorridos trampantojos para que las clases dirigentes, la religiosopolítica y la intelectual, sigan percibiendo su asquerosa parte del pastel.
 Y esto, creo también, que me lo ha enseñado ese viejo judío barbado que no se cansó nunca de estudiar la canallesca historia del ser humano hasta descubrir dónde y por qué estaba el quid de la puñetera cuestión: por qué hay pobres y ricos y poderosos y esclavos.
 El mundo y la vida forman parte inextricable de un jodido materialismo dialéctico. Hasta lo que parece más espiritual no sólo es falso, desde este punto de vista, sino que forma parte de una conspiración no escrita para mantener eternamente este diabólico “statu quo” en el que a todos nos parece natural que haya pobres y ricos y que además éstos detenten para siempre el jodido poder.
 Pero por encima de esta asquerosa conspiración universal en la que participamos todos muy activamente, incluso los jodidos menesterosos que les hacemos constantemente el juego a los canallescos poderosos, acudiendo masivamente a los espectáculos circenses que nos montan para entretenernos y vincularnos a unas siglas y escudos que adormecerán nuestras conciencias para siempre, hasta ese cine, esa filosofía, esa literatura que en lugar de ser destructivas, rompedoras contra una situación que todos sabemos que es radicalmente injusta, no hacen sino consolidarla quizá indestructiblemente, se halla el descubrimiento de este judío genial que esclareció las leyes que gobiernan este asqueroso mundo, las plasmó en sus libros y además nos gritó, no tan inútilmente como parece, aquello de “proletarios de todos los países, uníos”.
 El materialismo dialéctico nos muestra cómo a pesar de las continuas trampas que se le ponen, la tendencia interna y material que representa, avanza inconteniblemente hasta estados de liberación cada vez más inderogables.
 Y esto parece un contrasentido esencial afirmado en tiempos como lo que corren.
 Pero comprobamos que no es así si nos asomamos a este continuo movimiento tectónico con una inteligente visión de la historia, que todavía no ha terminado como afirmaba ese vocero del  ultraliberalismo  capitalista que es Fukuyama, sino que tan siquiera ha comenzado.
 A título de ejemplo, lo que nos pilla más a mano: si comparamos la sociedad de la Roma imperial, con lo que ella significó en algunos campos decisivamente como por ejemplo en el del Derecho, con la actual vemos que se ha avanzado considerablemente en aspectos tan decisivos como el de la abolición de la esclavitud.
 Quizá no tengamos todavía la perspectiva suficiente pero lo que está sucediendo en países como los que llamamos emergentes es muy significativo.
 Y todo esto porque quería decir que lo que le ha ocurrido a España con su deshonesto intento de organizar los juegos olímpicos no es sino un caso de justicia inmanente de la que hablo por aquí continuamente: el materialismo dialéctico a veces, no siempre, claro, les hace a los canallas que hoy gobiernan el mundo, jugarretas tan justas como éstas: por muy corrupto que hoy este el mundo mundial, siempre hay grados y el de España, en estos momentos, es insuperable: el mundo no podía escoger como muestra de lo que es un país a uno como el nuestro que es el mejor ejemplo de todo lo que no debe hacerse.


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