jueves, 31 de enero de 2013

Asesinos (III)

 
 Ayer mismo, escribía yo por aquí sobre el origen forzoso de toda esta corrupción que, todavía, es poca viniendo de aquellos polvos.
Si un país establece sus bases sociopolíticas sobre un sistema como el régimen franquista era absolutamente imposible que la criatura no naciera podrida hasta la médula.
Tú no puedes educar, formar a la mayoría de aquellos cachorros que se criaban en los hogares de los asesinos y ladrones, oyendo todos los días como sus padres se jactaban de sus hazañas, porque para ellos lo que estaban haciendo eran auténticas hazañas que estaban liberando al país de caer en las garras de aquellos canallescos comunistas-Ley para la represión de la masonería y el comunismo-y luego no pedirle al olmo las peras de que aquellos niños se convirtieran en toda esta inmensa camada de lobos hambrientos no sólo de dinero y de poder sino también de los honores de haber sido el único país que luchó y triunfó contra la hordas marxistas en todos los terrenos-la famosa División Azul-.
Si todo esto se piensa detenidamente, se llega a la inexorable conclusión de que tenemos lo que se ha estado incubando férreamente en los últimos tiempos de nuestra triste historia.
A ver quién es el guapo o el gilipollas que le pide al Rey que no aborrezca a una izquierda que le niega hasta su derecho a la existencia, es antinatural que alguien defienda a los que piden su extinción no sólo como institución sino también como simple persona.
Que haya convivido aparentemente como si tal cosa con gentes como Santiado Carrillo, Alfonso Guerra y Tierno Galván, no es sino una de esas comedietas que de vez en cuanto nos ofrece la gran prostituta de la historia, pero es indudable que un señor que admite que él es el amo de un país en el que, además, se ha publicado una ley fundamental que le hace inimputable no tiene más remedio que despreciar no sólo a todos los que confeccionaron tamaño desafuero sino también a los que se sometieron mansamente a semejante disparate, porque el delincuente, es un decir, y, desde luego, todo lo que digo sólo es una presunción absolutamente literaria, desprecia profundamente, y seguramente hace bien, a la víctima de su delito cuando ésta lo acepta dócilmente.
Pero íbamos diciendo que muchos de los cachorros que ahora nos gobiernan se formaron en el malsano ambiente de unas ideas esencialmente reaccionarias, en las que la sola idea de la igualdad-ayer publicaba yo por aquí dos artículos en el que el hombre que ahora resulta que también se hacía pagar sus propios trajes, maldecía de la igualdad y exponía su consideración de que todo aquel que la propugna no es más que un repugnante embustero-es un crimen no sólo religioso y político, sino también absolutamente asqueroso, que hiere por naturaleza la sensibilidad normal del que ha crecido en un ambiente familiar dirigido ni más ni menos que por el Presidente del Tribunal que juzgó en llamado caso Redondela en el que aparecieron implicados un número considerable de ciudadanos pertenecientes al establishment franquista. El asunto nunca se llegó aclarar. Uno de los implicados directos, Isidro Suárez, murió en la cárcel de Vigo en extrañas circunstancias. Otro implicado, José Maria Romero, que previamente había destapado el "affaire", apareció muerto también en su casa de Sevilla, junto a su padre, madre e hija, asesinados en su domicilio. Uno de los principales accionistas del negocio era el mismísimo Nicolás Franco Bahamonde, el "hermanísimo" del Caudillo.
El Presidente de aquel estéril Tribunal de Justicia fue Mariano Rajoy Sobredo, padre del actual presidente del gobierno. En este tenebroso asunto aparecieron implicados ministros y ex-ministros de la dictadura y otras "personalidades" que contaban con tratos preferentes en Ministerios, adjudicaciones gubernamentales y similares, mecanismos de uso muy habitual durante el franquismo. El sumario sobre el asunto se recogió en nada menos que 5.000 folios, que quedaron depositados en la Audiencia Provincial de Pontevedra y que tiempo después se volatizaron misteriosamente. ¿A dónde fue a parar aquella cantidad ingente de testimonios documentales que podrían haber proporcionado las claves de aquel negro asunto criminal después de desaparecido el dictador? Las justificaciones oficiales fueron endebles: hubo obras, reformas, no había espacio, el caso se había cerrado… Aquel rompecabezas, con más de 3.000 piezas, se perdió para siempre. Y como inexorablemente sucede en la historia de los dos últimos siglos de este país cuando la culpa afecta a miembros destacados de las clases hegemónicas, los datos terminan desapareciendo a través de las cloacas del Estado.
Así pues, las raíces "democráticas" del árbol gene-ideológico de los señores que hoy nos gobiernan son las que son de manera que ellos son como deben de ser porque ya lo dice un viejísimo refrán que oí muchas veces en mi pueblo: “el que no se parece a su padre es un sinvergüenza”.
Entonces, mis querido lectores, ¿de qué nos podemos extrañar ahora?
Si bien se piensa, todo esto que ahora está sucediendo, comparado con aquello de entonces es “pecata minuta”, o así por lo menos les parecerá a estos cachorros, que se reirán de unos problemas en los que sólo se plantea el origen y el paradero de unos cuantos millones de euros, pero en el que todavía no aparecen muertos por ningún lado, ni en las cárceles mientras se esperaba un juicio en el que podía hacer lo que ahora parece que está haciendo Bárcenas ni en las aparentemente seguras habitaciones de la capital sevillana. (Fuente:
http://www.lahaine.org/index.php?p=61968).

Franquismo redivivo, incluso con un Franco.


 Hace unos días les contaba como al juez con más caché de España lo desterraron a una perdida isla de las Canarias por haberse atrevido a dar el alto a una pareja de la Guardia Civil, cuerpo militar, porque los uniformes militares entonces, ¿sólo entonces?, eran intangibles.
Esto, seguramente, no lo conocía el inefable Garzón, ¿si no, cómo se hubiera atrevido a intentar enjuiciar al franquismo?
También les dije que Franco era muy listo. Nada de inteligencia que eso es otra cosa, sino listo, pillo, con toda la pillería del mundo aprendida en esa escuela  que es el ejército. 
 Los March, los que hasta hace muy poco eran los patrones de Florentino Pérez, yo creo sinceramente que ya no lo son, que el ingeniero ha hecho todo lo necesario para tener tantas acciones de ACS como ellos, viendo como pintaban las cosas con aquella República que apenas si había salido de las urnas, decidieron dar un golpe de Estado y eligieron al caballo mejor situado para ello, de modo que le enviaron a Franco aquel maldito avión, el Dragón Rapide, que lo trajo desde Canarias, donde era capitán general.
El resto de la historia es desgraciadamente conocido por todos los españoles porque nos lo grabaron, como las marcas el ganado, a sangre y fuego, y no es sino el relato de cómo un asesino multitudinario cobra su sueldo.
 Pero Franco, personaje esencialmente interesado, que no renunció ni a un día siquiera del reinado que tan mal se había ganado, era también un perfeccionista, las cosas las quería muy bien hechas, perfectas, de tal modo que, en realidad, fueran eternas.
 Su idea del mundo y de la vida era tan retrógrada que no dudó nunca en liquidar a todo aquel que se opusiera a sus designios de modo que ejecutó sin piedad a cualquiera que no hiciera lo que él mandaba aunque se tratara de niños.
 Lo más retrógrado del mundo es el dinero, el jodido capital, tanto que ha terminado por apoderarse íntegramente del mundo. Un puñetero visionario lo vislumbró con total claridad y lo expresó de un manera absolutamente contundente: todo es economía.
 Pero decíamos que Franco era esencialmente retrógrado, adoraba el dinero, para él era mucho más que Dios, el auténtico principio y fin de todas las cosas, al fin y al cabo, era lo que le había colocado a él allí, en la cúspide la pirámide, de modo que con el dinero, con el capital, nada de juegos, no fuera que a otro capitalista se le ocurriera contratar de nuevo otro avión pero para apartarlo a él del poder.
 Éste es el gran secreto de toda esta historia. Recuerdo, muerto de risa, cuando comenzaba toda esta risible historia de la Unión Europea, como se propalaba la mentira de que a España no la dejaban entrar allí porque no era democrática, porque estaba regida por un férreo dictador, por el único que seguía vivo, en el machito, de los 3 grandes nazifascistas.
 De donde se deduce con indeclinable consecuencia lógica que la Unión Europea sí que lo es.
 Ésta es la gran mentira de nuestro tiempo, la insuperable falacia.
 ¿Es necesario repetir, una vez más, que, desde los griegos, democracia es el poder del pueblo, que, luego aquel puñetero visionario que, como es lógico, acabó asesinado, amplió un poco más, el poder del pueblo, ejercido por el pueblo y para el pueblo?
 ¿Dónde coño está el pueblo en Europa, en esos barrios absolutamente marginados de París o en los de Londres, en un Sarkozy expulsando a los gitanos y restringiendo la movilidad de los ciudadanos en la Comunidad, o la Merkel estableciendo tajantamente una férrea división entre ciudadanos alemanes y esos cochinos tipos del Sur de Europa que quieren vivir sin trabajar, a expensas de ellos, la raza de las razas, el famoso “Deustchland, Deutschland, über alles”, coño, habrá algo más fascista que el jodido racismo?
 Pero todo esto del racismo y el totalitarismo de alguien que se crió y vivió en la Alemania del Este es una simple idea política y,por ende, esencialmente discutible, según sean los tiempos, pero,coño, con la jodida economía pocos juegos.
 Como la City y Wall Street nos han enseñado sabiamente a lo largo de la puta historia con las cosas de comer no se juega, el dinero es el dinero, el capital es el único Dios al que hay que sacrificarlo todo, incluso la vida de miles de millones de personas.
 De modo que la Unión Europa no es, en absoluto, democrática porque, en ella, el pueblo no es más que la puñetera mano de obra, algo que se puede exprimir hasta que ya no le quede más jugo. ¿Esto es democracia?
 Se ha dicho ya miles de veces, esto es mercadocracia, la entronización del dogma de la libertad de mercado como el único realmente inatacable.
 Pero yo quería escribir hoy sobre Franco y demostrar que sigue vivo, vivito y coleando en nuestra inmarcesible democracia.
 Como todo buen capitalista era, es, porque sigue vivo, furibundo partidario no sólo de la propiedad privada sino también, y más aún, de la herencia. ¿Vale la pena que alguien se mate trabajando toda su puñetera vida y asesinando a los demás para amasar una fortuna y que, luego, cuando el tipo se muera, venga una jodida sociedad y se lleve el fruto de tantos crímenes?
 Había que dejarlo todo atado y tan bien atado que, en realidad, fuera absolutamente intangible. 
 ¿Cómo? Escogiendo cuidadosamente, con todo el cuidado del mundo, a su sucesor, por eso la herencia se llama también sucesión hereditaria.
 El tío era tan pillo, tan redomadamente pillo, que teniendo a su nieta casada con uno de los posibles herederos de la monarquía española, lo desechó porque pensaba que la “legitimidad” histórica se hallaba de parte de su hombre de paja, al que había forjado a su imagen y semejanza.
 Él sabía muy bien  que sólo Dios pudo resistir la tentación del “todo esto será tuyo, si te arrodillas ante mí y me adoras” y el discípulo claro que se arrodilló, todavía sigue arrodillado porque aquel endemoniado pillo no es que lo enseñara es que hizo que toda su ideología pasara a formar parte esencial del bagaje mental de su sucesor, de manera que Franco sigue al frente del Estado español, por persona interpuesta.
 De modo que así como Franco tuvo su cazadotes en el marqués de Villaverde, aquél del que la sabiduría popular dijo aquello de que Vespa significaba “villaverde estraperlea sin pagar aduanas” porque se hizo con la concesión de la exclusiva en España del omnipresente vehículo, y se hinchó a ganar millones sin hacer realmente nada, así también Undargarín dio el correspondiente braguetazo del que tanto se habla estos días.



miércoles, 30 de enero de 2013

Réprobos

 No hay que ser Teresa de Calcuta ni Ramón Casaldáliga, ni Gandhi ni Martin Luther King, ni Ignacio Ellacuría,  no hay que formar parte de una de esas Ongs que se van a los peores sitios del mundo no sólo a ayudar a soportar sus sufrimientos a los más necesitados sino también  a sufrir con ellos sus mismas calamidades, no, no hay que ser uno de estos seres extraordinarios llamados vocacionalmente a prestar a sus hermanos o, por lo menos, a sus semejantes una ayuda absolutamente indispensable para sobrevivir, no, no, sólo hay que ser personas normales de carne y hueso y no tener el seso absorbido por esas canallescas campañas de alienación a las que nos tienen sometidos, a todos, sin ninguna clase de excepción, estos lamentables medios de comunicación que nos dan nuestro alimento de pseudoinformación todos los días, en que el mayor de los diarios del país se atreve a publicar impresionantes noticias falsas con el mayor de los descaros, no, no.
 No, no, yo no le voy a pedir a nadie un grado extraordinario en su au-toexigencia, héroes sociales hay muy pocos y tal vez los eminentes psicólogos y psiquiatras del Opus salgan a demostrarnos que no son seres normales sino enfermos mentales o emocionales.
 Porque lo normal, nos dirán, es ese culto exacerbado al becerro de oro que hace que todos los puestos en los que se adoptan las decisiones económicas y financieras esenciales acaben siendo ocupados por sus miembros que han hecho objeto de sus vidas acceder a la santidad a través del enriquecimiento.
 Porque, dicen los muy cínicos, para llevar la buena nueva hasta el último de los confines del mundo hace falta dinero, mucho dinero, todo el dinero del mundo y en eso están y por ello Juan Pablo II elevó a los altares a su fundador. ¿Acaso hay en el inmenso santoral católico alguien con más mérito que él?
 El caso es que de una u otra forma la atención a los más necesitados siempre ha suscitado el interés de los mejores de entre nosotros, la asquerosa humanidad, de modo que la Historia, esa gran prostituta, ha ido registrando periódicamente una serie de grandilocuentes declaraciones a favor de los llamados, cómo no, Derechos humanos, el 1º de los cuales es sin duda la igualdad, porque dejando aparte las falsas enunciaciones de los jodidos sofistas, ¿dónde coño estaba mi libertad si tenía que trabajar en 5 sitios a la vez para poder medio alimentar a mi familia?
 Ah, sí, ya, en esa maravillosa facultad de votar cada 4 años en una elecciones tan libres e igualitarias que todo el que vote a los comunistas, que es lo que yo soy, estará, el muy gilipollas, echando su voto a la basura porque con la ley electoral, que el buen Fraga y sus compinches, siguiendo al pie de la letra la taimada consigna de Lampedusa, propiciaron, el voto comunista se pierde en el aire porque vales 5 veces menos que los del PP y el Psoe.
 De modo, amigos míos, que todo está atado y bien atado porque para que las elecciones se produjeran en igualdad, ojo con esta palabra, como luego veremos, de condiciones entre todos los ciudadanos españoles, habría que reformar esa canallesca Constitución, en el sentido de que todos los votos fueran iguales,  para lo que 1º habría que hacer que ésta consagrara la igualdad del valor de todos los votos, o sea, coño, la jodida pescadillas que se muerde la cola. 
 Pero ¿cómo van a consentir tamaño desafuero los tipos que encabeza alguien cuya ideología sobre la igualdad afirma cosas tales como éstas?
 IGUALDAD HUMANA Y MODELOS DE SOCIEDAD
 Mariano Rajoy Brey (*)
(Diputado de AP. en el Parlamento gallego)
 Uno de los tópicos más en boga en el momento actual en que el modelo socialista ha sido votado mayoritariamente en nuestra patria es el que predica la igualdad humana. En nombre de la igualdad humana se aprueban cualesquiera normas y sobre las más diversas materias: incompatibilidades, fijación de horarios rígidos, impuestos –cada vez mayores y más progresivos- igualdad de retribuciones…En ellas no se atiende a criterios de eficacia, responsabilidad, capacidad, conocimientos, méritos, iniciativa o habilidad: sólo importa la igualdad. La igualdad humana es el salvoconducto que todo lo permite hacer; es el fin al que se subordinan todos los medios.
 Recientemente, Luis Moure Mariño ha publicado un excelente libro sobre la igualdad humana que paradójicamente lleva por título “La desigualdad humana”. Y tal vez por ser un libro “desigual” y no sumarse al coro general, no ha tenido en lo que ahora llaman “medios intelectuales” el eco que merece. Creo que estamos ante uno de los libros más importantes que se han escrito en España en los últimos años. Constituye una prueba irrefutable de la falsedad de la afirmación de que todos los hombres son iguales, de las doctrinas basadas en la misma y por ende de las normas que son consecuencia de ellas.
 Ya en épocas remotas –existen en este sentido textos del siglo VI antes de Jesucristo- se afirmaba como verdad indiscutible, que la estirpe determina al hombre, tanto en lo físico como en lo psíquico. Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente –era un hecho objetivo que los hijos de “buena estirpe”, superaban a los demás- han sido confirmados más adelante por la ciencia: desde que Mendel formulara sus famosas “Leyes” nadie pone ya en tela de juicio que el hombre es esencialmente desigual, no sólo desde el momento del nacimiento sino desde el propio de la fecundación. Cuando en la fecundación se funde el espermatozoide masculino y el óvulo femenino, cada uno de ellos aporta al huevo fecundado –punto de arranque de un nuevo ser humano- sus veinticuatro cromosomas que posteriormente, cuando se producen las biparticiones celulares, se dividen en forma matemática de suerte que las células hijas reciben  exactamente los mismos cromosomas que tenía la madre: por cada par de cromosomas  contenido en las células del cuerpo, uno solo pasará a la célula generatriz, el paterno o el materno, de ahí el mayor o menor parecido del hijo al padre o a la madre. El hombre, después, en cierta manera nace predestinado para lo que habrá de ser. La desigualdad natural del hombre viene escrita en el código genético, en donde se halla la raíz de todas las desigualdades humanas: en él se nos han transmitido todas nuestras condiciones, desde las físicas: salud, color de los ojos, pelo, corpulencia…hasta las llamadas psíquicas, como la inteligencia, predisposición para el arte, el estudio o los negocios. Y buena prueba de esa desigualdad originaria es que salvo el supuesto excepcional de los gemelos univitelinos, nunca ha habido dos personas iguales, ni siquiera dos seres que tuviesen la misma figura o la misma voz.
 Esta búsqueda de la desigualdad, tiene múltiples manifestaciones: en la afirmación de la propia personalidad, en la forma de vestir, en el ansia de ganar –es ciertamente revelador en este sentido la referencia que Moure Mariño al afán del hombre por vencer en una Olimpiada, por batir marcas, récords…-, en la lucha por el poder, en la disputa por la obtención de premios, honores, condecoraciones, títulos nobiliarios desprovistos de cualquier contrapartida económica…Todo ello constituye demostración matemática de que el hombre no se conforma con su realidad, de que aspira a más, de que busca un mayor bienestar y además un mejor bien ser, de que, en definitiva, lucha por desigualarse.
 Por eso, todos los modelos, desde el comunismo radical hasta el socialismo atenuado, que predican la igualdad de riquezas –porque como con tanta razón apunta Moure Mariño, la de inteligencia, carácter o la física no se pueden “Decretar” y establecen para ello normas como las más arriba citadas, cuya filosofía última, aunque se les quiera dar otro revestimento, es la de la imposición de la igualdad, son radicalmente contrarios a la esencia misma del hombre, a su ser peculiar, a su afán de superación y progreso y por ello, aunque se llamen asimismos “modelos progresistas” constituyen un claro atentado al progreso, porque contrarían y suprimen el natural instinto del hombre a desigualarse, que es el que ha enriquecido al mundo y elevado el nivel de vida de los pueblos, que la imposición de esa igualdad relajaría a cotas mínimas al privar a los más hábiles, a los más capaces, a los más emprendedores…de esa iniciativa más provechosa para todos que la igualdad en la miseria, que es la única que hasta la fecha de hoy han logrado imponer.
 FARO DE VIGO, 4 de marzo de 1983
 LA ENVIDIA IGUALITARIA
 Mariano Rajoy Brey
 Presidente de la Diputación de Pontevedra
 Hace algunos meses “FARO DE VIGO” tuvo la gentiliza de acceder a la publicación de un artículo en el que comentábamos un libro a nuestro juicio apasionante. “”La desigualdad humana” de Luís Moure-Mariño. Hoy pretendemos descubrir otro libro no menos magistral que analiza con profusión de detalles y argumentos aquella afirmación y el consiguiente problema de la igualdad-desigualdad humana, pero que añade a este estudio el de otro tema no menos importante e íntimamente unido al primero, cual es el de la envidia, uno de los más graves y perniciosos de los pecados capitales. El libro lleva por título “La envidia igualitaria”. Su autor Gonzalo Fernández de la Mora. De entre sus pocas más de doscientas páginas, cuya lectura recomendamos a todos aquellos que quieran ampliar sus conocimientos sobre el hombre, destacaremos tres aspectos concretos y por encima de todo un mensaje general.
 La primera parte de “La envidia igualitaria” tiene como objetivo básico, ampliamente logrado por cierto, el recopilar los escritos históricos sobre la envida. En ella se sintetizan los diversos estudios y opiniones que a lo largo de los tiempos ha provocado el pecado de la envidia. Desde los griegos hasta los contemporáneos pasando por los latinos, Sagrada Escritura, la patriótica, los medievales, los renacentistas, barrocos y modernos, todos los grandes pensadores han denunciado la malignidad de ese sentimiento.
 En el segundo apartado del libro, Gonzalo Fernández de la Mora analiza de manera exhaustiva y profunda el problema de la envida –a la que define como “malestar que se siente ante una felicidad ajena, deseada, inalcanzable e inasimilable”-, de su utilización política (vaguedades como “la eliminación de las desigualdades excesivas”, “supresión de privilegios”, “redistribución”, “que paguen los que tienen más…” son utilizadas frecuentemente por los demagogos para así conseguir sus objetivos políticos), las defensas ante la misma (la huida, la simulación y la cortesía son medios de que tiene que valerse el “envidiado” para evitar el provocar el sentimiento), y la manera de superarla que es la autoperfección y la emulación.
 Por último, el autor dedica unas brillantes páginas a demostrar el error en que incurren quienes a veces conscientemente y utilizando el sentimiento de la envida y otras sin valorar el alcance de sus aseveraciones, sostienen la opinión de que todos los hombres son iguales y en consecuencia tratan de suprimir las desigualdades: El hombre es desigual biológicamente, nadie duda hoy que se heredan los caracteres físicos como la estatura, color de la piel… y también el cociente intelectual. La igualdad biológica no es pues posible. Pero tampoco lo es la igualdad social: no es posible la igualdad del poder político (“no hay sociedad sin jerarquía”), tampoco la de la autoridad (¿sería posible equiparar la autoridad de todos los miembros de un mismo gremio, por ejemplo, de todos los pintores o los cirujanos?), o la de la actividad (es difícil imaginar un ejército en el que todos fueran generales; o una universidad en la que todos fueran rectores), o la del premio, o la de oportunidades (las circunstancias, temporales, geográficas y familiares colocan inevitablemente a los individuos en situaciones más o menos favorables, nadie tiene la misma oportunidad mental, ni histórica, ni nacional: no es igual nacer en EE.UU. que en U.R.S.); ni siquiera la económica: “allí donde se ha implantado una cierta igualdad pecuniaria –mediante la nacionalización de los medios de producción, la abolición de la herencia, la supresión de las rentas del capital y la equiparación de casi todos los salarios- se han radicalizado las inevitables desigualdades de poder, creadores de desigualdades económicas quizá no monetarias, pero espectaculares. Aunque la cuenta corriente de Stalin no fuera superior a la del más mísero music, nadie podría afirmar la igualdad económica de ambos. Para imponer tal igualdad habría que eliminar el poder político, lo que es imposible”.
 Pero si importantes son todas y cada una de estas ideas, individualmente consideradas, a todas ellas trasciende el mensaje, o la pretensión final del autor sobre la que entiendo todos los ciudadanos y particularmente los que asumen mayores responsabilidades en la sociedad, debemos reflexionar. Demostrada de forma indiscutible que la naturaleza, que es jerárquica, engendra a todos los hombres desiguales, no tratemos de explotar la envidia y el resentimiento para asentar sobre tan negativas pulsiones la dictadura igualitaria. La experiencia ha demostrado de modo irrefragable que la gestión estatal es menos eficaz que la privada. ¿Qué sentido tienen pues las nacionalizaciones? Principalmente el de desposeer –vid. RUMASA-, o sea, el de satisfacer la envidia igualitaria. También es un hecho que la inversión particular es mucho más rentable no subsidiaria. Entonces ¿Por qué se insiste en incrementar la participación estatal en la economía? En gran medida, para despersonalizar la propiedad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria. Es evidente que la mayor parte del gasto  público no crea capital social, sino que se destina al consumo. ¿Por qué, entonces, arrebatar con una fiscalidad creciente a la inversión privada fracciones cada vez mayores de sus ahorros? También para que no haya ricos para satisfacer la envidia igualitaria. Lo justo es cada ciudadano tribute en proporción a sus rentas. Esto supuesto, ¿por qué, mediante la imposición progresiva, se hace pagar a unos hasta un porcentaje diez veces superior al de otros por la misma cantidad de ingresos? Para penalizar la superior capacidad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria. Lo equitativo es que las remuneraciones sean proporcionales a los rendimientos. En tal caso ¿por qué se insiste en aproximar los salarios? Para que nadie gane más que otro y, de este modo, satisfacer la envidia igualitaria. El supremo incentivo para estimular la productividad son las primas de producción. ¿Por qué, entonces, se exige que los incrementos salariales sean lineales? Para castigar al más laborioso y preparado, con lo que se satisface la envidia igualitaria. Y así sucesivamente. Juan Ramón Jiménez lo denunció en su verso famoso “Lo quería matar porque era distinto”; y el poeta romántico Young dio en la diana cuando afirmó “todos nacemos originales y casi todos morimos copias”. Al revés de lo que propugnaban Rousseau y Marx la gran tarea del humanismo moderno es lograr que la persona sea libre por ella misma y que el Estado no la obligue a ser un plagio. Y no es bueno cultivar el odio sino el respeto al mejor, no el rebajamiento de los superiores, sino la autorrealización propia. La igualdad implica siempre despotismo y la desigualdad es el fruto de la libertad. La aprobación por nuestras Cortes Generales de algunas leyes como la última de la Función Pública constituye un claro ejemplo de igualdad impuesta pues pretende equiparar a quien por capacidad, trabajo y méritos son claramente desiguales y sólo va a servir para satisfacer ese gran mal que constituye la envidia igualitaria. Frente a ella sólo es posible la emulación jerárquica: hagamos caso de la sentencia de Saint-Exupery “Si difiero de ti, en lugar de lesionarte te aumento”.
 FARO DE VIGO, 24 de julio de 1984
 A este tipo es al que han dado los españoles toda la capacidad del mundo para hundirnos en la peor de las miserias y no sólo económica sino también moral.

lunes, 28 de enero de 2013

Asesinos (II)

 Hace unos día titulaba yo por aquí un post como “Asesinos”.
Me refería claro está al PP y, a lo peor, a algunos de mis lectores les pareció que me estaba pasando de rosca y eso que hacía una definición de los que se consideran como tales, aquéllos tipos que causan la muerte a otros con premeditación y alevosía. No creo que tenga que explicar lo que significa premeditación, en cuanto a "alevosía" significa aplicar, en la comisión de un delito contra las personas, medios que tiendan a evitar la defensa que de sí mismos puedan hacer los ofendidos.
 Me viene a la memoria aquellos tiempos de oscuridad, en que, en Argentina, la dictadura de Videla puso en marcha una implacable maquinaria de matar que tenía su base principal en la Escuela de Mecánica de la Armada, la tristemente célebre ESMA.
 Hoy, España entera es una inmensa ESMA en la que se está matando de hambre y de falta de atención médica a una inmensa legión de seres humanos, que no ha cometido otro delito que el de existir y en la que gente como Rajoy, Aguirre y Mas no tienen reparo alguno en hacer lo mismo que propugna ese salvaje ministro japonés que el otro día nos conminaba a todos lo ancianos del mundo a que nos muramos de una puñetera vez para no gravar con nuestra indeseable existencia los presupuestos generales de nuestros Estados.
 El japonés, no obstante, hacía gala de una notable virtud de la que están ayunos todos los canallescos políticos españoles, la sinceridad, no sólo decía lo que pensaba sino también lo que estaba dispuesto, este asesino declarado, a hacer.
 Pero España, ya lo hemos dicho muchas veces, es el país emblemático de la mentira y el cinismo. No sé, no he conseguido descifrar las claves por las que este maldito reducto de miserables se ha constituido así. Pero el caso es que somos una gentuza tan mentirosa y miserable que se manifiesta incapaz de decir, como el jodido japonés, qué es lo que realmente piensa y qué es lo que está pretendiendo hacer.
 Es verdad que Rajoy nos dijo hace ya mucho tiempo, en 2 artículos publicados en El Faro de Vigo, que los hombres no sólo somos desiguales sino que también debemos de serlo.
 Es increíble que un político que piensa así haya hecho carrera aunque sea en el país más detestable del mundo. Porque su confesada ideología contradice frontalmente todo lo que se considera básico en la práctica de la actividad política. Nadie, que yo sepa, se ha atrevido nunca a postular que lucha, está luchando y luchará para que se perpetúe la desigualdad en contra de lo que se ha postulado universalmente en todas las declaraciones de los derechos del hombre, incluso su gran mentor y padrino, el inefable Fraga, aquél que firmaba sentencias de muerte junto con su Caudillo, no sólo no se atrevió a llegar tan lejos sino que, en la Constitución que nos endilgó, no tuvo más remedio que consagrar en su artículo 14 el derecho a la igualdad.
 Pero, eran otros tiempos, la ultraderecha que ellos representan, luchaba entonces por cubrirse con el falso manto de una democracia en la que no creían, no creen, nunca creerán, a fin de que se les admitiera en las corrientes políticas que pululaban por esa Europa de los mercaderes que llamamos Unión Europea y proclamaron cínicamente derechos que no sólo no admiten sino que aborrecen con toda su alma.
Pero la cuestión que hoy nos ocupa es:¿Qué diferencias hay entre aquella Argentina ahíta de asesinos y esta España de ahora abarrotada de criminales?
 Ninguna, porque, para mí, aquella gentuza mataba por el odio político a los que se alineaban a la izquierda y ésta de aquí mata, asesina, además de por eso por el ruin afán de ganar dinero cada vez más.
 Y para ello, a todas horas de todos los días, se cometen crímenes como éste que nos narra un médico de guardia en el servicio de urgencias de un hospital español de un hecho acaecido ahora mismo:
 ddie en enero 27, 2013 en 10:45 pm dijo: Editar
http://www.diario-octubre.com/2013/01/27/carta-de-un-medico-espanol/
CARTA DE UN MEDICO ESPAÑOL
”Ayer estuve de guardia en mi hospital público. Por la tarde me llama la residente de puerta para que vaya a valorar a una paciente que acababa de llegar. Me encuentro a una mujer de 45 años con mal aspecto, dolor abdominal, muy delgada…
 Tras la exploración y la ecografía le diagnostico un casi seguro cancer de ovario avanzado. Hay que hacerle todas las pruebas urgentes, así que le doy los volantes para que la citen y sea vista hoy mismo en la consulta de oncología ginecológica, como hacemos siempre.
 Se me olvidada contaros un pequeño detalle: la mujer se llama Irina y es rumana. Perdió su trabajo hace un año y con él, hace poco su tarjeta sanitaria. Ese detalle no lo tuve en cuenta ayer hasta que me avisaron de la Admisión de pacientes para decirme que no la pueden dar cita para ninguna prueba ni consulta ya que no tiene tarjeta sanitaria.
 Irina no podrá ser operada en ningún hospital público español y si no me he equivocado en el diagnóstico, morirá sin atención médica en menos de un año.
 ……Infinita la impotencia, infinita la rabia. No puedo olvidarme de su mirada al intentar explicarle lo inexplicable.
 Me niego a mirar para otro sitio cuando sucede una monstruosidad como esta.
 ME NIEGO A CALLAR”.
 ¿Es o no es un crimen, es o no es un canallesco asesinato el que se está cometiendo con esta paciente?
 Y lo cometen, lo están cometiendo, con ella y con otros millones de enfermos más, el desigual Rajoy, el aún más desigual Aznar, la desigualadísima Aguirre y su heredero el tal González, que le están negando a moribundos su legítimo derecho a la asistencia médica para así poder ellos seguir enriqueciéndose a manos llenas y comprarse tantos coches como la Ana Jaguar Mato, Ministra de Sanidad,  que ya no sabe cuántos son y qué marca tienen los que se acumulan en su garaje, o esos apartamentos en Marbella valorados(¿?) en más de 700.000 euros, de los señores Aznar y González, para que esta gentuza pueda seguir enriqueciéndose de esta abominable manera es absolutamente necesario que mueran retorciéndose de dolor por falta de atención a sus cánceres, millones de enfermos a los que ellos están asesinando directamente.

domingo, 27 de enero de 2013

2ª parte de La apoteosis de Goebbels. Fascismo o mafia. Las vellinas, una inmensa felación. Los mamporreros. “Adequaetio rei et intellectus”. La descomposición.Murdoch. Berlusconi.Lara y el conde de Godó. Marca y El Mundo. Los italianos. Mafia o fascismo. Andreotti y su “manca finezza”.

     "Pares cum paribus congregantur", los iguales se junta con sus iguales.
Llevo siglos diciendo que la prensa no es el cuarto poder sino el primero. Y aprovecho para afirmar también que la célebre clasificación montesquiana es, si no falsa, sí muy incompleta porque, además de faltar la inclusión en ella de la prensa, hay otros poderes que en ella brillan por su ausencia como es el puñetero poder económico.
Si nos atenemos al axioma marxista, el poder económico es el primero de todos los poderes porque, como dijo el celebérrimo judío alemán, todo es economía de manera que si Obama es hoy el emperador del mundo es gracias a esos millonarios que le apoyaron económicamente en su campaña electoral. Y, si Obama quisiera, ahora, ya elegido o reelegido, todo se iría al carajo, luego el poder que le situó a él en la Casa Blanca es el mayor del mundo porque comprende el del ser o no ser del Universo.
 El problema se complica porque, una vez elegido el presidente de los Usa, éste va designando a una serie de señores para ocupar puestos cuya relevancia es total. Uno de ellos es el Secretario de Defensa.
 Aparentemente, es el 10º hombre en la jerarquía del Estado puesto que sería llamado al poder en ese orden, pero, si pasamos revista a algunos de los últimos individuos que han ocupado el cargo, comprobamos que éste acumula un poder no ya gigantesco sino desaforado.
 Donald Rumsfeld y Dick Cheney fueron algo más que unos retratos colgados en unos determinado despachos, sin ellos en el Pentágono, tal vez la guerra de Irak nunca hubiera tenido lugar y millones de personas seguirían viviendo.
 Pero Cheney y Rumsfeld eran grandes jerarcas en el mundo del petróleo y éste fue, es y será absolutamente decisivo en la geoestrategia de los Usa.
 Pero yo no quería hablar de estos 2 grandes canallas sino de otro todavía peor, Murdoch, porque creo, como decía al principio, que ninguno de ellos  hubiera llegado hasta sus despachos si el patrón de Aznar no lo hubiera permitido.
 Nadie puede llegar realmente al auténtico poder si la prensa, de una u otra manera, no da su consentimiento. Y una buena y bien coordinada campaña de prensa puede incluso acabar con un gobernante que se halla temiendo morir de éxito, como nuestro inefable Felipe González.
 El ejemplo absolutamente decisivo es Berlusconi. Silvio es la negación del presidenciable: no reúne una sola buena cualidad para ello, posee en cambio todos los inconvenientes pero es el dueño de la mayor parte de los medios de comunicación italianos. Y ganó varias elecciones a la presidencia de su país sólo por esta última circunstancia y eso que era tan poco presidenciable que a pesar de ello fue destituido no por el pueblo sino por los organismos internacionales.
 Estoy seguro de que él se considera suficientemente compensado por el hecho de que todos los padres italianos iban todos los años a ofrecerle  sus hijas para “velinas”, es algo semejante a ese cuadro con el que yo, ayer, ilustraba mi post.
 En realidad, Berlusconi quería el poder para evitar la cárcel, estando, como estaba, sometido a varios procesos judiciales y gracias al poder legislativo ahí lo tenemos, triscando libremente por las verdes praderas sexuales.
 No es más grave lo que hace Berlusconi que lo que está realizando nuestro admirado Presidente. Ante la presión social ejercida por una serie de señoras magistradas, se inició el declive de este increible donjuán que no pudo resistir el embate de los peones de la Merkel.
 El sexual no es precisamente el problema de nuestro Presidente. Volvemos, otra vez, a Marx. Rajoy está arruinando al país hasta más allá de cualquier límite. Parece como si supiera algo que nosotros ni siquiera atisbamos porque muestra una prisa increíble, extraña, por realizar una labor de exterminio de las conquistas sociales que tanto costó alcanzar. Es evidente que se ha propuesto desmantelar totalmente el Estado del bienestar y lo está llevando a cabo con una extraña mezcla de prisa y determinación, como si temiera que algo se interpusiera en su camino que le impidiera culminar su canallesca tarea.
 Y está resultando totalmente inútil que la gente ya no tenga ni para comer, que los enfermos mueran antes de llegar a los hospitales, que los escándalos de corrupción se agolpen ante unos tribunales que han mostrado su total inutilidad.
 Porque Goebbels ha culminado su apotesis rampante, y sus epígonos, los Murdoch, Berlusconi, Lara, Ariza, Godó et alteri dominan el panorama desde sus puentes de mando, riéndose los canallas a mandibula batiente de este pueblo de mamelucos y de mamporreros.

sábado, 26 de enero de 2013

La apoteosis de Goebbels. Fascismo o mafia. Las vellinas, una inmensa felación. Los mamporreros. “Adequaetio rei et intellectus”. La descomposición.Murdoch. Berlusconi.Lara y el conde de Godó. Marca y El Mundo. Los italianos. Mafia o fascismo. Andreotti y su “manca finezza”.


 Comencemos por el principio, que, como todo el mundo sabe, era el Verbo y éste, qué puñetero, se hizo carne y habitó entre nosotros. De modo que Dios se metió entre nosotros, ¿dónde? En el corazón de las tinieblas porque todo lo sobrenatural es horroroso.
 Pero seguramente tenía que ser así porque de otro modo no se puede explicar lo que está ocurriendo: que los pájaros disparen a las escopetas, o sea, que Rajoy afirme que lo que él hace es sólo y todo lo necesario para salvar a España ¿de quién?, de quién va a ser, coño, de él mismo.
 Y esto lo dice mientras desaparece del mapa y entra y sale de los edificios a los que no tienen más remedio que acudir por los sótanos de los garajes y las puertas traseras, seguramente porque teme, con razón, que algún loco, al fin, haga algo.
 Pero ¿qué coño es realmente lo que se puede hacer, cuando Goebbels se ha impuesto, al fin, definitivamente por todos lados, porque ya no es sólo que el avieso Pedro Arriola, el hombre que realmente manda en el PP, como asesor aúlico, sino también en  España, haya dicho que hay que ponerse a hablar desesperadamente de los brotes verdes ahora que el FMI ha dicho, con toda la solemnidad del mundo, que el año 2.013 va a ser para nosotros, mucho peor que el 2.012, pero ¿qué coño sabe el FMI de economía, acaso no han pasado por allí Rodrigo Rato y Dominique Strauss-Kahn o es que no guardamos memoria de nada?
 De modo que Guindos se ha ido a Davos y ha proclamado el fin de la recesión y esa tía que nadie sabe de donde ha salido dice que los parados han aumentado un poco pero que eso es absolutamente positivo porque está científicamente demostrado que todo lo que sube tiene forzosamente que bajar porque si no, el cielo estaría ya lleno de tanto aparato, o sea que la cifra de los parados no es sino una gran mentira de no sabemos quién porque son ellos, coño, los del PP los que ahora mandan en todos lados, incluso en el Instituto Nacional de Estadística.
 El caso es que Rajoy dice que lo de los sobres a los jefes del PP es una puñetera mentira que Pedro J. se ha sacado de los tirantes porque la pérfida Esperanza se está impacientando de tanto esperar y exige ya que pasen cosas pero de verdad. Y la verdad, ya lo dijeron aquellos jodidos sabios tan antiguos, no es más que la “adequatio intellectus et rei” que, como todo el mundo sabe, quiere decir la concordancia de los que nos dice la razón con la jodida realidad, o sea, con toda esta puñetera mierda.
 Y, entonces, va Pedro J. y, cumpliendo órdenes de su jefa, dice lo que todos sabían y nadie decía, que en el PP se están repartiendo todo el dinero de España a manos llenas, bueno, a sobres llenos, gracias a una magnífica idea de Aznar, que, por cierto, dice que va a demandar a todo el que afirme esto por lo que yo no tengo más remedio que añadir que todo esto lo digo bajo la protección jurídica ésa del “presuntamente”.
 Por eso hablaba yo antes de los pájaros disparando a las jodidas escopetas porque resulta que Aznar ahora va a demandar al El País y Rajoy a El Mundo y, ah, coño, que se me olvidaba, el jodido Papa del madridismo dice, de esa manera tan sutil que él utiliza para decir las cosas sin decirlas claramente, que va a demandar pero que no lo hará al mayor de los voceros que el Real Madrid tiene, casi 3 millones de ejemplares, ni más ni menos que al Marca, porque el jodido mayor portavoz del madridismo afirma que los capitanes del RM han dicho lo que todo el mundo sabe “que Mourinho o ellos”, pero, joder ¿acaso este asqueroso panfleto no sabe que la verdad es lo único que un diario que se precie no puede decir en España?
 De modo que tenemos a Rajoy diciendo que El Mundo, el más furibundo y canallesco de todos los libelos nazifascistas de España, capaz de cargarse impunemente las sentencias de los tribunales en el caso de los trenes de Atocha, reiteradamente, o sea el no va más del fascismo, está intentando cargarse ni más ni menos que a ese partido, el PP, que no es sino la fidedigna encarnación del peor de los franquismos, o sea, el nazifascismo puro y duro, mientra Aznar afila ya sus demandas por su derechos al honor, a la dignidad personal y a la defensa de su propia imagen, a querellarse no se atreve porque sabe que es seguro que perdería, contra el otro gran diario de la patria, El País, ése que, en su afán de cargarse a Chávez cogió por los pelos una fotografía de un tío intubado para mostrarnosla como si fuera del bolivariano, porque el diario de Prisa ha contado lo que alguien le transmitió, que fue el propio subinspector de Hacienda pequeñajo el que ideó eso de los sobres con dinero negro para todos los jefes peperos, para no tributar.
 En fin, que Goebbels, el muy jodido, está el tío aquí, en España, que se sale, repitiendo miles de veces, hasta la saciedad, una serie de mentiras, dicen ellos, que son unos perfectos y contumaces mentirosos, porque éstas, pero qué puñeteras que son, acaban imponiéndose, si se repitan lo suficientemente, como verdades.


viernes, 25 de enero de 2013

Cambio de ciclo


 Ayer los diarios deportivos publicaban las ganancias de los clubes de fútbol. El Real Madrid, RM, era el 1º, con 512 millones de euros, seguido por el Barça con 480, apenas 32 millones de diferencia, algo absolutamente impensable hace muy poco.
¿Qué es lo que está sucediendo en este mundo, absolutamente básico en el orden de la política? Para el actual Nerón, o sea, Rajoy, o sea, Florentino es hoy mucho más necesario que nunca porque el “panem”, el pan, más de 20 millones de españoles viven ya bajo el nivel de la pobreza, ha bajado estrepitosamente, de modo que el otro ingrediente que impone el silencio de los borregos ha subido proporcionalmente, los “circenses”, los jodidos juegos circenses, en los que la asquerosa plebe, el populacho, a falta de otros esparcimientos menos canallescos acudía a ver cómo unos hombres mataban a otros o los leones se zampaban a los cristianos.
Sí, es cierto, los actores esenciales han cambiado mucho, pero sólo en lo superficial, ahora sus cualidades esenciales no son su capacidad para matar ferozmente sino ciertas habilidades deportivas plenamente determinantes. En lo demás, todo sigue igual, como quería el ínclito Lampedusa.
 Pero, si nos fijamos bien, la cosa no es tan diferente como a 1ª vista parece: las cataduras de algunos de ellos siguen siendo patibularias, con los mismos perfiles fisonómicos que hicieron al profesor Garófalo construir su teoría del criminal nato. Y algunos capataces de los equipos no ocultan en absoluto que su ideal no es otro que el de destruir físicamente al adversario deportivo.
 Yo, cada día, me asombro más ante esa innumerable caterva de falsos intelectuales que desprecian olímpicamente un fenómeno de masas que arrastra, como ningún otro, a millones de espectadores, capaces de dar su vida por uno de estos equipos.
 ¿Cuántos millones de individuos siguen apasionadamente a estos asquerosos clubes? Para esta gente, lo más importante en sus vidas no es su porvenir ni el de sus hijos, esto ha pasado a ser una cuestión secundaria más, que sólo les importa realmente en tanto en cuanto les puede permitir el acceso a su repugnante vicio.
Por el maldito fútbol hay ya gente que hace lo que ya casi no se hace por las históricas pasiones políticas. En las barras bravas argentinas se mata ya al enemigo futbolístico con verdadera fruición. ¿Qué diferencia hay entre esto y el circo romano? Y si la hay es a favor de aquel jodido circo.
 El fútbol es un artículo de muy primera necesidad para gente muy importante. Tanto que uno de los empresarios más poderoso de nuestro país, quizá incluso de Europa, ha decidido hacerse con las riendas del club más grande del mundo, que, además, le absorbe mucha ocupación y energía, que roba a sus antes fabulosos negocios que tal vez no sea por eso pero han comenzado a resentirse definitivamente. Sus empresas han iniciado una carrera descendente que este antiguo genio de las finanzas no sabe ya como detener. De manera que ha tenido que recurrir a la intervención de aquel otro genio  que se atribuye a sí mismo el reciente milagro español para que le ayude  a invertir esta desastrosa tendencia.
 El, menospreciado intelectualmente, fútbol es tan importante que los que dirigen realmente el cotarro tienen que intervenir continuamente para que sus cosas transcurran como es debido.
 Así, últimamente, en nuestro, país parecía que se consolidaba una tendencia irresistible a que el Barça se impusiera claramente al RM con efectos tan perversos colateralmente como el desánimo y la irritación del asqueroso populacho que iba enfureciéndose proporcionalmente, lo que hizo que los auténticos poderes públicos cursaran la orden: había que invertir la tendencia y las cosas cambiaron inmediatamente. 
 Manejar los resultados del fútbol es lo más sencillo del mundo, mediante sus jueces, los árbitros. El año pasado transcurrió en su integridad sin que este estamento jurisdiccional sancionara al equipo madrileño con un sólo penalti, y éste de los penaltis sólo es uno de sus indicadores, el más llamativo, pero no el más importante. Lo decisivo es que los jugadores del RM aprendieron rápidamente que tenían licencia para matar, y mataron. De manera que ganaron la Liga de calle.
 Pero lo jodido para ellos es que vivimos en un puñetero mundo virtual en el que todo sucede real y simultáneamente en los medios audiovisuales, que se presencia en todo el universo en el mismo momento en que se producen los acontecimientos, de manera que todo el mundo pudo presenciar en directo el asqueroso tejemaneje que en España se había montado en el puto fútbol.
 Y Blater, Presidente de la Fifa, que ha reconocido su madridismo, y Platini, que lo es de la Uefa, los 2 grandes organismos internacionales que dirigen el fútbol con mano de hierro, no tuvieron más remedio que intervenir y le dijeron al inefable Villar, [ése que, según nos recordaba Alfredo Relaño,  tumbó a Cruiff, santo y seña del Barça, de un puñetazo, en pleno partido, y sin esperar la resolución arbitral se fue a casa], que se había pasado de rosca y había mostrado ante todo el mundo mundial que España, al respecto, era peor que el país más bananero de todos.
 Le ordenaron que dejara las cosas como debían de estar, sin más intervención de la política nacional en el fútbol que la absolutamente indispensable, y los árbitros volvieron a pitar casi como deben de hacerlo y el RM pasó de ganarlo todo a perder en un mes no sé cuántos partidos, más que en todo el año pasado, y los asesinos carniceros comenzaron a recibir las tarjetas rojas que tanto se merecen y hasta creo que se han atrevido a pitarle un penalti en contra, disminuyendo considerablemente los que le señalaban a favor, total que andan a 18 puntos de su odiado rival, tal como debe de ser dada la diferencia de clase.
 Así que, efectivamente, parece que se está produciendo un cambio de ciclo pero no el que se esperaba.

calificacion de las entradas