domingo, 14 de abril de 2013

Reflexiones sobre el poder


     Maduro y Maradona se abrazam ante la tumba de Chávez
 Llevo siglos intentando enmendarle la plana al que, para mí, y otros muchos, ha sido el mejor de los filósofos contemporáneos, hasta tal punto que otros, envidiosos, como el propio Baudrillard, no han tenido más remedio que arremeter contra él, con su famoso texto “Olvidar a Foucault", en un vano intento de desprestigiarle no a él, que se desprestigiaba solo, era un conocido tal vez incluso ostentoso homosexual, cuya promiscuidad le condujo a morir de sida demasiado tempranamente para todos nosotros que nos quedamos sin él muy prematuramente, a mi entender, sino a sus revolucionarias ideas.
 El caso es que éste, que yo considero mi maestro, dijo muchísimas cosas del poder, que yo no sólo comparto sino que admiro, pero también otras que yo no acepto de ninguna manera como ésa de que hay también poderes buenos.
 ¿Qué poderes son los buenos, el de China, Cuba o Venezuela, los regímenes que yo acepto, o incluso, y para no irme tan lejos, el mío propio, el que yo ejerzo en mi propia familia? ¿De veras es bueno el poder en Cuba, o en China, o en Venezuela o el que yo ejerzo en mi propia casa, en el que, quizá, el que menos manda de todos soy yo?
 En China, Cuba y Venezuela el poder se ejerce sobre un montón de gentes que no lo aceptan, que lo consideran no sólo injusto sino quizá también incompetente, que están honestamente convencidas de ello y que, sin embargo, no tienen más cojones que aceptarlo bajo pena de exclusión e incluso de cárcel, entonces, ¿qué es lo que de bueno tienen estos poderes, aparte de fundamentarse en un ideario comunista que, para mí, es el más adecuado políticamente?
 Pero es que yo no puedo aspirar, y no aspiro, a ser el “homo mensura”, el tío que representa la medida de todas las cosas, sino un pobre y jodido tipo que tiene que convivir además de consigo mismo, que no es poco, con todos los que me rodean, cuanto más cercanos, peor, y que no quiere imponer, y no impone, sus ideas tiránicamente porque no sólo no me siento inclinado a ello sino que, además, creo que no me lo tolerarían porque en mi casa, sí, en mi casa, por ahora, todo funciona democráticamente y mis hijos, dos de ellos abogados, saben que el Código Civil establece a favor de ellos el derecho a alimentos y como, están enfermos ambos, les corresponde.
 Pero, volviendo al poder, el que yo ejerzo ¿es bueno? Y si lo fuera ¿para quién?
 La conclusión a la que yo he llegado, a pesar de mi maestro, es profundamente desoladora: mi poder, que se concreta únicamente ya en el económico, todos ellos dependen de mí, económicamente para todo, sólo ha servido para que uno de ellos me haya utilizado para poder vivir sin dar un puto golpe en toda su vida y tiene ya 50 años y la otra, postrada en una cama casi 20 años, me tiraniza amablemente exponiéndome continuamente sus muchas necesidades, que yo satisfago con el máximo gusto, entonces, ese poder económico sólo ha servido para perjudicar a mis hijos y no me digan que ha sido por mi propia debilidad, pues cuando yo he intentado utilizar la economía para domesticarlos, ellos, muy suavemente, me han hecho llegar su decisión de acudir a los tribunales para reclamarme alimentos.
 Y sé que alguien puede acusarme de blando por haber consentido que la situación haya llegado a este extremo pero aseguro que no lo soy, pero tampoco soy un loco que ha intentado comenzar una batalla que sólo Dios sabe cómo hubiera podido acabar.
 El asunto, lo aseguro, es de una complejidad casi absoluta, porque este aparentemente tío blandengue no ha dudado un sólo momento en solicitar la ayuda de la fuerza pública contra su propio hijo cuando ha sido absolutamente necesario. O sea que he ejercido mi poder con toda la dureza del mundo cuando no he tenido más remedio, al propio tiempo que pago las facturas de mi hijo para que no se muera de hambre, o de frío o acabe en la cárcel.
 Y todo esto a propósito del poder y de Foucault, tratando de desvirtuar su categórica afirmación de que también hay poderes buenos, ¿dónde está la bondad de mi poder respecto a mi familia, a mis hijos? Si les doy de comer sin que trabajen, los estoy echando a perder; y si los dejo morir de hambre seré un perfecto canalla porque ninguno de ellos, desgraciadamente, está en condiciones de trabajar.
 A lo mejor, hay un aspecto de la situación que se me escapa y lo malo es que ya no está aquí Foucault para demostrarme mi error, pero lo jodido del caso es que yo no lo veo y pienso que mi poder no es más que una trampa en la que nos hallamos cogidos los tres, mis dos hijos y yo.
 Y, ahora, me doy cuenta de que en todo este razonamiento resuena el eco de aquella maldita controversia filosófica sobre la inexistencia del bien, puesto que había gente que pensaba que en todo bien, si se mira adecuadamente, aparece por algún sitio el jodido mal.
 Y, ¿saben ustedes lo más curioso?, cuando comencé a pensar en este puñetero post lo hice tratando de plantearme la cuestión de que el fútbol mundial no tiene solución honesta porque ha devenido en instrumento para apaciguar a las masas más o menos hambrientas, como cuando Nerón "et alteri", y una cosa tan importante para la salud de la República nunca dejará el poder, el jodido, el canallesco poder que funcione honestamente porque entonces no le serviría para sus asquerosos fines.

4 comentarios:

Patrick Bateman dijo...

In)feliz día de la República.

Mucho ánimo,Lucía.
No se les puede llamar de otra manera a quiénes fomentan estas situaciones:asesinos.Y con premeditación y alevosía.Es una aberración constante a los derechos básicos que merece cualquier ser humano.

Es como usted comentó,don José,el tema de los (no)sorteos.Todos los puestos de poder y con capacidad de decisión e influencia están copados por miembros de LA MAFIA.

Un abrazo a todos.

Patrick Bateman dijo...

http://www.semana.com//opinion/articulo/el-mundo-senora-thatcher/339759-3

Acaba de morir Margaret Thatcher, la madre del neoliberalismo económico que hoy malgobierna el mundo. Los padres fueron unos economistas sin alma: Mises, Hayek, Friedman. Pero la madre fue ella: una política sin corazón y sin hígados, que como primera ministra de la Gran Bretaña entre 1979 y 19
90 se atrevió a poner en práctica sin contemplaciones las recetas despiadadas formuladas por ellos.

Privatización de las empresas y los servicios públicos, desregulación del sector financiero, reducción de los impuestos, recorte del gasto, desmantelamiento de las estructuras protectoras del Estado de bienestar en salud, educación, vivienda y empleo, y aplastamiento de los sindicatos.

Y reducción del papel del Estado al de guardián jurídico del funcionamiento sin trabas del mercado y guardián policiaco y militar de la seguridad interna y externa (el único gasto público que creció durante sus 11 años de gobierno, financiado por las regalías del petróleo del mar del Norte, fue el de defensa; en buena parte por las compras de armamento a la industria militar de los Estados Unidos).

Tal vez solo dos episodios del largo gobierno de la señora Thatcher no fueron causados por su política económica. La huelga de hambre de los presos del Ejército Republicano Irlandés (IRA), que terminó con la muerte de diez de ellos y exacerbó la lucha independentista en Irlanda del Norte; y la guerra de las islas Malvinas argentinas, o Falkland británicas, cuyo resultado colateral e inesperado fue el hundimiento de la dictadura militar argentina. Y estos dos episodios fueron los que le dieron la popularidad suficiente para ser reelegida dos veces en su cargo, y le valieron el remoquete admirativo de la Dama de Hierro.

Patrick Bateman dijo...

Lo parecía, idéntica como era a su efigie de cera en el museo londinense de Madame Tussauds, que se yergue vestida de azul al lado de su compañero de baile el presidente norteamericano Ronald Reagan. Y un casco de hierro parecía su peinado, mantenido inmóvil hasta en los atentados terroristas por la laca de un aerosol cuyos gases clorofluorocarbonatados tan dañinos resultan para la capa de ozono que protege la atmósfera.

Pues hasta allá llegaba la influencia de Margaret Thatcher como paradigma de estadistas de la segunda mitad del siglo XX, mucho más amplia que la que podía darle su menguante Gran Bretaña. Se extendía por cielo, mar y tierra hasta los Estados Unidos de Reagan, con sus ricos más ricos y menos numerosos y sus pobres más pobres y endeudados; la Rusia de Gorbachov, que con la desovietización iba a caer en manos de sus oligarcas gánsteres; la Unión Europea de los banqueros corruptos; el Japón de las burbujas estalladas; la China de Deng Xiaoping y sus gatos que cazan ratones.

Y, por supuesto, llegaba también a nuestras republiquetas de por aquí: el México de Salinas, que cuando firmó el acta de sumisión del Nafta con los Estados Unidos anunció que México era ya un país del primer mundo; la Argentina de Menem, convertido al cristianismo cuando descubrió que el Evangelio aseguraba que “siempre habrá pobres entre vosotros”; la Colombia de Gaviria, el que nos dio la “bienvenida al futuro”, y de sus sucesores hasta Santos, el de la “prosperidad para todos”. El modelo a escala de todo eso, el campo de ensayo, fue el Chile dictatorial en lo político y neoliberal en lo económico del general Pinochet y sus ‘Chicago boys’.

Del ejemplo de la señora Thatcher viene el mundo en que vivimos: más inequitativo, más insolidario, más corrupto, y en consecuencia más infeliz y peligroso. Regido por el egoísmo y la codicia, considerados por los neoliberales las virtudes primordiales, y que se miden ambas en dinero. Podría decirse de ellos, con Wilde, que “conocen el precio de todo y el valor de nada”; o, con Machado, que, como “el necio, confunden valor con precio”. Y que su filosofía se resume en el consejo que le daba a su hijo la mamá de Pablo Escobar:

– Haga plata, mijo.
La señora Thatcher falleció en una suite del hotel Ritz de Londres, en donde vivía por cortesía de sus propietarios, sus amigos los hermanos Barclay, dueños de una de las
más grandes fortunas de Inglaterra.

Patrick Bateman dijo...

http://www.icndiario.com/2013/04/15/pondran-el-nombre-de-margaret-thatcher-a-una-calle-de-madrid/

Mientras que en el Reino Unido se festeja en varios sectores de la población la desaparición de la dama de hierro- no muy querida por muchos de sus compatriotas- el Partido Popular pondrá el nombre de la fallecida ex primera ministra a una calle, espacio público o plaza de Madrid.

When Maggie Thatcher dies, es el tema que se canta en los estadios de fútbol ingleses y Ding, dong, la bruja ha muerto, se convierte en un éxito de ventas, mientras que en el Trafalgar Square se realizó este sábado un acto de festejo por la muerte de Thatcher que reunía a cientos de personas.

Margaret Thatcher, que el 2 de mayo de 1982 ordenaba arbitrariamente el hundimiento del buque argentino General Belgrano- que se encontraba en la zona de exclusión del teatro de operaciones de la guerra de las Malvinas y por lo tanto protegido de ser atacado- provocando la muerte de 323 soldados argentinos, 200 de los cuáles tenían entre 19 y 20 años, tendrá una calle en su honor en Madrid.

Thatcher dijo en su descargo algo que no justificaba su decisión: “Hundimos al Belgrano teniendo en cuenta que podía regresar y atacarnos, independientemente de su ubicación”.

Este lunes el PP madrileño aprobará en comisión la propuesta del Área de Las Artes, Deportes y Cultura para luego en el pleno, nombrar a una calle, espacio público o institución cultural de Madrid: Margaret Thatcher.

Según anuncios de medios de prensa, el PSOE e IU no votarán la propuesta de los populares y UPyD, por ahora no apoya la iniciativa.

Margaret Thatcher, que llegó a temer en 1982 que la guerra de las Malvinas provocará que militares españoles atacaran Gibraltar y en consecuencia ordenó reforzar las defensas del peñón, tendrá su homenaje por parte de las autoridades del ayuntamiento de Madrid.

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