domingo, 30 de junio de 2013

Carta abierta a Lisístrata

 Bueno, tengo que aceptarlo, forma parte de mi triste destino.
 Voy por la vida desagradando a las personas que más estimo, pero eso, sí, en absoluto tengo yo la culpa, todo lo contrario, soy la víctima de que la gente se haya acostumbrado a pensar a base de estereotipos.
 Hace unos meses, en un debate que tuve con mi mejor amigo, Futbolín, la persona fuera de mi familia a la que más aprecio,tuve que decirle, “y, ojo, Carlos, no cometas conmigo el error de creer que yo soy uno de esos tipos con los que discutes en Faceboot”.
 Mi querida Lucía, porque yo te seguiré queriendo aunque tú te vayas de aquí, esencialmente enfadada, como parece que estás, pero te juro por mis muertos que la culpa no la tengo yo sino tú, que me estás aplicando a mi todos esos jodidos estereotipos de las discusiones entre feministas y machistas y yo, coño, ¿cómo no te has dado cuenta todavía?, soy diferente.
 Y lo soy no porque mi pasta haya sido distinta sino porque mi jodida, mi puñetera, mi canallesca vida me ha hecho distinto.
 Mira, Lucía, yo ando por aquí con dos direcciones de email: una, jlpalazon0@hotmail.com y otra, elhijodelconde0@hotmail.com y el título que le di a la 2ª no es fruto de mi inventiva literaria sino el apelativo o mote por el que se me conocía hace ya 70 años en mi pueblo de Mula. Yo era allí el hijo del conde porque a  mi padre, el tío más exquisito y culto que yo he conocido en mi vida, le llamaban “el conde” porque el jodido además de sus modales absolutamente aristocráticos no había dado puto golpe en su vida.
 O se que las que sí que tuvieron que dar muchos golpes en la suya, las que se mataron trabajando como negras para sacarnos a nosotros, 3 hijos y 1 hija para adelante, fueron mi madre, una auténtica “madre coraje”, el tipo humano más valioso que he conocido en mi vida, mi tía, que dedicó toda su existencia a que yo pudiera estudiar y mi hermana, que trabajó como una fiera desde niña para que en mi casa comiéramos de vez en cuando.
 O sea, Lucía, que no era mera palabrería, jodida literatura, cuando yo escribía el otro día que por lo menos estas 3 mujeres no sólo me alimentaron y vistieron y cuidaron, mientras yo estudiaba como un jodido zángano, yéndose incluso las 3 de temporeras a la vendimia francesa, sino que los pocos días que convivían conmigo me hacían objeto del trato amoroso más grande y noble que yo he conocido.
 Mientras, mi padre, “el conde”, murió sin dar golpe.
 Yo, sí, en mis cortas, cortísimas vacaciones, hice los 7 cursos del bachiller con el examen de Estado en 3 años, mis días libres iba a la fábrica de conservas de Pepe Hernández a recoger los huesos de albaricoque y de melocotón que mi madre, mi tía y mi hermana, partían.
 No es la forja de un rebelde ni tampoco el Inglaterra me hizo así pero las he pasado canutas. Y tengo la absoluta convicción de que sin el denodado esfuerzo de estas 3 mujeres yo no sólo no hubiera estudiado sino que no estaría aquí porque me hubiera muerto de puñetera hambre, así, que venirme ahora aquí, las maravillosas feministas del mundo, a enseñarme a mi, qué es una mujer, hasta qué punto llega su capacidad de amor y sacrificio, de lo que son capaces, porque mi madre fue, a todo esto, una magnifica maestra de escuela y mi hermana la mejor actriz que yo he conocido, pero ninguna de ellas tuvo el menor inconveniente de ir a las vendimias francesas y a la fábrica de conservas de Pepe Hernández mientras yo, el canallesco  “hijo del conde”, seguía estudiando.
 A mi no tiene que venir a gritarme sus eslóganes ninguna sufragista porque yo soy más sufragista que ella; a mi no tiene que venir a pedirme mi voto para que se apruebe la ley contra los maltratadores porque soy hijo de maltratador y maltratada y sé lo que es eso de verdad, no lo he leído en ninguna novela ni lo he visto en el cine o en la tele.
 Lo que yo trataba de decir ayer en mi post pero ya advertía allí que es muy difícil es que mi sufragismo, mi feminismo, lo he mamado en las tetas de mi madre, lo he olido en su vestido traspasado de sudor cuando salía de la fábrica, y en sus ojos llorosos, empañados de dolor y cansancio, de modo, sufragistas, feministas, que yo soy, no lo dudéis un momento, el más furibundo partidario de los derechos, todos los derechos de la mujer, no sólo de la que es una lumbrera de la informática como mi hija Cristina, a la que los usanianos no renuncian a llevarse a Cabo Cañaveral, sino también de la que viene a fregar las escaleras del edficio en el que vivo, pero también lo soy, sí, y con qué cojones, para exigir a una magistrada que está abusando de sus facultades jurisdiccionales para proteger a un jodido pepero, que no abuse del derecho a la voz y al voto que mi madre, mi tía y hermana ganaron y ejercieron no sólo luchando en todos los ámbitos contra la opresión femenina que no le permitía, por ejemplo, a mi hermana estudiar como lo hacía yo, sino también yendo a cuerpo limpio a todas las manifestaciones que al efecto se organizaban y ahora ven como una tía que luce cada día un modelito, que hace sus sesiones de rayos uwa  y que acude a su despacho muy cerca de la una, protege a un jodido empresario estafador que ha chupado no ya el sudor sino también la sangre de todos los trabajadores que ha tenido.
 Por supuesto que éste no es el caso de la juez Carmena a la que he tenido el honor de conocer personalmente ni otros miles de juezas y abogadas y funcionarias judiciales, mucho más abundantes ya, gracias a Dios, que los hombres, mi requisitoria en forma de artículo, bajo el título de las superwomans, no iba contra ellas como tampoco contra mi madre, mi tía y mi hermana, a las que debo no sólo lo que soy sino también el hecho de seguir viviendo.
 A ti, Lucía, te ha ocurrido como a futbolín, que confundió también el culo con las témporas, y pensó que yo era socialista porque criticaba al 15 M por su postura neutralista y equidistante cuando el PP se preparaba para acceder al poder y hundirnos, como lo ha hecho, a todos en la puta miseria, y le exigía yo el acto de inteligencia política que supone admitir que en determinados momentos dialécticos la abstención es el peor de los crímenes,  como veo que le ha pasado también a Bateman, cuando admite tu acusación contra el supuesto hecho de que yo viera bien que la SICAR hiciera todo lo posible porque los hijos de los pobres llenaran la Tierra, al propio tiempo que, coño, alababa a China por limitar por Ley el número de hijos de las parejas.
 Es por eso que yo, a veces, siento la tentación de dejar de escribir para los demás y hacerlo sólo para mi mismo, por las limitaciones que tengo de lenguaje, pero, por otra parte, creo que sin la crítica de Lucía, aún radicalmente equivocada por no haber comprendido cuál es en realidad mi posición, yo nunca hubiera podido siquiera acercarme, tal como lo he hecho, a la clarificación total de mi pensamiento al respecto.
 Por favor, Lucía, te ruego a ti, como antes lo hice, parece que con éxito a futbolín, que no me apliques clichés ni estereotipos, yo soy lo  que y como soy, y no debes confundirme con otros por mucho que te suene mi canción, que, te lo aseguro, es completamente distinta a las que suele aparecer por esos jodidos foros de debate.
 Yo sería un mal nacido, el peor de los hijos de puta, un canalla con pintas, si aceptara como natural aquel formidable sacrificio de mis 3 mujeres, si no proclamara a los 4 vientos, si no luchara porque las mujeres que a hora sufren lo que ellas soportaron no pudieran tener acceso en igualdad de condiciones a las posibilidades de ser y de ocupar los mismos cargos que todos los jodidos varones de la Tierra.

sábado, 29 de junio de 2013

Las superwomans (IV)

Dedicado a Lucía M. Mur, por otro nombre Lisístrata, con todo mi afecto.
 Decía el que quizá sea el mejor de mi maestros que el hombre es una pasión inútil.
 Y cuanta razón tenía.
 Nos debatimos diariamente en una fuerte lucha a muerte, sin otro objeto que sobrevivir, en todo aquello que hacemos sin darnos, cuenta casi nunca, de que estamos vendiendo nuestra jodida vida al diablo no por la eterna juventud, sino por un poco, o un mucho, de dinero.
 Triste batalla la nuestra que no tiene otro objeto que adorar al canallesco becerro de oro.
 Allá, nosotros.
 Es por eso por lo que yo digo que lo que encanallece a las superwomans es su afán de masculinidad.
 Repito, con mi maestro: el hombre es una pasión inútil porque trata siempre de transcender sus límites, sus propios límites, la mujer es la puñetera, la jodida, la maravillosa realidad porque su inmenso corazón la obliga a actuar siempre dentro de sus límites sin más proyecto, sin más ambición que el de hacer felices a los suyos, hacer, por lo menos, que nazcan, que vivan, que sigan viviendo, no olvida en ningún momento que somos unos animales racionales y parlantes y vociferantes cuya principal y debería ser única misión es que la vida, esta vida animal siga viviendo.
Entonces, cuando uno de esos maravillosos animales se masculiniza, cuando la muy jodida piensa que su misión, que su función real o sea que la que la realiza es hacer de canallesco hombre, entonces, sólo entonces, la caga, porque ella es mucho más que el éxito profesional, funcional, social o político, todos ellos, en cierto modo, artificiales, sino esa pasión útil de hacer correr, seguir fluyendo y mantener la vida.
Cuando una mujer supedita su vida real, esencial, de ser custodia del impulso vital de la naturaleza humana al artificioso triunfo sociopolítico está traicionando su auténtica función, su misión natural esencial.
 El problema es, pues, cuando estas mujeres que alcanzan, con todo el merecimiento del mundo, y más, esos puestos tan importantes y relevantes que generalmente ocupan los hombres, la magistratura judicial, por ejemplo, hacen lo mismo que los hombres no ya por instinto de imitación sino de justificación o incluso de supervivencia  y llevan a cabo una impartición de justicia tan torticera o más que los hombres, como diciendo “eh, que yo lo puedo hacer tan mal como los hombres e incluso peor” y cometen la suprema irrisión de degradar al justiciable cuando deberían de ensalzarlo de alguna manera puesto que él es la victima totalmente inocente de un sistema insuperablemente inicuo de justicia.  
 No sé si me estoy explicando bien porque lo que quiero decir es realmente difícil.
 Un ser que no sólo es la vida sino la luz que ilumina nuestras vidas, nuestras madres, nuestras esposas, nuestras hijas e incluso, a veces, nuestras hermanas, de pronto, por un complejo de inferioridad absurdo, por un intento de justificación que en modo alguno necesitan, decide hacer lo mismo que los hombres, o sea, la injusticia más vil, la aberración moral de cebarse cruelmente con aquel que sufre la iniquidad del Derecho.
 Entonces, coño, toda la admiración que les profeso, todo el amor sin límite que inspiran, todas y cada una, se sienten tan defraudados que no puedo reprimir el impulso de escribir 1, 2, 3,...posts sobre las superwomans que, en realidad, debería de titular las infrawomans porque cuando hacen esto, cuando superan en iniquidad a los hombres, no sólo no son superwomans sino siquiera mujeres.
Cuando la mujer lucha contra el hombre y contra la sociedad y vence, cree que ha vencido, porque ya no sólo es como el hombre, ese perfecto canalla, sino que ocupa los mismos puestos que el hombre y hace lo mismo que el hombre, en realidad, ha perdido la mayor de las batallas puesto que, en realidad, se ha convertido en un hombre, es decir, en otro perfecto canalla o sea en un superhombre, en una superwoman.

lunes, 24 de junio de 2013

Las superwomans (III)


Decíamos ayer que una jueza de Gavá que seguramente como esas otras 2 que prácticamente han echado fuera de su profesión a un tío que fue  número uno en las oposiciones a judicatura con las que ingresó en la carrera judicial, o esa otra tal jueza Alaya que está metiendo a media Sevilla en la cárcel por haberse los jodidos mangantes del Psoe alzado con el santo y la limosna en materia de las pensiones andaluzas, decíamos ayer, coño, y seguimos diciendo ahora que la justicia es una arma cargada de futuro.
 Porque el futuro, mis queridos señores, es ya presente, el PP se ha hecho, al fin, bajo la exquisita batuta del hombre que ha conseguido ocupar ese cargo que lució el inefable Fraga con mucho orgullo en su amplia solapa, la embajada de nuestro país en Londres, al lograr la mayoría absoluta y la presidencia en el que es, sin duda, el más importante de los órganos que el 2º gallego más ilustre creó, el más supremo de todos los supremos tribunales en la nación cuyos órganos jurisdiccionales han sido más veces reconocidos como los mejores del mundo, por mor del de la Inquisición.
 Si el Derecho es el quicio sobre el que gira la puerta del Estado, todo éste es ya propiedad del PP.
Y esto hay que admitirlo con la mayor de las gentilezas porque lo ha conseguido civilizadamente, esta vez, no como aquellas otras en las que lo hizo con la fuerza de las armas.
 Lo que no es admisible es el encarnizamiento con el que la juez Alaya persigue a muerte a todos esos delincuentes del Psoe mientras sus compañeros de judicatura y fiscalía, los fiscales son los mejores números de las promociones de jueces, hacen de abogados defensores del Sr. Blesa, que el solito se pulió, si son ciertas las cifras de lo que se han tenido que poner para solventar su pufo en Cajamadrid,  23.000 millones de euros, que, por mucho que gran parte de ellos se lo haya llevado el Real Madrid para “alante”, son el mayor daño que nunca nadie haya hecho individualmente a la economía española, por lo que el ahora famoso juez Elpidio debería de haber sido objeto de la erección de un monumento.
 Todas estas mujeres son superwomans no por conocer de asuntos de gran importancia o significación sino por su modo de hacerlo.
 La de Gavá, conociendo lo que Messi significa o representa para todos nosotros, los barcelonistas, para los que es mucho más que un crack, incluso yo me atrevería a decir que un dios, porque nos hace más felices que a cualesquiera otros sus religiones, podía haber llamado a Messi y familia a declarar privadamente, ahorrándole lo que se ha dado en llamar pena de paseíllo, por similar a la que dicen que se impone a los que se les abre el juicio oral penal y se tienen que sentar en el banquillo de los acusados, pero, claro, eso hubiera supuesto todo lo contrario de lo que se pretendía, el escarnio del ídolo de los cientos de millones de fans del Barça, del equipo que le ha arrebatado limpiamente al Madrid la corona de mejor club de fútbol del mundo.
 En cuando a las dos miembras, ya sé que suena mal pero también que así les gusta más a ellas que las llamen, de la Sala de la Audiencia que ha ridiculizado al juez en el que concurren ni más ni menos que las siguientes circunstancias: una, ser premio extraordinario de la licenciatura de Derecho, casi “ná”, número uno en la oposición de ingreso a la carrera judicial, más casi “na” aún, y el tío con los cojones suficientes, incluso algunos dicen que está loco por ello, para atreverse a empurar ni más ni menos que al compañero de pupitre de Aznar, otro, porque el tío ha tenido muchos compañeros de tal clase, en la preparación de la oposición a inspectores de Hacienda y no sólo  eso sino que también las sacaron juntos y fue codestinado con él a una ciudad del Norte, de cuyo nombre no me acuerdo, en la que incluso alquilaron piso en el mismo edificio y en la misma planta, circunstancias casuales que el genocida premió luego haciéndole presidente de la Caja de ahorros más importante de España, como luego se ha visto.
 Pues, bien, ambas señoras magistradas de la Sala han puesto especial empeño no ya sólo en ridiculizar al juez Elpidio José Silva, sino en denigrarlo por completo situándolo mucho más abajo aún que a los pies de los caballos, diciendo con el mayor cachondeo que este juez, con tan brillante curriculum, era una puñetera mierda que copiaba sus argumentos jurídicos, en las resoluciones que dictaba, ni más ni menos ¡QUE DE WIKIPEDIA!
 Y ustedes tal vez digan, “oiga, bueno, no es tan grave” y yo les respondo que sí, que es muy grave, quizá lo más grave que jurisdiccionalmente se haya hecho nunca porque el respeto de los magistrados entre ellos es mucho más aún que sacramental, existiendo en su particular axiología una norma, la primera, que dice: “ay de aquel que se atreva a rozar siquiera a un juez con la más ligera de las plumas del ala de un ángel, más le valiera atarse una piedra al cuello y arrojarse de cabeza al mar”.
 De modo que el exabrupto de estas señoras magistradas contra su compañero de profesión es mucho más que brutal.
 Pero, coño, es que ellas son unas superwomans.

domingo, 23 de junio de 2013

Las superwomans (II)

"A Messi hay que pararlo por lo civil o por lo criminal"-Eduardo Inda, director de Marca, el diario de mayor tirada de España.
Si algo es un juez es una voluntad dominante.
Quiero decir algo mucho más que un ser libre porque puede imponer su voluntad a los demás.
La relación de un/una juez con la Ley es única: hace con ella lo que quiere puesto que tiene la facultad de interpretarla libremente.
Usted y yo, no. Usted lee el precepto no matarás y sabe ya que si lo contradice por lo menos irá a la cárcel; un juez, en cuanto juez, no.
Lo que estoy tratando de decir es que, respecto a la ley, todos tenemos que cumplirla menos ellos. 
Ellos la interpretan, e interpretar es descifrar, desentrañar el sentido más profundo de las cosas y una cosa, por ejemplo, es la ley.
 O sea que los/las jueces son, como nosotros, unos aprendices de filósofos en el más corriente sentido de la palabra.
 Cuando son honrados, cuando son sinceros, tratan de saber lo que la jodida ley quiere decir. Porque a veces, ellos/ellas dicen que no ha matado en realidad el que lo ha hecho en defensa propia, por ejemplo, y dejan que el criminal se vaya libre. O el que comete un hurto famélico, por poner otro ejemplo, de una conducta prohibida por la ley penal sin pena.
 Pero, otras veces, estos dueños de la ley son extraordinariamente crueles.
 Tomemos el caso de Messi. Puedo afirmar sin temor a error que todos los que piensan mal de Messi son unos canallas.
 A lo peor resulta, luego, que Messi es efectivamente un defraudador y tengo que comerme todas estas palabras, pero para mí Messi será siempre un niño eterno que juega al balón con una puñetera pelota de trapo en su calle.
 Si ahora resulta que también es un tipo asqueroso que ha montado o consentido que le monten un plan para no pagarle a Hacienda los impuestos que debe de todo lo que gana, seguirá siendo un tipo que juega a la pelota incansable y maravillosamente a la puerta de su casa, que es lo mismo que hacía yo en mi infancia sólo que lo hacía muy mal porque no tenía su talento.
 Messi no ha inventado las leyes, ni siquiera una de ellas. Messi, desde que nació, no ha hecho otra cosa que jugar a la pelota incansable y maravillosamente, si los demás han otorgado a esa facultad que él ha tenido siempre la posibilidad de generar ingentes cantidades de dinero él no tiene la culpa. La culpa fue de aquel maldito tango, ya que él es argentino.
 Quiero decir que Messi no tiene la formación fiscal suficiente ni las ganas ni la tranquilidad para ir por ahí inventando la forma de defraudar al fisco mediante trampas más o menos fiscales como ésas mediante las cuales los que más ganan no pagan nunca a Hacienda como presumía Rodrigo Rato de sus amigos ante la interpelación de otro diputado socialista que le acusaba de propiciar una ley para que sus amigos, los de Rato, no pagaran a Hacienda, "mis amigos", le dijo el ex  director del FMI, "no pagan, no han pagado, no pagarán nunca a Hacienda porque para eso estamos, hemos estado y estarán siempre los expertos fiscales".     
 Y entonces va una juez o jueza de Gavá y le monta un cirio a Messi porque unos funcionarios de Hacienda, seguramente madridistas y que por tanto aborrecen a ese eterno niño que juega incansablemente con su pelota de trapo, le han pasado unos papeles de los que se deduce que el pequeño e incansable futbolista no le paga a Hacienda todo lo que debe, como todos esos otros deportistas que sí que le caen simpáticos a los funcionarios de Hacienda que mucho me temo que sean casi todos madridistas, pero una cosa es que Fernando Alonso defraude al fisco español como también lo hace su gran amigo, también madridista, Rafa Nadal, como también lo hicieron Arantxa Sanchez Vicario y otros tantos que no tuvieron la desgracia de jugar en ese equipo que se quiere ir de España porque dice que aquí le tratan muy mal sólo porque da la puñetera circunstancia de que es mejor que el Madrid, y otra cosa es que lo haga un maldito hijoputa culé.
 Y la puñetera juez o jueza de Gavá dice que a ella todo esto plin que duerme en pikolín y que el que la hace la paga siempre que no sea del PP porque no sólo hay clases sino también leyes y distintas maneras de entenderlas y practicarlas como decíamos al principio y también ayer, porque ella seguramente es una superwoman que quiere cobrarle a Messi la cuenta de ser un jodido hombre, pequeño y feo, pero que juega al fútbol como los ángeles si es que estos jodidos seres no sólo existen sino que también juegan a la condenada pelota, tal como hacía yo tantos años ha que ya no me acuerdo.
 Jodida superwoman.

sábado, 22 de junio de 2013

Las superwomans


 No me cansaré nunca de decir dos cosas: una, que soy el tipo más izquierdista que conozco, o de que tengo noticia, y dos, que soy también el más feminista.
 Toda la felicidad que el mundo, esta jodida vida, me ha proporcionado me ha llegado a través de las mujeres, así como también casi todo el amor; sólo 3 hombres me han aportado el cariño, el afecto que yo, como uno de los seres más desvalidos del mundo, necesito.
 Y todo esto viene a cuento porque todo lo que voy a decir a continuación soy perfectamente consciente de que huele a antifeminismo.
 Y es que la historia de la actuación social de la mujer es casi siempre la de un profundo resentimiento, absolutamente justificado, por supuesto.
 Hay varias leyes materiales que pueden aplicarse perfectamente a lo inmaterial: la de Lavoissier, en la naturaleza nada se crea ni se destruye,  sólo se transforma y la del principio de acción y reacción.
 Decía yo de pasada, el otro día, que la mujer siempre ha estado bajo la potestad de alguien: “in manu patris” o “in manu mariti”, bajo la potestad del padre o la del marido.
 Lógicamente, en virtud del principio de acción y reacción, dentro de su alma se ha generado un espíritu de independencia no sólo natural sino absolutamente necesario.
 Pero, socialmente, todos los sentimientos que se crean nunca desaparecen, luego, espontáneamente, sino que se transforman, así el lógico espíritu de independencia femenino se ha convertido en un fortísimo sentimiento reactivo antimasculino, que no es sino el natural y compensatorio al sentimiento de posesión y paralela sumisión que siente el jodido macho de la más jodida aún especie.
 E igualmente como se heredan, según las leyes de Mendel, las características que constituyen los distintos biotipos, asimismo se ha ido heredando, de generación en generación, ese sentimiento animadversivo de ir a por el hombre, generando una predisposición irreprimible de atacar al hombre que de alguna manera se les somete, en un intento reactivo de compensar aquellas terribles y antinaturales situaciones históricas.
 Y lo peor de esto es que la mayor parte de las veces este sentimiento feminista es absolutamente inconsciente.
 Las mujeres suelen admirar, y mucho, a los hombres que se lo merecen pero lo hacen a su manera, es decir, los admiran, sí, pero a pesar de ser hombres.
 "Mis" mujeres, todas las mujeres de mi vida, aunque tal vez debería denominar "mis señoras", a las que, como ya he dicho, debo lo poco de felicidad que ha habido en mi vida, me han querido y bientratado a pesar de ser hombre. Sólo una de ellas era mi madre real pero todas se han comportado conmigo como si también lo fueran.
 Alguna me han querido y se han sacrificado por mi mucho más que mi auténtica madre.
 ¿Por qué? Porque yo he sido siempre un tipo evidentemente desvalido y eso ha propiciado la expresión de sus sentimientos maternales.
 He vivido ya toda mi existencia y a lo largo de ella sólo 3 jodidos hombres se han comportado conmigo tan generosamente, con esa anulación de su propia identidad e intereses, en virtud de su afecto hacia mi.
 Pero ese afecto y ese altruismo, tan reales de por sí, estaban lastrados por una suerte de conmiseración, lo sentían y lo practicaban a pesar de que yo con mi absoluto desvalimiento-siempre he mantenido intacta mi condición infantil-era un jodido miembro de la casta maldita, los varones.
 Y todo esto para decir cómo últimamente he presenciado como 3, por lo menos, superwomans, se han cebado judicialmente, con verdadero encarnizamiento, desde su estrado de jueces, con aquellos varones que han tenido la suprema desgracia de sentarse frente a ellas jurisdiccionalmente.

jueves, 20 de junio de 2013

Hamlet, El Quijote, El proceso, Joseph K, Garzón, Elpidio José Silva, Neymar y Messi (I)

 Anarquismo, nihilismo, escepticismo, positivismo, objetivismo, realismo.
 Estamos, todos, inmersos en la más sangrienta de las batallas que, además, es absolutamente decisiva y no sólo no participamos en ella sino que ni siquiera la percibimos.
 Franz Kafka, junto con Shakespeare y Cervantes, que conocieron como nadie la puta naturaleza humana, dedicaron todas sus puñeteras vidas a intentar describírnosla pero su intento fue una especie de gratuito “divertimento” porque ellos, en su afán de artistas, se preocuparon, y mucho, de acentuar, de sobreponer lo artístico sobre lo real, olvidando, u obviando, la suprema advertencia de ese poeta menor, junto a ellos, que fue Jaime Gil de Biedma, el primo de la cólera de Dios, cuando, enfermo mortal de sida, nos dijo aquello de “ojo, que la vida va en serio”.
 Y tan en serio, coño. Junto a lo que le está ocurriendo a Elpidio José Silva y lo que le sucedió a Garzón, El proceso de Kafka, el Hamlet de Shakespeare y el Quijote de Cervantes no son más que eso, unos jodidos “divertimentos”, escritos por unos puñeteros “dilettantes”, que se aburrían mortalmente porque no tenían otra cosa mejor que hacer.
 Porque escribir unos folios sobre la angustia que experimentaba un tío que se sentía objeto de un proceso judicial, del que no sólo ignoraba su naturaleza sino también el motivo y el tribunal ante el que se tramitaba, es realmente un juego de niños si se compara con la realísima angustia de unos hombres que son, o fueron, objeto de un proceso real, concreto, mortal, que les están tramitando, o tramitaron ya, no unos seres absolutamente desconocidos, por un motivo más desconocido aún, sino sus propios compañeros de profesión, cuyas artes y procedimientos ellos conocen mejor que nadie porque los han practicado ellos también durante toda su jodida vida profesional, o sea, coño, que ellos saben, o sabían, que la cosa iba en serio, tan en serio que se estaban jugando su propia y puñetera vida.
 Junto a la angustia real de un tío que sabe que lo que está en juego es su jodida, su puñetera vida, el sueño, la pesadilla de un ingente poeta no es más que eso, poesía, un juego que si no es de niños, casi.
 De pronto, una mañana, Garzón se halló con que una serie de familiares de las víctimas de Fanco le llenaron las mesas de su juzgado de querellas contra ni más ni menos que el franquismo, siendo éste la base piramidal de la justicia que él mismo, Garzón, ejercía, practicaba.
 No, desgraciadamente, no era un mal sueño, lo que se dice una pesadilla, sino el hecho más concreto y real que pueda producirse, ser juez de instrucción en España y que una serie de personas absolutamente desamparadas que no encuentran los restos de sus padres, hijos o hermanos, se planten ante ti y te digan: “eh, juez, deja  ya de ocuparte de cosas menores y coge de una puñetera vez el que es sin duda el proceso más importante de España, en el que lo que se va a juzgar no es si fulanito le debe a menganito tantas pesetas, sino qué es y cómo es el sistema político que nos gobierna”.
 Decía yo ayer que Garzón y Elpidio están locos y me equivocaba radicalmente. Lo que ocurría, cuando ellos se decidieron a intentar cumplir con una obligación que justificaría para siempre sus propias vidas ante ellos mismos, es que estos dos hombres se encontraron en la más jodida de todas sus encrucijadas y no tuvieron más "güevos" que decirse “o me doy de baja como ser humano o cumplo con una obligación que yo asumí un día voluntariamente y por la que llevo cobrando y muy bien un montón de años”.
 La mayor parte de los asquerosos seres humanos que poblamos este inmundo charco hubiera dictado un auto en el que se dijera ese jodido “no ha lugar” y se hubiera ido al bar de la esquina a tomarse unas cañas.
 Pero estos 2 sujetos no son de esa condición. ¿Dignidad profesional, amor propio, soberbia? Sí, efectivamente, un poco, o un mucho, de todo ello, el caso es, o fue, que dictaron aquel jodido auto admitiendo a trámite la o las querellas.
 Y así comenzó su calvario. En España los molinos del franquismo no son tales sino auténticos gigantes que, además, son invencibles no sólo porque juegan siempre en su propio campo, sino porque además todos ellos son árbitros y jugadores al mismo tiempo, o sea que es absolutamente imposible ganar.
 Y ellos dos, los muy jodidos, lo sabían mejor que nadie porque ambos participaban, todos los canallescos días de su vida en la dichosa trama.
 Por eso su conducta, además de suicida, es heroica, no poética, porque no hay poesía donde anidan todos los bajos instintos del alma humana sino que constituye una de las cimas de la literatura dramática.
 Lo dos sabían, saben, que iban, que van a morir pero no podían, no pueden, hacer otra cosa. No se trata del destino de Tántalo, ni de Sísifo, sino el todavía más jodido aún de Prometeo, saber que están haciendo todo lo posible por liberar a los hombres de la peor de sus esclavitudes, la jurídica, y que todo su ingente y desesperado trabajo no sólo va a ser completamente inútil sino, además, contraproducente, porque cuando ellos concluyan su tarea, el ciudadano, el hombre, todavía estará más encadenado aún a su jodida roca.
 Y, sin embargo, lo tenían, lo tienen, que hacer y lo hicieron y lo hacen, sabiendo como sabían, como saben, que su destino es el más triste del mundo, no sólo la derrota en una batalla que nunca podrían ganar, sino que el oprobio y la deshonra, todo lo formal que se quiera, pero deshonra, al fin, les acompañarán para siempre, ya que, a partir de ahora, sus vidas serán las de unos fantasmas sobre cuya existencia real se dudará siempre.

martes, 18 de junio de 2013

Canción triste en el Palacio de Justicia o ¿por quién doblan las campanas?

    El juez Elpidio José Silva
 Hace ya la friolera de 3 años que escribí mi post “Réquiem por el juez Garzón”, hoy, sería demasiado fácil escribir otro titulado “Réquiem por el juez Elpidio José Silva”, del que ya escribía yo el otro día que la suya era la crónica de una muerte anunciada, pero, por seguir utilizando estas frases hechas, que son, por otra parte, tan expresivas, voy a utilizar ahora no una sino dos de éllas: “canción triste en el Palacio de Justicia” y “¿por quién doblan las campanas?” Y ya, de antemano, les anuncio que doblan por todos nosotros.
 Yo no sé lo que han sentido todos ustedes cuando han leído todos esos párrafos que el juez Silva ha escrito y que constituyen el más terrible de los alegatos que nunca jamás se haya escrito en el mundo por un juez.
 Y claro está que no tenía más remedio que escribirse en España, porque, se lo aseguro, no hay otro país en el mundo civilizado, en el que la justicia sufra tanto escarnio como aquí.
 Pero hay algo que voy a anticiparles a ustedes, leo una a una todas sus palabras y les juro por mi vida que no las creo, porque me parece imposible que un hombre en esa posición se haya atrevido a escribirlas porque ahora, sí, ahora sí que es inevitable ya su sacrificio en ese ara del altar vacío desde que en él se oficiara el de Garzón.
 Lo que, aquí, en España, ellos han dado en llamar justicia, ya no tiene otro remedio que ejecutarle porque, si no, esto significaría que tiene razón y, al día siguiente, habría que cerrar todos esos teatros en los que se escenifica el peor de los simulacros.
 Porque son simulacros todos esos solemnes actos en los que se dice que se imparte justicia. Nunca se hace así incluso en aquellos procesos en los que la justicia formal coincide plenamente con la real porque esto sucede entonces por pura coincidencia porque el espectáculo está montado con otras finalidades muy distintas.
 La justicia oficial no tiene por objeto ni mucho menos hacer que se satisfaga esa natural aspiración del cuerpo social a que el orden natural de las cosas coincida con la realidad. 
 Ni una sola vez sucede así de modo que cuando las leyes cumplen con su natural función de que el orden sociopolítico coincida con la realidad que aquéllas pretenden tutelar se hace incluso con cierta irrisoria destemplanza.
 Y, así, hemos visto que cuando ha sido necesario que el Tribunal Supremo cambie su doctrina jurisprudencial para que el mayor banquero del Reino no sufra una justicia que estaba ya cantada por el pueblo, el más alto de nuestros tribunales no tuvo empacho alguno en cambiarla.
 Y así “ad infinitum”.
 Por eso, a los que sabemos de qué va esta cosa, nos causa tanta extrañeza que miembros tan consagrados ya de la trama, que ocupan un puesto relevante en la administración de justicia del país, cometan esta locura increíble de enfrentarse abiertamente contra ese mismo inatacable sistema del que forman parte indisoluble.
 Ni Garzón ni Silva han podido pensar siquiera en que les iban dejar actuar impunemente así.
 ¿Se han vuelto locos, entonces? 
 Yo creo que sí.
 Y es que la locura está muy cerca de todos estos hombres que se han acostumbrado a que lo que ellos dicen sea un auto de fe sacramental, algo mucho más que un dogma puesto que goza de la fuerza coactiva de todo el poder del Estado.
 Nadie puede acercarse tanto al fuego íntimo del Poder sin quemarse en el intento.
 Y, una vez locos, lo más probable es que pierdan el sentido de las proporciones y crean realmente que ellos son en sí mismos el más fuerte de todos los poderes del Estado y entonces, como esas polillas suicidas, se acercan demasiado al poder y arden en un instante con un fulgor destelleante.
Por ahora, sólo son dos casos, Garzón y Silva, pero es extraño que este drama tan grotesco como significativo no suceda con más frecuencia, porque el poder consume al que lo ejerce como la más activa de las llamas.


domingo, 16 de junio de 2013

Tristes ausencias.(I)


 Un ensayo sobre el amor propio.
 Amor propio es el amor que uno se tiene a sí mismo.
 Parece algo de lo más natural pero no lo es.
 Dicen que el amor es ciego, pero no lo es tanto.
 Nos amamos tanto porque nos novelamos, o sea, hacemos una novela con nuestra propia vida, en la que el personaje principal, nosotros mismos, es realmente apasionante.
 Y creo que hemos llegado al punto neurálgico de la cuestión. Cada uno de nosotros piensa de él que es un tipo realmente interesante cuando realmente no es más que un pobre hombre o una pobre mujer.
 Y, entonce, cuando los demás nos tratan como ellos realmente nos ven, estallamos en cólera y lo mejor que hacemos es romper con ese tipo tan avieso que piensa tan mal de nosotros.
 Pero ¿quién tiene razón, ellos o nosotros?
 Ésta es la pregunta cardinal porque, en lugar de responder, como es debido, ellos, todos, sin excepción, creemos que somos nosotros lo que tenemos razón en ese debate que se abre con los demás respecto a nuestra propia personalidad.
 Y, ahora, es absolutamente indispensable abrir el debate sobre el concepto del valor, o sea, establecer una jodida escala de valores, una axiología.
 Para unos, el valor rey, el valor principal, es la libertad, para otros, la igualdad y para mi, la justicia.
 De modo que los hay que se autojustifican pensando que ellos no le deben nada a nadie porque son libres.
 Y otros que creen sinceramente que hacen más de lo que deben porque, a pesar de que son tan diferentes, aceptan que los otros los traten como iguales.
Pero los hay también, más bien pocos, que pensamos que el valor supremo de todos los valores es la puta justicia.
 Y no la jodida justicia individual, propia y exclusiva, ésa que se concreta en aceptar cada día que lo que tenemos no es más que lo que merecemos, no.
 La auténtica justicia es la universal, la de todos, aquélla que atribuye a cada uno de nosotros lo que realmente le pertenece.
 Y esta justicia es sagrada porque en ella se basa el correcto funcionamiento del universo.
 Pero es casi inalcanzable porque se opone pugnazmente al jodido amor propio.
 ¿Hay realmente alguien que no tenga amor propio?
 No. Todos lo tenemos e incluso es bueno que así sea porque, si no, el asco que nos tendríamos tal vez fuera insoportable porque es muy duro, por las noches, cuando te aseas para irte a dormir, ver a aquel tipo delante de ti, y pensar y saber que es un individuo realmente repugnante.
 Y no sólo se acepta sino que se considera un tipo verdaderamente insuperable.
 Y no es más que una asquerosa piltrafa humana, que no tiene de tal más que la apariencia porque ser humano significa cumplir a rajatabla la máxima de Terencio: “homo sum, et nihil humanum me alienum puto”, soy hombre y pienso que nada humano me es ajeno.
 Sí, está bien, pero ¿cuál es la esencia de la humanidad?
 La esencia de la hombreidad, si se me permite el palabro, es precisamente ésta: ser hombre y serlo significa que todo lo que le hace distinto a los demás animales alcance en él su plenitud.
 O sea, si es un animal político, según el padre de todos nosotros, los que pensamos, actuar en todo momento como tal, como sujeto activo y pasivo de un ser esencial, eminentemente colectivo, lo que, de contrario, supone renunciar para siempre a su jodida individualidad, o sea, coño, renunciar de una puta vez a su egoísmo, a su rabioso amor propio.
 O sea, ser, sobre todo, para los otros, para los demás.
 Coño, que parece que me ha salido algo así como una de las partes del resumen de los mandamientos, aquello de amar a Dios sobre todas las cosas y el prójimo como a nosotros mismos, amén, pero no es eso, no es eso, como diría Ortega.
 Mañana, si puedo, seguiré desarrollando el tema que ya será interesante porque iré repasando, uno por uno, todos los personajes con los que me he cruzado por aqui, en la red y que son ya muchos e interesantes, para bien o para mal, cada uno de ellos ha tenido una influencia decisiva en que yo me comporte como lo hago.

viernes, 14 de junio de 2013

Asesinos y asesinos

                                    El celador de Olot.
 Estoy intentando encontrarle un sentido a la vida, desentrañar lo que ocurre porque, si no lo hago, todo será como decía el jodido Shakespeare, una historia llena de ruido y de furia narrada por un idiota y yo me niego rotundamente a participar en una cosa así.
 De todo lo que he leído últimamente lo único que tiene sentido es la conducta de ese asesino múltiple, el celador de ese asilo de ancianos de Olot, que iba dando muerte a los que cuidaba, y según él, amaba, y al que un jurado popular ha declarado culpable de asesinato.
 Por eso, parodiando a Hamlet, escribo: creer o no creer, o pensamos que esta jodida vida que sufrimos tiene un sentido o, si no, cogiendo el instrumento que tengamos a mano, ir haciendo, en la medida de nuestras asquerosas fuerzas, lo poco que podamos.
 Yo, hoy, me siento un poco como el asesino de Olot. Mi mujer sigue avanzando en ese camino sin retorno que es el alzheimer. ¿Qué sentido tiene lo que estamos haciendo, no hay un sólo minuto del día en que esté tranquila, parece como si miles de demonios se hubieran apoderado de su cerebro y se dedicaran a machacarla en todos los sentidos y a cada instante?
 Entonces, ¿qué sentido tiene prolongar una existencia que no supone sino el ingente dolor que le producen no sólo sus delirios sino también esa consciencia que, a veces, la aflige de su propia situación?
 He hablado del asesino múltiple de Olot, que los médicos han declarado sano y normal y al que, por tanto, no se le podrá aplicar la eximente completa de enajenación mental, pero también podría mencionar ahora a uno de mis personajes favoritos, Arthur Koestler, el autor del maravilloso El cero y el infinito, que sentó a su mujer frente a él, el salón de estar de su casa, y consumieron el número de pastillas somníferas suficientes para irse al otro mundo sin dolor, fieles a su militancia en un grupo partidario de la buena muerte que creo que se denominaba a sí mismo “Exit”.
 No es nueva esta querencia mía sobre el suicidio. Hace ya 50 años que mi comedia El suicida fue finalista del premio Arniches de Teatro del Ayuntamiento de Alicante. 
 Entonces, como ahora, pienso que, como nos dijo Albert Camus, autor de una de las novelas que más admiro: El extranjero, (en la que nos demuestra el absoluto absurdo que es esta jodida vida), que el suicidio es la única salida noble y lógica de esta existencia.
 Porque ¿qué sentido tiene que sigamos haciéndoles el juego al canallesco Rajoy y al no menos canalla Rubalcaba, soportando una existencia que sólo a ellos beneficia, puesto que los ratifica en las cumbres de esas dos pirámides de la ignominia que son el PP y el Psoe?
 Ya que, según parece, no somos capaces en absoluto de hacer lo que nos aconsejaba Hamlet, de rebelarnos contra la injusticia y haciendo armas contra ella, rebelarnos y acabar con ella, quitémonos de en medio limpiamente, o sea, voluntariamente, como han hecho ya esos 4.000 griegos y esos casi 5.000 españoles que nos han precedido por el único camino que parece que nos queda. 
 Lo contrario no es sino esperar la muerte mansamente como los cerdos, chapoteando asquerosamente en el fango.

miércoles, 12 de junio de 2013

La doble o triple moral de la derecha respecto al hecho del nacimiento humano.

                  Carlos Cano y Marinaleda
 El "nasciturus", el que va a nacer, se tiene por nacido a todos los efectos que le sean favorables.
 Qué buenas son las madres ursulinas, qué buenas son que nos llevan de excursión.
 ¿Por que se lleva la protección al que va a nacer hasta el extremo de condenar a muerte a la madre, y al crío, una vez nacido, se le desprovee de todos los derechos que le harían igual al resto de los nacidos?
 Para la ultraderecha nazi francofascista, la sociedad se fundamenta en dos esenciales derechos: el de propiedad y el de sucesión.
 Cuando el influjo del axioma de Lampedusa no había surtido todos sus hipócritas efectos, los legisladores definían a la propiedad como el derecho de usar, disfrutar e incluso destruir la cosa objeto de dicho derecho: “utendi, fruendi atque abutendi re sua”, nos decía aquel derecho tan civilizado que fue el romano. Era semejante a ese otro salvaje derecho que hacía a la mujer mera propiedad del marido "omnia que mulieris fuerunt viri fiunt", todo aquello que fue propiedad de la mujer pasa a serlo del marido, y que no era sino la directa consecuencia de que la mujer siempre esta en manos de otro, "in manu patris", en la mano del padre, o "in manu mariti", en la del marido,lo que culminaría en el salvaje "la maté porque era mía".
 Lo que estoy tratando de decir pero seguramente lo digo tan mal como siempre, o peor, es que esta canallesca y criminal gentuza, que es la que hace las leyes, lo realiza siempre arrimando el ascua a su asquerosa sardina porque a mí me parecería muy bien que, con objeto de tener más súbditos y fieles, tanto Estado como la Iglesia fomentaran la natalidad que no otra cosa es ese desmesurado interés por proteger los derechos del "nasciturus" si no fuera por el absoluto desinterés que muestran ambos en ese mismo sentido cuando dejan de proteger descaradamente al que era "nasciturus" cuando ya ha nacido y entonces en lugar de considerarlo acreedor a un derecho igual de propiedad al de cualquier otro hijo de vecino sólo por el hecho de haber nacido sin haberlo pedido él, se le condena a la desigualdad y a la miseria por mor de ese conjunto absolutamente canallesco que forman el bienio maldito de la propiedad y su complemento la sucesión.
 Y que conste que soy plenamente consciente de que me estoy enfrentando no sólo al pensamiento radical de la peor de las ultraderechas sino incluso al de las benditas clases medias que se horrorizarían sólo al pensar que un gobierno decente dejara de tutelar para siempre el derecho de sus hijos a ocupar por las buenas los bienes raíces que ellos habían adquirido con el sudor de sus laboriosas frentes.
 Los bienes raíces, o sea el derecho de propiedad sobre la superficie de la Tierra, es, en mi modesta opinión, el origen de todos los males que nos afligen porque para apropiárselos, toda esta canallesca gentuza que gobierna el mundo ha tenido que crear un derecho “ad hoc”, es decir, sacarse de la manga un derecho inexistente porque yo, por supuesto, tengo, y exijo, que el dinero que yo gané con mi trabajo en 6 sitios a la vez, vaya a parar a las muy necesitadas manos de mis hijos, dos de los cuales son enfermos graves e incurables, pero a lo que no puedo aspirar yo, ni nadie, es a que, con ese dinero, yo adquiera para siempre, para toda mi dinastía, uno o varios trozos de la superficie de la Tierra, porque ésta pertenece por igual a todos los que han nacido sobre ella y que por el mero hecho de haber pasado de “nasciturus” a “nacidos en realidad” no pueden perder todos esos formidables derechos que tenía para vivir aquél que sólo era una esperanza de vida frente a una criatura ya nacida y en plenitud de posibilidad de crecer y desarrollarse y no condenada a morir de hambre y de frío en los arrabales de una de nuestras inmensas y siniestras ciudades.
A esto creo que algunos lo llaman comunismo, yo pienso que sólo es derecho natural, o sea, uno de los derechos inalienables que el hombre adquiere sólo por el hecho de nacer, o sea de que lo arrojen en medio del mundo contra su voluntad y no como mano de obra lo más barata posible para sus  abusivas empresas sino como un ciudadano que puede disponer de los bienes que constituyen la superficie de la Tierra en igualdad de condiciones con sus otros coetáneos, sin que nadie le pueda expropiar de este derecho nunca. O sea que propiedad exclusiva del dinero y de los bines de uso y consumo, sí, de los llamados bienes raíces o inmuebles, no, éstos serán siempre de la propiedad del Estado u otras entidades públicas y serán también siempre de uso y disfrute común, al menos  teóricamente.
¿Comunismo? Pues, sí, a lo mejor.
 Después de haber escrito el post anterior, al ir a buscar un encarte gráfico para él, he hallado este texto que no me resisto a incluir aquí:
 "Por su misma naturaleza, la tierra es propiedad común y nuestras leyes y tradiciones ya dan testimonio reconociéndola como tal. De hecho, esto se ha reconocido ampliamente por un número sorprendente de pensadores grandes de muchas culturas.
El principio de "dominio eminente" afirma la demanda superior de la sociedad a la tierra. La constitución del estado de New York (USA) declara: "La gente del Pueblo, en su derecho de soberanía, poseen la original y última propiedad en a a todas la tierras entre la jurisdicción del Estado." Ley Inglesa y Americana reconocen generalmente propiedad absoluta de bienes - pero no de tierra. La ley se trata del "dueño" de tierra como un terrateniente - tierra se mantiene baja la soberanía del pueblo y es sujeto a sus condiciones.
Para alcanzar el estado de propiedad común de tierras, Henry George proponía que la renta de tierra se pague a la comunidad. Este pago expresa la cantidad exacta que satisfaría los derechos iguales de todos los miembros de la comunidad. Los individuos mantendrían sus títulos a la tierra, y su garantía de tenencia y posesión segura. Este método de hacer la tierra "propiedad común" también se puede llamar "propiedad privada condicional de tierra" (con pago de la renta a la comunidad), al contrario de "propiedad privada absoluta de tierra" (con la renta guardada en manos privadas)". http://www.prosperidad.org/reme1.htm

calificacion de las entradas