jueves, 29 de agosto de 2013

Los hijos de Fraga

 Llevo siglos diciéndolo: la Constitución española es un tampantojo, o sea, un señuelo que se sacó del bolsillo una de las personas más perniciosas para este país que se llamó Manuel Fraga.
Ya sé, ya sé, ya sé que además de Fraga hubo en aquel conciliábulo incluso algún tipo del partido comunista pero¿quién sabe los compromisos que Carrillo tuvo que firmar para que le dejaran vivir casi en paz en aquella horrible España de 1.978?
 El otro día, en las sagradas Cortes españolas, se intentó que ese gran canalla que es Rajoy rindiera cuentas ante los españoles por haber mentido en sede parlamentaria a la ciudadanía, tal como se dedujo de la declaración de Cospedal, la secretaria general del PP ante el juez Ruz, uno, por cierto, de mi temas pendientes, en la que dijo que la continuidad de Bárcenas en el PP, después de su cese como senador, se pactó en el despacho de Rajoy, entre éste, Javier Arenas, Bárcenas y su mujer, siendo así que el impresentable del presidente de gobierno había afirmado en el Congreso que la relación del tesorero con el PP había concluido hacía ya no sé cuanto tiempo.
 Y el presidente del Congreso, que, legalmente,  no es un funcionario del PP sino de todos lo ciudadanos españoles, sea cual fuere su partido político, en lugar de admitir la solicitud que al respecto le había hecho el grupo parlamentario UPD, la desechó de plano, incumpliendo así la obligación principal de su presidencia del Congreso de que éste cumpla con la función de control del gobierno.
 Es por eso que el grupo parlamentario de Upd intentará por todos los medios que se produzca una reprobación de la cámara a su presidente por haber olvidado que él no se debe en modo alguno a la función de proteger al PP, en cuyas filas milita, sino a protegernos a todos nosotros de todas las posibles canalladas que Rajoy y sus congéneres cometan contra este pueblo de borregos que, en su día, les votó mayoritariamente para que apretaran aún más el dogal que ciñe nuestros cuellos.
 Es por eso por lo que yo rechazo con todas mis fuerzas una Constitución que impide controlar al gobierno cuando éste goza de la  mayoría absoluta de las cámaras, como Fraga sabía que iba a ocurrir siempre, dado el sistema electoral con el que iba a proteger a los partidos de derechas.

lunes, 26 de agosto de 2013

La involución sistemática, la revolución conservadora, es preciso que todo cambie para que todo siga igual, el emperador Jones, panorama desde el puente, los justos, las manos sucias, cui prodest, decisión final: la confesión de parte.


  Lo he dicho mil veces: no creo en los científicos, que venden su alma al Diablo por un jodido plato de lentejas, no creo en los sacerdotes que drogan a los pueblos, ni a los juristas que dictan leyes que sólo tienden a su esclavitud, sería de locos hacerlo en los militares, meros asesinos vocacionales, o en los políticos, la estupidez más grande de toda la Historia.
 Sólo creo en los poetas, que buscan la verdad a través de sus corazones heridos.
 Hace ya no sé cuántos miles de años que Eugene O'Neill escribió El emperados Jones, con un Obama sangriento huyendo de la memoria de sus crímenes, al propio tiempo que Albert Camus El extranjero, La Peste, El estado de sitio y Los justos, mientras Arthur Miller creaba Las Brujas de Salem y nos mostraba la inmensa tortura del hombre moderno con La muerte de un viajante, contemplando el Panorama desde el puente, lo que llevó a Sartre a experimentar  La náusea.
 Pero, de vez en cuanto, los juristas, sin querer, aprietan la tecla adecuada y erigen como principio inderogable para averiguar la verdad el ¿”cui prodest”?, ¿a quién aprovecha?, que nada menos que Séneca utilizó en el primer acto de su Medea para establecer indubitablemente quiénes eran los autores de los crímenes: “cui prodest  scelus, is facit”, al que aprovecha el crimen es quien lo ha cometido.
 Y todo esto para decir que, para mi, quien ha gaseado a esas víctimas inocentes de Siria que no participan de ninguna manera en la lucha por el poder sino que sólo la sufren, es o son aquel o aquellos a quien ese crimen de lesa humanidad beneficia, o sea, a los Usa o a sus agentes en el conflicto.
 Porque ¿en qué cabeza cabe que el Asad, sabiendo que tiene en contra a la Onu, que puede en cualquier momento declarar una guerra santa contra él, que, en realidad, está deseando hacerlo para así favorecer los intereses de su fundador y sostenedor ecónomico, ofreciera a todos sus enemigos, que son la mayoría y los más poderosos, esta magnifica ofrenda en bandeja de oro?
 Es de locos. Los autores de la gasificación son los mercenarios que las potencias occidentales han enviado a allí para que realicen un trabajo que ellas no pueden llevar a cabo descaradamente porque esto significaría establecer ya para siempre quienes son los culpables del derramamiento de toda la sangre en el mundo.
 Y, ahora, invoco otro de los grandes principios jurídicos: hay que creer aquello que una de las partes en el litigio expone espontáneamente:
 Veamos lo que nos dice libremente ese elegantes “gentleman” que fue Allen Wels Dulles, el dilecto hermano del gran John Foster Dulles, el cerebro que dirigió la política del general Eisenhower cuando fue presidente de los Usa:
«Sembrando el caos en la Unión Soviética sustituiremos sus valores, sin que sea percibido, por otros falsos, y les obligaremos a creer en ellos. Encontraremos a nuestros aliados y correligionarios en la propia Rusia. Episodio tras episodio se va a representar por sus proporciones una grandiosa tragedia, la de la muerte del más irreductible pueblo en la tierra, la tragedia de la definitiva e irreversible extinción de su autoconciencia. De la literatura y el arte, por ejemplo, haremos desaparecer su carga social. Deshabituaremos a los artistas, les quitaremos las ganas de dedicarse al arte, a la investigación de los procesos que se desarrollan en el interior de la sociedad. Literatura, cine, teatro, deberán reflejar y enaltecer los más bajos sentimientos humanos. Apoyaremos y encumbraremos por todos los medios a los denominados artistas que comenzarán a sembrar e inculcar en la conciencia humana el culto del sexo, de la violencia, el sadismo, la traición. En una palabra: cualquier tipo de inmoralidad. En la dirección del Estado crearemos el caos y la confusión. De una manera imperceptible, pero activa y constante, propiciaremos el despotismo de los funcionarios, el soborno, la corrupción, la falta de principios. La honradez y la honestidad serán ridiculizadas [como] innecesarias y convertidas en un vestigio del pasado. El descaro, la insolencia, el engaño y la mentira, el alcoholismo [y] la drogadicción, el miedo irracional entre semejantes, la traición, el nacionalismo, la enemistad entre los pueblos y, ante todo, el odio al pueblo ruso; todo esto es lo que vamos a cultivar hábilmente hasta que reviente como el capullo de una flor.
Sólo unos pocos acertarán a sospechar e incluso comprender lo que realmente sucede. Pero a esa gente la situaremos en una posición de indefensión, ridiculizándolos, encontrando la manera de calumniarlos, desacreditarlos y señalarlos como desechos de la sociedad. Haremos parecer chabacanos los fundamentos de la moralidad, destruyéndolos. Nuestra principal apuesta será la juventud. La corromperemos, desmoralizaremos, pervertiremos (…)».
Allen Wels Dulles
Extracto del libro The Craft of Intelligence (El arte de la Inteligencia, 1963).
Dulles fue director de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) entre 1953 y 1961.

sábado, 24 de agosto de 2013

De como un fascismo de partido, ayudado por una prensa absolutamente fascista, se convierte en un fascismo de gobierno.

 ¿Qué fue lo esencial del fascismo? ¿Su ambición de poder ilimitado? ¿Su identificación del pueblo con el Estado? ¿El totalitarismo? ¿Su exacerbación del poder?
En un principio era el Fascio, y el Fascio se hizo carne y habitó entre nosotros.
El fascismo es el estado natural del hombre. 
Desde que nace, siente el impulso malsano de acumular todo el poder posible, el famoso instinto de dominación, que, poco a poco, se hace irresistible.
Si uno posee todo el poder económico, si a éste le une, el poder político, si no contento con eso, le añade el poder doctrinal, si identifica al pueblo que gobierna con un inmenso rebaño de borregos, si considera que todo está permitido, el robo, la estafa, el abuso de poder, establecer como el más sagrado de los dogmas que el partido, y no sólo cuando gobierna, es el titular de las esencias de la Patria y que ésta es la destinataria natural de todo el esfuerzo de la ciudadanía y esto se concibe como una religión tan dogmática que considera toda desviación como el peor de los sacrilegios, entonces, no sólo hemos llegado al fascismo sino que lo hemos superado ampliamente.
Porque el fascismo supone, por tanto, la inversión de todos los valores puesto que, frente al humanismo clásico, “homo sum et nihil humanum mihi alienum puto”, soy hombre y por lo tanto considero que nada humano me es ajeno,  impone la supeditación del individuo al poder totalitario de la plutocracia.
Lo que sucede es que desde Lampedusa, el fascismo, como la mafia que en realidad es, ha dulcificado sus formas para facilitar su penetración, su imposición y su discurso se ha hecho mucho más melifluo pero no más tolerante.
Ahora, los plutócratas exigen la radical desaparición de todas las garantías sociales, que los antiguos fascismos incluso asumieron, sin que se le caiga la cara de vergüenza porque la vergüenza política ha dejado de existir de tal manera que los más significativos “ideólogos” de este nuevo fascismo ya no tienen reparo siquiera en propugnar que los desheredados, los parias, los trabajadores que llegan al paro en una premeditada estrategia para abaratar el precio del trabajo, si pasan todo tipo de calamidades, “se jodan”, y esto no sólo lo gritan los miembros de ese falsario Parlamento que sólo trata de maquillar al régimen, sino los directores de los diarios que pretenden aborregar aún más a las masas.
 Y el poder que detenta ya esta clase tan canallescamente fascista es tal que su actual dirigente no se corta un pelo al afirmar que la igualdad, base de la ciudadanía del Estado, no sólo no existe sino que no debe existir tachándola incluso de una aspiración envidiosa, y que, en una sociedad bien estructurada, los únicos valores dignos de estimarse  son el nacimiento y el mérito.
 O sea que esta gentuza que nos gobierna por turnos inatacables, sostiene que el Estado, como en la vieja Roma, debe de organizarse por castas mediante una regulación absolutamente endogámica, de tal manera que los hijos de los dirigentes políticos hereden las poltronas de sus padres al propio tiempo que sucede lo mismos con las de los jueces, abogados del Estado, notarios, registradores, etc., del mismo modo que los menesterosos, aquellos que según Cristo heredarán la Tierra, se sucederán unos a otros automáticamente mediante la más sangrante ley de bronce del trabajo.
 Es un esquema sociopolítico mucho más aberrante aún que los que impusieron los viejos sátrapas fascistas Hitler, Mussolini y nuestro tan añorado Franco, puesto que éstos dulcificaron la extremada dureza de sus regímenes con medidas tan populistas como populares: las fiestas de exaltación del trabajo y de los trabajadores.
 Ahora, no, ahora, como antes dijimos, a los trabajadores se los anatematiza, de tal manera que cuando llegan al paro, impulsados por esa fuerza centrífuga y premeditada que busca, sobre todo, abaratar los salarios, se les grita sin ninguna clase de disimulo que "se jodan, coño, que se jodan".

sábado, 17 de agosto de 2013

MP2


 En las declaraciones de ayer de Martínez Pujalte, MP, había una pregunta latente y otra expresa.
 Ayer mismo, tratamos de contestar a la pregunta latente, ¿dónde coño, Bárcenas, has puesto todo mi dinero?, hoy, vamos a intentar responder a la pregunta expresa ¿de donde coño has sacado tanto dinero, mi querido Luis?
 Y ésta sí que es una pregunta interesante, la más interesante que puede hacerse, porque 50 millones de euros, por ahora, que se sepa, son muchos millones y no salen de cualquier parte.
 El, Bárcenas, ha dicho que tan colosal fortuna la ha obtenido jugando  en la Bolsa.
 ¿Plausible? En absoluto, porque en la Bolsa, todo este tiempo, nadie, absolutamente nadie ha ganado porque todos los valores sin excepción se han hundido, luego nadie ha podido ganar.
 Pero es que, además, hay una manera fácil de probarlo, mostrar las copias de las órdenes a sus Bancos para comprar y vender los valores.
 O sea, que no, que no van por ahí los tiros.
 Es la tercera vez, que recuerde, que le hago, al amigo Luis, la cuenta.
 Sólo hay dos posibilidades: o Bárcenas se lo llevaba crudo, como ahora se dice, o sea, se llevaba limpiamente todo lo que entraba en Caja, o sea, como decíamos ayer, las cuentas del inefable Cantinflas, "de diez me lleno una, pero como se va a notar, me llevo, las diez" y de ahí las indignadas protestas de M. Pujalte, o el tesorero infiel le aplicaba a su empresa una comisión por las ganancias que generaba, tal como yo hacía cuando trabajaba en Telefónica, aquí, la comisión era del 15% de toda la publicidad en la Guías telefónicas que yo contrataba.
 Si aceptamos como buena esta última hipótesis, El Cabrón, tal como sus propios compañeros le llamaban, si amasó una fortuna que, por ahora, asciende a 50 millones de euros, que se sepa, fue porque:
si a 100 le corresponden 15
es porque a x le corresponde 50.000.000 euros, 
de donde x es igual a 50.000.000. multiplicados por 100, 5.000.000.000 euros que dividido por 15=3.333 millones de euros, salvo error u omisión.
Yo no sé, nunca fuera de él lo sabre nadie, los millones de euros que atesora el PP, lo que sí que sé es la ira furibunda que todo el PP siente por este Cabrón, según ellos, que los está poniendo en tal evidencia que ti estos tipos tuvieran sólo un átomo de vergüenza se habrían ido todos, cogidos de la mano, a un sitio en el que nadie supiera nada de sus andanzas.
 Pero no se irán porque vergüenza no es que no la tienen sino que ni siquiera saben qué es.
 Lo que sí que harán es lo que ya están haciendo: preguntar desaforadamente a todo el mundo qué hay de lo suyo tal como está haciendo en tal Pujalte, porque lo suyo es el resultado de la mayor rapiña que partido alguno haya hecho en ningún sitio a través de la historia.
 Y ahora tratarán, cada uno de ellos en su parcela, de recobrar lo que el tal Bárcenas les debe y como no se sabe, todavía,  donde está el resto ni como van a poder ellos echarle mano, se afanarán todavía más, si es que es posible, en rapiñar todo lo que puedan a fin de compensar este desfalco que el hombre de su mayor confianza ha realizado, como hubiera hecho cualquier otro de ellos, en el mismo caso.

viernes, 16 de agosto de 2013

Un pillo imbécil y la aritmética de Cantinflas

 Esta gente es tan asquerosamente rastrera que ahora viene, llega y dice el ínclito Martínez Pujalte, MP, que dónde coño ha metido Bárcenas su puñetero dinero, que lo diga ya de una jodida vez.
 Él no lo ha dicho así exactamente sino que yo lo estoy traduciendo.
 El Martínez Pujalte, MP, éste es economista. Yo, también. Todos somos economistas porque todos nos preocupamos mucho del dinero, tanto que algunos sólo viven para eso, tales: el propio Martinez Pujalte y el propio Bárcenas.
 El PP no es otra cosa que una máquina de afanar dinero, como tan bien dijo un día el jodido Forges, que todos estaremos de acuerdo en que es un genio, un genio del mal para los que son del PP, un genio genial y bueno para los que sólo somos personas normales, o sea, decentes.
 El caso es que a Martínez Pujalte le sucede lo que a todo el mundo, coño, un tipo como él no puede ser una excepción ni siquiera esa puñetera que confirma la regla, de modo que el tío, usurero como del PP, anda muy jodido no por la gigantesca estafa sociopolítica que Luis el cabrón, como dicen ellos mismos, los suyos, que le llamaban, sino por donde coño han ido a parar su dinero, joder, que el dinero no era, no es del jodido Bárcenas sino de todos ellos, coño, los del PP, porque el PP era y es la empresa, coño, la jodida empresa de todos ellos y de pronto, se enteran todos, leche, de que Luis el cabrón, se ha ido de naja con todo lo suyo, y de eso, nada, chavales, ellos, los del PP, están siempre dispuestos a lo que sea, menos a que uno de ello, de la misma partida se alce él solito con todo el botín, porque ellos, los del PP sí que saben echar las cuentas no son como todos nosotros, los demás, carne del timo y de la estafa, que sólo hemos nacido para esto, para que cuatro ladrones sinvergüenzas salgan de naja con todo lo nuestro, con todo lo de los españoles, porque esta gente no se lleva sólo lo del jodido Camp, en Valencia, ni lo del no menos jodido Jaume Matas,en Mallorca, ni lo del Cotino, ese, que ha llenado toda España de residencias de ancianos para que, al final, todos vayamos a morir allí, a sus canallescas manos, no, no,ni mucho menos, se tienen que llevar, se deben de llevar, según ellos mismos, todo, y cuando escribo todo, escribo todo, coño, que parece que ni siquiera sabemos los demás leer.
 No hay, no debe de haber nada, en toda la jodida España, que no sea suyo, que no les pertenezca por ley, que para eso la hacen ellos mismos, vease, si no, lo que viene haciendo desde hace tanto tiempo el jodido Rajoy con toda esa legislación sobre los registros de la propiedad, que no es ni más ni menos que su próximo destino ya que a esta vaca a él ya no lo queda nada por ordeñar,entonces ¿de qué coño nos quejamos nosotros, los robados, los hijos de Eva, si hemos venido al mundo sólo para eso, para que nos roben, por eso se enfada tanto el jodido M. Pujalte, cuando comprueba que el cachondo de Bárcenas descubrió que si su destino, como el de todos los del PP, era el de robar, había que hacerlo a gran escala, siguiendo la teoría aritmética del gran Cantinflas en aquella maravillosa película, cuyo nombre, que más quisiera, no recuerdo, cuando se pone a hacer cuentas y dije el tío con toda la gracia del mundo: “de diez me llevo una, pero como se va a notar, me llevo las diez”.
 Esta es no la aritmética de Bárcenas, ni tampoco la de Rajoy, sino la de todos esos tipos del PP que, como M. Pujalte ahora, vienen, llegan y preguntan, como aquel del dicho, “y de lo mío, qué?, porque “lo suyo”, lo de todos ellos, los del PP, es precisamente todo lo nuestro, que es suyo con toda la legitimidad del mundo que para eso inventaron ellos, y hacen, todas las jodidas leyes, por eso han luchado todos ellos, como un solo hombre, lo que se llama solidariamente, fueran de la jodida procedencia que fueran, con un par de cojones, no sólo para imponer la irresistible fuerza de su poder económico y militar, sino para consagrar como un paradigma irrebatible, la más canallesca de todas las ideas, ideologías: la panglossiana de que vivimos en el mejor de los mundos posibles, y de que no hay otra manera de hacerlo que establecer dos clases sociales inatacables y para siempre, la de los empresarios y la de los trabajadores, la de los capitalistas y los proletarios, la de los dominantes y la de los dominados, la de los dueños de todo y la de los esclavos para siempre, porque, como dice el ínclito Rajoy, la igualdad no existe siquiera ni en la más elemental naturaleza y es la propia desigualdad, unida al mérito, lo único que justifica, lo único que puede justificar la propiedad exclusiva de lo que inicialmente quizá pudiera considerarse de todos, pero que, hoy, después de años, de siglos, de propiedad exclusiva y exclusivista, no sólo es el statu quo social sino la implantación de la mera justicia pues no se puede tratar de forma igual a los que son esencialmente desiguales, pues eso sería entronizar lo que Rajoy llamaba envidia igualitaria.


miércoles, 14 de agosto de 2013

El socialismo como epígrafe general, frente al pesoímo, socialdemocracia, comunismo, marxismo, maoísmo, castrismo, etc. (I)


 Poco a poco, con esa inexorable lentitud de los fenómenos telúricos, la historia, esa vieja prostituta, me está dando la razón.
Sostengo, desde que adquirí consciencia social, hecho que no logró situar exactamente en el tiempo, que la vida de los pueblos, que es la que realmente interesa, se concreta en una lucha a muerte entre dos de los impulsos esenciales de la naturaleza humana: el de supervivencia y el de dominio.
Es por ello que Schopenhauer habló del mundo y de la vida como voluntad o representación:
 “La cosa en sí de Kant, la realidad última de las cosas, está representada para Schopenhauer por un principio metafísico general que gobierna el universo, una fuerza omnímoda que Schopenhauer denomina voluntad (Wille), o voluntad de vivir (aquí se inspirará Nietzsche para su "voluntad de poder"), y que no debe interpretarse en el sentido corriente del término, más que metafóricamente: nuestra voluntad, deseo o pulsión no es más que una proyección insignificante de esa Voluntad con mayúscula, de la cual la representación es mero fenómeno o apariencia. La voluntad no se encuentra sujeta a las formas del fenómeno, es decir, a la causalidad, el espacio y el tiempo. Tampoco, por tanto, al principium individuationis, es decir, que no se objetiva en los seres individuales (en consecuencia, dichos individuos no tienen existencia real como tales), sino en la suma de los mismos: la voluntad integra toda la naturaleza y el universo con la totalidad de entidades y seres que contienen. La voluntad, así, es una fuerza que obra sin motivo, irracionalmente; es como el motor ciego de la historia. Todas las energías de la naturaleza son expresivas de la Voluntad, incluyendo lo mismo las fuerzas naturales de todo signo (luz, gravedad, magnetismo), como las motivaciones, los instintos y tendencias, tanto animales como humanos”. (Wikipedia).
 El instinto de supervivencia no sólo hace al hombre nadar cuando cae al agua sino que lo impulsa a trabajar para poder seguir viviendo, mientras que al empresario lo impulsa a adquirir cada día más capital,  o sea, poder, para seguir dominando.
 Luego, vino Marx y esta teoría, cierta, pero muy idealista o sea muy kantiana, muy platónica, se objetivizó, a mi juicio acertadamente, y esos dos instintos esenciales constituyeron la base del motor de la historia bajo las formas de las tendencias progresivas y retrógradas que luchan enconadamente a lo largo de la historia por imponerse, es lo que él, y sus seguidores, entre los que me encuentro, han llamado  materialismo dialéctico: la materia es lo que hay, el ser en sí, platónico, pero, en modo alguno permanece inmutable, todo lo contrario, se halla en perpetuo movimiento dialéctico, hegeliano, tesis, antítesis, solución más o menos ecléctica, es por eso que alguien ha creído que esta materia cambiante y creadora era lo que se ha dado en llamar Dios, pero únicamente es precisamente eso, el motor de la historia, por eso es tan salvaje la teoría de Fukuyama, el profesor universitario mezcla de Japón y los Usa, que se ha atrevido a afirmar que hemos llegado al final de la historia, cuando seguramente está comenzando otra vez en ese eterno ritornello del que hablaba Vico.
 Porque el hecho de que el capitalismo haya acabado por estrellarse ante su propio muro de las lamentaciones y se esté autoconvenciendo de que no puede dar ya un paso más y que el socialismo, que los supremos ignorantes confunden con algunas de sus concreciones históricas, por ejemplo el Psoe, parezca definitivamente derrotado, es ignorar de una manera definitiva no sólo todo la dialéctica hegeliana que ya empezó a formularse con el “panta rei”, todo fluye, del genial Heráclito, sino lo que es totalmente aberrante, el materialismo histórico, que es algo más, mucho más que la interacción de la dialéctica dentro del inexorable devenir de la historia, que no es que se haya acabado sino que apenas si comienza ahora, cuando se ha comprobado, al fin, que el ánimo de lucro sólo conduce no a una lucha noble por sobrevivir sino a la pura y simple rapiña.
 De modo que, de pronto, vemos cómo, simultáneamente, alguien tan poco sospechoso de psoismo como Alvárez Solís escribe, en “insurgente”, ayer:
 “Creo que es urgente que quienes aspiran a un futuro socialista aclaren el contenido que pretenden dar al socialismo, porque el socialismo constituye un destino próximo pese a todos los avatares que ha padecido. El término socialismo ha sufrido un desgaste profundo desde que lo secuestró la socialdemocracia. Pero eso no es más que un fenómeno temporal cuyas causas hay que analizar rigurosamente. El socialismo constituye el único camino posible hacia el futuro ya inmediato. Sectores muy populosos de la sociedad actual reclaman el socialismo de cara a un futuro que solamente puede edificarse con conceptos socialistas. Claro que frente a esos sectores una también amplia masa de ciudadanos que se acomodan en el sistema capitalista alegan que el socialismo se ha destruido en sus intentos de realizarse mediante revoluciones que han naufragado. Esto último, la lectura del fracaso, conviene abordarlo a fondo. Hagamos, por tanto, una primera pregunta: ¿esos aireados fracasos han destruido la médula del socialismo o solo han afectado a una inicial fase revolucionaria del mismo? ¿Hasta qué punto una revolución puede considerarse asegurada en sus primeras realizaciones? ¿Y hasta qué punto la conciencia revolucionaria debe considerarse disuelta tras su inicial intento histórico, aunque ese intento haya acabado en un aparente fracaso?.......La colectividad en pleno, como sujeto social, cultural y económico, es lo que constituye el socialismo aceptable y vigoroso. Ese socialismo ha de declarar bienes no apropiables por los individuos como tales todos aquellos que se caractericen por constituir la infraestructura de los pueblos y de sus libertades: las riquezas naturales, la tierra, las energías, las materias estratégicas o de alto y reconocido contenido social, como la enseñanza, la sanidad, el gran transporte y sus redes… Ese socialismo ha de fomentar las formas societarias constituidas por los trabajadores. Un socialismo que dote al ejercicio empresarial de la calidad de oficio social. Un socialismo que devuelva al dinero su estricto sentido de signo intercambiario y que convierta en bien nacional el aparato financiero. Un socialismo que rediseñe la política como un ejercicio básico y cotidiano de los ciudadanos, lo que exige su reducción a un ámbito de cercanías, evitando la globalización que convierte en caricatura la soberanía de los ciudadanos.
El socialismo precisa un gran debate social para restaurar su dignidad ideológica y su vitalidad creadora. Ese debate contiene ya la esencia del socialismo. Decir estas cosas puede parecer simpleza o arbitrismo, pero la historia enseña que únicamente las sencillas formas de proceder aparejan la liberación. Cada ciudadano ha de implicarse en estas acciones si aspira realmente a serlo”.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Hacia una nueva teología de la liberación

 Después de escribir el post que sigue, cuando he ido al Wordpress, en el que paso a limpio el borrador, he comprobado que, en la lista de spam, se hallaba este comentario que reproduzco para inyectar un poco de moral, que creo que andaba algo baja últimamente.
 Dice así:
 Diseño web reus en agosto 7, 2013 a las 11:31 am dijo: Editar
Canalladas | jlpalazon2 , es genial, desde que os recibo no puedo parar de mirar todas vuestras sugerencias y me alegra cuando recibo uno más, sois lo mejor en español, me encata vuestra presentación y el curre que hay detrás. Un beso y un abrazo, nos alegrais la vida.

 Probablemente, en la historia de la humanidad, los dos hombre más influyentes fueron un par de tipos judios que, sin pretenderlo, fundaron las dos más grandes ideologías humanas, Jesucristo y Carlos Marx.
 Los dos actuaron bajo el impulso más altruista posible: la redención del género humano pero planteándola desde ámbitos no sólo distintos sino antagónicos.
 En un ensayo tan breve como el que en este acto realizo, he de ser forzosamente ultrasintético:
 -Bienaventurados los pobres de espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos. (Versículo 3) Bienaventurados los mansos: porque ellos poseerán la tierra. (Versículo 4) -Bienaventurados los pobres porque ellos poseerán la Tierra.
 -Proletarios de todos los países, uníos.
 En cuanto a las frases evangélicas, ¿qué decir?
 Ni el propio Aznar, ni siquiera Rajoy hubieran podido mejorar este mensaje:
 -Jodidos y hambrientos pordioseros, ¿qué coño más queréis, si el propio Dios, que se hizo hombre para redimiros, se refirió expresamente a vosotros en su mensaje fundacional de las Bienaventuranzas? ¿Qué más queréis, jodidos pedigüeños, no pretenderéis que, además del Cielo, se os concediera la Tierra, qué coño más queréis si vais a tener el reino de los cielos para siempre, aguantad entonces estos 4 días mal contados, coño?
 Frente a un mensaje así, casi no me atrevo a analizar el mensaje marxista:
 -Proletarios de todos los países, uníos.
 “Proletarios”, radl, (Del lat. proletarius).
1. adj. Perteneciente o relativo a la clase obrera.
2. adj. Se decía de quien carecía de bienes y solamente estaba comprendido en las listas vecinales por su persona y prole. Era u. t. c. s. m.
3. m. y f. Persona de la clase obrera.
4. m. En la antigua Roma, ciudadano pobre que únicamente con su prole podía servir al Estado”.
 Lo primero que acude a mis dedos es la abismal diferencia entre un lenguaje neutro y amorfo, ayuno de toda clase de significación política, como es el de la religión cristiana, y ese otro de honda raigambre sociopolítica como es el jodido marxista.
 La palabra “proletarios”, como hemos visto en el Diccionario de la Real Academia viene designando secularmente a una clase social cuya única misión, de ella y de su “prole”, era servir al Estado.
 Y qué bien que ha entendido esto, a lo largo de toda la Historia, esa otra clase criminal que se sirve del Estado para un más fácil manejo del proletariado.
 Por eso el grito de rebelión de Marx y Engels, filosóficamente, es muy superior a las bienaventuranzas cristianas, porque es un grito desesperado ante la opresión de la clase capitalista contra la clase obrera, algo que supera no sólo al mensaje cristiano que, como se ve es el de la más profunda resignación, es decir, todo lo contrario a ese grito exhortando a la rebelión de la clase explotada secularmente, que se expandió como un reguero de pólvora por todo el mundo como una auténtica buena nueva y que, aún hoy, es el mejor mensaje esperanzador, porque la ética que en él se funda supera incluso al famoso imperativo categórico kantiano, ya que es muy superior al hecho de obrar de tal manera que nuestra conducta pueda concretarse como un mandato universal, ése otro de dar a la sociedad todo lo que tengamos exigiéndole a ella únicamente aquello que nos es imprescindible para nuestra propia supervivencia, mandato en el que resuena explícitamente la vieja idea estoica.

jueves, 1 de agosto de 2013

Intentando zanjar una discusión absolutamente inútil


 Coño, Carlos (por cierto ¿por qué has dejado de firmarte futbolín?) no 
dejas de asombrarme. Dices literalmente:
“Ya puse en los comentarios del anterior post un fragmento de un artículo que explica bastante bien el asunto de la unión de las izquierdas, por si no lo leíste lo repito aquí:
“Por supuesto que la deseable unidad de la izquierda no puede incorporar a cualquier sector que reivindique su pertenencia a ella. Porque hay que recordar que izquierda y derecha son términos espaciales y relativos, que dependen del término de comparación que se utilice: el Partido Popular podría situarse a la izquierda del Amanecer Dorado de los griegos. No puede afirmarse que cualquiera que proclame su condición de izquierdas tenga derecho a participar en la necesaria unidad de acción que estos tiempos exigen. El caso de ETA ilustra suficientemente la necesidad de estas exclusiones. Tampoco se trata de conseguir esa unidad aceptando sin crítica las posturas de quien tiene más poder. Creo que la cuestión que más importa en estos momentos consiste en la posibilidad de acuerdos entre las corrientes socialdemócratas, que proponen una profunda reforma dentro del sistema capitalista y otras posturas que rechazan cualquier posibilidad de vigencia del capitalismo y defienden el paso a modelos socialistas desde convicciones democráticas y no violentas. En estas dos posturas se incluye la inmensa mayoría de lo que se entiende por izquierda sociológica en este país.”
Coño, Carlos, es que me descojonas: por un lado, si yo propugno la unidad de las izquierdas democráticas, tú, aparte de llamarme majadero, que es el que dice majaderías, me citas como autoridad para convencerme de lo que yo estoy mucho más convencido que tú, y por 2 veces, un párrafo, que no tiene desperdicio de Augusto Klappenbach, un filósofo bastante estimable, que dice literalmente:
“Creo que la cuestión que más importa en estos momentos consiste en la posibilidad de acuerdos entre las corrientes socialdemócratas, que proponen una profunda reforma dentro del sistema capitalista y otras posturas que rechazan cualquier posibilidad de vigencia del capitalismo y defienden el paso a modelos socialistas desde convicciones democráticas y no violentas. En estas dos posturas se incluye la inmensa mayoría de lo que se entiende por izquierda sociológica en este país.”
 Yo decía, también literalmente:
 “Yo planteaba el tema de que si no queremos que la más cruel y canallesca de todas las derechas del mundo se eternice pisándonos el cuello con su claveteadas botas fascistas, no tenemos más remedio que hacer, TODOS, de tripas corazón y unirnos de una puñetera vez todos los que hemos dado en autodenominarnos izquierdas, bajo una misma rúbrica, evidentemente temporal, y bajo un mismo líder, que bien podrían ser Madina o Garzón, e intentar TODOS, actuando en todos los terrenos, pero sobre todo en el electoral como un sólo y puñetero hombre. Aparcando por el más breve lapso de tiempo posible las esenciales e irreductibles diferencias que nos separan para siempre, porque, si no, debemos todos, en manada, irnos al más alto de los acantilados del mundo y arrojarnos allí, de cabeza”.
No sé si es que ya la edad y los terribles e irresolubles problemas familiares que me afligen me han hecho perder completamente, tal como tú apuntas,  no sólo las facultades expresivas sino también las lectoras y ya no sé ni leer, pero, salvadas las evidentes diferencias de estilo, el de Klappenbach, eminentemente profesoral y filosófico y el mío, dialéctico y de combate, yo juraría que ambos decíamos  lo mismo, pero ni aún así yo me atrevo a decirte, amigo Carlos, que muy bien podría aplicársete a ti, en este caso, lo que en Derecho llamamos el principio de confesión de parte: si tú, para combatir lo que yo vengo diciendo, eso que tú dices que no entiende nadie, pones un ejemplo que literalmente me da la razón, yo no tengo siquiera que defenderme, lo que pienso dejar de hacer en este momento, porque no estoy dispuesto a aburrir a los que nos leen con nuestra cabezonerías.
 El más fuerte de todos mis abrazos,

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