lunes, 30 de septiembre de 2013

Otra de las traiciones de los intelectuales

Decía el otro día, por aquí, por internet, Ramoneda, que la izquierda se había dejado arrebatar sus banderas.
Y yo comentaba que si sólo fuera las banderas...
La izquierda se lo ha dejado arrebatar todo porque ha demostrado su incapacidad de pensar.
Son millones y millones de sedicentes izquierdistas los que se niegan a admitir que el fútbol forma parte de la política, a pesar de que desde los emperadores romanos se venga postulando por los que manejan el cotarro que al pueblo, al cochino, al asqueroso pueblo hay que darle “panem et circenses”, pero mucho más de lo último que de lo primero.
Yo no sé de dónde ha sacado esta falsa sedicente izquierda que el fútbol no es parte principalísima de la política.
No es ya que el padre de todo el pensamiento humano nos dijera para siempre que el hombre es un zoon politikon, de tal manera que el hombre que no es político o es un dios o es una bestia, no, no es sólo eso, es que la derecha no sólo nos ha arrebatado la bandera de que ella es tan popular que el suyo es el partido de los trabajadores de manera que todo lo que hace, incluso cuando rebaja sus sueldos, les suprime derechos como el de la sanidad y el de la instrucción pública que ha costado siglos y muchos muertos conseguir, si lo hace es en beneficio de todos ellos, para que la economía se recupere y ellos puedan volver a vivir un día muy lejano, otra vez, como auténticas personas y no como lo hacen ahora como auténticos animales no sólo salvajes sino también acobardados.
 No, no es sólo eso, es que ha sobornado de tal modo a los intelectuales que éstos han perfeccionado hasta el último límite su traición: y desde las cátedras, los periódicos, las revistas y los libros martillean las débiles inteligencias de las clases inválidas hasta convencerlas de que no deben, por ejemplo, consentir que tipos tan atrabiliarios como yo se salgan del tiesto y vayan por ahí gritando que los están engañando como a chinos cuando nos dicen eso de que el fútbol está fuera de la polìtica y que los que sostenemos lo contrario o estamos locos o somo unos asquerosos embusteros.
 Y es inútil, completamente inútil, que, de vez en cuando, muy de vez en cuanto un tipo llegue y escriba un libro en el que se relate asépticamente como las clases gobernantes nos traen un día a un reconocido demagogo que, como el flautista de Hamelin haga sonar la flauta que más le gusta a los estúpidos españoles, ésa que dice que el mejor equipo de fútbol del mundo reside en la capital de todas las Españas.
 Y el jodido demagogo grita a través del gigantesco altavoz de toda la prensa nacional que el equipo capitalino es el que guarda todas las esencias de la raza y el jerifalte que lo trajo afirma con toda la cara que eso es precisamente la mayor demostración del señorío de su equipo y le importa poco a él y a su afición que el demagogo en cuestión envalentonado por un seguimiento tan increíble no sólo insulte y persiga hasta la muerte (Preciado) al que no se le somete de buen grado sino que ante más de 400 millones de espectadores anda con toda la premeditación y ostentación del mundo 30 metros para agredir salvajemente al entrenador del equipo contrario y el pueblo enfebrecido, como cuando los romanos echaban los cristianos a lo leones, escribe su propio epitafio: MOURINHO, TU DEDO NOS SEÑALA EL CAMINO.
 Y este canallesco individuo, mucho menos ruin que el que lo trajo, aspiraba ni más ni menos que a ocupar el trono mundial del fútbol que iba a dejar vacantes sir Alex Fergurson.
 Y el autor de libro de referencia nos narra cómo cuando el momento sucesorio se produce, el canallesco personaje espera en vano que alguien le llame para darle la gran noticia pero nadie lo hace porque el elegido es otro, y el narrador nos cuenta como otro sir, Boby Charlton, hizo pública la sentencia de muerte, el Manchester Unite jamás aceptaría ser dirigido por un tipo capaz de aquella criminal y alevosa agresión que el tipo en cuestión cometió ante la humanidad.
 Pero, como no he leído el libro no sé si su autor se habrá atrevido a decir que mucho más culpable aún que el autor de semejante crimen contra el decoro universal es quien no sólo lo trajo sino que lo mantuvo contra viento y manera frente a la opinión del mundo entero.
Qué soberbia.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Me cago en sus putas madres, por muy santas que fueran

 Un país que tolera esto no tiene ninguna clase de perdón ni siquiera el de ese Dios supermisericordioso  al que adoran los legionarios de Cristo Rey, comunidad a la que pertenece Ana Botella, la tipa que ha decidido que echen a esta pobre gente a la calle.
 Hay que ser el más absoluto de los desalmados para no sólo colaborar decisivamente en expulsar de su casa, porque, según la Constitución de Fraga, el hogar del que los acaban de expulsar es su casa no sólo porque la han estado pagando muchos años sino porque, además, la canallesca Constitución dice que todos los españoles tenemos derecho a una vivienda digna sino para, además, reírse por lo que están haciendo.
 ¿Es así como los canallescos cipayos, cuya semejanza con las SS alemanas cada día es mayor, protegen a sus hermanos del pueblo del que forman parte? ¿Cuál va a ser ahora la vivienda digna de esta pobre gente, la puta calle? Pero ¿qué está pasando aquí, coño, que los banqueros cada día ganan más y más y a los que ellos esquilman con sus hipotecas, se les persigue a muerte? ¿Y esta asquerosa sociedad se denomina  a sí misma cristiana, y la parábola de Cristo expulsando a los mercaderes del templo?
 Por eso no me canso de escribir que ya no creo realmente en nada: ni en las altas autoridades de la nación, en ese Rey que no se cansa de operarse aferrándose al trono y no dice una sola palabra contra esto, ni en los jueces, que deberían servir a la justicia y que cursan estas órdenes de desahucio, ni mucho menos aún en estos esbirros sedientos de sangre que sufren auténticos orgasmos machacando a la pobre y hermosa gente, pero tampoco creo en mí ni en ti, que toleramos todo esto impasiblemente, si yo tuviera los cojones que se me suponen iría cada día a las sedes de los juzgados y  acompañaría a la comisión judicial cuando sale a los desahucios para dejarme la piel luchando contra estos sonrientes desalmados.
 Lo repito una y mil veces, en un país como éste, la única solución digna que nos queda es el suicidio y esto ya lo pensaba yo ya hace 60 años cuando mi obra El suicida fue finalista del premio Carlos Arniches del Ayuntamiento de Alicante.


martes, 24 de septiembre de 2013

La aporía del comunista (II)

 Hace ya algún tiempo que escribí por aquí la aporía del comunista, porque una millonaria alicantina me reprochó que, desesperado en mi intento de ayudar ami mujer en la lucha a muerte que mantiene con su terrible enfermedad, hubiera recurrido a un centro para millonarios, y decía yo, más o menos, así:
 Un comunista es un tipo que sostiene que los hombres no sólo somos iguales sino que hemos de hacer lo posible e imposible para conseguirlo, de modo que yo en lugar de gastarme las 150.000 ptas., que aquellos ladrones del hospital me cobraron por hacer a mi esposa el pet tenía que haberlas entregado a esa comunidad universal que constituimos todo los proletarios del mundo, a fin de constituir un acervo mundial para atender racional y equitativamente todas las necesidades del colectivo.
 Es un razonamiento perfecto, parece, desde la óptica de la lógica más o menos aristotélica, pero es una falacia como la de esa otra aporía tan famosa de Aquiles y la tortuga que reza así: si el tiempo y el espacio son divisible hasta el infinito, Aquiles no alcanzará nunca a la tortuga porque siempre habrá entre ellos un espacio que dividir, en un tiempo también infinitamente divisible.
 La falacia de esta última aporía radica en que afirmar que el espacio y el tiempo son divisibles hasta el infinito es una falsedad real evidente.
 Afirmar que un tipo como yo con 3 enfermos gravísimos, desahuciados por la SS, todo lo que tengo lo debo entregar a una fantasmal autoridad universal comunista para que ésta proceda a su mejor distribución universal, es todavía una entelequia más falsa que aquella famosa aporía.
 Pero lo que aquella tipa me echaba en cara es lo que toda la derecha del mundo reprocha al comunismo: la ausencia de esa solidaridad integral, una exigencia que se halla mucho más allá de las reales capacidades humanas.
 Por eso yo recordé enseguida la puñetera aporía de Aquiles y la tortuga.
 Yo para propugnar el comunismo hago todo lo que puedo, como ahora mismo, cuando escribo todo esto, en un momento en que siquiera puedo teclear porque ya casi no obedecen mis temblorosas manos.
 Por eso pasan tantos días sin que cuelgue un post por aquí.
 Espero que con la medicación que me han mandado pueda mejorar y seguir colaborando con todos vosotros.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

Brevísimo discurso sobre la historia


 Que la Historia se repite cíclicamente no lo voy yo a descubrir ahora.
 Eminentes historiadores lo han demostrado suficientemente.
 Lo que yo no sé ciertamente es si estos grandes historiógrafos han desentrañado el motivo, el fin, el impulso que determina el curso de la misma.
Yo sólo soy el más pequeño de los aprendices, lo único que sé con cierta certeza es que no se nada y ni siquiera en este proposición soy original, pero voy a intentar pergeñar una pequeña teoría que trate de explicar de alguna manera todo lo que está sucediendo.
Hay, hubo, y seguramente habrá gente muy estudiosa que se preocupe de este mismo tema: ¿por qué sucede todo lo que está ocurriendo?
 En mi opinión no es sino como consecuencia de la lucha de dos principios que algunos han llamado el bien y el mal, Ormuz y Arhiman, el ying y el yang, Dios y el Diablo, cartagineses y romanos, alemanes y japoneses contra los aliados, Usa y Urss, y ahora se inicia una Usa  y China.
 Dos ratones de biblioteca, dos estudiosos de la Historia hasta la saciedad, nos han dejado sintéticamente dos frases que por sí solas explican todo lo que está sucediendo: Marx: proletarios de todos los países, uníos; y Lampedusa: es preciso que todo cambie para que todo siga igual.
 Desde Marx, una corriente incontenible de liberación laboral recorre el mundo. 
 Él se encargó de demostrar de una manera irrefutable no sólo que todo es economía sino que ésta es la que dirige los destinos del mundo.
 Si dejamos, la inmensa multitud de los trabajadores, que el capital, o sea, los empresarios campen a su antojo, el mundo se configurará como actualmente es: un inmenso, universal, campo de concentración y de trabajo, en el que los trabajadores no pintamos absolutamente nada, de manera que la revolución, cualquiera que sea su forma, es absolutamente no ya necesaria sino imprescindible.
 Y esta idea cuajó en una serie de instituciones como los sindicatos, las comunas, las cooperativas, etc., pero, sobre todo, en el ideario que movía a pensadores políticos, filosóficos, científicos y artistas, lo que produjo, de una manera que parecía irreversible, su propagación.
 Esto preocupó y mucho a los pensadores reaccionarios que encontraron al fin la formula de contrarrestar el formidable alegato marxista: un oscuro hombrecillo, un ratón de biblioteca italiano la formuló concretamente en diez palabras: es preciso que todo cambie para que todo siga igual.
 Es absolutamente genial: ante el empuje arrollador producido por la autoconsciencia de las clases trabajadoras de la criminal explotación que sufrían el mejor de los diques que podría oponérsele es la más radical de las hipocresías: “hagamos”, dice el italiano, “como que cedemos a este empuje, construyamos una teoría científica que propugne la liberación de las masas trabajadoras, digamosles de mil maneras que tienen razón, montemos aparatos del Estado que parezca que atienden todas sus exigencias, hagamos que se conciba como la tarea fundamental de dicho Estado la redistribución de la riqueza nacional de mil maneras y, luego, nos apoderaremos del mismo, mediante aparatos que afirmaremos rotundamente que son esencialmente democráticos, Cortes, Parlamentos y Senados, a los que se accederá mediante elecciones generales universales, directas y secretas, con un pequeño e imperceptible truco que ya nos encargaremos nosotros de que parezca oculto siempre: mantener a las masas electoras en la total ignorancia, en la más profunda de las inculturas de manera que siempre nos elegirán a nosotros que seremos dueños absolutos de los medios de información y creación de la opinión pública, para ello haremos de la instrucción pública una auténtica falacia y les someteremos a las más altas dosis de lo que se ha dado en llamar opios del pueblo, fútbol y otros deportes en los que se encarne un nacionalismo absolutamente embrutecedor”.
 Y así estamos, en manos de los discípulos de Lampedusa, que han aprendido perfectamente la lección, mientras que los de Marx pierden la mayor parte de sus energías en luchas fratricidas.



viernes, 13 de septiembre de 2013

El infierno de Sartre o la jungla de Preminger


 Desde que leí Las palabras, mi fascinación por Sartre es total. 
Luego, mientras dirigí los programas literarios de Radio Popular de Alicante, lancé a las ondas A puerta cerrada, Huis clos, en la que el genio bizco expone su tesis de que el infierno son los otros.
Llevo un par de meses viviendo un auténtico infierno.
La enfermedad de mi mujer, alzhéimer, ha hecho crisis, convirtiendo mi vida en un suplicio insoportable y mi hermano menor se ha roto una cadera y le han descubierto, ¿cómo no?, el dichoso alzhéimer, una diabetes, una polineuritis y qué se yo más, que lo han trasformado en una especie de masa sangrienta que yace de mala manera en una cama de los 3 hospitales que están peloteando con él.
Pero esto no es lo peor, lo horrible es que con este motivo he descubierto que los hospitales se han transformado en aquella terrible jungla de la que nos hablaba Otto Preminger, con empresas y direcciones que sólo buscan el jodido beneficio como sea, de manera que han suprimido hasta el límite el personal que atiende a los enfermos y han dado entrada a las mafias que se han hecho dueñas de todo.
 Los servicios que se prestan a los enfermos disminuyen día a día siendo usurpados casi violentamente por una serie de mujeres casi todas extranjeras que ejercen por los pasillos de los hospitales una nueva prostitución que adopta la forma de sanitaria. Y, sobre ellas, están los chulos o las chulas que deciden tiránicamente cómo funciona todo.
 O sea, la alcantarilla de Sartre o la jungla de blanco de Preminger, un mundo canallesco que explota a fondo el dolor y la enfermedad de los viejos y de los enfermos españoles ante la pasividad de las autoridades sanitarias.
 Mi hermano me grita cada vez que voy a verle, que no son tantas como yo quisiera: “José, sácame de aquí”, pero cada movimiento que hacemos nos hunde más en un terreno fangoso donde sólo se trata de extraer hasta el último céntimo de estos pobres pensionistas, 943 euros es la pensión de mi hermano, que ahora nos han dicho que su nuevo destino a casi 200 kilómetros de su pueblo, ambiente y amigos, se quedará íntegramente con ella, no restándoloe, como dice él, ni para pipas.
 Y yo, que estoy intentando ayudarle desesperadamente, me he visto denunciado ante la policía nacional ni más ni menos que por tráfico de trabajadoras extranjeras.
 No tengo la capacidad de expresión suficiente para contar todo lo que estoy viendo aquí y ahora, pero la sensación que todo esto me produce me hace llorar casi las 24 horas, tanta es la sensación de dolor e impotencia.
 El jueves próximo lo llevan a una residencia de ancianos o de enfermos, que yo ya no sé, que se halla en Hellín, a 200 kms del que ha sido el ambiente de toda sus vida y creo que allí se morirá a solas, como un perro.
 Y, para desengrasar, llego a casa y tengo el problema de mi mujer con 3 cuidadoras que no se ponen de acuerdo sobre los turnos y yo he perdido ya cualquier facultad de razonar y decidir, de manera que vivo a expensas de lo que los que me rodean quieran hacer.
 No sé si todo esto lo debía de contar aquí, a lo peor, los pocos que vienen salen huyendo al leer tanta desgracia y desolación, pero es lo que tengo ahora que ofrecer y que ya no son hermosas teorías sobre cómo se debe de organizar el mundo para que funcione mejor sino la brutal y directa comunicación de cómo está funcionando ahora mismo, entre nosotros, delante de nuestras narices con gente de arriba y de abajo que lo ha transformado en un auténtico infierno o en una jungla en la que los menesterosos nos estamos devorando unos a otros.

domingo, 8 de septiembre de 2013

A propósito de los juegos olímpicos

 Mi honda filiación marxista lucha y, creo, que vence a mi rígida formación cristiana y a mi humanismo rampante.
 A uno, en su infancia, le pueden haber inculcado a sangre y fuego, las ideas de la iglesia católica, uno de los fundamentos básicos de la actual represión en el mundo: bienaventurados los pobres porque de ellos será el Reino de los cielos, y los del más preclaro de los humanismos: “homo sum et nihil humanum mihi alienum puto”, soy hombre y nada humano me es ajeno, lo que no es óbice para que mi comunismo militante los haya mandado a ambos mucho más allá de la mierda.
 Porque ahora creo que sé que tan falso es el primero como el segundo, 
que predicarle a los pueblos la resignación cristiana frente al abuso de los dos diabólicos poderes, el económico y el político, y la comprensión humanística de todas las verdades no son sino socorridos trampantojos para que las clases dirigentes, la religiosopolítica y la intelectual, sigan percibiendo su asquerosa parte del pastel.
 Y esto, creo también, que me lo ha enseñado ese viejo judío barbado que no se cansó nunca de estudiar la canallesca historia del ser humano hasta descubrir dónde y por qué estaba el quid de la puñetera cuestión: por qué hay pobres y ricos y poderosos y esclavos.
 El mundo y la vida forman parte inextricable de un jodido materialismo dialéctico. Hasta lo que parece más espiritual no sólo es falso, desde este punto de vista, sino que forma parte de una conspiración no escrita para mantener eternamente este diabólico “statu quo” en el que a todos nos parece natural que haya pobres y ricos y que además éstos detenten para siempre el jodido poder.
 Pero por encima de esta asquerosa conspiración universal en la que participamos todos muy activamente, incluso los jodidos menesterosos que les hacemos constantemente el juego a los canallescos poderosos, acudiendo masivamente a los espectáculos circenses que nos montan para entretenernos y vincularnos a unas siglas y escudos que adormecerán nuestras conciencias para siempre, hasta ese cine, esa filosofía, esa literatura que en lugar de ser destructivas, rompedoras contra una situación que todos sabemos que es radicalmente injusta, no hacen sino consolidarla quizá indestructiblemente, se halla el descubrimiento de este judío genial que esclareció las leyes que gobiernan este asqueroso mundo, las plasmó en sus libros y además nos gritó, no tan inútilmente como parece, aquello de “proletarios de todos los países, uníos”.
 El materialismo dialéctico nos muestra cómo a pesar de las continuas trampas que se le ponen, la tendencia interna y material que representa, avanza inconteniblemente hasta estados de liberación cada vez más inderogables.
 Y esto parece un contrasentido esencial afirmado en tiempos como lo que corren.
 Pero comprobamos que no es así si nos asomamos a este continuo movimiento tectónico con una inteligente visión de la historia, que todavía no ha terminado como afirmaba ese vocero del  ultraliberalismo  capitalista que es Fukuyama, sino que tan siquiera ha comenzado.
 A título de ejemplo, lo que nos pilla más a mano: si comparamos la sociedad de la Roma imperial, con lo que ella significó en algunos campos decisivamente como por ejemplo en el del Derecho, con la actual vemos que se ha avanzado considerablemente en aspectos tan decisivos como el de la abolición de la esclavitud.
 Quizá no tengamos todavía la perspectiva suficiente pero lo que está sucediendo en países como los que llamamos emergentes es muy significativo.
 Y todo esto porque quería decir que lo que le ha ocurrido a España con su deshonesto intento de organizar los juegos olímpicos no es sino un caso de justicia inmanente de la que hablo por aquí continuamente: el materialismo dialéctico a veces, no siempre, claro, les hace a los canallas que hoy gobiernan el mundo, jugarretas tan justas como éstas: por muy corrupto que hoy este el mundo mundial, siempre hay grados y el de España, en estos momentos, es insuperable: el mundo no podía escoger como muestra de lo que es un país a uno como el nuestro que es el mejor ejemplo de todo lo que no debe hacerse.


la más hermosa palabra del mundo


La más hermosa palabra del mundo
 De vez en cuando, esos intelectuales dilettantes abren, en las páginas de las revistas literarias, una especie de concurso sobre cuál es la palabra más hermosa del mundo.
 Como no soy intelectual y creo que tampoco dilettante nunca participé en estas controversias que no son ni mucho menos gratuitas, si se enfocan bien.
 Y eso lo sabían hasta la saciedad no sólo los teólogos cristianos que eligieron esa prodigiosa sentencia que reza en un principio era el verbo, sino los mucho más científicos Wittgestein y la llamada escuela de la palabra, modernísima, que afirman, con muchísimos matices, que la realidad es como la conforman nuestras propias proposiciones linguísticas.
 El mundo se ha cubierto en toda su extensión de pretendidos filósofos políticos en busca de la palabra mágica que abra el arcano de todos los quehaceres en este sentido.
 Y hacen bien.  Porque, si la encontramos, habremos resuelto simultáneamente no sólo el problema del correcto funcionamiento de los Estados modernos sino también, y lo que es mucho mejor aún, el de la convivencia dentro de los pequeños grupos familiares.
 Tarde o temprano, lo aseguro, todos y cada uno de los hombres nos enfrentamos a nuestro propio calvario que no siempre asume la forma sangrienta de aquel que ha hecho famosa esta palabra, que no es, me apresuro a decirlo, la que yo ando buscando.
 Yo, ahora, estoy apurando hasta las últimas esencias el mío.
 Y el otro día, no pudiendo ya aguantar más tanto sufrimiento, en tanta soledad, lancé por aquí, por mis 2 posts, el más desgarrado de los gritos de auxilio.
 Y surtió efecto, mi dolor, a veces, insoportable, lo aseguro también, encontró el maravilloso lenitivo de vuestra solidaridad, casi todas las personas a las que he conocido por aquí por este mundo cabalístico de internet, respondieron a mi desesperada llamada con el maravilloso bálsamo de su compasión.
 Hela aquí, humilde pero también grandiosa, la que para mi es la mejor palabra del mundo: compasión.
 Su etimología nos lo dice todo: “cum”, con, y “patere”, sufrir, sufrir con otro, os lo aseguro, es absolutamente sublime.
  Y ahora no tengo más remedio que acudir, una vez más, a los mejores filósofos: el hombre es un zoon politikon, un animal político, social, de tal modo, decía Aristóteles, que el hombre que no es social o es un dios o es una bestia. 
 Si esta maravillosa palabra imperara en todas nuestras relaciones, el mundo sería no sólo distinto sino también mucho mejor.
 Si Rajoy y los suyos, en lugar de por esa avaricia de poder y dinero que los esclaviza, se dejaran llevar, como vosotros habéis hecho conmigo, por la compasión, en lugar de apretar, cada día la argolla que ciñe nuestro cuello, abrirían la mano para que un torrente de ese amor fraternal, de auténtico amor entre hermanos, coño, que es lo que somos todos los nacidos de mujer, nos hiciera un poco más felices en lugar de esos desesperados desgraciados que buscan todos los días en el suicidio la única salida posible a sus infiernos.
 De modo que todos ellos habrían tenido un futbolín que les hubiera dicho:  Futbolín..."Un abrazo José"; o un Patrick Bateman:.."@Don José,Un abrazo muy fuerte y muchísimo ánimo y fuerza para seguir adelante y no rendirse.Lo admiro muchísimo,es usted una gran persona y un referente para mí.No se deje vencer,tenemos que ver todos juntos caer a toda esta gentuza que nos rodea antes de que acaben con nosotros. Focalice la ira en quiénes se la merecen y plásmela como siempre hace en los textos.Le ayudará a tener la mente clara como siempre ha tenido. Esa maldita enfermedad daño a lo que más ama.No puede derrotarlo a usted también,hágalo por ella”; o el corazón más rojo de la tierra: "Querido y admirado eutiquio. Tu dolor personal se percibe en tus escritos y te digo lo mismo que Patrick, vuelca tu rabia contra tanta basura que nos rodea. Ten ánimo para que sigamos aprendiendo y luchando, por ti y junto a ti”; o a Severiano Bocanegra, diciendo: “No puedo aconsejar a una mente prodigiosa de 83 años,en su dolor.Es tan racional e inevitable ese dolor que sufre,que me resultaría "hipócrita" mi comentario.A veces cuando las personas pierden su mente y sus funciones vegetativas resulta más razonable el descanso final y apagar la perrilla de la vida.José quien convive con un enferm@ de alzheimer se contagia algo del ser querido que lo sufre.Luego se puede recuperar y aunque resulta doloroso la pérdida ,uno llega a entender que es lo mejor para la persona que lo padece y sinceramente lo mejor para quien la está cuidando.La vida deja un respiro vivencial cuando termina la enfermedad.Duele la pérdida pero se abre un espacio de paz y sosiego.Sobre todo para quien ha amado a esa persona enferma.Aunque haya sido una vida entera.Alguien que padeció el alzheimer de su madre,durante 3 años y medio..”; “Mucho animo D. Jose”, nos dice eddie.....
 Echo mucho de menos, los mensajes de gente como Lucía M. Mur, Fernando Mora, bemsalgado, joan martí, Adrián Massanet y Javier Traité.
 Estoy seguro que si no han compartido conmigo este insoportable dolor que me aflige es porque no han tenido noticia de él.
 A todos, incluso a éstos últimos, cuya compasión presumo, os doy las gracias de todo corazón.                                                                            


martes, 3 de septiembre de 2013

Alzheimer y soledad

 http://blogs.publico.es/juan-tortosa/2013/09/03/una-habitacion-de-hospital/
 Llevaba todo el día pensando en escribir este post porque tengo a mi hermano menor, 80 años, pasándolas más que canutas en la cama de un hospital privado, después de haberle operado de una rotura de cadera en la SS, que lo ha desviado a este centro concertado porque no tenía donde ir después de la operación.
 Es un drama que ha venido a colmar la horrorosa tempestad perfecta que se está volcando sobre mi.
 Hace 2 o 3 meses que no hago más que llorar. Quizá sufro una depresión o, como ha diagnosticado a bote pronto el médico que cuida de mi hermano, yo también sufro ya un alzhéimer incipiente que pronto acabará conmigo como persona.
 El alzhéimer es el mal que está acabando poco a poco, lentamente, con mi mujer y, de paso, conmigo.
 Yo no sabía que quería tanto a mi mujer. No es que sea el centro de mi vida, no es que sea mi vida misma, es que es el puro puto y puñetero corazón que alienta mi vida.
 Casi es un vegetal los momentos en que no se comporta como un niño pequeño. Yo me paso todo el día mirándola y oyéndola, y no soporto que una mujer tan espléndida como era ella sea ahora lo que es: una especie de loca decrépita que ya ni siquiera nos reconoce ni a mi ni a mis hijos.
 El dolor que me produce esta contemplación es absolutamente insoportable y sólo un llanto desolado e incontenible parece que me alivia.
 Pero cuando termina el llanto aparece el furor, una ira ciega contra todo lo que me rodea.
 No acepto que yo tenga que luchar solo contra un mal tan terrible que ha destruido la personalidad de lo que más amo.
 Ella vive en un estado permanente de delirio y alucinaciones. Como decía antes, yo y mis hijos hemos dejado de existir para ella, no sólo no nos reconoce sino que tampoco nos acepta, vive con sus padres, que murieron hace ya más de 30 años y a los que busca desoladamente por todas las habitaciones de la casa.
 Y, como no los encuentra en la casa, quiere, intenta, lucha por salir a la calle a buscarlos, a preguntarle a todos los viandantes por ellos, es terrible, completamente destructor, contemplar en sus ojos su desoladora desesperanza.
 Y yo no encuentro nada en que apoyarme. Estoy loco de dolor y de rabia porque en una sociedad tan compleja como ésta no encuentro nada que me alivie, que me ayude, apenas si las frases contemporizadoras de los doctores que nos atienden, unos minutos y, luego, la más espantosa de las soledades ante el dolor.
 Ahora, comprendo realmente aquella terrible frase de Albert Camús: ante una vida como ésta la única salida digna para el hombre es el suicidio, más o menos, lo que hicieron tan digna, majestuosamente gente tan admirable por Larra, Ganivet, los Koetsler y los Zweiz, y Walter Benjamín, para que la vida y los hombres que la dirigen y administran no se rían de nosotros.
 Hace unos días toda la prensa traía una noticia que seguramente no ha impactado a casi nadie: un hombre de 87 años se había arrojado por el balcón de un quinto piso después de haber dado muerte a su esposa, enferma de alzheimer.
 Mi mujer tiene 83 y tiene alzheimer y yo, 85, y la quiero tanto que según el médico que atiende a mi hermano, he comenzado a seguirla por ese terrible camino.

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