jueves, 29 de mayo de 2014

Felipe González y el nuevo Pablo Iglesias

Yo no sé qué se ha creído este tío que, dicho sea de paso, para mí no tiene ninguna clase de valores. Porque mandar a la mierda a la propia esposa cuando se hace vieja y fea y, además, enferma de cáncer, es patrimonio de un auténtico desalmado.
Yo no sé tampoco si, como sospecho, será multimillonario, porque sólo tiene amigos de esta clase y, ya lo dijo el clásico, “pares cum paribus congregantur”, los iguales se juntan con los iguales, pero lo que sí que sé con toda la certeza del mundo es que se trata de uno de los peores individuos que yo he conocido.
Ya sé que hay millones de marxistas que han abjurado de este pensamiento, como también sé que hay millones de réprobos de otras religiones, pero este tío es un tío especial porque usó el marxismo únicamente como un instrumento mientras le convino a sus planes políticos de abrirse un sitio entre las gentes de la izquierda, y lo abandonó en cuanto su padrino político Willy Brandt le aconsejó que sería lo mejor para su carrera política.
El caso es que el tío se levantó una mañana y dijo"he tenido un sueño" casi todos los líderes políticos acaban más tarde o temprano teniendo un sueño que, luego, para sus seguidores es una auténtica pesadilla,"queridos compañeros" antes los llamaba camaradas,"hasta ahora hemos vivido en el error, sí, un error, casi 100 años de error, al que nos indujo, tal vez sin quererlo, nuestro propio fundador, hemos sido marxistas, coño, marxistas, pero cómo hemos podido caer tan bajo, el marxismo es una idea absolutamente diabólica porque mantiene que todos somos iguales no sólo ante la vida sino también ante las riquezas de la tierra, lo que entre otras cosas significaría que el mejor de mis amigos, Carlos Slim, no sería más que un jodido ladrón puesto que no sólo ha sido el hombre más rico de Méjico sino que ahora también lo es de todo el mundo mundial, de modo que él o yo estábamos equivocados y yo no voy a ser tan presuntuoso como para pensar que él, que ha llegado económicamente tan alto, era el equivocado, por consiguiente  tenemos que cambiar inmediatamente de religión, entre otras cosas, además, porque, si no, ni los alemanes ni los americanos nos permitirían nunca llegar al poder y nosotros somos, y siempre seremos, un partido de poder. De modo que a partir de este momento, el marxismo se puede ir a tomar por culo"
Esta es una sinopsis del pensamiento de este hombre que también se hizo famoso por acoger como propio el pensamiento de Deng Tsiaoping en cuanto a los gatos, respecto a los cuales tanto uno como otro de estos 2 políticos paradigmas del eclecticismo, el pragmatismo y el oportunismo, creían que su color, blanco o negro, da igual lo importante es que dichos felinos cacen muchos ratones.
Y a fe que sus gatos cazaron tantos ratones que ambos han pasado a los historia como ejemplos de falsedad moral y convencionalismo político.
Pero yo quería referirme a la penúltima frase de este hombre nuestro:"este gran triunfador de las recientes elecciones comunitarias" se refería a Pablo Iglesias, "es un perfecto ejemplo del bolivarismo político, que Dios nos libre de que dicho pensamiento político arraigue nunca en España" Más o menos, claro, porque yo cito siempre de memoria.
El mejor ejemplo del bolivarismo político, al que se refiere nuestro hombre, el ínclito Felipe González, es, por ahora, Hugo Chávez, que no se cansó nunca de llamar a su propia revolución “bolivariana”, que, para mí, modestamente, es el mejor ejemplo de lo que puede hacerse desde el poder legítimamente conquistado, a través de las urnas, nunca un régimen político moderno y democrático ha llevado tan lejos las ideas marxistas.
Ojalá ese muchacho, lleno de ilusión y buenas intenciones, pudiera llegar a realizar por aquí algo semejante.

domingo, 25 de mayo de 2014

Antes era pan y circo, Nerón, ahora han descubierto que basta sólo con el circo.

En España hay más de 6 millones de parados oficiales, sin contar la economía sumergida y los que ya no se apuntan al paro porque piensan que es inútil, como 2 de mis hijos. 
Pero en el Estadio de Lisboa, ayer, no cabía ni siquiera un alfiler más.
El otro día, eddie citaba a Ellacuría: nadie tiene derecho a lo superfluo mientras haya quien no tiene lo absolutamente necesario.
Ellacuría y otras siete personas de su entorno fueron asesinados en San Salvador y éste es uno de esos crímenes que quedan impunes.
Monseñor Romero: un día antes de su muerte, hizo un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño:
“Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles... Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”.
Mújica:LA REPÚBLICA quiso conocer la opinión del Presidente sobre la nota que recientemente publicara el diario “ABC” de España titulada “Mujica, el presidente más pobre”. Al respecto dijo: “Yo no soy pobre, pobres son los que creen que yo soy pobre. Tengo pocas cosas, es cierto, las mínimas, pero sólo para poder ser rico". 
“Quiero tener tiempo para dedicarlo a las cosas que me motivan. Y si tuviera muchas cosas tendría que ocuparme de atenderlas y no podría hacer lo que realmente me gusta. Esa es la verdadera libertad, la austeridad, el consumir poco. La casa pequeña, para poder dedicar el tiempo a lo que verdaderamente disfruto. Si no, tendría que tener una empleada y ya tendría una interventora dentro de la casa. Y si tengo muchas cosas me tengo que dedicar a cuidarlas para que no me las lleven. No, con tres piecitas me alcanza. Les pasamos la escoba entre la vieja y yo; y ya, se acabó. Entonces sí tenemos tiempo para lo que realmente nos entusiasma. No somos pobres ta?”.
Hay mucha gente en el mundo que piensa como yo, que piensa como nosotros.
Cuando yo era joven quería ser escritor y me pasaba todo el puto día escribiendo. Mandaba todo lo que escribía a los premios porque todavía era tan ingenuo que pensaba que en ellos imperaba no sólo la justicia sino también la sinceridad, hasta que comprendí, porque yo también comencé a formar parte de algunos de los jurados de los premios, que todos estaban manejados de alguna manera por los que los convocaban. Y mi mujer me machacaba continuamente: si todo el tiempo que dedicas a escribir lo emplearas en trabajar en otros sitios, además de Telefónica, a lo mejor no pasábamos tus hijos y yo tantas dificultades. Y pensé que tenía razón, y busqué otro empleo y otro y otro hasta que compatibilicé 5 y apenas si dormía 3 horas. Y me machacaba por dentro preguntándome ¿por qué yo no puedo ser escritor? Y pensaba que si viviera en Cuba, donde todos tienen asegurado un mínimo vital, yo me dedicaría a escribir desesperadamente. Pero Cuba estaba demasiado lejos para un tío como yo para el que salir de casa y cruzar la calle era una odisea inabordable.
Tal vez por eso concuerdo con Ellacuría y Mújica, porque no quiero nada que no sea imprescindible para vivir, tal vez por eso pienso que a Mújica lo matarán más pronto que tarde, porque gente como él y como yo ya no podemos ni quizá debemos vivir, porque estamos desfasados, vivimos en un mundo que ya no es el nuestro y no hacemos más que estorbar o, por lo menos, incomodar a los que han vendido su alma al diablo y viven de otra manera, haciendo lo que sea necesario por ir a Lisboa a ver ese maldito partido de fútbol.
Y, entonces, como apuntaba eddie, en comentario del otro día, quién es el guapo que va y le dice a uno de esos tíos que lloraban en la grada porque su jodido equipo iba perdiendo que aquello era indigno de un ser humano, que él no tenía derecho de estar allí, mientras, oficialmente, eh, sólo oficialmente otros 6 millones de personas como él, y sólo aquí, en España estaban en el paro y, lo que es peor, veían morir en medio de la peor de las miserias a sus propios hijos.
O sea que de “panem”, como decían los romanos, pan, que decimos nosotros, nada, circo, todo el que nosotros queramos, ¿han visto la foto de Aznar levantándose de su asiento para felicitar a Florentino?
Que estos dos tíos no sólo vivan sino que también, como diría Cicerón vengan, vayan, al estadio, y aplaudan frenéticamente lo que hacen sus gladiadores, mientras en Irak en esa guerra que el 1º contribuyó a crear, todos los días mueren casi 100 personas y en España, en esa otra guerra solapada y silenciosa, todos los días se expulsa de sus casas para dárselas a los Bancos varios miles de personas de la cuales un alto porcentaje no tendrá más remedio que suicidarse.
Yo no me voy a andar por las ramas porque no tengo el temple acerado de Ellacuría y Mújica, ni mucho menos aún de monseñor Romero, malditos sean todos esos tíos que son capaces incluso de matar con motivo de que uno de sus héroes balompédicos ha sido lesionado por otro jugador, mientras a su lado, estoy seguro, un niño, un viejo o un enfermo se muere por pura y puñetera hambre o falta de asistencia, mientras él muere también, vendiendo droga, mata, para tener dinero para ir al fútbol sea donde sea.
Esos tíos no son seres humanos, como no lo eran los que iban al circo romano a ver como los leones devoraban a otras personas o los gladiadores se mataban entre sí para sobrevivir, sí, entonces, es posible que fuera cierto eso de “panem et circenses”, ahora con 6 millones de parados, 36 millones de personas si damos por supuesto que cada familia está compuesta por 6 personas, de pan, nada, no es una hecatombe ni una catástrofe, es un crimen del que todos somos tan autores como ellos los que bajan el pulgar hacia el suelo todos los putos días.
No tenemos ninguna clase de perdón, nos merecemos, y más, todo lo que nos pasa.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Tristes trópicos. Respondiendo a Andrés y a eddie.

Esto es lo que me tiene contento. Por mis blogs viene poca gente pero de una extraordinaria calidad.
Cuando terminé mi post La igualdad, creí que había cerrado definitivamente el tema y va a ser que no.
Andrés dice: “Felicidades. Excelente. Desgraciadamente es asi. Una vez que nos subimos a la barca, nuestra principal preocuapcion es que no suba nadie. ¿naturaleza humana? No creo. Viendo el comportamiento de las llamados tribus primitivas, cazadores y recolectores, en el Amazonas, en el Kalahari no creo que sea "intrinseco" es una consecuencia del desarrollo social, de la civilizacion: Eso de lo que estmaos tan orgullosos”. 19 de mayo de 2014, 20:30.
Y eddie abunda en el mismo sentido: “Este post responde a una de las cuestiones claves de la humanidad (sino la que más)que necesitaría mucho tiempo y análisis, sólo apto para mentes muy lúcidas.
Decia Ignacio Ellacuria que nadie tiene derecho a lo superfluo, cuando todos no tienen lo necesario. Pero quién se lo dice a ese sector de la población que ha adquirido algún “status” y se le ha adiccionado para ello, cómo va a desengancharse . Estamos imbuidos en un ecosistema muy tóxico, con las cartas marcadas, que no deja a la gente reflexionar sobre estas cuestiones trascendentales. La plebe tira de sus instintos animalisticos para salvarse él y olvidarse de su condición humana más racional. Me resulta difícil pensar cómo se puede bajar la velocidad de un tren en marcha desbocado y sin frenos , pero pienso que se podría lograr”.20 de mayo de 2014, 20:45.
Como antecesor vuestro no está ni más ni menos que Levi-Strauss, el más importante de los antropólogos que hasta ahora han sido.
Este autor, al que muchos consideran uno de los padres de estructuralismo, en una larga serie de publicaciones que van desde Tristes trópicos hasta La Mitológicas pasando por El pensamiento salvaje, llega a conclusiones muy parecidas a las vuestras, sólo que su tesis final es absolutamente diferente: no hay diferencias esenciales sino simplemente estructurales estre nuestra civilización y ésas que hemos dado en llamar salvajes.
Y es que este maestro de pensadores pasó por alto las ideas básicas de otros 2 gigantes del pensamiento, Karl Marx y Sigmund Freud.
Es posible que si pudiéramos encerrar al hombre en burbujas absolutamente independientes, aisladas, y los dejáramos desarrollarse allí, todo los hombres sometidos al experimento acabaran por ser absolutamente iguales, pero esto apenas si ocurre en esas tribus aisladas del Amazonas, en las que él fundamentó preferentemente sus estudios iniciales.
Pero el hombre está arrojado al mundo, y sometido a millones de influencias materiales y psicológicas, que le conforman decisivamente.
Y, para su desgracia, según mi modesta opinión, no está preservado del entorno por kilómetros y kilómetros de una selva casi impenetrable.
Y, como el hombre es él y sus malditas circunstancias, resulta que el hombre que llamamos civilizado, el hombre occidental y también ahora el oriental, está sometido a una serie enorme de influencias que lo estereotipan. 
Y, ahora, no tenemos más remedio que acudir al principio de toda la filosofía, al jodido estagirita.
Aristóteles expuso la evolución inexorable de las formas de gobierno en su Política y hasta ahora nadie ha podido dejarla sin efecto, de modo que, aún con la extraordinaria lentitud de los fenómenos históricos, el gobierno de los países pasa por una sucesión que va desde la monarquía a la tiranía pasando por casi todas las otras formas de gobierno, república, demagogia, aristocracia, oligarquía, y tiranía. Por supuesto que esta evolución no es fatal , no se da siempre, inexorablemente, en todas y cada una de sus formas, pero, a grandes rasgos, es así.
Y, entrando ya en la materia que vosotros proponéis, la solución a los problemas que impiden la implantación y subsistencia de regímenes comunistas, es que este sistema de organización estatal, requiere para imponerse la aplicación de una fuerza revolucionaria que sólo emerge en circunstancias hasta ahora muy especiales: Cuba, China, Venezuela, entre otras cosas porque su enemigo natural el capitalismo, como dueño de todos los medios de comunicación del mundo mundial, ha llevado a cabo un gigantesco lavado de cerebro a toda la humanidad, imponiendo el pensamiento de que el comunismo no es sino una invención diabólica creada por auténticos demonios.
¿Probabilidades de que el comunismo pudiera implantarse en países, como, por ejemplo, España? Ninguna.
Todo el universo, de acuerdo con el axioma de Lampedusa, está cumpliendo a rajatabla esa canallesca doctrina de “es preciso que todo cambie para que todo siga igual”.
Y lo están haciendo tan bien que a todos estos aprendices de fascistas irredentos se le llena continuamente la boca hablando de democracia olvidando el aserto de Lincoln: democracia es el gobierno  DEL PUEBLO, PARA EL PUEBLO Y POR EL PUEBLO.
Ninguno de estos 3 requisitos se da actualmente en ningún país del mundo que no sean los que antes hemos citado, Cuba, China y Venezuela.
Entonces, ¿qué podemos hacer?
Casi estoy tentado de escribir: nada.
Si en todos los países del mundo, más tarde o más temprano, estallan revoluciones ¿por qué no puede suceder aquí lo mismo?
Es un pequeño atisbo de esperanza.

domingo, 18 de mayo de 2014

La igualdad

En El Confidencial de hoy, he hallado un artículo de Argemino Barro, escrito desde el propio Donésk que nos dice:
“El bulevar Pushkin de Donétsk tiene una exposición al aire libre sobre cómo era la ciudad en el siglo XX. Primero fue Yúzovka (por su fundador, un industrial galés apellidado Hughes), luego se llamó Stalino (“del acero”, manera de honrar metalurgia y líder a un tiempo) y finalmente Donétsk, por su cercanía al Don. Es una arteria ordenada, recta y floreada, cubierta de árboles y fuentecillas cantarinas.
“Sólo queremos organización y disciplina”, dice un hombre cuyas manos parecen tenazas hidráulicas. Estamos sentados a un extremo del bulevar, junto al cuartel prorruso. “En la URSS todos éramos hermanos; vivíamos juntos y no había problemas, ¡ni tampoco fascistas!”. Nicolái Maksímovich Maslóv trabajó 39 años de minero, 22 de ellos en la Unión Soviética. Gana 186 euros de pensión, cuatro veces menos que su hermana, residente en Rusia. “Antes trabajábamos y luego nos íbamos de vacaciones a Crimea; todos igual. No había ni ricos ni pobres....”.
“A finales de los años ochenta, los mineros del Donbás vivían una media de 38 años y cobraban por debajo del salario medio de la República Socialista Soviética de Ucrania. En 1991, exhausto el sistema, el referéndum por la independencia ucraniana fue apoyado por más del 92% de los habitantes. “La gente no sabía lo que votaba”, explica Nicolái. “No estaba claro si seguiríamos unidos a Rusia o seríamos un país nuevo”.
“Es un desencanto habitual entre las clases humildes del Donbás, acantonadas, como el propio Nicolái, en barrios lejanos que cuelgan de pensiones ínfimas. “Antes la educación era completa y gratuita”, dice Aleksandr, veterano del Ejército Rojo de 61 años. “Estudiabas, hacías prácticas y luego conseguías un buen trabajo. Ahora los jóvenes tienen ochenta diplomas que no valen para nada. Un pedazo de papel que no te dará un empleo”.
“La nostalgia es más común entre los pensionistas”, declara Nataliya Todorova. “La gente mayor asocia la URSS con su juventud, cuando eran personas frescas y energéticas”. Nataliya, de 54 años, fue una de las primeras ucranianas en renunciar al Partido Comunista en los años ochenta. Hoy es profesora de la Universidad Nacional Técnica de Donétsk. “A mí me tocó la era Brezhnev, el inmovilismo, el estancamiento. Mis padres eran creyentes del comunismo, pero yo no. Abandoné el Partido para sorpresa de mis compañeros. Y no siento nostalgia”.
“Nicolái y Nataliya ofrecen perfiles elocuentes. Él es testimonio de una vida interrumpida, cuando desapareció el trabajo “y los precios no hacían más que subir, subir, subir”. Ella despegó con la perestroika y la independencia. Licenciada en Lengua y Literatura Inglesa, encabeza el departamento de Estudios Internacionales y de Negocios de su universidad y disfruta de una sólida red de amigos extranjeros....”.
“La situación actual, con la Ucrania rusófona desgajándose por las malas, proyecta deseos y temores en todas las clases sociales. Mientras Nicolái confía en lograr justicia y vencer de nuevo, quizás con ayuda de Moscú, a los “fascistas y genocidas” que han tomado Kiev y que nunca se han molestado en hablar con el Donbás sino es a tiros e insultos, Nataliya reconoce su preocupación. Dos ciudades bajo la misma piel”.
Ser o no ser, he aquí el problema.
Ser comunista o capitalista. Tú eliges.
O eres un tío igualitario que sólo quiere ser igual que los demás o eres un tío o una tía que quieres ser diferente. “España es diferente”, decía el jefe de todos ellos, mientras iba poniendo, uno a uno, todos los ladrillos del edificio en el que ahora estamos todos encerrados.
No era tonto el muy canalla, conocía muy bien a la humanidad porque había estudiado mucho y mal todo lo que entonces se podía estudiar.
“Le cabe todo el Estado en la cabeza”, dijo de él ese otro canalla.
Aquí se condensa y expone con la suficiente claridad lo oque venimos llamando la traición de los intelectuales:
1) de una parte tenemos al obrero cuyas manos son como herramientas y que añora los tiempos de la igualdad y
2) de la otra a esa licenciada en lengua inglesa o lo que sea.
La 2ª, hija de comunista y afiliada al partido, ha renegado de él porque ahora es la directora de un organismo que la remunera muy por encima de lo que nunca podrían llegar a ganar sus padres y ella misma en un país comunista, entonces, la muy canalla hace lo que todos nosotros estamos haciendo ahora, renegar del principio de igualdad comunista porque su vigencia la obligaría a ella a ganar lo que su propio padre o poco más. Rajoy, en sus famosos artículos en El Faro de Vigo, hablaba de la envidia igualitaria, porque él es precisamente el apóstol de la desigualdad. Si la igualdad hubiera regido en este país, si el hijo de un obrero metalúrgico hubiera tenido iguales, oportunidades que él, uno de los hijos del Presidente de la Audiencia de Pontevedra que ha tenido el riñón económico necesario para que todos sus hijos, sin excepción, se hayan hecho notarios o registradores, las 2 profesiones mejor pagadas en España, a lo mejor él, Rajoy, ahora no sería registrador de la propiedad porque otros miles de hijos de padres iguales, le hubieran ganado la plaza en las oposiciones, esa plaza de Santapola, uno de los mejores registros de España, que se le reserva cuidadosamente para cuando él deje la política en la que habrá hecho todo lo que pueda y más para que él y los de su casta sigan teniendo la exclusiva de llegar a notarios, registradores o abogados del Estado.
Esta situación es la que esa hija de comunistas ukranianos quiere que se imponga en su país, por eso rompió su carnet del partido, porque ella ya estaba un peldaño por encima de sus padres y no quería que ellos y todos sus demás conciudadanos tuvieran los mismos derechos e igualdad de oportunidades y pudieran hacerle la competencia a ella o a sus hijos.
Esto es lo que quieren todos estos desclasados que han conseguido a expensas de los demás ascender un peldaño en el escalafón social, su asquerosa, jodida, canallesca condición humana, les vuelve en contra de sus propias padres y de sus hermanos, no quieren de ninguna manera que con esa igualdad de oportunidades que supone el comunismo igualitario aumente la competencia para sí y los suyos, por eso, ahora, que, de alguna manera, son ya intelectuales, en el sentido más auténtico de la palabra, reniegan de sus iguales y se revuelven en todo momentos contra ellos: la traición de los intelectuales, que es la que nos ha llevado adonde ahora estamos.
La tía hace como que no sabe que su licenciatura se debe a que unas instituciones estatales costeadas con los impuestos de todos los obreros que son como sus padres le han permitido a ella estudiar y como ya ha terminado sus estudios y se ha colocado bien gracias a ellos, dice lo mismos que esa hetaira hija del Fabra catellonense cuando oye hablar de la paupérrima situación de los obreros: “Que se jodan, coño, que se jodan”.
Por eso yo no acabo de entender la postura de gente como Rafael Narbona y el propio Pablo Iglesias, que en el terreno intelectual, muy lejos todavía del planteamiento utilitario de derrotar como sea a las legiones fascistas que nos oprimen de esta infame manera, cuando sólo se habla o escribe en puridad de las ideas políticas se alinean de una manera más o menos clara con la ideología neoliberal totalitaria que sostiene que el comunismo ya está ampliamente sobrepasado. 
Sobrepasado ¿por quén y por qué? ¿Cómo?
A estos tíos en cuya sinceridad creo a pie juntillas, yo no les permito que vengan ahora y me digan, “chico, mira, el comunismo es una ideología no sólo falsa sino totalitaria e inhumana porque en todas sus concreciones históricas ha acabado imponiendo una realidad social que empeora a las que estuvieron vigentes con el nazifascismo”.
-Coño, no, que vosotros habéis leído los mismos libros que yo y lo que allí está escrito no tiene nada que ver con lo que unos tios canallas dijeron que era el comunismo, que unos desvergonzados hayan aplastado a sus propio pueblos, apoyándose en esa palabra, no significa que la idea no sea la más sublime que los hombres hayan creado nunca. Si no, decidme, queridos amigos que mandamiento supera en su contenido ético a éste en el que yo condenso lo que es la ideología comunista: dale a la sociedad todo lo que tengas, lo mejor de ti mismo, y sólo recibe de ella lo que necesites para la supervivencia  tuya y de los tuyos.

jueves, 15 de mayo de 2014

La inmanencia en la política y en el fútbol

  Cuando un tío tan esquivo, tan huraño como Valdés se deja hacer fotos como ésta con su mujer es porque necesita mucho el dinero. Tal vez esto lo explique todo.
    Thiago Alcántara cuando era jugador de las categorías inferiores del Barcelona.
Que conste que soy plenamente consciente de que el concepto de inmanencia que yo uso no es el clásico sino uno que yo he extraído de su propia derivación.
Para mí, inmanente viene de "in", prefijo que significa "en" y "manente", de  verbo latino "maneo, manes, manere", que significa permanecer,  de donde inmanente es, para mi, aquello que permanece o se manifiesta o produce en sí mismo.
Supongo que muchos de ustedes ya me tenían por loco y yo estoy seguro que con razón, porque hay que estarlo para conjugar en una misma persona, en un mismo y jodido tipo, al incrédulo más grande que ha parido madre y a un tío, coño, que cree en una justicia inmanente.
Y es que yo puedo ser el tío más racionalista que pisa esta asquerosa tierra y plantear y resolver un sistema de ecuaciones con “n” incógnitas antes de ir a mear y no orinar si no lo resuelve y, por otra parte, un gilipollas que ve una mano, una jodida mano natural que le da a la gente que se lo merece un buen trompazo en todos los morros.
Y esto a propósito de Valdés y de Thiago Alcántara. No sólo no es justo ni mucho menos necesario que estos 2 tíos hayan explotado al Barça hasta el límite, viviendo a expensas de él toda sus puñeteras vidas, logrando, gracias a él, el 1º, llegar a ser considerado como uno de los mejores porteros del mundo y, el 2º, convertirse en el sucesor natural y paciente del que es, seguramente, el mejor futbolista español de todos los tiempos.
Ay, amigos, como diría un gitano, el maldito parné. ¿Será por eso? Sí, es por eso. El 1º se va a jugar si es que puede volver a hacerlo, al puñetero Mónaco, que juega sus partidos ante 5.000 personas y el otro se ha ido al todopoderoso Bayern donde va a tener, a no dudarlo, la competencia más dura del mundo, pero eso, sí, cobrando 7 u 8 millones de euros limpios al año.
Pero, amigos míos, y aquí viene lo de la jodida inmanencia, a los 2 les ha llegado la justicia en forma de la misma lesión, la terrible rotura de los ligamentos cruzados de la rodilla, algo que si no te echa a patadas del fútbol, te marca ya para siempre.
Con la agravante en el caso de Thiago de que la lesión se le ha reproducido, coño, en el mismo momento en que iba a ir con España al mundial. Más inmanente no puede ser.
 Y ya que escribimos de inmanencia, pasemos a la actualidad política.
Tal vez, el libro más profético que se haya escrito nunca es La traición de los intelectuales, de Julien Benda.
Pero nadie lo ha sabido interpretar.
Este gentuza, ¿o es canalla?, de intelectuales que nos ha tocado sufrir piensa, cree firmemente que no lo va a pagar, y muy caro.
Hay multitud de sentencias de la sabiduría que este gentuza está obviando olímpicamente, como esa que dice: “la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”.
Pero a mí, la que más me gusta es la clásica: “veritas est adequatio rei et intellectus”, la adecuación, la concordancia de la inteligencia con la realidad. 
Y todo esto a propósito de ese asesinato de una jefa PP de León por unas camaradas suyas que se han sentido maltratadas reiteradamente por ella.
 Yo no conozco de la personalidad de la asesinada más que lo que se ha publicado, se trata de una vieja partidaria del PP con una larga carrera política, tan larga que el propio Rajoy dice que ella siempre le ayudó mucho.
¿A qué?
Todo lo que ha hecho Rajoy es malo. O, si lo prefieren, y, desde luego, suena más científico, Rajoy es un tipo que siempre hace el mal.
Pero ¿qué es el mal?
Así, al primer toque, lo contrario del bien, pero ¿qué es el bien?
Hacer lo que se halla de acuerdo con la naturaleza de las cosas.
Y el Estado se creo, políticamente, para impedir que los poderosos devoraran literalmente a los débiles.
Todo lo contrario de lo que hace Rajoy, “ergo”, como decíamos, lo que hace Rajoy, es, siempre, en todo momento, el mal, está aprovechando su dominio del mecanismo coercitivo del Estado para asesinar a los débiles y potenciar hasta el máximo el poder de los fuertes.
Y todos los que lo siguen, al nivel que sea, son por lo tanto, si no coautores del mal, por lo menos cómplices.
Y esto es lo que explica, que no justifica, definitivamente por qué y cómo ha ocurrido este asesinato.
La víctima ostentaba ni más ni menos que la friolera de 10 o 12 cargos. Sí, han leído muy bien, 10 o 12 cargos.
¿Puede una persona, por muy capaz que sea, desempeñar bien una tarea que coincide con aquélla que hizo tan famoso a Hércules?
Evidentemente, no, por eso es precisamente prototípica la tarea de Hércules, pero el poder, dijo lord Acton, corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.
Y el hombre, y la mujer, por supuesto, tiende por su propia naturaleza  a la corrupción, incluso, los filósofos pesimistas, Nietzsche y Schopenhauer, llegan a proponer que el hombre vive sólo para la corrupción, que nuestras vidas, nuestra moradas, nuestros locales de trabajo sólo son porquerizas en las que cada uno se revuelca en su propio fango. Algo de esto pensaban también el gran filosofo inglés Hobbes cuando dijo aquello de que “homo homini lupus”, el hombre es un lobo para el hombre y el Doctor Angelicus, casi nada, lo llamó simplemente desfalleciente.
Frente a esto, ¿qué podemos hacer nosotros? Tener mucha piedad de las 3, a pesar de que sean del PP. A pesar de que, que se sepa, a lo peor hay también otras cosas aún más sucias, a mi me chirría un poco que por 18 o por 20.000 euros una persona mate a sangre fría a otra, después de haberlo planeado un par de años, el caso es, o así parece que una, al principio, prohijó a la hija de la otra fervientemente apoyándola no sólo en su carrera política sino también en la profesional, colocándola estupendamente en uno de los miles de empleos de los que disponía como si fueran suyos, y, luego, los malos vientos, vete tú a saber por qué, enfriaron aquellas estupendas relaciones y la prohijada no sólo cayó en desgracia sino que fue furiosamente perseguida hasta su propia guarida en otra localidad leonesa.
Esto ya sí que me parece, sólo desde el punto de vista de la psicología como ciencia que estudia el funcionamiento del alma humana y de sus pasiones, una explicación capaz de asumir un asunto que a primera vista parece enteramente desproporcionado, sin que esto suponga en modo alguno justificar los hechos en ningún sentido.

lunes, 12 de mayo de 2014

El mundo según Shakespeare


Yo ya no creo en nada ni en nadie, si a mi edad yo creyera todavía en algo, es que seria mucho más tonto de lo que yo me considero, un tonto insuperable, un tonto de remate.
El último paso en este largo camino hacia el descrédito lo acabo de dar ahora mismo, he dejado de creer en los genios, si ya no tienes confianza ni siquiera en Shakespeare, apaga y vámonos ¿o acaso no fue él, precisamente, el que escribió aquello de “ésta es la aurora de nuestro desengaño”?
Y es que no se sabe qué es lo peor del bardo de Avon si su invencible pesimismo o ese regusto suyo por agotar los temas en una sola frase: “la vida es una historia narrada por un idiota, llena de ruido y de furia”, si lo sabría él que nunca hizo otra cosa que contarnos historias, cierto que algunas de ellas realmente maravillosas pero también otras absolutamente estúpidas como la de Romeo y Julieta. Por cierto, una de las mejores novelas que yo he leído le robaba a Shakespeare este prodigioso título: El ruido y la furia, del Nobel William Faulkner.
Los genios, coño, qué gentuza. Resulta que la naturaleza les ha dado la facultad de ir, pensando, o sintiendo, mucho más lejos que todos los demás y sólo se han atrevido a irse consigo mismos: “a mis soledades voy, de mis soledades vengo, porque, para estar conmigo, me bastan mis pensamientos” y esto lo dijo un tío tan amante de la soledad que escribió y estrenó más de 100 obras de teatro en sólo 24 horas, imagínenselo ustedes en medio del follón, rodeado de actores, actrices y apuntadores.
Otros han pretendido cambiar realmente el mundo, buscando afanosamente en el fondo de sus secretos que siempre deberían de haber permanecido inescrutables de tal modo que el jodido Einstein, tan celebrado en lugar de execrado, se empeñó el tío en descubrir la relación entre la energía y la velocidad de la luz y hoy, en Japón, todo el mundo se acuerda, y mucho, de su madre e incluso de su padre, porque la energía atómica los ha hecho inmensamente desgraciado dos veces.
Y es que, si uno lo medita suficientemente, descubre que el más genial de todos fue ése tal Murphy que parece que fue el primero en darse cuenta de que, cuando la tostada se cae, siempre lo hace del lado de la mantequilla y la mermelada.
Y eso por no hablar de ese otro, el tal Peter, que descubrió una ley mucho más importante que la de la gravedad, todos, absolutamente todos seguimos creciendo en nuestras propias incapacidades hasta alcanzar el nivel de la más absoluta incompetencia. De modo que, como todos tenemos tendencia a vivir lo más posible, el mundo está lleno de incompetentes absolutos y así nos va, que, ahora, no sabemos qué hacer con el dinero, ese invento maldito, por el que todo el mundo se preocupa de tal modo que acaba vendiéndole su alma al asqueroso Diablo.
¿Subimos o bajamos un cuartillo al interés diferencial del euro? ¿Qué es más noble para el alma?
¿Y quién coño lo sabe si parece que lo único que ahora, al fin, sabemos es que la puñetera economía ni siquiera es una ciencia?
O sea que, ahora mismo, Merkel y Draghi son dos pobres idiotas, moviéndose a ciegas en una inmensa cacharrería de ahí el estropicio cotidiano que estamos sufriendo, que, un día, albricias, al fin, hemos descubierto la piedra filosofal y, al siguiente, vuelta a empezar, con los despropósitos de la probaturas porque si hay algo indubitable en la tortura que nos aflige es que cada día es peor que el anterior y mejor, por supuesto, que el siguiente, de modo que todo el mundo, horrorizado, se pregunta adonde vamos a llegar y, como es lógico, en este mundo de idiotas, Shakespeare, nadie lo sabe porque ni siquiera lo deja concentrarse lo suficiente para pensar el ruido y la furia y ya no tenemos a un Einstein capaz de descubrir una formula capaz de mandarlo todo a hacer leches de una puñetera vez, de modo que vamos a seguir todos sufriendo esta espantosa pesadilla, la más espantosa desde luego, para los espíritus modernos, de contemplar que nuestro dinero cada día que pasa vale menos y, si no, que se lo pregunten a la propia Merkel que, en la última subasta de  bonos del Tesoro alemán ha intentando algo que "a priori" parece absolutamente imposible: venderlos avisándole a los sucriptores de que su rendimiento iba a ser negativo o sea que, en lugar, de devengarles intereses iban a perderlos, eso, sí, sólo un poco, 0'5% y dicen, no sé si será cierto, que se los han quitado de las manos.
Joder, qué mundo.
Entonces, ¿en qué coño vamos a creer si ya no podemos hacerlo ni en la economía, si ya no es cierto lo que afirmaban aquellos auténticos genios de cuando todavía se podía vivir en el mundo porque era cierto absolutamente aquello de poderoso caballero es don Dinero?
Si ya ni siquiera podemos creer en el dólar, en qué coño entonces vamos a creer.
Efectivamente, jodido Shakespeare, ésta es la aurora de nuestro desengaño porque hoy más que nunca vivimos en un mundo lleno de ruido y de furia, gobernado por un idiota.

sábado, 10 de mayo de 2014

La ética del delincuente




 No es por casualidad que Rajoy y Wert sean rabiosos partidarios del Real Madrid, RM, como también lo son el Rey y Aznar, y, que no se me olviden, el ínclito Rubalcaba y el tal Lisaveztky, y, si hiciéramos un cuidadoso seguimiento, todos, sin excepción, de los grandes fascistas que asolan este país, porque, como no me he cansado de razonar, una y otra vez, hasta el hartazgo, el madridismo no es más que un fascismo. Se me olvidaba el principal, Franco.
Si algo es el fascismo es la convicción indestructible del propio caudillaje. Franco, Hitler, Mussolini, caudillos de sus respectivos países, por la gracia de Dios. Real Madrid, también caudillo excelso de todos los clubs de fútbol del mundo por la misma y puñetera gracia de Dios. ¿O no?
Hace no sé cuánto tiempo, leí en el As, ¿dónde, si no? unas declaraciones de uno de los jugadores del Madrid, no de los estelares , que decía precisamente eso: que el Madrid tenía que volver a ser el mejor club del mundo porque eso era lo natural, lo que debe de ser.
 Lo que debe de ser, un concepto esencialmente ético. El etos es lo que se halla inscrito en la naturaleza de las cosas imprimiéndoles el carácter necesario para que alcancen su propia esencia, de modo que lo ético es lo que no tiene más remedio que ser si atendemos a la propia naturaleza del ser.
 De modo que la realidad se perfecciona, en cierto modo, se convierte en divina cuando se acerca al lo que debe de ser, o sea, que el RM es no sólo lo que es perfecto sino también lo que lo debe de ser.
 Estoy por no escribir una sola palabra más, pero no ahora mismo, sino para siempre, porque ¿qué más se puede decir, aquello de en un principio era el Verbo, y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros?
 El madridismo es la esencia de la perfección y ésta no es sino la concordancia de la realidad con su modelo. Si el RM es no sólo lo que debe de ser un club de fútbol, ¿cómo no debemos de aceptar que todo el ordenamiento futbolístico gire, como está ordenado, alrededor de él? Los alemanes dicen: Alemania, Alemania, sobre todo. Los españoles, los bien nacido, claro, gritan, viva el Real Madrid, el club señor por excelencia.
 Y les importa muy poco que los representantes del club señor por excelencia vayan por ahí, agrediendo a la gente delante de las cámaras televisivas de todo el mundo. No sólo no repudian una conducta así sino que la hacen su puñetero paradigma: “Mourinho, tu dedo nos señala el camino”.
 En otro país, con otras gentes, con otras autoridades y no sólo futbolísticas, un tipo que ante millones y millones de espectadores tiene la osadía de agredir a otro, hubiera sido inmediatamente detenido y puesto a disposición judicial ya que había demostrado “erga omnes” que era manifiestamente un peligro público, aquí, la inmensa mayoría de las autoridades pùblicas, encargadas de la persecución de los delitos, y los magistrados jurisdiccionales, que tienen como una de sus principales misiones perseguir los delitos que se cometen en su demarcación territorial, según las leyes que regulan las actividades criminales, no sólo no detuvieron ni ordenaron su detención sino que, estoy seguro de ello, aplaudieron rabiosamente la conducta del personaje, como su propio presidente que llegó a decir que tal conducta no era sino la concreción más excelsa de ese señorío que siempre ha caracterizado al RM.
 Es por todo esto que afirmamos que el madridismo no es más que un fascismo porque como el nazismo, el fascismo en sentido estricto y el propio franquismo no sólo ensalza sino que diviniza la agresión irracional como la más genuina expresión de la excelencia, la violencia por encina de todo, el Madrid, el Madrid, por encima de todo, de la moral, de la ética e incluso de la estética.
 Y que no me venga nadie ahora y me diga que en el madridismo como en botica, hay de todo, porque yo fui también madridista, hasta que las continuas tropelías, los continuos abusos, la constantes y conscientes injusticias me hicieron repudiar el madridismo.

martes, 6 de mayo de 2014

El nuevo marxismo

                                                           El economista Thomas Piketty
Es bueno que los intelectuales honrados, que también los hay, empiecen a enseñar sus afiladas uñas. Porque es absolutamente imposible que una economía que lleva el sudor, las lágrimas y la muerte a la mayor parte de la sociedad mundial para enriquecer tan sólo a una ínfima parte de la misma, sea una ciencia no sólo verdadera sino también honesta.
Si lo que afirman impunemente todos esos canallas de los economistas vendidos al capital fuera una verdad incontrovertible, no habría otra solución que el más masivo de todos los suicidios, es decir, que la mayor parte de todos nosotros gritáramos: “eh, coño, que paren este asqueroso e indecente mundo, porque yo me quiero bajar de él”.
Pero yo, que soy un tipo no sólo ya muy viejo, con todos los problemas intelectuales que ello representa, pero también con esa maravillosa ventaja que da la absoluta independencia, juro por todo lo que ustedes quieran que no es verdad.
Y esto yo lo sabía como sé lo poquísimo que sé, porque la experiencia de tantos años me lo había gravado a fuego lento por todos los milímetros de mi sufrida piel.
Por eso me sorprende casi tanto como me alegra que unos tipos como Krugman y este nuevo tío, el tal Piketty, vengan ahora, cuando ya es quizá para mí demasiado tarde, a decir lo mismo que yo llevo gritando toda mi puñetera vida: ser marxista no es sino ser partidario de la igualdad de todos los seres humanos sobre la Tierra.
Y esto ¿qué puñetera cosa es? ¿Un silogismo aristotélico, una proposición hegeliana, un razonamiento matemático linguístico wittgensteiniano, un discurso foucaltiano, un rizoma deleuziano o una deconstrucción derridiana?
No sólo no lo sé sino que creo que no me hace falta saberlo porque siempre lo he tenido impreso en mi puñetero corazón, siempre he sentido una inmensa ternura cuando he advertido cualquier tipo de sufrimiento humano, que no me afligía a mi sino tan sólo al otro.
Algunos dice que esto se llama solidaridad, yo creo más bien que es jodido y puñetero amor: quiero tanto a todo el mundo, incluso a esos tipejos que en modo alguno lo merecen, que me he pasado casi toda la vida llorando y protestando por el sufrimiento, el dolor ajeno, porque el hombre, que apenas si es capaz de disfrutar del placer, tiene una inmensa capacidad para sufrir el dolor.
Pero estaba hablando de Krugman y de su proahijado Piketty, autor de un libro tan inteligente y revolucionario que ha motivado la alerta escandalosa de todo ese asqueroso mundo de la intelectualidad conservadora, o sea traidora, por hablar con el lenguaje de Julien Benda, El Capital en el siglo XXI, en el que el economista francés demuestra de una manera absolutamente categórica que toda la riqueza acumulada en las manos de esas pocas familias que gobiernan el mundo no sólo es una canallada insuperable sino algo mucho más dañino para la historia de la humanidad: el más execrable de los crímenes.
Ni que decir tiene que una oleada de fariseica indignación se ha levantado en todo el mundo de la ciencia económica que lleva muchos años ya entregada de cuerpo y alma al aplauso incondicional de las mal llamadas teorías económicas liberales, que tienen de tales lo que yo de cura.
Como le contestara firme pero tranquilamente Lenin, al gran preboste de la intelectualidad española que después de visitar aquella Rusia turbulenta, le comentó que sí, que todo estaba muy bien, que aplaudía que se hubiera derribado para siempre a la Rusia zarista, pero que él  echaba de menos que el nuevo régimen no promoviera un poco más de libertad, “¿libertad, para qué?”.
Es esa omnímoda y fraudulenta libertad la que nos ha llevado y nos mantiene precisamente en la peor de las esclavitudes,la que experimentan esos miles de millones de parados que tiene que vender todos los días su dignidad, su honradez y su alma para intentar poder comer un poco.
No les ha gustado nada a los prebostes actuales ni a sus corifeos intelectuales, vendidos hasta los tuétanos, que algunos economistas verdaderamente dignos de tal nombre, hayan comenzado a escarbar en las fuentes de la historia económica de todas las naciones y empezado también a publicar los resultados de sus investigaciones, esencialmente contrarios a las teorías económicas cuyo predominio tan falso como injustificado nos ha llevado a este infierno en el que ni siquiera podemos vivir.
"El  pánico a Piketty
Los conservadores parecen incapaces de elaborar un contraataque a las tesis del economista
PAUL KRUGMAN 4 MAY 2014 - 01:00 CET40
El nuevo libro del economista francés Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI, es un prodigio de honestidad. Otros libros de economía han sido éxitos de ventas, pero, a diferencia de la mayoría de ellos, la contribución de Piketty contiene una erudición auténtica que puede hacer cambiar la retórica. Y los conservadores están aterrorizados. Por eso, James Pethokoukis, del Instituto Estadounidense de la Empresa, advierte en National Reviewde que el trabajo de Piketty debe ser rebatido, porque, de lo contrario, “se propagará entre la intelectualidad y remodelará el paisaje político-económico en el que se librarán todas las futuras batallas de las ideas políticas”.
Pues bueno, les deseo buena suerte. Por ahora, lo realmente sorprendente del debate es que la derecha parece incapaz de organizar ninguna clase de contraataque significativo a las tesis de Piketty. En vez de eso, la reacción ha consistido exclusivamente en descalificar; concretamente, en alegar que Piketty es un marxista, y, por tanto, alguien que considera que la desigualdad de ingresos y de riqueza es un asunto importante.
En breve volveré sobre la cuestión de la descalificación. Antes veamos por qué El capital está teniendo tanta repercusión.
Piketty no es ni mucho menos el primer economista en señalar que estamos sufriendo un pronunciado aumento de la desigualdad, y ni siquiera en recalcar el contraste entre el lento crecimiento de los ingresos de la mayoría de la población y el espectacular ascenso de las rentas de las clases altas. Es cierto que Piketty y sus compañeros han añadido una buena dosis de profundidad histórica a nuestros conocimientos, y demostrado que, efectivamente, vivimos una nueva edad dorada. Pero eso hace ya tiempo que lo sabíamos.
No, la auténtica novedad de El capital es la manera en que echa por tierra el más preciado de los mitos conservadores: el empeño en que vivimos en una meritocracia en la que las grandes fortunas se ganan y son merecidas.
Durante el último par de décadas, la respuesta conservadora a los intentos por hacer del espectacular aumento de las rentas de las clases altas una cuestión política ha comprendido dos líneas defensivas: en primer lugar, negar que a los ricos realmente les vaya tan bien y al resto tan mal como les va, y si esta negación falla, afirmar que el incremento de las rentas de las clases altas es la justa recompensa por los servicios prestados. No les llamen el 1% o los ricos; llámenles “creadores de empleo”.
Pero ¿cómo se puede defender esto si los ricos obtienen gran parte de sus rentas no de su trabajo, sino de los activos que poseen? ¿Y qué pasa si las grandes riquezas proceden cada vez más de la herencia, y no de la iniciativa empresarial?
Piketty muestra que estas preguntas no son improductivas. Las sociedades occidentales anteriores a la Primera Guerra Mundial efectivamente estaban dominadas por una oligarquía cuya riqueza era heredada, y su libro argumenta de forma convincente que estamos en plena vuelta hacia ese estado de cosas.
Por tanto, ¿qué tiene que hacer un conservador ante el temor a que este diagnóstico pueda ser utilizado para justificar una mayor presión fiscal sobre los ricos? Podría intentar rebatir a Piketty con argumentos reales; pero hasta ahora no he visto ningún indicio de ello. Antes bien, como decía, todo ha consistido en descalificar.
Supongo que esto no debería resultar sorprendente. He participado en debates sobre la desigualdad durante más de dos décadas y todavía no he visto que los “expertos” conservadores se las arreglen para cuestionar los números sin tropezar con los cordones de sus propios zapatos intelectuales. Porque se diría que, básicamente, los hechos no están de su parte. Al mismo tiempo, acusar de ser un extremista de izquierdas a cualquiera que ponga en duda cualquier aspecto del dogma del libre mercado ha sido un procedimiento habitual de la derecha ya desde que William F. Buckley y otros como él intentaran impedir que se enseñase la teoría económica keynesiana, no demostrando que fuera errónea, sino acusándola de “colectivista”.
Con todo, ha sido impresionante ver a los conservadores, uno tras otro, acusar a Piketty de marxista. Incluso Pethokoukis, que es más refinado que los demás, dice de El capital que es una obra de “marxismo blando”, lo cual solo tiene sentido si la simple mención de la desigualdad de riqueza te convierte en un marxista. (Y a lo mejor así es como lo ven ellos. Hace poco, el exsenador Rick Santorum calificó el término “clase media” de “jerga marxista”, porque, ya saben, en Estados Unidos no tenemos clases sociales).
Y la reseña de The Wall Street Journal, como era de esperar, da el gran salto y de alguna manera se las arregla para enlazar la demanda de Piketty de que se aplique una fiscalidad progresiva como medio de limitar la concentración de la riqueza —una solución tan estadounidense como el pastel de manzana, defendida en su momento no solo por los economistas de vanguardia, sino también por los políticos convencionales, hasta, e incluido, Teddy Roosevelt— con los males del estalinismo. ¿De verdad que esto es lo mejor que puede hacer The Journal? La respuesta, aparentemente, es sí.
Ahora bien, el hecho de que sea evidente que los apologistas de los oligarcas estadounidenses carecen de argumentos coherentes no significa que estén desaparecidos políticamente. El dinero sigue teniendo voz; de hecho, gracias en parte al Tribunal Supremo presidido por John G. Roberts, su voz suena más fuerte que nunca. Aun así, las ideas también son importantes, ya que dan forma a la manera en que nos referimos a la sociedad y, en último término, a nuestros actos. Y el pánico a Piketty muestra que a la derecha se le han acabado las ideas".
Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel de 2008.
© 2014 New York Times Service

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