jueves, 28 de agosto de 2014

Otros nuevos idus

He repasado miles de paginas de Google, buscando algo que seguramente no se puede encontrar: una fotografía de Anguita, Aznar y Pedro J.  juntos, por eso no la he traído a aquí.

De veras, me cansa ya un poco todo esto, porque a mi edad resulta ya ciertamente pesado volver a decir todo esto que vengo repitiendo desde siempre:

Nunca pasa realmente nada, todo sigue igual porque no sólo no aprendemos sino que tampoco queremos hacerlo.

De pronto, como si el tiempo no hubiera pasado o, peor, como si lo hubiera hecho completamente en balde, de nuevo me encuentro con uno de los peores hombres de toda mi vida.

Adelanto que, con él me sucede como con el Real Madrid, porque yo también, al principio de mi loca carrera hacia la nada, lo confieso, perdonadme, como si fuera un Gil de Biedma cualquiera,-“yo nací, perdonadme, en la época de la pérgola y del tenis-“, como siempre, estoy citando de memoria,  fui del Real Madrid, RM.

Estoy hablando de Anguita, Julio.

Era verdadera locura lo que yo sentía por este hombre, un recio marxista, una comunista de pelo en pecho, donde los hubiera, y sin embargo....

Cuando subía a la tribuna del Congreso, yo me repantigaba en mi sofá de plástico y me bebía todas y cada una de sus palabras que nunca, nunca, nunca, hasta un determinado momento, me defraudaron.

Comprendo pero no perdono que nunca nadie ha tenido más motivo para odiar al otro que el que este Anguita tuvo para odiar a ese que ahora todo el mundo sabe que es un perfecto capullo, el jodido Felipe Gonzáles que siempre, siempre, siempre, que subía al podio del hemiciclo lo primero que hacía, el muy cabrón, era dedicar unos minutos a desprecia de la peor de las maneras posibles al referido Anguita.

Es por eso que yo llegué a odiar al tal Felipe casi tanto como lo hizo el propio Anguita.

Pero una cosa es el odio por muy africano que sea y otra muy distinta el deber que como político tiene un tío que ha decidido ejercer como tal.

Anguita andaba como loco por devolverle al jodido Felipe todos aquellos insuperables desprecios que el malnacido sevillano le arrojaba a la cara todos los días. Tiene que ser duro de verdad soportar todos los días que un canalla semejante suba a la más alta tribuna de la nación y lo 1º que haga es demostrar al mundo entero el desprecio que dice que siente por ti.

Si un tío tan despreciable te desprecia tanto a ti, ¿qué coño de piltrafa infruahumana tienes que ser tú?

Y este hombre que ahora parece tan pausado, que no lo es lo proclaman todos esos accidentes cardíacos que no sólo ha sufrido sino que seguramente, ojalá me equivoque, sufrirá, esperó impacientemente sentado en la puerta de su casa que pasara el cortejo del entierro de su enemigo.

Aznar y el que seguramente es el peor sujeto que en mucho tiempo ha dado este país, el famoso Pedro J., le ofrecieron al cordobés el plato quizá no demasiado frío de la venganza.

Y el marxista-comunista se lanzó sobre la pitanza y la devoró con absoluta fruición.

Nunca sabremos si los idus de marzo hubieran sido de todos modos tan crueles con el sevillano como en realidad lo fueron, si el cordobés no hubiera hecho todo lo que estuvo en su mano y más para que el hombre que despreciaba a Marx, este tío tan estúpido como para decir que estaba preocupado porque empezaba a pensar que moriría de éxito, se fuera a tomar por el mismísimo culo.

Fuera como fuese, el caso es que estos 3 heterogéneos personajes, Anguita, Aznar y el ahora defenestrado director de El Mundo, sic transit gloria mundi, cimentaron una mala amistad porque una amistad semejante no puede ser buena mirese desde donde se quiera.

Y la prueba irrefutable de lo buena que no era  reside en su secreta permanencia.

No quiero dejar pasar una ocasión como la que ahora se me ofrece de hablar de nuevo de la inmanencia de todas nuestras conductas. No sé, no puedo saberlo, que tal es Anguita como padre, por eso no aventuraré lo que este hombre ha tenido que sufrir viendo como su amistad con el tipo del sostén negro y el látigo de cuero más exuberantes, condujo directamente a su hijo a morir encamado creo que se llama a los que acompañan a los soldados en los carros de combate en medio de las batallas más injustas y salvajes.

Yo, que también soy padre y que tengo un hijo cuya muerte él mismo me anunció pero que luego, gracias al Cielo, no llegó a consumarse, sé cómo saben esta clase de lágrimas.

El caso es que Anguita ha tenido mucho tiempo para meditar sobre el extraño destino de los hombres.

Y lo ha hecho con tanta precisión y hondura que ahora parece que sí que ha aprendido que la unión de los politicos de una misma ideología es lo mejor que puede suceder para los ciudadanos que están pendientes de sus actos.

Tal como ahora algunos no nos hemos cansado de decir a los indignados partícipes de los 15M y de la DRY que teóricamente pensaron que lo importante era contemplar desde la neutralidad, la equidistancia y la imparcialidad cómo la extrema derecha se hacía con el poder gracias a su pasividad, de tan mala manera que ahora, tal como nosotros predijimos, mofidicarán las leyes electorales para que unas nuevas elecciones victoriosas para la izquierda sean realmente imposibles no sabemos por cuantos miles de años.

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