jueves, 7 de agosto de 2014

Un holocausto infinito


Parece como si los judíos estuvieran empeñados en justificar el holocausto que no es sino una manera horrible de darme la razón cuando afirmo que el ser humano es absolutamente despreciable.
La actitud de los que han sufrido en su propia carne los horrores de una persecución suprema, a todas luces intolerable, no se entendería en modo alguno sin esa deyección que supone la condición humana, ¿de quién trata de vengarse la jauría israelita si los asesinos suyos ya no existen, si han sido perseguidos y exterminados hasta el límite?
La única excusa que yo he admitido ante el espectáculo de una conducta humana absolutamente detestable es la del desconocimiento del horror, pero ésta es precisamente la única que ellos, los judíos, no pueden esgrimir.
¿Entonces?
No quisiera pensar que se trata de una especie de escarmiento a posteriori, de una amenaza para cualquier otro futuro abominable, con el que esta gente le esté diciendo a todas las generaciones futuras, "ojo, que este pueblo puede ser implacable incluso con los inocentes".
Tal vez, ahora, estemos llegando al centro del problema, ¿existe la inocencia?
Si entendemos por inocencia la ausencia de culpa, no. Todos somos culpables, como ya nos enseñara Kafka, el problema reside en que no sabemos de qué y andamos por esa inmensa oficina judicial que es el mundo, de mesa en mesa, preguntado, ¿culpable yo, de qué y por qué?
Y el funcionario judicial no es que no nos responde, es que ni siquiera nos ve.
Porque los jueces no es que se hayan quedado ciegos de repente, sino que nacieron así, con los ojos vacíos, incapaces, a propósito, de percibir el horror.
Pero el horror está ahí esperando cualquier motivo para aparecer y, desde luego, aparece.
¿Qué motivo tiene Israel para asesinar a los niños? ¿O a los ancianos más decrépitos? ¿O a las mujeres gestantes?
¿Qué motivo tienen, pueden tener, para intentar destruir esa parte del mundo que ni siquiera les pertenece?
Porque los asociales podrían injustamente destruir lo propio, lo que, por derecho, les pertenece, según la vieja concepción de una propiedad mal entendida, pero qué derecho podría, puede, justificar la destrucción de lo ajeno, violando la máxima inmutable del viejo y sabio Ulpiano: “iustitia est honeste vivere, alterum no laedere, suum cuique tribuere”, la justicia es vivir honestamente, no dañar a otro y dar a cada uno lo suyo.
¿Viven honestamente estos judíos modernos, coetáneos nuestros?
¿Por qué ese afán de dañar a un pueblo que se muere de hambre y ni siquiera tiene dónde hacerlo?
No es ya que no les dan lo suyo, lo que desde tiempo inmemorial les pertenece, es que ya les niegan hasta el derecho no sólo de vivir sino también morir dignamente.
No sé, creo que nadie sabe cómo va a acabar esta terrible pesadilla, este nuevo holocausto perpetrado esta vez por las antiguas víctimas, convertidos ahora en execrables verdugos.
En esta matanza sin sentido, los palestinos no tienen nada ya que perder y los judíos sólo pueden ganar el eterno desprecio de todos los que de verdad sean hombres y sientan por tanto la más mínima solidaridad con los otros seres humanos.

5 comentarios:

Futbolín dijo...

UNA OMERTÁ VOMITIVA
Beatriz Gimeno (avance eldiario.es)

El presidente de la Generalitat durante 23 años supuestamente puso a toda su familia a cobrar comisiones de las obras públicas a la manera de una familia mafiosa. Y el negocio se les debió de dar muy bien, porque esta familia ha amasado –supuestamente– una enorme fortuna que ha ido poniendo a buen recaudo en paraísos fiscales. Este asunto escandaloso ha estado unos pocos días en la prensa y… ya. Ahora traen a un contagiado de ébola, montan un espectáculo completamente innecesario que roza lo ridículo, y consiguen llevarse todos los titulares además de ofrecer una imagen de eficacia que no se corresponde con la realidad. Es posible que hasta el PP haya considerado que lo de Pujol ya ha hecho el efecto deseado, tampoco hay que pasarse. Ahora a ver qué hace Mas, a quien en último caso va dirigida la andanada.

Si un presidente ha podido estar durante décadas cometiendo, permitiendo o favoreciendo supuestos delitos relacionados con la cosa pública y no se ha sabido nada es porque, en realidad, todos debían saberlo. Lo sabían los políticos (por eso una vez se le escapó a Pasqual Maragall); lo sabían por supuesto los empresarios (que debieron pensar que mejor callar y pagar que denunciar); lo sabían los medios de comunicación, que impidieron que se publicara e investigara (supuestamente porque dependen de subvenciones y apoyos publicitarios de la propia Generalitat); lo sabían los fiscales. Lo sabía todo el mundo.

El exfiscal Jimenez Villarejo ha denunciado claramente que los fiscales nombrados por el PSOE le prohibieron siquiera investigar, y nadie en ese partido ha considerado necesario dar una explicación ni, por supuesto, los diarios han querido hacer sangre en la herida. La familia Pujol ha robado, supuestamente, porque se lo han permitido; se lo han permitido hasta que el proceso soberanista ha venido a desvelar la cuestión. La corrupción se usa como arma arrojadiza contra el otro cuando hace falta, pero si no es necesario todos callan. Lo que aquí se estila es una paz cómplice. Una auténtica Omertá mafiosa. Estos días se ha hablado de todo: de las repercusiones del caso, de cómo afecta al proceso soberanista, de cómo afecta a CiU, de qué va a pasar con los Pujol… pero no veo que nadie denuncie que aquí, además de los supuestos delitos de la familia Pujol, ha habido connivencia y, como poco, dejadez en la vigilancia debida. En realidad, lo que ha habido es pura y dura complicidad.

La corrupción es repugnante, pero a mí como ciudadana me repugna casi más ver cómo los políticos fingen una gran indignación y una gran honorabilidad personal para denunciar la corrupción ajena mientras su propio partido hace exactamente lo mismo en otra comunidad autónoma, en otro pueblo o en otra ciudad; en estos casos, además del delito, nos dan una bofetada, nos insultan, nos toman por idiotas. Me repugna lo que ha hecho Pujol, pero me repugna saber que se sabía y que no hicieron nada para denunciarlo. Me pregunto qué tendrán todos que ocultar cuando no quisieron desvelar un escándalo como este.(sigue)

Futbolín dijo...

La semana pasada se representó Pluto, de Aristófanes, en el festival de teatro de Mérida en una versión de Emilio Hernández dirigida por Magüi Mira. La versión utiliza un lenguaje actual para representar una obra escrita hace más de 2.000 años y, sin embargo, no chirría. No chirría porque Aristófanes describe una situación muy parecida a la actual: una democracia que se pudre ahogada en políticos ladrones y corruptos. En esta versión del Pluto representada en Mérida hay un momento en el que los actores comienzan a gritar "estamos de ladrones hasta los cojones" y, sorprendentemente (o no) el público que asistía a la representación se unió entusiasmado al grito que lanzó Aristófanes hace miles de años y comenzó a gritar con los actores. Fue, al parecer, un momento catártico.

Ese grito es general. Estamos de ladrones hasta los mismos cojones y hasta los mismos ovarios; no podemos más, el asco nos ahoga mientras nos sentimos encima de un pudridero. Y sin embargo, estos personajes que nos gobiernan o que nos han gobernado, cómplices de que hayamos llegado hasta aquí, continúan como si nada, desgranando sus mentiras, sus propuestas insulsas, sus insultos. Rajoy con su cara de palo nos insulta cuando aparece en la televisión anunciando mejoras que no llegan a la gente; Pedro Sánchez con su cara de felicidad anuncia cosas que no nos importan y nunca dice nada de lo verdaderamente importante, y la mayoría de IU parece más preocupada por Podemos (es decir, por sus cuotas de poder) que por lo que pasa.

El otro día una lectora me dijo que no pusiera tanta emotividad en mis artículos. No sé si puedo evitarlo. Lo cierto es que esta política me produce una enorme náusea; y me parece también que, afortunadamente, este sentimiento es compartido por la mayoría, como demuestran las últimas encuestas del CIS. Espero que este asco compartido traiga una marea imparable de cambio porque si no, nos ahogamos.

eddie dijo...

1) Tremendo
http://actualidad.rt.com/actualidad/view/136298-centro-investigacion-biologica-eeuu-fort-detrick-brote-ebola

2) ¿Qué tienen en común las guerras de Ucrania, Gaza, Irak, Siria y Libia?
http://www.voltairenet.org/article185019.html

3) Pepe Escobar
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=188210

4) ¿Manos limpias?
http://insurgente.org/index.php/template/politica/item/12485-el-sindicato-ultraderechista-manos-limpias-admite-tener-infiltrados-en-varias-organizaciones

5) Finlandia
http://www.unitedexplanations.org/2012/11/26/por-que-finlandia-tiene-el-mejor-sistema-educativo-del-mundo/

Futbolín dijo...

¿EL BIPARTIDISMO? ¡NUNCA HABÍA ESTADO MEJOR!
Guillermo Zapata (avance eldiario.es)
1. Se publica el CIS y suenan dos tipos de alarmas. Una es de tipo tranquilizador y afirma muy fuerte que el bipartidismo goza de una salud excelente. Mi abuelo, un señor de derechas de toda la vida, me dijo una vez que a uno no le empiezan a hablar de lo bien que está de salud hasta que empieza a estar francamente jodido. Yo me quedé con esa copla y cada vez que sale alguien a hablarnos de la fortaleza de roble de nuestro aparato institucional intuyo que la cosa está muy malita.

La otra alarma es del tipo clásico (o sea alarmista) y se dedica a advertirnos del peligro inminente de los populismos. Los populismos son peligrosos, nos dicen, porque encarnan esa forma de discurso (el populista) que consiste en decirle a la gente lo que está pasando usando las palabras que usa la gente para explicarse lo que está pasando.

Esta es una cuestión importante porque hay una forma de explicar el populismo que es esa que dice que hay que tratar a la gente como si fuera tonta. Y no. Cuando uno nota que su familia y amigos llaman estafa a la crisis y alguien sale por la tele y llama estafa a la crisis no le está tratando a usted y su familia como si usted y su familia fueran tontos, simplemente está hablando el mismo lenguaje que usted y su familia.

Resulta que estas dos afirmaciones, "todo va bien" y "todo está en peligro" emanan de las mismas bocas, se imprimen con la misma tinta en la misma columna y se digitalizan en el mismo post del mismo blog.

2. Hablar el mismo lenguaje es importante en un momento en que, como vemos, hay quien dice lo mismo y lo contrario e intenta llamar a eso ejercicio de coherencia. Pedro Sánchez, por ejemplo, dice que hay que situar al PSOE a la izquierda y a la vez dice que si fuera necesario pactaría con el PP. Artur Mas dice que España ens roba, pero si quien "ens roba" es Jordi Pujol, el asunto se convierte en privado por arte de magia al 3%, que es el porcentaje al que Sherlock Holmes se metía la heroína para olvidarse de que era demasiado listo para llamar a las cosas por su nombre y no por el nombre contrario.

Hubo un tiempo en que decir lo mismo y lo contrario era algo aceptable. Si no, no se entiende que expresiones como "guerra humanitaria" se dijeran con tantísima alegría y paz de espíritu. Hoy, sin embargo, decir que elegir a través de voto directo en clave presidencialista a los alcaldes en las próximas elecciones municipales es un ejercicio de regeneración democrática se ve raro. Si alguien llama a ese apaño, apaño, o pucherazo o jeta de cemento, corre el riesgo de caer del lado del populismo.

Regeneración democrática es la forma educada de llamar a la guerra humanitaria que vivimos aquí, en casa, desde que las constituciones intocables empezaron a tocarse para satisfacer a los mercados financieros en vez de a la gente a las que sirven. Es otra inversión de términos muy populista esa que dice que los instrumentos de la democracia (constituciones, partidos, asociaciones, medios de comunicación) deben servir a las personas y no al revés.

Así que el discurso se tambalea. Los datos, por desgracia, no terminar de mentir tan bien como solían mentir hasta ahora.(sigue)

Futbolín dijo...

3. Max Aub decía en su biografía novelada sobre Buñuel que en España las revoluciones nunca se habían hecho por el talento de los revolucionarios, sino por la miserable estupidez de las oligarquías (oligarquías decía Max Aub, que casi seguro era populista también, populista culto, pero populista). Decía que si hubieran hecho tan solo una de las reformas agrarias que el campo español venía pidiendo a dolor, sudor y sangre (por este orden) desde finales del siglo XIX no habría existido jamás movimiento obrero tan potente en España, ni anarquismo para el caso, ni ismos en general.

Quizás si alguien hubiera escuchado lo que las calles, plazas y redes ponían encima de la mesa desde (al menos) mayo de 2011 ahora no estaría el bipartidismo esplendoroso de buenísima salud. Pero apenas tres meses después de esa "revuelta cívica", que es como el PSOE llamaba sin reírse a lo que sucedió el 15M, lo que Zapatero hizo fue reformar la Constitución.

Quizás si Rajoy hubiera entendido que aprobar la ILP de la PAH no era una cesión intolerable sino la forma de evitarle males mayores a un sistema cuya capacidad para el habla presentaba problemas de pronunciación severos, ahora no estaría el CIS haciendo carambolas.

Pero el ejercicio de la escucha y el ejercicio del poder son dos ejercicios que, históricamente, no han ido de la mano. Ni a derecha ni a izquierda. Allí arriba hay demasiado ruido para escuchar algo de lo que sucede aquí abajo.

4. Las elecciones son el arte de la opinión pública en momentos de estabilidad institucional y son el ejercicio de la organización política en contextos de inestabilidad. El bipartidismo cree que afronta un problema de opinión pública, pero tiene un problema de organización política. Y ahora viene el sustaco: los "populismos" están infinitamente mejor organizados para esa pelea. Han entendido el cambio de paradigma que suponen las redes y lo han entendido en dos claves: una de representación y otra de organización.

Las más de 70.000 personas afiliadas (por hablar un momento en ese lenguaje que arriba se estila) a Podemos en apenas unos días o las 30.000 que apoyan en Guanyem en su candidatura municipal no son datos numéricos. No son la expresión de una opinión que se mide cuantitativamente, sino la expresión numérica de una fuerza social que se activa una a una, persona a persona.

Esa es la forma de la organización social en el siglo XXI y solo estáis empezando a ver los primeros retazos de sus formas de articulación política. No habéis sabido verlo porque teníais el control absoluto de los aparatos de producción de realidad y no os habéis dado cuenta de que la realidad ya no estaba allí.

Y ahora... Bueno. Solo os queda esa forma de lenguaje que dice que algo y su contrario son la misma cosa: la mentira. Así podéis decir sin temor a preocuparos que el bipartidismo nunca había estado mejor corriendo tan grave peligro.

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