domingo, 21 de septiembre de 2014

Tragedia en el Olimpo. El ocaso de los dioses. (II).


Ahora, resulta que los dioses son también mortales y ellos fingían ignorarlo, lo que, entre otras cosas, demuestra que no creen en nada.

Y, si los propios dioses no creen, ¿cómo vamos a creer nosotros?

Estos días, al socaire de la muerte de estos dos dioses, Botín, Santander, y Alvárez, El Corte inglés, he leído por ahí, Raúl del Pozo, que este último se consideraba a sí mismo un tendero, que estaba célibe y que vivía con su madre en un piso abarrotado de libros, los había en los sitios más insospechados, debajo de la cama, junto al orinal, y que el otro, el dios de dioses, esa especie de Júpiter cecijunto, coyundó con Paloma O’Shea no ya sólo por satisfacer sus naturales impulsos sino porque quería que sus múltiples hijos fuera todos muy cultos. ¿Para qué, si sólo se trata de apalear millones y, como mucho, acumularlos en uno de esos Bancos de verdad que sólo quedan ya en la pacífica Suiza.

El caso es que los dos más famosos empresarios de España han acabado por morirse como cualquier hijo de vecino de manera que bien podíamos acabar este leve comentario con el famoso “sic transit gloria mundi” pero es que ni siquiera esto es verdad en este tan asqueroso  mundo.

Alvárez había comenzado a fracasar incluso como tendero y su negocio no vendía ya tanto como antes nunca sabremos por qué, ya que el verdadero misterio es que esta tienda fuera una de las que más vendían de Europa siendo así que indudablemente era la más cara.

El caso es que El Corte inglés veía cómo sus colosales cimientos habían comenzado a temblar y el tendero célibe de los libros junto a los orinales había empezado a ponerse nervioso de modo que llamó a Pizarro, aquel otro abogado del Estado que entregó en bandeja  Endesa a los italianos y le encargó que se sacara un truco semejante de la otra manga.

Pero no ha dado tiempo siquiera a atisbar cómo va a funcionar este ensayo porque el dios soltero y lector, quizá fuera aquello por esto, se nos ha muerto, como del rayo, sin que, que nosotros sepamos, lo quisiera ardiente y realmente nadie.

Ahora, sí, ahora sí que tal vez podamos escribir eso de que así pasa la gloria de este mundo, porque ya de este hombre sólo se van a acordar sus empleados pero para maldecirle.

Pero ¿y el otro? El otro sí que parecía un verdadero dios porque fornicaba casi tanto como Júpiter y no se lo decía a nadie, pero de poco le ha servido por mor de Pablo Iglesias y esos jodidos tipos, los catalanes.

Botín era como Felipe II, en sus dominios nunca se ponía el sol, pero ahora un tipo con coleta y con camisas de Alcampo, pero ¿será posible?, se había empeñado, en tocarle, mal, los puñeteros atributos. Había demostrado, en las últimas elecciones europeas, que el nuevo muro de Berlín no era tan sólido como parecía.

Y Botín era un tío listo si no lo suficientemente genial para atisbar que así comenzaron su caída todos los imperios que en el mundo han sido, primero, una pequeña grieta y, luego, el desastre.

Y esto le disgustó de tal modo que abandonó la Italia de su amigo Berlusconi y vino a morir a Madrid, donde medio pueblo ya era suyo.

Pero, ay, que el gran miguel dejó escrito que la muerte está ella toda llena de agujeros, y de cuernos de su mismo desenlace, por eso sobre esta piel de toro pisa y pace un luminoso prado de toreros, ¿o es que Botín no era tan calvo y barbado como un auténtico picador, si bien su pica sólo fuera de carne?

De modo que entre los catalanes y el Iglesias le hicieron reventar el corazón y no le sirvió de mucho que la O’Shea interpretara la Patética como un verdadero ángel.

De modo que no hubo más remedio que enterrarlo en esa inmensa finca familiar en donde estaba construyéndose una pista para aterrizaje de aviones supersónicos.





Los dos habrán llegado casi al propio tiempo a la puerta del Olimpo y la cuestión estriba ahora en saber a quién habrán dejado entrar primero.

2 comentarios:

Futbolín dijo...

MATICES CATALANES
Teniente Kaffee
(Avance en eldiario.es)
Tras la consulta escocesa, ahora el foco de atención se desplaza hacia el caso de Cataluña, pero hay ciertas cuestiones jurídicas que convierten los dos casos en más diferentes de lo que pudiera parecer.

Verán, el Reino Unido es un ejemplo perfecto (de hecho, es prácticamente el único) de Estado constitucional con una Constitución no escrita. Existen textos antiguos, que suponen los antecedentes más remotos de las modernas constituciones occidentales, como la Carta Magna de Juan Sin Tierra, o la Bill of Rights. Pero no resultan equiparables, porque sólo contemplan uno de los aspectos que hacen de una Constitución lo que es: la declaración de derechos fundamentales.

Sin embargo, hoy día se considera indispensable que la Constitución recoja una parte orgánica: la organización y distribución de los poderes del Estado. El Reino Unido carece de una estricta regulación por escrito en ese sentido, lo cual, en este caso, ha supuesto una considerable ventaja. Porque los textos escritos, contra lo que le pueda parecer a la gente de la calle, son férreas cadenas que sujetan y limitan movimientos. Sin esos límites, el Gobierno británico ha podido dejar que se celebrara una consulta que ciertos sectores políticos escoceses estaban reclamando, sin demasiados problemas.

¿Qué sucede en el caso de Cataluña? Que tenemos un texto constitucional escrito que plantea serios problemas. El artículo 92 de la Constitución establece que se podrá utilizar el referéndum para preguntar a la ciudadanía, pero sólo contempla un proceso iniciado por los poderes centrales, presidente del Gobierno y Congreso de los Diputados, que finalmente pasa por el rey.

Mientras tanto, debemos recordar que la mera consulta no equivale a la secesión, sea cual sea el resultado. El proceso, como ya se ha contado por otros colaboradores de este mismo medio, está planteado en dos fases: primero, la votación; y sólo si ésta supone un mandato claro, el Gobierno autonómico catalán se consideraría investido de un mandato legítimo para pasar a la segunda, es decir, iniciar todas las actuaciones que puedan conducir a la independencia.

En cualquier caso, por si quedaba alguna duda, el artículo 149 de la Constitución, en su apartado 32º, establece que la autorización de consultas populares por vía de referéndum es competencia exclusiva del Estado.

En su día, el Estatut 2.0 ya puso a prueba esa definición, al incluir un artículo 122 en el que se otorgaba a la Generalitat la posibilidad de autorizar consultas que no fueran referéndum. Y ese reto pasó a la famosa sentencia del Tribunal Constitucional sobre la cuestión, que consideró perfectamente constitucional el artículo 122, siempre que se interpretara conforme al fundamento jurídico número 69 de la propia sentencia.

¿Y qué dice dicho fundamento? Que sí, que vale, que hay consultas populares que no son un referéndum, y que sobre estas, Cataluña tiene competencias. El problema es que, para no ser un referéndum, la consulta debe ser completamente distinta, en cuanto a su establecimiento y regulación, a un referéndum. --continua---

Futbolín dijo...

La Generalitat, obviamente, ha hecho los deberes, y el articulado de la ley catalana de consultas no refrendarias se preocupa de marcar diferencias con un referéndum: no hay censo electoral, sino que se tira del padrón municipal; no hay juntas electorales, sino órganos con funciones similares; y por supuesto, se da por sentado que los resultados no son vinculantes.

¿Son suficientes estas sutilezas para el Gobierno central? La verdad es que les da igual. La consulta está programada para el día 9 de noviembre, como todos ustedes saben. Así que, una vez aprobada la ley de consultas, y dictado por el Gobierno autonómico el decreto de convocatoria de la consulta, lo único que tiene que hacer el Ejecutivo estatal es sentarse a esperar, dejar que la Abogacía del Estado arme un recurso mínimamente solvente, y finalmente, interponerlo unos días antes de la fecha señalada.

¿Y por qué? Porque los recursos de inconstitucionalidad contra disposiciones normativas autonómicas, cuando son interpuestos por el Gobierno, tienen un efecto automático: suspenden la vigencia de la disposición impugnada. En consecuencia, ni siquiera necesitan que el recurso triunfe, sólo con presentarlo ya han ganado. ¿O no?

Es decir, ¿qué pasará cuando, previsiblemente, quede cerrada esa vía? ¿Seguirán los líderes catalanes adelante? Ha habido declaraciones bastante ambiguas a ese respecto, porque en ocasiones se ha dicho que se respetaría el ordenamiento jurídico, y en otras se ha afirmado que la consulta se celebrará "sí o sí".

Las consecuencias de tirar por la vía del medio son imprevisibles. Por un lado está el artículo 155 de la Constitución, que avisa de la posibilidad de que el Gobierno central adopte "las medidas necesarias" en caso de que una autonomía se salga de madre. Qué son o en qué consisten esas medidas es algo que me inquieta bastante.

En suma, esto resulta tan angustioso como contemplar un choque de trenes a cámara lenta. La verdad, al margen de cuestiones legales, como ciudadano español no me hace dar cabriolas la idea de que una parte de mis conciudadanos decida que ya no quiere estar con nosotros. Pero, ¿realmente alguien se cree que vamos a estimular el sentimiento de españolidad en los catalanes a base de prohibiciones, vetos y cortapisas?

En Quebec y Escocia, se ha preguntado a la población, y la respuesta ha sido la de quedarse como estaban. En Montenegro, en cambio, la opción fue cada uno por su lado. Así que no sé qué pasará en el futuro, pero si finalmente dentro de unos años se celebra una consulta sobre la independencia de Cataluña, tengan por seguro que los votos a favor de ella van a ser muchísimo más numerosos que si se celebrara, sin más traumas, el próximo 9 de noviembre.

Existe una maldición china, que es la de desearle a alguien que viva tiempos interesantes. Creo que está bastante claro que nosotros ya no la necesitamos.

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