viernes, 3 de octubre de 2014

Contestando a mi viejo amigo, y zorro, bemsalgado




Ay, bemsalgado, viejo y sabio zorro del Noroeste. 

Llevaba yo varios días queriendo hablar del viejo Warren Buffet y su famosa frase “claro que hay lucha de clases, lo que ocurre es que la vamos ganando nosotros”.

Y es la puñetera verdad.

La están ganando ya de tal modo que otro genio usaniano de origen japones se ha atrevido a anunciar el fin de la historia.

Y todo esto apoyándose en la terrible sentencia de Lampedusa: es preciso que todo cambie para que todo siga igual.

Si estarán ganando la partida los muy jodidos que ya han apartado, parece que definitivamente, la máxima lampedusiana porque piensan que ya no hace falta ni el menor disimulo.

Ahora se postula por los arúspices del liberalcapitalismo la suprema arrogancia: no se puede hacer, no se puede vivir sino como lo hacen ellos.

Pero, entonces, la única solución sería inevitablemente la que hace tanto tiempo aconsejara Albert Camus y que ahora están adoptando forzadamente en España no sé cuántos desahuciados: el suicidio.

Y es muy serio el tema para tratarlo ahora y aquí, a la ligera.

La muerte, querido bem implica necesariamente el horror vacui, aunque la expresión no tuviera su origen precisamente en la metafísica sino en el arte.

¿Qué puñetera cosa es la muerte? Según la lógica inmediata, el no ser, la nada, o sea, sí, el vacío, pero a algunos de nosotros ese “no ser” no sólo no nos tranquiliza sino que nos preocupa sobremanera.

Cuando yo me vaya definitivamente se irá conmigo esta especialísima manera de ser que tantos disgustos me proporciona en estos momentos, enfermedades, penurias economicas, el dolor de ver cómo se aleja de mi para siempre la persona que más quiero, pero también, y es increíble, un apego a una existencia tan depauperada pero también entrañable a la que se aferra sin que yo sepa muy bien por qué todo este montón de carne que todavía soy.

Por eso, dices tú que yo he admitido por aquí, más de una vez, que creo en Dios.

Ojalá estuviera yo tan seguro de esa creencia que tú, con fundamento, me atribuyes pero mi razón, ese intelecto, cuya adecuación a la cosa, a la la realidad, dicen los filósofos que es la verdad me proporciona un ingente montón de razones para no creer.

Y, como un viejo cobarde que soy, apuesto por la menos terrible.

Pero creo que hablábamos de la lucha de clases y la dábamos ya por extinta siguiendo los dictados del inefable Fukuyama que hace ya tiempo que proclamó a bombo y platillos el fin de la historia, porque para los Usa la historia es la de ellos.

Y ellos no ven ya nada ni nadie que se oponga a su detestable dominio.

Pero, a fuer de cartesianos, hemos de preguntarnos eso ¿es así?

¿Es cierto que el mundo todo lo que puede hacer es asentir a lo que los usanianos hacen por muy horrible que ello sea, si tiran 2 bombas atómicas sobre Hirosima y Nagasaki y si deciden que un desgraciado país, Irak, por estar asentado sobre un inmenso lago de petróleo no tiene derecho a vivir en paz y algo parecido en Libia, Siria, etc., etc.?

Me he granjeado inneceariamente la enemistad de gente muy notable que, un día, fueron mis amigos/as sólo porque me he atrevido a colocar mi esperanza sobre otra nación, China, que tampoco parece muy de fiar, pero es que yo no sólo nací en el Mediterráneo sino que soy un relativista de cojones.

Y sé, además, que el hombre no sólo es defalleciente, y un lobo para el hombre, sino que, además de una mierda pinchada en un palo, es también barro aunque se llame miguel y sea barro su condición y su destino que manche con su lengua cuanto lame.


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