martes, 14 de octubre de 2014

La pólvora y su descubrimiento.



Pero   qué ingenuo soy, pavoneándome por aquí como un auténtico idiota, presumiendo de que yo había descubierto que el hombre es una puñetera mierda y Fraga, Aznar y Rajoy decojonándose de risa.
Tienen que venir todas estas noticias en tropel y golpearme en plenos morros para que yo me dé cuenta de que todo esto estaba cuidadosamente planeado por aquella cabeza cuadrada, Fraga, por encargo expreso de Franco, el tipo aquél que frenó en seco los aires revolucionarios que trajo la última república.
Se trataba simplmente de que aquello, la repùblica, no se repitiera nunca más por lo que había que dejarlo todo atado y bien atado.
Y ¿quién podría hacerlo? No cabía duda alguna, aquella cabeza cuadrada, que, luego, sería el padre no putativo de Aznar y Rajoy, pero antes había que preparar el terreno. 
¿Cómo? 
Con una adecuada constitución.
Se trataba de homologarnos a Europa y a los EE.UU. de América y a nuestra vecina y siempre tan denostada Inglaterra, sí, hacernos exactamente como ellos, ingresar con pleno derecho en el club de la democracia.
Pero aquí somos esencialmente tramposos y no teníamos más remedio que hacer trampas.
El golpe en la frente, que me ha despertado originándome al propio tiempo un enorme chichón, me lo ha dado el inefable Mas, declarando expresamente que renunciaba a la consulta, soberanista pretextando que ésta había sido prohibida por ese Constitucional, presidido, como no, por un miembro del PP. Y si él realizaba la consulta prometida, como el auténtico Moisés que pretendía ser, daría con sus puñeteros huesos en la cárcel por el delito de sedición u otro cualquiera porque los jueces hubieran dicho lo que ordenara Rajoy.
Perfecto, todo funciona como la mejor de las máquinas.
Se puede promulgar la mejor de las constituciones posibles, un texto absolutamente perfecto, si tú dominas el TC, todo este montaje sólo sirve para que el país entero te la remanfifle.
Y si tú has introducido en la Constitución todos los mecanismos necesarios para  que los jueces coman en tu cochina mano, que te echen a ti todas las Constituciones del mundo que tú te las pasarás por los mismos. ¿O no?
Porque la base de la democracia se halla precisamente en esto, en la perfecta división de poderes, ya que según aquel ingenuo o cínico Montesquieu, que yo todavía no tengo claro lo que era, el judicial estará haciendo tascar el freno al ejecutivo, bajo la atentísima mirada del legislativo.
El judicial no es más que el brazo ejecutor del ejecutivo, si se me permite la cacofonía, que considero absolutamente necesaria, en aras de la mejor expresión.
En un país en el que los jueces no salen del pueblo, como sí que ocurre en los países auténticamente democráticos, sino de una casta extractiva, hay que escribir de acuerdo con los últimos hallazgos léxicos, absolutamente oligárquica, dichos magistrados no serán sino una emanación de los poderes fácticos, es decir, del puñetero dinero, o capital.
No hay jueces, hay capos mafiosos, cuidadosamente elegidos por el “capo di capi”.
Mirad, si no,  lo que está ocurriendo a vuestro alrededor:el juez que no sigue los dictados del poder es inmediatamente guillotinado. 
Y he escrito “poder” en solitario, sin añadir ningún adjetivo, como “ejecutivo”, porque ya me duelen los dedos y el cerebro de decir que no hay realmente más que un sólo poder y éste no es otro que el maldito capital, el maldito parné, de los gitanos.
De modo que los corruptos, o sea, el PP ha asumido una nueva tarea,  digamos que se ha pasado al enemigo, y se ha convertido en el más activo de los corruptores.
El escándalo de las tarjetas negras no ha echo más que ponerlo en evidencia. Aznar entrega Cajamadrid a Blesa, no sólo su compañero sino también su amigo, como antes hizo con ese gordo al que le regaló Telefónica, o ese otro al que le dio el BBVA, etc., etc. 
Porque de lo que se trataba era de apoderarse, ¿o es mejor apropiarse? de todas las fuentes de producción de riqueza de España, porque si la máxima básica de Marx es cierta, todo es economía, todo, todo, todo, sería de ellos.
Y así fue y así es. 
Todo absolutamente todo les pertenece con el más pleno de los derechos de dominio.
Y los demás partidos, a los que han metido a empujones en el mismo pesebre, a decir:  "si, bwana, si bwana".

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