sábado, 15 de noviembre de 2014

Máximas y refranes.

Dicen los que realmente saben de esto que nuestro padre no es Aristóteles, como yo creía, sino Nietzsche, que aquél sólo es nuestro abuelo, un tío que se preocupó sobre todo de que aprendiéramos a pensar, que el segundo, dio un paso más y nos enseñó también a sentir.
O sea que para éstos filosofos nuevos, novísimos, la lógica y la política no son sino meros instrumentos y  la esencia del pensamiento moderno es, sobre todo, la ética, por eso, aquel genial filósofo, que murió loco, plasmó sus ideas fundamentales en un libro titulado “La genealogía de la moral”, en el que se han basado sus discípulos para crear sus nuevos postulados.
Otra de sus obras lleva un título absolutamente descriptivo de nuestra condición, “Humano, demasiado humano”, que explica todo lo que nos está sucediendo a nosotros.
Veamoslo.
El afán de poder. El poder es nuestra obsesión, todos queremos poder, el poder sobre nuestra mujer, el poder sobre nuestros hijos, el poder sobre nuestros empleados, el poder sobre nuestros amigos, el poder político, el poder económico, el poder deportivo, el poder intelectual, el poder sentimental,  el poder poder.
Y aquí, creo, que ya podemos introducir en nuestro discurso el objeto del mismo: Monago.
Monago se aferra al poder porque el puñetero poder es su vida, su única vida.
Monago sólo era un bombero hasta que en su vida se cruzó el PP.
Y, de pronto, el poder se le abrió de brazos, o de piernas, vaya usted a saber, cómo fue realmente la coyunda entre Monago y el poder, lo que sí que sabemos ya todos es que Monago no se dejará arrebatar el poder de ninguna manera, piensa, si es preciso, morir por él.
Porque se tiene que ser un adicto esencial al poder para aguantar todo lo que está sufriendo este hombre.
Porque uno puede ser muy pepero, o sea, tener a la mentira como elemento esencial de tu pensamiento, pero no por eso puede uno dejar de ser humano, es decir, sujeto activo y pasivo de sentimientos, de pasiones, de obsesiones humanas, lo que parece que ocurre es que Monago es, como decía Nietzsche, humano, demasiado humano, tan humano es que su pasión por el poder sucumbió, de pronto, frente a una bellísima mujer.
Y aquí, la primera máxima, muy elegante y chic como buena francesa, “cherchez la femme”.
Este hombre vivía por y para la política y a mí, la primera vez que lo ví y le oí, me pareció incluso un buen político a pesar de ser del PP.
Y aparece la segunda máxima, que, como de mi pueblo, es brutal y malsonante: tiran más dos tetas que dos carretas.
Se tiene que estar absolutamente abducido para perder todo el sentido de la propia situación, para abandonar no sólo a su esposa y a sus hijos sino también su obsesión de poder, a la política, para escaparse una y otra vez a Tenerife para perderse entre las piernas de una mujer ciertamente muy hermosa.
Hay que considerar como elemento esencial del problema que este hombre vive de tal manera sólo para la política que está dispuesto por seguir en ella a pasar por todo, por mentiroso, por falaz, por traidor, por miserable, porque todo el mundo lo vea como realmente es, una basura, con tal de agarrarse al poder como el náufrago a la tabla de salvación.
No me extrañaría nada que si a este hombre, al final, lo echan, porque él de ninguna manera se va a ir voluntariamente, acabara trágicamente, de muy mala manera.

1 comentario:

Futbolín dijo...

Las aventuras eróticas a cargo de los españoles por el bombero Moñigo han servido entre otras cosas para reflexionar y evidenciar por enésima vez el miserable papel de la castuza política del PP, PPSOE y de IZMIERDA DESUNIDA, hay que barrerlos a todos son vieja y corrupta política, están dando un espectáculo vergonzoso.

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