lunes, 15 de diciembre de 2014

El suicidio como la única salida a la impotencia

Recuerdo, cuando todavía era persona y aprovechaba mis viajes a Madrid, como Decano, a las reuniones del Consejo General, para acercarme a Extremadura a ver a mi hija pequeña, que, un día, me acometió como una iluminación la duda definitiva sobre la capacidad del lenguaje para cumplir su función.
Me tiré el sábado y el domingo íntegros, echado allí, sobre aquella inmensa cama que mi hija me dejaba, escribiendo ferozmente todo lo que se me ocurría sobre la inmensa capacidad del lenguaje para ocultar, para disfrazar, para falsear la realidad y su incapacidad total para luchar contra ella o, por lo menos, para debilitarla.
Luego, cuando llegué a Cartagena, comencé a buscar toda la bibliografía que pude sobre el tema y encontré algunos libros bastante aceptables sobre la mentira, uno, recuerdo, del ya desaparecido Castilla del Pino y otro de una de esas maravillosas filósofas nuevas que ahora proliferan como hongos en nuestro panorama intelectual.
Incluso recuerdo que encontré algo de uno de nuestros padres, Niestzche, sobre el tema.
Pero ninguno de ellos llegaba a donde yo quería penetrar.
Se habla de muchas de las maldiciones que afligen al hombre, yo creo que ésta es una de las peores de todas ellas, tener la idea o, por lo menos, la sensación de cuál es la verdad, la realidad indiscutible sobre un asunto y comprobar que ni siquiera consigues trasladar a la escritura un ligero atisbo de lo que tu percibes.
Es, precisamente, lo que me ocurre en este mismo instante.
Estoy tratando de transmitir la desesperación, la tragedia que supone no sólo para mi sino para millones de personas que la sienten como yo, ver cómo todos esos canallas del PP cometen las inmensas tropelías contra los más débiles de los seres humanos, esas pobres personas absolutamente indefensas a las que, primero, los despiden de sus trabajos de esclavos, después, los van privando, uno a uno, de todos esos servicios sin los cuales no se puede realmente vivir, la luz, el agua, y , luego, los echan a la calle de sus humildes hogares, a patada limpia.
Y debería ser fácil para mi contar y describir todo esto porque yo también lo he sufrido, todo, en su integridad, a mi, también, me han dejado sin un auténtico trabajo de esclavo, me han cortado la luz y el agua por falta de pago, y, al final me han echado a patadas de un piso en el que convivía con casi treinta personas y de pronto me encontré en medio de la calle no ya sólo sin ningún sitio al que ir sino también de una mano amiga que me consolara, sin nadie que me trasladara el más mínimo calor humano.
Y repaso todo esto que estoy escribiendo y me llena de rabia la incapacidad para transmitir esa sensación de insuperable desamparo que una situación así te produce. No creo que haya en este mundo nada peor, porque si el médico te dice que te quedan unos días para morir, en esta terrible sentencia va incluido el propio alivio de su conclusión, pero, es peor hallarte en medio de la calle, solo, sin otra posibilidad que no sea salir del pueblo o de la ciudad hasta un lugar solitario en el que esconderte incluso de ti mismo.
Y  sé que hay  por ahí organizaciones e instituciones que no tienen otra misión que dar una cama al desahuciado y comida al hambriento, pero ¿y la propia dignidad? Hay personas incapaces de reconocer ante otros esa decisiva derrota que les ha infligido la vida de tal manera que la única solución que encuentran es el suicidio.
Pero la muerte es la puerta más difícil de traspasar porque al otro lado puede haber algo más horrible aún que el vacío.

5 comentarios:

Futbolín dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Futbolín dijo...

Paradojas de la dignidad:
La dignidad no nos la pueden quitar, absolutamente nadie, la pueden insultar, la pueden pisotear, la pueden discutir, nos pueden hacer dudar de ella pero quitarla no pueden hacerlo, ya les gustaría, pero eso es imposible a menos que nosotros mismos la entreguemos, y eso es así porque es completamente inasible, es algo que está dentro de ti y solo tu decides sobre ella y estoy seguro de que todos lo sabemos en nuestro fuero interno, aunque a veces la rabia nos oculte lo evidente.

Soledad dijo...

Me sentí en algunos momentos que reflejabas mi sentir...

Soledad dijo...

Me sentí en algunos momentos que reflejabas mi sentir...

Anónimo dijo...

Así estamos muchos,esta sociedad va al desastre y estos parásitos políticos riéndose de la gente

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