miércoles, 24 de diciembre de 2014

Pedro J. e Inda otra vez juntos, casi “na”.

El otro día, a propósito de un comentario nuestro sobre Podemos y su intención de promulgar una ley de prensa, si llegaba al poder, decíamos que, en nuestra opinión, una libertad de prensa omnimoda que permitiera a cualquier periodista y “mass media” publicar lo que le saliera de los cataplines es algo absolutamente contrario a la libertad de prensa y de opinión, porque entendemos que la libertad absoluta no sólo no existe sino que no debe de existir.
No es admisible, por ejemplo, que Pedro J. siga manteniendo que el atentado de Atocha, una de las más grandes masacres de nuestra historia, tenía como autores a los de Eta cuando ya hay una sentencia judicial firme, pronunciada por la Sala que preside el Magistrado Gómez Bermúdez, que atribuye dicho atentado a células yihadistas, porque eso supone un probable delito de desobediencia a la autoridad judicial, mucho más grave que ese delito que la Fiscalía de Barcelona, sometida a la presión de los medios madrileños y del gobierno, ha denunciado formalmente ante los tribunales de dicha ciudad contra el presidente Mas y otros.
Pero, para Pedro J. y su fiel escudero Inda, es "peccata minuta", sembrar el odio y la mentira en media España para que siga odiando a la otra media, a cambio tan sólo de la satisfacción que a este supremo ególatra supone no dar su brazo a torcer siquiera ante la autoridad judicial en pleno.
Hay, pues, que hallar un medio para que este tipo de canalladas no pueda cometerse impunemente.
Porque a PJ y a su periódico, El Mundo,  se la traían floja la posibilidad de ser demandados o querellados por este motivo, demanda o querella que sólo implicarían, en el peor de los casos, la condena de ambos al pago de una cantidad de dinero, será por dinero, coño, responderían ellos.
En cambio, con una buena ley de prensa, la autoridad gubernativa, tendría la posibilidad de suspender y retirar de todos los kioskos del país el número del diario en que se publicaran este tipo de antentados precisamente cometidos contra la libertad general de todo un pueblo, que tiene el más legítimo de los derechos a no ser engañado de mala manera.
Esto, creo, que es lo que ha hecho Correa en Ecuador, promulgar una ley que defiende el derecho del pueblo ecuatoriano a no sufrir esa agresión intolerabe que supone la publicación de asquerosas mentiras que no tienen otra misión que confundir a la opinión pública con panfletos absolutamente criminales que no tienen otro objeto que favorecer a una facción de la sociedad que se empeña en mantener los más espurios e inconfesable intereses.
Porque a PJ y a Inda les da igual lo que ocurra con la auténtica verdad, para ellos no existe más que su interés personal, en cuya defensa no  dudan ni un momento en publicar y defender lo que sea.
En mis 86 años, yo no había conocido a un tipo como Inda, acérrimo partidario de máxima goebbelsiana que afirma que una mentira repetida el suficiene número de veces se convierte en una verdad, o, más simplemente, la expresión originariamente castellana de calumnia que algo queda.
Y esto no es permisible, que el tipo, con la más cínica de las sonrisas, mire desafiantemente a la persona a la que sabe que está calumniando mientras le repite una y otra vez, una de esas mentiras absolutamente evidentes, como diciéndole, “sí, efectivamente, yo sé que es mentira esta canallada que te atribuyo, aquí, en la TV, ante millones de espectadores, pero a ver qué es lo que puedes hacer para impedírmelo”.
Y ustedes dirán “¿y qué es efectivamente lo que se puede hacer?”.
Lo que La Sexta Noche hizo con Alfonso Rojo cuando éste insultó a Ada Colao diciéndole, sin venir a cuento, que estaba gorda, lo echaron inmediatamente del plató y ya no ha vuelto a aparecer por allí.
O sea que si la emisora no se preocupa de que los tertulianos dejen de hacer comentarios “ad hominem” o profieran descaradamente los peores insultos como hace Inda, se la sanciona fuertemente con la advertencia de que si el hecho se vuelve a repetir suspenderán la realización del programa y, si se repite, a pesar de todo advertirle de que se está dispuesto a retirarle la licencia como tal emisora.

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