martes, 23 de diciembre de 2014

Torres Dulce

Si hay en todo este puñetero país alguien que sepa con toda exactitud lo que le ha ocurrido a Torres Dulce, ése soy yo.
No por otra cosa sino porque a mi me sucedió lo mismo.
El otro día, contaba yo por aquí las vicisitudes de mis andanzas por Telefónica y exponía cómo este enorme gigante económicofinanciero perdió, en principio, su batalla con el insignificante pigmeo que soy yo.
Porque, como también he explicado un montón de veces hay, una especie de lo que yo llamo justicia inmanente que se encarga, ella sola, algunas veces, de restablecer la equidad en las relaciones humanas.
Otros marxistas, mucho más ortodoxos, que yo llaman a esto materialismo dialéctico.
Pero yo no me voy a enzarzar ahora en una disputa nominalista.
El hecho es que a la Telefónica, conmigo, le salió el tiro por la culata en su enorme canallada. Ya conté  cómo yo, con mi número uno en la oposición y con un currilum universitario tan bueno como el del marido de Soraya, la vicepresidenta, que ésta ha enchufado por las buenas en esa canallesca compañía, me presenté en el despacho del Inspector General de la empresa con la absurda pretensión de entrar en su Asesoría Jurídica como fuera, al principio, de botones, incluso, para, ya, dentro de ella, seguir demostrando con mi comportamiento técnico que podía trabajar allí ni más ni menos que como cualquier otro, y cómo aquel sr., Conde de no sé qué por más señas, me dijo: “usted no será nunca abogado de la compañía, ésta los elige entre los mejores del mundo, y con la mayor experiencia”, y el jodido conde, coño, acertó plenamente, yo no conseguí, por más que lo intenté, con todas mis fuerzas, ser letrado de la compañía, algo que el marido de Sorayita ha conseguido así, por las buenas.
En la 1ª convocatoria a Letrados de Telefónica, que lo solicité, no me dejaron ir por, dijeron: "no contar con 5 años de ejercicio profesional de la abogacía" y yo repliqué: "¿ah, pero es que yo puedo ejercer mi profesión de abogado siendo empleado de la compañía?" y me respondieron "claro que sí, ahí va la autorización por escrito", pero ¿cómo coño ejercía yo la profesión si tenía que estar entre una mesa y un mostrador atendiendo a miles de abonados de la cía?. Pero entonces fui a otra oposición de Jefes de Telefónica y aprobé y vine a Cartagena, y, entonces, ya, sí, podía irme todos los santos días del año a los juzgados a defender a mis clientes, 5.000 pleitos que firmé y que me cubrieron el riñón para que, ahora, atienda una vejez como la mía y la de mi mujer que me están costando un ojo de la cara.
Pero, y aquí viene mi semejanza con el caso de Torres Dulce, como jurídicamente nadie puede ir contra sus propios actos, la jodida Cía. se enfrentaba en Cartagena a la sigiente situación, su puñetero jefe abandonaba todos los santos días su despacho para irse alos juzgados a trabajar como una bestia, con el deletéreo efecto moral que eso producía en los casi mil empleados, pero no podía impedírmelo porque me lo había autorizado por escrito, entonces, ¿qué?, pues que me hicieron "un Torres Dulce", teóricamente, yo era el jefe de la Telefónica en Cartagena, pero sólo teóricamente, ni una sola de las decisiones, nombramientos y actos importantes de la misma los volví a hacer yo, me apartaron ostensiblemente, yo seguía allí, en mi enorme despacho, con mis secretarias, pero no hacíamos absolutamente nada, y ustedes dirán "pues, mejor, coño,más libertad aún", pero se equivocarán, hay una cosa que llamamos "dignidad" y cuya vulneración de la mía, todos los día, todas las horas, se me hizo insoportable, y me fui, no me echaron, no me podían echar, tenía aquella preciosa autorización que lo impedía, pero el poder es la fuerza más asquerosa y canallesca del mundo, me resultaba insoportable comprobar cómo todo se hacía ya, en la Telefónica de Cartagena, sin que yo interviniera para nada y no lo pude aguantar, me fui.
Es exactamente lo mismo que le han hecho a Torres Dulce, seguía siendo Fiscal General del Estado pero sólo sobre el papel, ni una sola decisión de su cargo, ni una sola actuación del mismo, ni un  sólo nombramiento, nada de nada, era una especie de estatua de cera que seguía allí, sentada, en su despacho, todos los días, 24 horas, parece fácil, ¿no?, pero yo les juro que no lo es, yo aguanté más, mucho más que Torres Dulce, pero, al fin, me tuve que ir.

1 comentario:

bemsalgado dijo...


El Comandante Hugo Chávez con Mario Silva en La Hojilla. Venezuela, 2007:

https://www.youtube.com/watch?v=wbkwlcBVUg0

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