viernes, 12 de diciembre de 2014

Una revelación personal, la Telefónica, los juzgados y su influencia en mi vida


   César Alierta, presidente de Telefónica
Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial

En el lenguaje religioso, se entiende por revelación aquel acto de comunicación que la divinidad hace al hombre y puede ser personal o universal, directo o explícito o privado.

Despuès de mucho pensar, me decido a dar este paso que, a lo peor, acaba de hundir el poco prestigio, si 
tengo alguno, entre los que me leen alguna vez.

Me han animado a ello las recientes manifestaciones de futbolín y Lisístrata diciendo que tienen su porvenir resuelto, lo que, por cierto, dado como van las cosas de este mundo, es mucho decir, porque las pensiones pueden acabarse ya sea por decisión de los  canallas que nos mandan, ya sea por la imposibilidad de seguir proveyendo al fondo de pensiones desde el que se nos pagan.

Incluso, el hecho de tener una cantidad de dinero ahorrado no asegura en modo alguno nuestro porvenir, dadas las circunstancias, porque o tienes tus ahorros metidos en el famoso calcetín y enterrado bajo una baldosa, exponiéndote a que los amigos de lo ajeno lleguen un día, te torturen y tengas que cantar incluso La Traviata, con lo que no sólo los perderás a ellos sino también tu vida para que no los puedas reconocer ante la justicia, o los tienes en el Banco de modo que te los pueden expropiar aquellos mismo canallas.

El caso es que yo creo en la existencia de alguna clase de demiurgo exterior a mi porque éste me ha dado clarísimas muestras de su existencia:

1) vaya por delante que soy el tío más escéptico y relativista que conozco: lo diré una vez más: fuera de los poetas auténticos, no creo en nada ni en nadie, acepto provisionalmente algunas verdades científicas y filosóficas mientras me sirvan como instrumentos para razonar, pero estoy completamente seguro de su absoluta relatividad;

2) creo que la experiencia personal, la propia, es el único medio que tenemos de acercarnos a la verdad, tal como nos enseñó el gran Descartes: pienso, luego existo, o sea que soy rigurosamente cartesiano, por eso digo ahora lo que digo, la serie casi inacabable de hechos personales que me han sucedido y que, en un primer momento, me abrumaron de tal manera que llegué a pensar que era el hombre más desafortunado del mundo, y que, luego, pasado el tiempo, mucho tiempo, se me mostraron como hechos absolutamente decisivos para mi fortuna personal, ha producido el milagro de que uno de los hombres más escépticos que he conocido acabara siendo un creyente, un creyente muy especial, pero creyente, al fin.

Con una serie de becas que, al principio, me consiguió mi profesor de enseñanza primaria y que, después, fui obteniendo mediante oposiciones, logré acabar la licenciatura de Derecho, siendo, sin discusión, el alumno más famoso de la correspondiente Facultad, bajo el apodo de Pacchioni, el nombre del catedrático de Derecho Romano de la Universidad de Milán, apodo que se me adjudicó al obtener la 1ª matrícula de honor en dicha asignatura, proponiéndome el catedrático de la misma en Murcia, que pasara a ayudarle en su cátedra como profesor; no acepté, porque yo no quería ser un profesor, lo que ahora es mi hija menor, un profesor universitario de provincia dependiendo para siempre de un puñetero sueldo, yo quería ser otra cosa, pero, como tenía que comer todos los días, oposité a lo 1º que salió, oficiales administrativos de Telefónica, e ingresé con el nº 1 y fui a Madrid a entrevistarme con el jefe de personal y le dije que yo quería formar parte de la Asesoría jurídica de la misma y el tío fue y me predijo con rigurosa exactitud mi porvenir: “desengañese, usted nunca será asesor jurídico de la compañia, que elige a sus abogados entre los mejores profesionales del mundo, con la mayor experiencia”, lo que ahora se ha demostrado que es una gran mentira: en dicha Asesoría Jurídica acaba de ingresar el marido de Soraya Saez de Santamaría, cuya experiencia es totalmente nula, como entonces era la mía.

De modo que pedí plaza y me puse a esperar a que salieran oposiciones a dicha Asesoría, que tenían que salir en virtud de lo establecido en los convenios colectivos de dicha entidad, y salieron y yo pedí asistir a ellas y me lo denegaron diciendo que yo carecía del requisito esencial: tener más de 5 años de ejercicio profesional y yo exigí que me autorizaran expresamente para ello por escrito y lo hicieron.

Estamos, pues, ante 2 de esos hechos absolutamente decisivos de mi vida. Que no me dejaran opositar a la Asesoría Jurídica de la Telefónica por no reunir el requisito principal de 5 años de ejercicio profesional y que me lo dijeran por escrito al propio tiempo que, para evitar que se me exigiera un requisito imposible de cumplir por mi, me autorizaban desde aquel mismo momento a hacer compatible mi trabajo diario en Telefónica con el ejercicio de la profesión de abogado.

Parecía, pues, una batalla insignificante pero no lo era como luego veremos. Me fui a mi puesto de trabajo en Alicante, donde ni siquiera me pasó por la cabeza la idea de darme de alta en el Colegio de Abogados porque era consciente de la imposibilidad de ejercer dicha profesión siendo un simple empleado de la misma que, en el mejor de los casos, si hubiera tenido algún cliente, para ir con él al juzgado, tendría que haber dejado mi puesto de trabajo que, a lo peor, no era susceptible de dicho abandono.

Eso, sí, todos los años, cuando salían a oposición las plazas de jefes de los distintos servicios de Telefónica, yo echaba mi solicitud que durante 10 años, ¡10 larguísimos años! fueron rechazadas terminantemente porque las alturas sabían lo que saben todos los que me conocen: soy marxista radical y, como tal, comunista.

Hasta que un día fue nombrado Delegado Provincial de Alicante, un tipo cojonudo con el que yo  había tenido ocasión de trabajar en una conjunta comisión de servicio y que por tanto sabía cómo era yo y cómo trabajaba, aquel año volví a echar, como los otros 10 anteriores, mi solicitud a la oposición para jefes de la Telefónica y aquel tipo, Manuel González Picó, dio los mejores informes mios y fui, las gané con el nº 1 y primero fui a Cádiz y luego a Cartagena donde aún estoy y donde ya sé que voy a morir, pero, en Cartagena, provincia de Murica, en cuya universidad estudié yo Derecho, habían muchos tíos que se licenciaron conmigo y sabían muy bien como era y qué conocimientos de la ciencia jurídica tenía y vinieron a verme y me dijeron: oye, ¿por qué no ejerces la profesión conmigo, en mi despacho? Y dicho y hecho, empecé a ejercer como abogado/procurador y, como se dice, firmé más de 5.000 pleitos que se dice pronto, total que gané dinero, mucho dinero.

Entonces, ¿fue un milagro que yo no pudiera trabajar en la Asesoría Jurídica de Telefónica? Sí. Si lo hubiera hecho, ahora sería, como son otros compañeros que conozco, unos jubilados con la mayor de las pensiones de jubilación, pero nada más.

En cambio, yo también estoy jubilado pero tengo ahorros y propiedades que me están permitiendo ahora pagar ni más ni menos que 5 sueldos mensuales.

Esta es una brevísima síntesis de lo que ha sido mi vida. Con otros muchos hechos más que, a primera vista, eran grandes desgracias, que yo no me cansé nunca de lamentar hasta que la puñetera vida ésta vino y me demostró que eran, desde luego, todo lo contrario, de manera que yo no tengo más remedio que, como cartesiano que soy, decir “pienso, luego existo”, todo esto que me ha sucedido y que desde una óptica primara no puede sino afirmarse que son unas grandes desgracias resulta que han devenido en auténticas bendiciones, entonces, no tengo más remedio que creer en algo que ha dirigido mi destino hasta aquí, adonde ahora me encuentro y que, lo aseguro, no es mal sitio
.
Y, a pesar del ser marxista, comunista, convencido no puedo creer que esto sea fruto del materialismo dialéctico, porque creo que este tipo de hechos no materiales sino exclusivamente personales no está sometido a su determinante influencia.

3 comentarios:

Futbolín dijo...

Aclaraciones de un Futbolín:

Lo que yo dije sobre mi posición económico social, es que era privilegiada, cosa que es absolutamente cierta y que estaba blindado por ser pensionista y no tener deudas, efectivamente, lo cual no implica que esté a salvo de forma absoluta de los avatares de esta vida por supuesto que no, sino que comparativamente a personas en riesgo de exclusión me permitía sentirme un privilegiado en la actual situación de penuria que atraviesa el país que de forma indirecta también me afecta en cuanto a que mis hijos lo tienen mas que complicado, por poner un ejemplo, con ello pretendía resaltar la parte de responsabilidad que tiene la ciudadanía por no implicarse en la fiscalización de la política y la res pública, máxime en tanto en cuanto me encuentro multitud de personas que no lo hacen y no por falta de cultura, sino de compromiso y lo que me llama la atención es que yo si lo haga teniendo una situación menos precaria que la suya.
Resumiendo, que a veces quien mas motivos debía de tener para quejarse y manifestarse, no lo hace, lo cual me indigna profundamente. No obstante yo allí por donde paso la paliza se la doy a todo quisque aunque me cueste en ocasiones malas caras y disgustos, porque para los buenos socialistas el proselitismo debe de ser una condición sine qua non.
El principio que debe de regir el futuro político de este país si alguna vez quiere dejar de ser Caspaña es el de responsabilidida tanto individual como colectiva, fuera de eso solo existe la chapuza a la que Caspaña nos tiene tan acostumbrados.
Un abrazo y muy entretenido tu post de hoy Pepe, las cosas de la vida¡¡¡¡

bemsalgado dijo...

Coño José, y yo a vueltas con chinos y korianos para acabar donde tu empiezas.
Coincido contigo en todo, menos en lo de estudiar Derecho y hacer oposiciones a Telefónica.

Por cierto, los de Podemos la tienen emprendida con China. Es su comodín cuando consideran necesario poner un país como ejemplo de todas las calamidades humanas. Ya sea de bajos salarios, de horarios de sol a sol, de falta de libertades o de desprecio de los D. H., uno a uno o por junto.
Cuando, quienes todos sabemos, les mentan Irán, por cosas de TV, o cuando lo hacen con la Venezuela de Chaves, por cuestiones de asesoramiento.
Siempre responden igual, "denunciando la falta de escrúpulos democráticos del partido de Rajoy y Cospedal para negociar acuerdos comerciales con los chinos". Y lo repiten todos como una muletilla, ya sea cualquiera de los 5 o 6 de la cúpula, o como lo hacía ayer mismo el representante de A Coruña en V TV.

Hasta otro momento.

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Gracias, bem, como siempre.

Mi prooximo post creo que va a versar sobre Podemos.


No creas tú que a mi me satisfacen totalmente.

Me ocurre como con el gran Felipe.

Para mi no se puede ser marxista/comunista y, después, dejar de serlo, porque, como los votos sacerdotales, eso imprime carácter.

A mi, toda esta gemtuza, como Raúl del Pozo, Jiménez Losantos, Felipe González, Alfonso Guerra et alteri que fueron y ahora no son, me parecen unos renegados vergonzantes que hipócritamente ahora dicen que ya no creen en Marx porque han puesto su esfuerzo al servicio descarado del capital, y creen que los demás somos tontos y nos lo creemos, pero, no, no se puede dejar de ser marxista como no se puede dejar de creer en la ley de la gravedad, porque las verdades reales están sisempre ahí aplastándonos con su vigencia.

A ver si puedo y uno de estos días escribo un poco sobre Podemos y la moral, el otro día dije a propósito de ellos que tenían que ser inocentes como palomas y astutos como serpientes.

Pero, sin pasarse, eh.

Un fuerte abrazo, bem, sigues y seguirás siendo siempre una de las opiniones más válidas para mi.

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