sábado, 31 de enero de 2015

Las lecciones de un pueblo valiente y de unos gobernantes honrados


Resulta que llega el jerifalte de la UE y el ministro de Finanzas de Grecia le recibe muy amablemente pero le dice que no, que no tiene nada que hablar con él porque él viene de parte de la Troika, FMI, BCE y Comisión Europea, CE, y ellos, los griegos, no reconocen a estos organismos internacionales como parte de la negociación.

Nunca había visto yo un lenguaje corporal más evidente en una reunión internacional. Terminada la declaración conjunta, los declarantes se estrechan las manos de una manera absolutamente concordante con lo que allí sucedía, las manos no cara a cara, sino de soslayo.

Las malas lenguas dicen que el Presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, estuvo no ya sólo seco sino también cáustico:”las  elecciones griegas no han resuelto todos los problemas de Grecia”.

A lo que el ministro griego dicen que respondió: “Como no se resolverán nunca nuestros problemas es echándonos de nuevo otra soga al cuello”.

En estos momentos toda Europa, y qué curioso, con España y Portugal como los más fieros de todos ellos, se le han echado al cuello a los gobernantes griegos que no sólo parecen absolutamente honestos sino que, además, lo son porque lo que no se puede hacer es ir por ahí engañando a la gente que es lo que el Eurogrupo quiere hacer metiendo en un problema a resolver entre partes muy concretas y determinada,  Europa y Grecia, a una serie de entidades, Fondo Monetario Internacional, FMI, Banco Central Europeo, BCE, y Comisión Europea, CE, que no tienen, directamente, nada que ver, el asunto está entre Europa y uno de los países que la integran.
Nada más y nada menos.

Europa, ese ente que se constituyó como organismo político autónomo, para ayudar y proteger a los países que en ella se integraran y Grecia, uno de los países integrados.

Es un asunto de pura y mera familia, es como si en un problema familiar se entrometieran personas, entidades que, naturalmente, o sea, por naturaleza, no forman parte de ella.

Grecia quiere sentarse frente a la madre Europa, no ante organismos si no antinaturales sí ficticios, y exponerle no sólo sus problemas sino también los proyectos que tiene para resolverlos y espera que la madre Europa no sólo sea comprensiva sino también generosa, como todas las madres, con la misma espléndida generosidad con la que le perdonó, entonces, cuando tanto lo necesitaba, a esa exigente Alemania de hoy, toda su deuda pública, en el momento de su reunificación con su indigente Alemania excomunista
.
Pero la troika se resiste porque, después de Grecia, esperan turno España, Portugal, Irlanda, Italia, etc., todos esos países que tanto colaboran, antes y ahora, en resolver los problemas de Alemania, a fin de que no pueda afirmarse con toda la razón del mundo de que  lo que Angela Merkel está haciendo pudiera ser considerado, con toda la justicia del mundo, el Cuarto Reich.

miércoles, 28 de enero de 2015

Grecia y España



Grecia es la cuna de toda la filosofía y no vamos nosotros, los bárbaros, a llegar a allí y enseñarles lo que tienen que hacer porque ya lo dijo aquel maestro de pensadores que fue Heráclito, el oscuro, “panta rei”, todo fluye, nadie se baña dos veces en el agua del mismo río.

Y eso seguramente lo sabe mejor que nadie Alexis Tsipras, desde ayer, el primer ministro griego.

Tsipras, hasta este momento, ha hecho dos cosas auténticamente geniales:

1º) reconocer toda la deuda pública griega, porque Tsipras es un hombre honrado, pero también

2º) ha elevado el salario mínimo en más de 200 euros porque Tsipras es también un gobernante honrado y está dispuesto a que su pueblo coma antes de pagar la deuda, porque es un firme partidario de aquello de que “primum vivere, deinde philosophari”.

Si bien se piensa, es todo lo contrario de lo que hace Rajoy:

1º) no sólo rebajar todo lo que puede el salario de los españoles sino también subirles todos los impuestos hasta un límite absolutamente insoportable y

2º) poner por encima de todo el pago de la deuda pública que nuestro Estado tiene contraída sobre todo con los Bancos alemanes, o sea, que ha subordinado nuestra soberanía nacional, él que se dice tan patriota, a los intereses de los ciudadanos de otro país.

¿Por qué?

Porque, como ya hemos dicho, Tsipras es, antes que nada, un hombre honrado lo que supone que es también deudor legal pero, sobre todo un gobernante como se debe de ser.

O sea que, en contra de lo que hizo, hace y hará Rajoy, Tsipras le ha dicho a la Troika que lo primero es que su pueblo coma, "primum vivere", y, después, cuando se pueda, lo demás.

Porque Tsipras es, sobre todo, un hombre honrado y Rajoy es todo lo contrario.

O sea que Grecia lo primero que va a hacer es intentar remediar el hambre canina de su pueblo y, luego, cuando se pueda, pagará la deuda, toda la deuda, sí, pero en cómodos plazos.

Todo lo contrario de lo que hizo Rajoy: pagarle a los Bancos alemanes todo lo que se les debía al propio tiempo que condenaba a su pueblo, a nuestro pueblo, al hambre, la miseria, el desahucio y el suicidio.

¿Quién es realmente, de los dos, el hombre honrado?

domingo, 25 de enero de 2015

De la responsabilidad penal del señor Rajoy y de su partido


El Derecho es una ciencia invasiva, quiero decir que su avance es incontenible, y trata de someter a su imperio conductas que en algún momento no se sujetaban al mismo.

El sr. Rajoy es, no cabe duda alguna, un hombre especial, como ya expuso en sus famosos artículos publicados en El Faro de Vigo, se considera miembro por derecho de nacimiento y estirpe de una casta especial que en modo alguno puede someterse al mismo régimen jurídico que los demás mortales.

En dichos artículos se declaró enemigo decidido y beligerante de la igualdad de todos los hombres, principio esencial de todas las declaraciones del hombre y del ciudadano y, por eso, como sus maestros esenciales y paisanos, Franco y Fraga, siempre se ha considerado con derecho de pernada respecto a todos nosotros, sus coetáneos españoles.

En su ya lejana juventud, hizo oposiciones al Cuerpo de Registradores de la propiedad, una de las sinecuras más salvajes del mundo, anacronía increíble en un sedicente Estado de Derecho, mediante la cual se cobran auténticas millonadas por no hacer absolutamente nada, tan poco se tiene que hacer que su registro de la propiedad de Santapola, que figura bajo su titularidad desde que este hombre se dedica a la política no ha cubierto su vacante esperando el día venturoso para todos nosotros en el que se jubile de la política. Interín las malas lenguas dicen que él sigue cobrando b ajo capa la mitad de los honorarios que en aquel chollo salvaje se producen.

Es por eso que resulta de lo más obsceno que todos s us corifeos afirmen continuamente que él ha perdido dinero para beneficiarnos de su insuperable manera de hacer política.

Pero yo quería escribir hoy de su posible y presunta responsabilidad penal.

Uno puede ser responsable penalmente por acción y por omisión, o sea cuando comete personalmente los delitos o cuando permite, con su abstención de obrar, que otros los cometan, en este último caso se fundamenta la pena por la llamada culpa “in vigilando”, que atribuye responsabilidad a determinadas personas por los hechos cometidos por aquellas otras a las que el infractor por delegación tiene la obligación de controlar.
Es por esto por lo que   yo me opongo radicalmente a que el juez Ruz no se haya atrevido a enjuiciar a la cúpula del PP como responsables directos de los delitos cometidos por su organización, siendo así que en la causa constaba, con toda la fe jurídica del mundo, mediante una prueba pericial judicial absolutamente decisiva que:

1º) las personas directamente responsables criminalmente de la llevanza de la contabilidad del PP habían firmado todas y cada una de las hojas en las que la misma se concreta, en sus fechas de su realización, algunas de ellas muy anteriores en el tiempo a la del propio procedimiento penal;

2º) en dicha contabilidad, absolutamente fehaciente según el número anterior, consta las entregas periódicas en dinero negro a los componentes de dicha cúpula, incluidos Aznar y Rajoy.

Sólo la cobardía moral del juez Ruz, va a permitir que dicha cúpula escape a una de las responsabilidades penales más claras de la historia del derecho procesal penal español.

sábado, 24 de enero de 2015

Juego de tronos o la fuerza insuperable del odio


Ayer, leí, en no sé que diario, que la todopoderosa vicepresidenta y su ministro de industria fueron a rendir pleitesía a d. José Manuel Lara, dueño de La Sexta, entre otros medios de comunicación.

Llevo siglos diciendo por aquí que la famosa división de poderes de Montesquieu hace ya mucho tiempo que pasó a la historia de las ideas políticas, sostener hoy seriamente que hay tres poderes del Estado absolutamente independientes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial o es un ejercicio del más descarado de los cinismos o una muestra indubitable de la más absoluta ignorancia: el legislativo, constituido, en su mayoría, por los diputados del partido que ha ganado las elecciones, no es sino el mismo poder ejecutivo que gobierna y en cuanto a los jueces, son nombrados, ascendidos, pagados y expulsados por el mismo puñetero ejecutivo o sea que comen en la mano, no ya del ministro de Justicia que no pinta realmente nada, sino del presidente del Supremo y del Consejo General del Poder judicial, y, por si cabía alguna clase de dudas, éste último, el ínclito Lesmes, se cuidó mucho de dejarlo claro: “a los jueces se les gobierna con el palo y la zanahoria”, como a los propios burros, le faltó decir, y a este cargo lo designa, como todo el mundo sabe, el mismo partido que gobierna, o sea, el puñetero ejecutivo.

¿Cuántos poderes del Estado hay entonces?

Dos: el ejecutivo y la prensa, y sucede, además, que de estos dos poderes, el primero, es la prensa, canallesca, para más señas, porque está constituida por los plutócratas de todo el mundo, porque, para esto sí que es absolutamente cierto que no hay fronteras, de modo que Berlusconi es el dueño de la Cinco, y El País de un conjunto de empresas entre las que destacan una serie de ellas norteamericanas que, al fin, se han hecho con todo el poder dentro de dicho diario, y los Bancos, que habían ido resolviendo las crisis económicas del mismo entrando como accionistas en su propiedad, a la fuerza, claro.

O sea que el gobierno de nuestro desdichado país no es un juego de tronos, porque el trono, aquí, no pinta nada, sino de poderes, influido decisivamente por el odio, que es la fuerza más poderosa del mundo.

Y resulta que el gobierno que nos aflige tan encarnizadamente, ayer mismo desahució a un matrimonio con 3 hijos, uno de ellos de 2 meses, cometió el error de cargarse unas emisoras complementarias de la Cinco y la Sexta. Craso error que puede, sin duda, costarle la pérdida del mismo.

Porque, como ratificaba John Kennet Galbraith, citando a Marx, en su obra El nuevo Estado industrial, las corporaciones o empresas son el sistema en sí.

De modo que si un gobierno atenta contra las empresas atenta contra el sistema en sí mismo y éste, lógicamente, de defiende, y cómo.

En un plis plas, la Cuatro y la Sexta, jodidas hasta no poder más por la supresión de una serie de canales secundarios, declararon la guerra al Gobierno e iniciaron una furiosa campaña en su contra que, según parece, va a dar con sus huesos en el puto suelo, mediante una serie de programas excepcionalmente agresivos, Las mañanas de la Cuatro, Al rojo vivo y La Sexta noche, que, con más o menos intensidad, con mayor o menor descaro han apostado por un partido emergente, Podemos, que parece que va a ganar, si las cosas siguen así, las próximas elecciones generales.

De aquí la desesperada visita de la todopoderosa vicepresidenta y de su ministro de Industria a Lara el propietario de la Sexta. No mandó la todopoderosa vice venir a Madrid a Lara, sino que se desplazaron ella y su adlátere a Barcelona, para intentar arreglar un asunto que realmente pinta muy mal.

Esto da una idea muy precisa del estado de la cuestión. La dependencia, prueba indubitable de dónde radica realmente el poder, es del gobierno respecto a la emisora televisiva.

Este gobierno está librando encarnizadas batallas con los medios que, hasta ahora, se habían saldado a su favor, las defenestraciones de los directores de los dos más poderosos diarios de España, El Mundo y El País por haberse atrevido a publicar en 1ª página los famosos papeles de Bárcenas, pero esto ha sido posible porque tanto en uno como en otro, la propiedad o sea, el poder, está en manos distintas a las direcciones de ambos medios, pero en los casos de la Cuatro y la Sexta, la propiedad y su efectiva dirección se halla en manos de la misma y puñetera propiedad, o sea que aquí Rajoy y su todopoderosa vice no pueden ir a pedirle a los putos amos que echen a la calle a los directores ejecutivos de las emisoras porque éstas dependen directamente de los mismos putos amos, que los odian a muerte por la humillación que supuso para ellos que los del gobierno los despreciaran antes de mala manera. O sea que ahora el gobierno depende realmente de la intensidad del odio que los amos de ambas emisoras sientan por él.


Es lo mismo que sucede con Bárcenas. El odio que éste siente por sus antiguos compañeros de robo que además de dejarlo solo ante el peligro se han cachondeado de él es insuperable e inextinguible, así que la cuestión estriba ahora en la capacidad de destrucción que tenga Bárcenas para llevar a cabo su venganza, por eso ayer, apenas puso pie en la calle, dijo eso: he cumplido con el mandato de Rajoy, Luis ha sido fuerte, ahora que sean fuerte los demás también.

viernes, 23 de enero de 2015

No se ha hecho el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre.



Decía, el otro día, Lesmes, y Lesmes es ni más ni menos que el puto amo, el puto jefe de todos los jueces puesto que es el presidente del TS y del CGPJ, que la ley de enjuiciamiento criminal vigente, la que regula el procedimiento penal, está hecha y pensada para procesar a los robagallinas pero no para los delincuentes de cuello blanco, o así.

Es por todo esto que la excarcelación de Barcenas, ayer, a mi, no sé por qué, me recordó esos famosos cuadros que recogen la resurrección de Cristo, con los rayos de los flashes de las cámaras y los truenos de los locutores en sus micrófonos, es más, a mi me pareció que la aparición del preso ante los medios fue más esplendorosa todavía que la de Cristo ante los asombrados ojos de los apóstoles y de los soldados.

Tuve el presentimiento, no, la seguridad, de que allí se nos estaba anunciando una buena nueva: He cumplido a rajatabla mi parte del pacto, he sido todo lo fuerte que se tenía que ser, ahora les toca a ellos cumplir su parte, parte que también se ha empezado a cumplir porque, pese a esos miles de escrupulosos periodistas que gritan por todos sitios que es de justicia y de razón que se le saque de la cárcel porque su prisión sólo es preventiva, lo cierto y verdad es que, ahora, Bárcenas, si quiere puede irse a donde le dé la gana a disfrutrar de su dinero tan honradamente conseguido, como en su día hizo Roldán, que si volvió fue porque quiso, porque no pudo soportar la nostalgia, pero a mi me late que Bárcenas no es Roldán, que va, no se pueden ni comparar.

Y es que estamos cayendo en la trampa que ellos siempre nos tienden, la ley, el Derecho, los jueces....

Pero la sabiduría hebrea nos lo tiene dicho para siempre: no se hizo el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre.

La ley, el Derecho y los jueces no se hicieron para eso, para que los hábiles letrados se rían de todos nosotros, sino para que se cumpla la Justicia, ¿o no?

La suerte, la inmensa suerte que tiene el PP es que Bárcenas no puede hundirlos sin hundirse él también porque si dice y demuestra con algunos de esos medios de prueba que hay en Derecho, entre los que se hallan las presunciones, que las “donaciones” de los plutócratas al partido claro que sí que eran finalistas, claro que sí que tenían la causa cierta y probada de las consiguientes adjudicaciones de obras y servicios de las administraciones públicas en las que gobernaba el PP y esto es tan fácil de probar como que yo tengo que comer todos los días.

Pero estaba diciendo que la aparición de Bárcenas, ayer, ante los medios, fue radiante, cuidadosamente preparada por él que incluso se afeitó unos minutos antes de aparecer ante ellos.

Porque su mensaje tenía que ser lo suficientemente expreso pero no  explicito. Tenía que decir "consumatum est", todo se ha consumado, todo se ha acabado, ya no me van ustedes a ver por aquí más.

Porque él tiene ya no sólo escrito sino también firmado por los que pueden hacerlo, que su proceso, que la causa criminal que se le sigue va a ser declarada nula de pleno derecho por falta de algún requisito insubsanable, exactamente igual a lo que sucedió con su preclaro antecesor el inefable Naseiro, el tesorero de confianza de Fraga, o es que ahora va a resultar que todo no estaba atado y bien atado.

Así que dese usted por jodido, inocentísimo pueblo español, que espera que se haga justicia en el caso Bárcenas, en contra de lo que piensa el que teóricamente más sabe de esto ni más ni menos que Lesmes, presidente no sólo del Tribunal Supremo, el tribunal más alto de España, o sea, el que más sabe, y del CONSEJO GENERAL DEL PODER JUDICIAL, el órgano de gobierno de todos los jueces, que afirma categóricamente que las leyes procesales de este país están hechas para machacar a los robagallinas hambrientos pero en modo alguno para los llamados delincuentes de cuello blanco. 

Ah, se me olvidaba, pero qué cabeza que tengo, Lesmes dijo también, otro día, a los jueces se les gobierna como a los burros, como a los asnos, con el palo y con la zanahoria. Para que los jueces hagan carrera, y hacer carrera es menos trabajo y más sueldos y honores, han de ser muy obedientes a lo que él diga, y entonces, tendrán zanahoria, y, si no, palo y tentetieso, como ahora le pasará a Ruz, que tendrá que dejar la capital de España, donde seguramente vive, para irse a un jodido pueblo.

jueves, 22 de enero de 2015

Por sus palabras los conoceréis

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Bárcenas tenía tanta razón que no han tenido más 
remedio que ponerlo en la puta calle.

El derecho, siendo tan necesario como es, resulta lo más acomodaticio del mundo, como dijo muy bien Lesmes, el jefe de los jueces, o sea, el presidente del TS y del CGPJ, cuando afirmó que nuestras leyes y tribunales están pensados para los robagallinas pero no para los delincuentes de cuello blanco, ¿o es duro? Bueno, es igual porque todos lo hemos entendido.

Pero la libertad de Bárcenas puede enfocarse desde varios ángulos.

Uno de ellos, indiscutiblemente, es el de la justicia, ya lo dijo él a gritos. desde las páginas del ABC: yo quiero ser como ellos, y se refeía a Rato y a Blesa, que habían demostrado mucha más peligrosidad social que él y estaban en la puta calle, incluso viajando a Suiza para arreglar convenientemente los mismos asuntos que a él lo retenían en la cárcel.

Pero Lesmes, el jefe de los jueces, dijo algo mucho más interesante aún: a los jueces se les gobierna como a los burros, con el palo y la zanahoria. Y no ha pasado nada, los jueces no se han rebelado, no han hecho huelga de juicios caídos porque ésa ya la hacen ellos habitualmente.

Pero el título de este post es "por sus palabras los conoceréis". Y me estoy refiriendo a los amos del cotarro, los periodistas.

Con respecto a la libertad de Bárcenas, ha habido comentarios para todos los gustos, unos,los reaccionarios, dicen que está muy bien porque ya ha permanecido demasiado tiempo en la cárcel y a éstos les parece "pecata minuta" el riesgo evidente de que se pueda fugar porque tiene dinero repartido por todo el mundo y la ausencia de pasaporte es una gilipollez porque hoy ya no hay fronteras por ningún sitio y cualquier avión privado puede despegar desde donde él quiera. Lo fundamental, dicen, estos adoradores de la presunción de inocencia, es que la prisión que Bárcenes padecía sólo era preventiva y llevaba ya 19 meses en el trullo lo que es demasiado para alguien que, luego, puede resultar inocente.

¿Vale la pena discutir este razonamiento?

Lo que los sistemas procesales pretenden es realizar la justicia y no cabe la menor duda, él mismo lo ha dicho, de que Bárcenas es culpable, y de varios delitos, entonces ¿dónde puede estar mejor que en la cárcel para que no sólo se cumpla la justicia sino que se prevenga la realización de otros crímenes?

Pero Bárcenas gritó a los 4 vientos, a través del ABC que la injusticia residía en que Blesa y Rato, delincuentes evidentes con mucha más peligrosidad social que él puesto que han perjudicado a miles de humildes ahorradores abusando de superioridad legal y cultural no sólo andaban libremente por la calle sino que incluso se permitían ostensiblemente viajar a Suiza para asegurar aún más la tranquila disposición de su deshonesto capital.

La cuestión que no vocea Bárcenas es que ninguno de ellos ha amenazado al dueño oficial de España, Rajoy, de que si no lo proteje convenientemente se van a ir de la lengua. Esta es la cuestión. La sumisión.

La gente, la buena gente de derechas debe ser consecuente con lo que decía aquel egregio personajes de Voltaire, Panglos: vivimos en el mejor de los mundos posibles, el el que todo está muy bien hecho.

Esta es la esencia del conservadurismo, el ideal supremo de la ultraderecha.

Y el pecado contra este dogma nunca será suficientemente castigado en opinión del neoliberal capitalismo nazi fascista.

Bárcenas no había sido lo suficientemente sumiso, hasta ahora, cuando su vigilante personal no es ni más ni menos que Liaño, el hombre que quiso acabar con ese nido de rojos que era el grupo Prisa, el tipo que cuando aceptó su defensa la puso dos condiciones: 1) no hacer nunca declaraciones a la prensa sin su autorización y supervisión y 2) no atacar jamás ni a los jueces ni a los fiscales, porque él, Liaño, es un juez, apartado de su función por prevaricador, pero un juez vocacional enamorado de su profesión y su mujer, la de Liaño, es también fiscal profesional y vocacional.

¿Cabe entonces pensar que Liaño y su mujer están realmente disgustados con el comportamiento de Bárcenas, que teóricamente ha concedido una entrevista al ABC y que ha denigrados a las dos fiscales que le han acusado con toda justicia?

Sería un pecado de lesa ingenuidad pensar que sí. 

Como es lógico en este caso, Bárcenas y Liaño torean al alimón. Se reparten muy bien los papeles.  Uno hace de preso díscolo y otro de abogado defensor enfadado, pero, luego, a Liaño, se le olvida cumplir con su papel y, luego, ante la prensa, en la puerta de la cárcel de Soto del Real, hace de su ex cliente una semblanza tal que ya la quisieran para ellos los caballeros de la Tabla Redonda.

miércoles, 21 de enero de 2015

Bárcenas, Rajoy, Jaime Campmany, Epoca, Liaño, El País, Wahington Post, ABC (I)

Lo he dicho ya por aquí varias veces, lo más parecido a Dios que existe sobre la superficie de la Tierra es un juez, del que su penúltimo presidente dijo no desprecie u. de esa manera la firma de los jueces pues con esa pequeña e insignificante arma uno de ellos puede arruinarle a v. totalmente o encerrarle a v. en la cárcel para toda la vida.
Pero todavía me gusta más la definición que de ellos hizo ese crisol del pensamiento reaccionario que fue Joseph de Maistre cuando afirmó que no hay en el mundo, nada más justo, noble, santo y admirable que un juez español y si a esto unimos las virtudes del sacerdocio católico obtenemos ni más ni menos que el summum de la nobleza y sabiduría de los hombres, el Santo Tribunal de la Inquisición.
Sin embargo, dos de las más grandes luminarias del pensamiento humano, Sócrates y Platón estaban ya entonces preocupados por el problema de los jueces hasta el punto de que a ello dedicaron alguno de sus famosos diálogos socráticos: “qui custodiat custodes”, quién nos preservará de los jueces. La traducción como casi todas las mías es libre, muy libre, libérrima.
Creo que he dedicado ya más de 10 posts a escribir sobre los jueces y a lo largo de toda mi escritura he expuesto ya muchas veces cuál es el Decálogo de esta fundamental profesión.
Lo que dice un juez va a misa, quiero decir que es mucho más que un dogma de fe, ya saben que éste es aquella proposición que hace la Iglesia católica que obliga a todos sus fieles a comulgar con ella de tal manera que, el que no lo hace queda “ipso facto” excomulgado o sea fuera de ella, es, pues, una auténtica verdad indiscutible e indiscutida.
Bien, pues lo que dice un juez es mucho más indiscutible porque además de la intangibilidad de la proposición es además absolutamente coercitiva, es decir, que si no la cumples espontáneamente te obligan a ello con todo el aparato del Estado.
Pero esto es el revestimiento formal de los actos jurisdiccionales. Luego, está el fondo, que es mucho más importante para ellos, los magistrados, porque es lo que además de la coerción les da absoluta credibiilidad.
Dice la famosisima sentencia que la mujer del César no sólo debe de ser honesta sino también parecerlo. O sea que el reino de la apariencia es en ciertos ámbitos mucho más importante que el de la realidad.
De modo que los jueces no sólo deben de ser justos sino también parecerlo y al efecto han consagrado una serie de normas no escritas pero por eso mismo mucho más exigibles hasta al punto que son rigurosamente cumplidas en el 100X100 de los casos.
La 1ª de ellas reza más o menos así: ay de quien roce siquiera a un juez aunque sea con la más leve de las plumas del ala de un ángel, más le valiera atarse una gran piedra al cuello y arrojarse de cabeza al mar, porque ha pecado contra la más grande de todas las normas que hay en el mundo, la credibilidad de los jueces.
De modo que hubo una vez un juez tan convencido de sus atributos jurisdiccionales que creyó que se hallaba por encima de los creadores de opinión y que, un día, comiendo fastuosamente con alguien que era para él, más que un amigo, un correligionario creyó que él, con su total credibilidad podría acabar con una saga fuga de los más ínclitos periodistas, que ha habido en el mundo, los del antiguo El País.
Y ambos quasi parientes, entre los vapores de la buena cena y de los buenos caldos, concibieron un plan para cargarse ni más ni menos a lo que ha dado en llamarse el imperio prisaico, de Prisa, la editora de El País que, entonces, hace ya tantos años, y ha llovido ya demasiado, era mucho más que Roma para la mayoría de los españoles, pero, para otros, entre los que se hallaban estos dos comensales no era sino una repugnante pandilla de rojos.
Porque claro, para Jaime Campmany, uno de los comensales, la gran esperanza franquista, jefe del sindicato de periodistas del Caudillo, director de La Hora, el diario del SEU, y de Arriba, el de Falange Española y de las Jons, creador y director de Época y uno de los más furibundos ultraderechistas que en el mundo han sido, la mera existencia de aquel diario de rojos, en el escribían tipos como Eduardo  Haro Tecglen, era algo absolutamente intolerable, con lo que había que acabar como fuera.  
El otro comensal no era ni más ni menos que Javier Gómez de Liaño, a la sacón juez de la Audiencia Nacional, que imbuido de su condición quasi divina animó a Campmani a presentar una querella contra todo el consejo de administración de Prisa y contra su consejero delegado.
Los que hemos sido profesionales del Foro sabemos que una de las mejores cualidades que éste tiene es la de su absoluta manejabilidad.
Un profesional del Derecho sabe que, si quiere, puede hacer, por ejemplo, que sus pleitos vayan al juzgado que él quiere.
De modo que, entre los vapores de una copiosa digestión y del alcohol, los dos parientes pensaron, ante sus respectivas esposas que ellos dos, solos, podían cargarse al imperio prisaico, o sea a toda esa camarilla de jerifaltes intocables que entonces, qué tiempos, constituían la dirigencia de El País.
Es indudablemente uno de los pulsos más interesantes de toda la reciente historia española: la justicia profesional contra la verdad oficial que proclamaba todos los días el más influyente de los diarios españoles.
¿Quién ganó? Ya lo saben todos ustedes. El País. Y la batalla fue absolutamente cruenta porque le costó el puesto al juez que intentó derribar al más firme de todos los oráculos de prensa española.
Anotemos el nombre de este juez porque va a seguir interviniendo como letrado en otra de las grandes batallas de nuestra historia: Javier Gómez de Liaño, expulsado de la magistratura judicial por haber cometido el delito de prevaricación por su actuación en este caso.
Ah, antes que se me olvide, ¿saben ustedes qué fue absolutamente decisivo para dicha expulsión de la carrera judicial? El testimonio de otro juez que tenía su despacho junto al suyo y con el que desayunaba todos los días Gómez de Liaño, ni más ni menos que el juez Garzón. Interesante, ¿no? Dos jueces de bandera de la famosa Audiencia Nacional que en un breve lapso de tiempo acabaron ambos fuera de la carrera judicial, ¿saben ustedes por qué?
Uno, Liaño, por atreverse a emprenderla a pecho descubierto con el que yo he llamado ya algunas veces por aquí no cuarto poder como suele denominársele sino el primero, como lo que realmente es.
El otro, Garzón, porque, ensoberbecido por una luminosa carrera plena de éxitos, creyó que lo podía todo y se atrevió no a meterse con el franquismo más rampante sino con su propio y carismático cuerpo, el de los jueces, a Garzón no lo han sacsrificado en el ara del altar de la justicia por meterse con Franco y todos sus herederos sino por quebrantar ese máximo precepto no escrito de la normativa judicial que antes transcribíamos de meterse con un juez, aunque él mismo fuera también un juez, si será imperante la norma.
Campmany, el pariente-amigo de Liaño, no era más que el creador, empresario y dirctor de Época, la revista más ultraderechista del mundo que se coaligó con éste para cargarse a Prisa, El País, el diario que se consideraba por todos más izquierdista de el mundo, y la coalición se consideró a a sí misma absolutamente invencible porque, como dijimos antes, lo que un juez dice no es que vaya a misa es que es mucho más absoluto que un dogma de fe puesto que puede cumplirse con el empleo de la fuerza coercitiva, o sea, con la jodida fuerza bruta.
Pero un periódico es un periodico, coño, y si no que se lo pregunten a Nixon, sí, aquel tipo que fue presidente de los EE.UU. Y al que se cargó así, por la buenas, ni más ni menos que un jodido periódico de allí que se llama Washington Post y que además era propiedad de una mujer y que estaba dirigido por el dios al que adora incondicionalmente Pedro J., o sea el dios de dioses de todo el periodismo.
De modo que Liaño y el nazifascita Campmany perdieron la batalla judicial y el juez fue expulsado de la carrera por prevaricador, a pesar de ser amigo y convecino de escalera de Aznar, que era entonces el presidente de gobierno y del qu estoy seguro que participò en aquella llamemosla conspiración contra el más famoso de nuestros periódicos que se atrevía a ser izquierdista, qué tiempos, en la España heredera de Franco.
Una cuestión muy interesante, que me recuerda mucho a Florentino y su manera de actuar: la querella contra los dirigentes de El País, por supuesto que no la firmó Campmany, como todas las denuncias contra el Barça no las ha firmado FP, ésta no es la manera de actuar de la ultraderecha nazifascista, aquélla contra El País, la firmó un descamisado falangista absolutamente desconocido y , desde luego, insolvente, en base al supuesto delito de apropiación indebida de las cuotas abonadas por los usuarios de Canal Plus, al hacerlas suyas la cúpula de El País, al refundarse.
O sea que Liaño es más nazifascista que el que lo fundó y que ahora, oh, milagros de la democracia, no es ni más ni menos que el dimitido letrado defensor de Bárcenas, que actúa seguramente bajo las directas directrices del PP.
De modo que todo esto es clave para que entendamos lo que está sucediendo con el asunto del inefable Bárcenas.
Herraría gravemente el que pensara que se mueve una sola de las hojas del árbol de este hombre sin el visto bueno de Rajoy, que está cumpliendo a rajatabla con su pacto: “sé fuerte, Luis, hacemos todo lo que podemos”.
Y lo están haciendo y muy bien.
Por supuesto que todo esto forma parte del Gran Juego, en el que Aquel lo dejó todo atado y bien atado, pero que es una partida en el que toman parte miles de hombres y mujeres y que, por eso, no se puede controlar todo absolutamente. Bárcenas lo está teniendo todo de cara, el viento que sopla por su causa es siempre a favor pero en en este proceso intervienen tantas personas que algunas le tenían forzosamente que salir ranas: las dos fiscalas del caso, de las que tanto se queja Bárcenas, pero los/las fiscales, en nuestra legislación son, como yalo hemos visto con el famoso Hosrach, de la causa contra Undargarín y la infanta, elementos absolutamente secundarios que sólo pueden presentar escritos pidiendo cosas, pero los que deciden de verdad, son los reyes del procedimiento, los jueces. 
Y éstos han sido muy benévolos en este caso. Hay quienes se deshacen en elogios del juez Ruz, incluso los hay también que lloran como plañideras por su apartamiento del caso, Yerran completamente los que así hacen porque la actuación de Ruz no ha podido ser más favorable no sólo para Bárcenas sino también, y lo que es más que importante decisivo, para Rajoy y sus secuaces.
No se puede ser más complaciente para el PP de lo que lo ha sido Ruz.
El PP ha hecho en este caso todo lo que ha querido. Cualquier otro juez del mundo mundial, con los elementos que éste ha tenido, hubiera procesado a toda la cúpula del PP por tantos motivos que me falta espacio para describirlos: coautoría en el manejo de dinero negro de la caja B del PP, con una irrefutable prueba por escrito, con delitos fiscales cometidos por su cúpula a porrillo, cohecho, maquinación para alterar el precio de las cosas, falsedad en documentos públicos, obstrucción a la justicia, etc. etc.
Pocas veces, en la actuación procesal penal, un magistrado instructor lo ha tenido tan fácil, con un montón de pruebas por escrito, ¿qué más se puede pedir, por qué no solicitó a los Bancos extractos de las cuentas corrientes de todos los implicados en el asunto, que hubieran corroborado sus cobros en negro? Un juez instructor es prácticamente un Dios y hubiera podido hacerlo todo, porque sus facultades son prácticamente ilimitadas.
Y no lo hizo.
Y, ahora, entremos en el paripé, en esa pantomima escenificada por Bárcenas y el prevaricador Gómez de Liaño, del que ayer leí escrito por uno de los aclamados líderes de la prensa izquierdista, sr. Casado, en El Confidencial,  que es un hombre cabal.
Liaño dice que ha renunciado a la defensa de Bárcenas pero ayer mismo, bajo la nieve que caía intermitentemente, a las puertas de la cárcel, dedicó todo el tiempo del mundo a hacer frente a la opinión publica representada por cientos de micrófonos ávidos, a la más encendida de las defensas que yo nunca haya visto, glosando la personalidad de Bárcenas no como el imputado y confeso respecto a sus famosos papeles, sino como si se tratara del más grande de los paladines de la historia universal de la caballería andante, como un Amadís de Gaula o delpropio Quijote.
Pero Liaño, además de un mal juez, es un mal letrado y un peor actor.
Nadie que contemplara la escena creyó nada de lo que dijo.
Bárcenas sabe que no encontrará en todo elmundo un letrado que le convenga más que este Liaño. Es unjuez y los jueces, como esos otros jueces de las conciencias, los sacerdotes, forman parte de un cuerpo que imprime carácter a los que un día han ejercido la profesión. Liaño es un juez, temporalmente alejado de sus vocacionales funciones, pero un juez vocacional, con muchísimos amigos en la judicatura y, lo que es peor, admiradores, porque intentó cargarse a ese hatajo de rojos que era la cúpula de El País, a los que intentó meter en la cárcel, a todos sin excepción, o sea, que, para los nazifascistas, Liaño es un héroe, para Rajoy y sus secuaces. Entonces, ¿quién lo puede defender mejor, quién lo puede representar mejor?
Por lo pronto ya ha conseguido que lo pongan en la calle, en la puta calle, y que se suspenda la tramitación de la causa mientras se provee al nombramiento de un nuevo letrado.

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