sábado, 24 de enero de 2015

Juego de tronos o la fuerza insuperable del odio


Ayer, leí, en no sé que diario, que la todopoderosa vicepresidenta y su ministro de industria fueron a rendir pleitesía a d. José Manuel Lara, dueño de La Sexta, entre otros medios de comunicación.

Llevo siglos diciendo por aquí que la famosa división de poderes de Montesquieu hace ya mucho tiempo que pasó a la historia de las ideas políticas, sostener hoy seriamente que hay tres poderes del Estado absolutamente independientes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial o es un ejercicio del más descarado de los cinismos o una muestra indubitable de la más absoluta ignorancia: el legislativo, constituido, en su mayoría, por los diputados del partido que ha ganado las elecciones, no es sino el mismo poder ejecutivo que gobierna y en cuanto a los jueces, son nombrados, ascendidos, pagados y expulsados por el mismo puñetero ejecutivo o sea que comen en la mano, no ya del ministro de Justicia que no pinta realmente nada, sino del presidente del Supremo y del Consejo General del Poder judicial, y, por si cabía alguna clase de dudas, éste último, el ínclito Lesmes, se cuidó mucho de dejarlo claro: “a los jueces se les gobierna con el palo y la zanahoria”, como a los propios burros, le faltó decir, y a este cargo lo designa, como todo el mundo sabe, el mismo partido que gobierna, o sea, el puñetero ejecutivo.

¿Cuántos poderes del Estado hay entonces?

Dos: el ejecutivo y la prensa, y sucede, además, que de estos dos poderes, el primero, es la prensa, canallesca, para más señas, porque está constituida por los plutócratas de todo el mundo, porque, para esto sí que es absolutamente cierto que no hay fronteras, de modo que Berlusconi es el dueño de la Cinco, y El País de un conjunto de empresas entre las que destacan una serie de ellas norteamericanas que, al fin, se han hecho con todo el poder dentro de dicho diario, y los Bancos, que habían ido resolviendo las crisis económicas del mismo entrando como accionistas en su propiedad, a la fuerza, claro.

O sea que el gobierno de nuestro desdichado país no es un juego de tronos, porque el trono, aquí, no pinta nada, sino de poderes, influido decisivamente por el odio, que es la fuerza más poderosa del mundo.

Y resulta que el gobierno que nos aflige tan encarnizadamente, ayer mismo desahució a un matrimonio con 3 hijos, uno de ellos de 2 meses, cometió el error de cargarse unas emisoras complementarias de la Cinco y la Sexta. Craso error que puede, sin duda, costarle la pérdida del mismo.

Porque, como ratificaba John Kennet Galbraith, citando a Marx, en su obra El nuevo Estado industrial, las corporaciones o empresas son el sistema en sí.

De modo que si un gobierno atenta contra las empresas atenta contra el sistema en sí mismo y éste, lógicamente, de defiende, y cómo.

En un plis plas, la Cuatro y la Sexta, jodidas hasta no poder más por la supresión de una serie de canales secundarios, declararon la guerra al Gobierno e iniciaron una furiosa campaña en su contra que, según parece, va a dar con sus huesos en el puto suelo, mediante una serie de programas excepcionalmente agresivos, Las mañanas de la Cuatro, Al rojo vivo y La Sexta noche, que, con más o menos intensidad, con mayor o menor descaro han apostado por un partido emergente, Podemos, que parece que va a ganar, si las cosas siguen así, las próximas elecciones generales.

De aquí la desesperada visita de la todopoderosa vicepresidenta y de su ministro de Industria a Lara el propietario de la Sexta. No mandó la todopoderosa vice venir a Madrid a Lara, sino que se desplazaron ella y su adlátere a Barcelona, para intentar arreglar un asunto que realmente pinta muy mal.

Esto da una idea muy precisa del estado de la cuestión. La dependencia, prueba indubitable de dónde radica realmente el poder, es del gobierno respecto a la emisora televisiva.

Este gobierno está librando encarnizadas batallas con los medios que, hasta ahora, se habían saldado a su favor, las defenestraciones de los directores de los dos más poderosos diarios de España, El Mundo y El País por haberse atrevido a publicar en 1ª página los famosos papeles de Bárcenas, pero esto ha sido posible porque tanto en uno como en otro, la propiedad o sea, el poder, está en manos distintas a las direcciones de ambos medios, pero en los casos de la Cuatro y la Sexta, la propiedad y su efectiva dirección se halla en manos de la misma y puñetera propiedad, o sea que aquí Rajoy y su todopoderosa vice no pueden ir a pedirle a los putos amos que echen a la calle a los directores ejecutivos de las emisoras porque éstas dependen directamente de los mismos putos amos, que los odian a muerte por la humillación que supuso para ellos que los del gobierno los despreciaran antes de mala manera. O sea que ahora el gobierno depende realmente de la intensidad del odio que los amos de ambas emisoras sientan por él.


Es lo mismo que sucede con Bárcenas. El odio que éste siente por sus antiguos compañeros de robo que además de dejarlo solo ante el peligro se han cachondeado de él es insuperable e inextinguible, así que la cuestión estriba ahora en la capacidad de destrucción que tenga Bárcenas para llevar a cabo su venganza, por eso ayer, apenas puso pie en la calle, dijo eso: he cumplido con el mandato de Rajoy, Luis ha sido fuerte, ahora que sean fuerte los demás también.

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