sábado, 7 de febrero de 2015

El gran taumaturgo

No es un jurista profesional sino un ingeniero de caminos pero todo lo que toca se juridifica.

Una de las personas que mejor lo conocen porque colabora con él en lo que más le gusta ha dicho de él que es un ser superior y, efectivamente lo es, si sólo nos referimos a sus cualidades técnicas.

Hemos dicho ya alguna veces por aquí que el Derecho es una ciencia invasiva, todo lo que hacemos tiene su lado jurídico que abarca desde las relaciones familiares hasta las deportivas pasando, claro está, por las profesionales.   

Y es aquí donde la genialidad de este hombre es absolutamente asombrosa: todos los aspectos jurídicos de su actividad están totalmente controlados, no hay ningún detalle, por nimio que sea, que no esté plenamente dominado jurídicamente.

El caso de El Castor es paradigmático al respecto.

Contemplado a primera vista, desde fuera, es increíble como ha funcionado desde el punto de vista jurídico.

La opinión pública en general tiene conocimiento de él porque toda la prensa se hace eco de que en la zona de Vinaroz, Castellón, han comenzado a producirse una serie incontenible de movimientos sísmicos.

Dado el secretismo absolutamente productivo con el que todas sus actuaciones se producen este fenómeno, como tantos otros que con él se relacionan, hubiera pasado desapercibido si no hubiera sido por la especialísima naturaleza de los acontecimientos.

Un terremoto es uno de las mayores fenómenos de alarma social por cuanto los efectos que produce, o con los que amenaza, son absolutamente destructivos potencialmente.

Primera digresión jurídica: el delito de estragos está redactado en nuestro Código penal en los siguientes términos:

Artículo 350

“Sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 316, incurrirán en las penas previstas en el artículo anterior [prisión de seis meses a dos años, multa de seis a doce meses, e inhabilitación especial para el empleo o cargo público, profesión u oficio por tiempo de tres a seis años] los que en la apertura de pozos o excavaciones, en la construcción o demolición de edificios, presas, canalizaciones u obras análogas o, en su conservación, acondicionamiento o mantenimiento infrinjan las normas de seguridad establecidas cuya inobservancia pueda ocasionar resultados catastróficos, y pongan en concreto peligro la vida, la integridad física de las personas o el medio ambiente”.

Efectivamente los hechos físicamente destructivos no llegaron a producirse o, por lo menos, no se exteriorizaron, pero no se puede en modo alguno descartar que bajo la superficie terrestre ciertas zonas tectónicas hayan quedado afectadas para siempre.

En cualquier caso, noches y días de terror, en las poblaciones aledañas, sí que se produjeron impunemente y hubieran seguido produciéndose en el tiempo si la alarma social no hubiera impelido a las autoridades competentes en la zona a la intervención para prohibir la continuación de los trabajos.

Respecto a nuestro hombre, su posicionamiento ante el fenómeno fue la de una total inactividad como si el asunto no tuviera nada que ver con él.

Actitud absolutamente idéntica a la observada cuando otras actividades suyas han llevado a una infección ambiental total de la zona en que otras obras suyas han dañado decisivamente y para siempre la salubridad de las mismas, en las que tales obras se realizaron, con un aumento tal de la polución que ha obligado ya a las autoridades municipales a plantearse la posibilidad de suspender la circulación automovilistica.

O sea que el daño colateral está presente en todas las obras que él realiza pero a él y a todos sus ciegos seguidores les es igual.

El poder de este hombre es mucho más grande que el de Dios puesto que las consecuencias de sus actos inntrínsecamente dañinos producen a su favor los efectos más determinantes.

Y si estos fenómenos sociales se producen en el campo de los derechos políticosociales de todos los ciudadanos del país qué no ocurrirá en otros ámbitos, en donde los efectos de su actuación no sean potencialmente tan escandalosos ni importantes como, por ejemplo, su pugna con otro equipo de fútbol en orden para hacerse con la hegemonía.

De modo que para este hombre tan poderoso, realmente omnipotente, que no sólo consigue que se le otorguen las concesiones administrativas necesarias para la realización de obras que representan un daño evidente para la salud pública, las 4 torres madrileñas, de las que él tanto se ufana, y que son universalmente reconocidas como gravemente dañinas para la salud de una ciudad como la capital de España, y esa otra de El Castor que puso en grave e inminente riesgo tectónico a casi todo el litoral mediterráneo español, y que ha terminado increiblemente con una indemnización a su favor del pago de miles de millones de euros que se le van a abonar con la inserción de un cargo en los recibos del gas de todos los españoles durante los próximos treinta años, las actuaciones necesarias para que el Barça, su gran enemigo que lo dejó en ridículo arrebatándole la contratación de Neymar cuando ya la tenía realmente en el bolsillo, sea perseguido a muerte en todas las instancias oficiales, que él tiene dominadas con todos sus tentáculos, es realmente un juego de niños.
     

1 comentario:

Futbolín dijo...

NEYMAR ES EL SEÑUELO... ¡VAN A POR MESSI!
http://carlosdezaragoza.blogspot.com.es/2015/02/neymar-es-el-senuelo-van-por-messi.html#more

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