martes, 24 de marzo de 2015

Arcángeles





El otro día, en un post, veíamos como Lony Legry, en la realidad Toni Negri, en plena fabulación novelesca, Arcángeles, concluía su 1ª clase en la universidad del Norte a los miembros de una banda terrorista, afirmando que la única solución posible contra la opresión que se vivía en aquel país imaginario, era el delito, porque sublevarse contra las leyes vigentes en cualquier país es un delito y ésta, la subversión, era la unica solución posible a aquel conflicto tan injusto como larvado, porque las leyes allí vigentes, entre ellas, la última, a la que justamente se la denominó Ley Mordaza, impuestas salvajemente por los que gobernaban, no permitirían nunca una evolución pacífica de la situación.
Y en el post de ayer, demostrábamos fehacientemente que las elecciones andaluzas no habían hecho otra cosa que certificar la realidad virtual en la que se nos está obligando a vivir, pendiente nuestra situación política, únicamente para su desenlace, de ese salvaje procedimiento que se realiza cada 4 años y en el que todo lo que puede suceder y sucede es que los movimientos que deberían de ser absolutamente telúricos se reducen a un simple cambio de siglas, no ya de movimientos pero ni siquiera de personas, de tal manera que todo lo que había sucedido en ellas era que un grupo de votantes, más de quinientos mil, 9 escaños, había abandonado el PP para engrosar las filas de Ciudadanos, mientras que otras dos facciones similares habían huido del Psoe y de IU para formar ese grupo nuevo que tanto promete, Podemos.

Hace ya algún tiempo, una de las mujeres que más han influido en mi pensamiento político, Rosanna, me convenció plenamente de que hoy, con el gran gendarme, vigilando tan cuidadosa como agresivamente la evolución de los acontecimientos políticos universales, no se permitiría nunca una revolución o subversión en ninguno de los lugares del mundo, pero mucho menos aún en un país como España, en el que tiene desperdigadas por todo el territorio una serie de bases militares, siendo además, como ésta es, una de las dos llaves del Mediterráneo, por lo que cualquier intento de revolución sociopolítica, hoy, no tiene más remedio que producirse pacíficamente en ese marco fantasmal que son las elecciones.

De modo que, combinando abruptamente, realidad y ficción, la marcha sobre Roma que anunciaba el otro día la Cólera de Dios, no tiene otro remedio que reducirse a un nuevo simulacro electoral en el que Podemos, en contra de la más salvaje de todas las campañas de prensa habidas en el mundo, se aupara al triunfo en las elecciones generales de fin del año. 

No otra cosa es lo que hizo Chávez en Venezuela y ya vemos cómo está concluyendo, con los rayos tronitronando sobre aquel desdichado país, bajo el imperio más violento del peor de los Júpiters, cumpliéndose una vez más la terrible máxima de “pobre Venezuela, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

O sea que a lo mejor que podemos llegar, mis queridos amigos futbolín y Xavier Traité, es precisamente a eso, a que Podemos gane, y se lo van a poner insuperablemente difícil, las próximas elecciones y, después, los machaquen desde todos los ángulos de tal modo que su paso por el gobierno sea como un rayo de sol por el cristal sin romperlo ni mancharlo.

Esto es lo que hay y así lo hemos contado.

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