domingo, 1 de marzo de 2015

La gran coartada

Ojo, no se me malentienda.
Todo el mundo tiene derecho a opinar sobre cualquier tema y no sólo puede sino que debe de hacerlo. Es lo que se ha dado en llamar libertad de opinión y, consecuentemente, claro, tiene también todo el derecho del mundo a expresarla.
Otra cosa es lo que nosotros, los receptores de esa expresión en la que se nos traslada la opinión de los que asumen la tarea de formarla, debemos de hacer con esa opinión que tan “generosamente” recibimos porque en un porcentaje altísimo de las veces, lo que pretenden estos formadores de la opinión ajena es intoxicarnos con ella.
Decía no sé quién que éstos son malos tiempos para la lírica.
Y yo respondo: pues no te digo yo nada para la épica y mucho peores aún para la ética.
De pronto, el universo entero se ha llenado de opinadores sobre las cuestiones más abstrusas. Y pululan por ahí gentes que quieren saber tanto de literatura, como de derecho o de ética.
Y no, señores, no, para hablar, o escribir, ex catedra, de todas estas cosas hay que haberse pasado toda la vida estudiándolas, practicándolas, asumiéndolas, digeriéndolas.
Y todo esto a proposito de Cotarelo, un hombre al que nuestro querido futbolín ha comenzado a hacer objeto de su latría.
Latría significa adoración y ésta puede fundamentarse en el estudio y  el consiguiente conocimiento o en una especie de flechazo.
Vaya por delante que el flechazo es algo muy difícil de rechazar no en balde se ha llamado así ese impulso amoroso que nos entrega a una persona del otro sexo atados de pies y manos.
Por no acabar de irme a los famosos cerros, contaré que yo también de vez en cuando sufro esta especie de deslumbramiento por alguien que aparece en nuestro firmamento cotidiano y lanza una idea, una teoría, un pensamiento que se hace con todo nuestro asentimiento. 
El último que recuerdo es el que me sucedió con Rafael Narbona.
Tanto me deslumbró este estimabilisimo escritor, que esperab a sus posts por internet con verdadera ansiedad, hasta que, un día, escribió uno en el que ponía a parir ni más ni menos que al Ché Guevara y a Hugo Chávez.
El desenamoramiento fue tan inmediato que fui incapaz siquiera de acabar de leer aquel famoso post.
Yo no puedo tener ninguna clase de conexión intelectual ni emocional con alguien que no sólo desprecia a dos de mis ídolos más queridos sino que dedica un extenso trabajo a intentar, como sedice ahora, deconstruirlos.
Algo muy parecido pero no tan doloroso me ocurrió con el tal Cotarelo.
Cotarelo es también catedrático o profesor de algo. Pero lo que fue absolutamente decisivo para mi oposición a todo lo que haga, a todo lo que diga, a todo lo que escriba, es saber que adora a Felipe González sobre todas las cosas, y que aborrece a muerte algo que es el fundamento de todo mi pensamiento no sólo sociopolìtico sino también filosófico e incluso científiconatural: el marxismo.
No me interesa leer una sola palabra de los que consideran al Ché Guevara y a Hugo Chávez como dos perfectos canallas cuando yo creo que se trata de dos auténticos santos.
No quiero leer una sola palabra de un tío para el que Felipe González es el summum de la sabiduría política y de la honradez. Y que entre col y col, lechuga, o sea que, cuando no tiene nada mejor que hacer, con lo que hay que hacer, Señor, dedica todos sus esfuerzos a estudiar, glosar y difundir el pensamiento ni más ni menos que de Ayn Rand, la suprema sacerdotisa el pensamiento ultraliberal usaniano.
Claro que sí que comprendo que haya gente, magnífica, por otra parte, que sean capaces de hacerlo, todos no van a ser unos auténticos talibanes como soy yo. Pero yo soy incapaz de ello, entre otras cosas, quizá, porque no tengo tiempo.
De modo que hoy, veo que futbolín trae por aquí un texto de Cotarelo y, como creo que es mi obligación, para corresponder como es debido al esfuerzo que cotidianamente hace para mí mi mejor amigo, le echo un vistazo, así por encima y compruebo que el tal Cotarelo dice:
“LA OBLIGADA MOCIÓN DE CENSURA.(Ramón Cotarelo)
Que un país normal no puede estar gobernado por un corrupto al frente de un gobierno corrupto sostenido por un partido corrupto es la evidencia misma. En España, sin embargo, es al revés: un personaje presuntamente corrupto preside un gobierno presuntamente corrupto y apoyado en un partido que también lo es. Y no hace poco tiempo, unos meses o unos años, sino hace diez, veinte años. Es una corrupción, un robo, un saqueo sistemático, hace ya mucho, demasiado tiempo.
No lo dicen los analistas o comentaristas, los observadores o adversarios políticos, siempre parciales. Lo dicen los jueces que, frente a las maniobras de obstaculización y sabotaje de la justicia de estos delincuentes capaces de todo, llevan adelante su tarea con integridad y valor moral. Son los jueces los que plantean la cuestión de si el PP es en verdad un partido político o una asociación de malhechores, organizada para delinquir. Y, ante esta posibilidad, ya abierta hace más de tres años, cuando estalló la Gürtel, Rajoy, su gobierno, sus colaboradores, hubieran debido dimitir y ponerse a disposición de la justicia.
En lugar de eso, hicieron lo contrario: se enrocaron, se negaron a hablar, a dar explicaciones, a rendir cuentas. Obstaculizaron cuanto pudieron la acción de la justicia, destruyeron pruebas, mintieron al parlamento, lo ningunearon, echaron mano de todo tipo de triquiñuelas, recurrieron a fraudes procesales y trampas para evitar que se conociera la verdad. Su acción de gobierno en estos tres años ha consistido en salvarse procesalmente de una acusación formal apabullante y que está ya en puertas pero que han tratado de ocultar por todos los medios, engañando, confundiendo y mintiendo sin parar.
Es inadmisible que en un país que obliga a los de Podemos a mostrar hasta el recibo del gas, el presidente del gobierno todavía no haya aclarado si cobró o no sobresueldos, por qué importe, por qué motivo y procedentes de qué fondos; que no haya explicado si se costeaba sus trajes y viajes o  lo hacían sus amigos delincuentes; que no haya documentado cómo se abonaron los actos electorales que prepararon sus clamorosos y falsos triunfos; que no haya aclarado la financiación ilegal de su partido; que ninguno de los enchufados de la dirección de este, varias docenas, haya dado cuenta de sus respectivos sobresueldos, sus enchufes, mamandurrias, robos, saqueos, latrocinios, incluido el expolio de Caja Madrid, que ha sumido el sistema español en la crisis actual.
Ciertamente, no un partido sino una presunta asociación de delincuentes. Desde el principio. Dirigida por gente adecuada a las exigencias y necesidades: Aznar, un déspota corrupto; Rajoy, un sinvergüenza; Cospedal, una embustera; Floriano, un imbécil; González Pons, un caradura; Hernando, un chulo; Arenas, un payaso. E cosí, via,, verdadera escoria intelectual y moral como Mato, Wert, Guindos, Montoro, etc.
Este gobierno de granujas y pillastres dice muy poco de la calidad europea de nuestro país y mucho en cambio de la tradición de engaño, embuste y sinvergonzonería de España como el reino de la picaresca, la oligarquía, el caciquismo, el vivan las caenas y el ¿qué hay de lo mío, ministro? Y menos dice aun que tan denigrante situación no haya sido expuesta a la luz pública y sancionada y corregida por la opinión pública, los medios de comunicación y la oposición política y hayan tenido que ser los jueces quienes descubran este pudridero de ladrones y farsantes que se hacen pasar por diputados, senadores, consejeros, ministros o presidentes. 
La corrupcion del gobierno y su presidente es pavorosa, pero la cobardía de la oposición y quizá su complicidad aun lo son más. Y quede para otro día el caso de la Iglesia católica, la organización parasitaria más corrupta del sistema español. 
¿Es posible que la opinión esté adormecida, los medios comprados y la oposición sea cómplice? Pues sí, es posible y bastante seguro. Pero en algún momento habrá que tomar una decisión que justifique su existencia y abra la posibilidad de una regeneración democrática que dé a la gente algo de esperanza y a los medios y la oposición una posibilidad de supervivencia. ¿A qué espera la oposición para presentar una moción de censura a un gobierno que no gobierna porque está ocupado en el expolio de los dineros públicos y en evitar su procesamiento por eso mismo? ¿A que los jueces llamen a declarar y sienten en el banquillo al presidente de los sobresueldos?”.
Casi dan ganas de romper en aplausos, ¿verdad?
Y más de uno lo habrá hecho, entusiasmado por la magnifica descripción de parte de  lo que está sucediendo en este desdichado país.
Pero si uno se detiene un sólo momento y piensa, nota que algo raro sucede en su interior y, si se escruta un poco, acaba de encontrando en esta magnífica relación de agravios dos puntos esenciales:
1) la contradicción que supone entre los propios términos que se edifique todo el tinglado de esta farsa sobre el andamiaje judicial siendo así que si los jueces hubieran querido realmente penetrar a fondo en este asunto hace ya mucho que
2) el PP hubiera tenido no sólo que dimitir en pleno de todas sus funciones ejecutivas y de representación sino autodisolverse y desaparecer.
En realidad, todo la argumentación de Cotarelo no es sino la misma que hacen Floriano, Hernando, Casado, Cospedal y todos sus portavoces:
-Nada efectivo podrá argumentarse contra ellos mientras no haya una sentencia judicial firme que así lo diga.
Es la gran coartada, la coartada de la coartadas, el credo pepero, el gran dogma de fe.
Ningún hombre de izquierdas, lúcido y honrado, admitirá siguiera que la controversia no sólo ya no se zanje sino que ni siquiera se plantee en estos términos.
¿Cómo va alguien de izquierdas siquiera a admitir que la resolución del problema se someta a la decisión de los que son parte interesadísima en el propio juego?
Pero, por favor, ¿quiénes son los jueces, de donde vienen, adonde van, que es lo que realmente pretenden?
A un señor cualquiera, al hombre de la calle se le puede tolerar que crea en los jueces, a un catedrático, a un intelectual, a un tío que ha hecho profesión del estudio, de la averiguación de la verdad, no, a Cotarelo, y a toda esa cohorte de falsos intelectuales que escriben cotidianamente en los periódicos, no, porque todos ellos saben no ya como yo sino mucho mejor que yo que si los jueces hubieran querido toda la cúpula del PP hubiera sido ya juzgada y condenada por toda esa larguísima relación de delitos que Cotarelo expone en su artículo porque cuando los jueces quieren, si no hay artículos en las leyes para juzgar a los que se lo merecen se inventan, como se hizo en el tribunal de Nuremberg,  como se inventan los trucos para desimputar a los tipos como Botín, que se cansó de incumplir todas las leyes que le dio la gana hasta el punto de que se creó una jurisprudencia que se denomina doctrina  Botín, mediante la cual no se puede procesar a nadie si no hay una acusación formal institucional, o sea de la abogacía del Estado o del Ministerio fiscal, dicho en román paladino que en España no se puede procesar a nadie si el Estado, o sea, el gobierno existente en ese mismo instante, no quiere que se le procese.
Así que de esperar una solución judicial a este asunto, nada, porque los jueces son parte en su inmensa mayoría del propio PP.
En realidad, todos los que piensan que la solución ética y política al problema de la corrupción la tienen los jueces piensan y sienten exactamente igual que los miembros del PP y, como para mí, el pensamiento y el sentimiento son los que constituyen al ser humano, son del PP, aunque, como dice ese esbirro mentiroso de este partido, recientemente elevado a portavoz, no sepan que lo son.

2 comentarios:

bemsalgado dijo...


Por todo esto que hoy nos dices, José, me puedes considerar un incondicional tuyo.

Un fortísimo abrazo

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Querido bem:

Tú sabes que tu opinión es, para mi, una de las más importantes de este jodido mundo, por eso te agradezco infinitamente lo que dices.

Creo que en este post es en el que más lejos ha ido mi puñetera cabeza, después de tantos años de pensar y pensar.

Un fuerte abrazo,

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