jueves, 12 de marzo de 2015

La revolución revolucionaria, perdón por el pleonasmo



Tal vez la conclusión que se deduce de los últimos párrafos de mi ultimo post sea excesivamente desalentadora, pero, insisto,no hay que olvidar que se trata de una obra de ficción: es la 1ª clase que Lony Legsi (Toni Negri, en la vida real), imparte en esa especie de universidad del Norte a la que los jefes de una banda terrorista le han llevado para que, con sus lecciones fortifique su espíritu revolucionario.

Como vemos, Negri termina esta 1ª clase afirmando que la solución a este mundo de corrupción y perversión en el  que vivimos es el delito: no hay otra, no puede haberla porque:

1º) la revolución conservadora se ha impuesto de tal manera que constituye ya un "statu quo" irreversible: todo el mundo piensa que, en general, este mundo en el que vivimos es el mejor de los mundos posibles aunque, claro está, necesite que, de vez en cuando, se realicen pequeñas reformas;

2º) porque allá, en el fondo, en la cúpula de un rascacielos, un viejo infernal tiene definitivamente la llave de todo, de una manera tal que ya es imposible arrebatársela, de modo que sí, tú puedes lograr la implantación de un régimen como el de Cuba o el de Venezuela, pero él manejará los recursos necesarios, que los tiene, claro que los tiene, para acabar contigo de mala manera;

3º) porque, tal vez, sí que sería posible el establecimiento de una especie de fuerza de intervención universal, una Otan a la inversa, con todas las fuerzas revolucionarias del mundo, dispuestas a intervenir en cualquier parte de él, en la que fuera necesario, como quizá lo sean ya el EI, AlQuaeda, y todo ese bullir de grupos insurgentes que se extienden ya  por todas partes, que se consideran a este lado como absolutamente, plenamente delincuentes, pero, ojo, que esa es precisamente la tesis de ese Leni Legri de mi novela;

4º) de manera que todo concluiría en una batalla final entre las fuerzas de intervención rápida de los Usa y las de toda esta gente revolucionaria desperdigada por todo el mundo.

Esto es seguramente lo que, al final de todo este lío, va a pasar porque cuando la gente alcanza el último grado de desesperación no hay manera de detenerla y esto es lo que explica esa especie de locura tan alegre como nihilista de los asesinos asaltantes de Charli Ebdo, que saben ciertamente que van a morir en el empeño pero que no les importa, como todos esos jóvenes que, cada día, leemos en los periódicos que abandonan sus cómodos hogares en Francia e Inglaterrra y quizá también en España, sólo que aquí, como sucede con todo en general no lo sabemos, para alistarse en el Ejercito Islamista o equivalentes para ir a inmolarse en lo que ellos consideran una causa justa, que, sin embargo, de acuerdo con nuestros parámetros, es absolutamente delictiva.

Todo esto es lo que Loni Legri, Toni Negri, va a explicar a sus alumnos de la Universidad del Norte, en mi jodida novela Arcángeles.

Perdón por estos cambios repentinos de tipografía que son completamente ajenos a mi 
voluntad y que, por tanto, no puedo corregir de ninguna manera.

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