martes, 14 de abril de 2015

La palabra libertad


Almudena de la Cuesta, 25 años: “Mi primera nómina se la daría a mis padres. Se la debo”


La palabra libertad es el mayor de los trampantojos.

En el momento en el que te descuidas uno de estos sinvergüenzas que trabaja en la política o en la prensa te dice:

-Oiga, pero es que v. es libre para elegir para que lo gobierne  quien quiera, si no le gusta Rajoy, dentro de 4 años, vote v. a otro.

Y el tío se queda tan fresco.

Efectivamente, yo tengo libertad para levantarme de esta silla y salir a la calle y una vez allí irme para un sitio o para otro, pero ahí se acaba toda mi libertad, la libertad esencial, la de sacar de algún sitio algo para comer, ésa, la más importante, no la tengo y sin esta puñetera libertad todas las demás son irrisorias.

En cambio, Ana Patricia Botín, la princesa heredera, o el puñetero César Alierta, comandamás español no sólo tienen la libertad de trabajar o no, sino también la facultad de decretar si yo voy o no a tener trabajo, porque ellos son los que marcan las puñeteras condiciones para que y cómo se trabaja en España.

Entonces, yo ¿sigo siendo libre, pero de qué, de morirme de hambre y de frío como esos 4 millones y medio de hombres y mujeres, y todos esas otras personas que dependen de ellos, que figuran en las mentirosas listas del paro porque hay millones de parados que no se apuntan en ellas porque piensan que eso no sirve para nada, yo tengo a uno de mis hijos, sin trabajo, que jamás se ha apuntado?

Y es que toda esta gentuza, los culpables de la situación y los que todavía son más asquerosos, sus cómplices y encubridores, han impuesto como axioma, como verdad que ni siquiera necesita demostración, que el problema real es el de esa falsa libertad para morirte de hambre o suicidarte y no el de la igualdad esencial dentro de ciertos límites.

Y el caso es que, por ejemplo, Rajoy no ha engañado a nadie que no se quiera engañar por sí mismo.

En un par de artículos que él escribió en El Faro de Vigo, ya nos lo decía muy claro a todos: la igualdad no sólo no existe en la naturaleza ni en el mundo sino que ni siquiera debe de existir, la aspiración a la igualdad es propia de los inútiles, gandules y envidiosos que quieren ser y tener como los demás sin hacer nada para merecerlo, o sea que los que aspiramos a la igualdad somos una puñetera basura.

Vengo leyendo en la prensa algunos artículos de afamados autores que sostienen que Rajoy es uno de los tipos más soberbios que han conocido puesto que desprecia olímpicamente a los que no le siguen políticamente.

Y creo que es verdad, ayer mismo decía que a él lo tienen que seguir por fuerza todas las personas normales. O sea que los millones de personas que no estamos de acuerdo con él o somos tontos de nacimiento o estamos locos, es decir, somos completamente anormales.

Pero yo pienso que es exactamente al revés, hay que ser tonto o estar loco para permitir que un tipo semejante siga al frente del gobierno de este país teniendo como tiene tan mal concepto de sus conciudadanos.

Pero, ahora que lo pienso, es posible que tenga razón porque no debemos de ser muy sensatos y estar en nuestro sano juicio cuando este tío tuvo en las últimas elecciones una mayoría tan abrumadora que le ha permitido llevar a este país no sólo a la ruina económica sino también la ruina moral, al permitir que la renta nacional se concentre en unas pocas, poquísimas manos, mientras la inmensa mayoría de la gente sufre las peores penurias de la historia.





4 comentarios:

Fernando Mora dijo...

http://i1155.photobucket.com/albums/p552/900932/Mobile%20Uploads/vineta-soy-libre-forges_zpsjth9kx6f.gif

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Coño, Fernando, no se puede ser más oportuno comentando mis posts.

Por eso me pregunto: ¿cuándo lees por ahí, que siempre tienes o encuentras el comentario más oportuno?

Un fuerte abrazo, amigo,

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Corrijo: en lugar de cuándo quise decir cuánto.

Perdón

Fernando Mora dijo...

A veces, Don José, recuerdo que tengo cosas por el disco duro, otras, que he visto por ahí y que creo pueden venir a cuento. Las más, pura casualidad. No leo tanto como me gustaría.
Fuerte abrazo también,

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