sábado, 18 de abril de 2015

Rodrigo Rato, el prototipo de la derecha.



“Tienes más orgullo que don Rodrigo en la horca”.

Si tal como yo sostengo, la izquierda es la defensa indesmayable de la verdad y la práctica hasta la muerte de la justicia, la derecha debe de ser el culto insobornable a la mentira y la práctica cotidiana de la injusticia.

Antes de que se me olvide, porque me sucede todos los días, que comienzo a escribir para decir una determinada cosa y me pongo ante el ordenador y, cuando me doy cuenta, estoy enfrascado con otro tema y se me ha olvidado el punto inicial sobre el que quería escribir, he de decir que Rodrigo Rato no es hoy el presidente de gobierno por ser precisamente el prototipo de la derecha: Ana Botella le quitó de la cabeza a Aznar nombrarlo definitivamente su sucesor porque Rodrigo  había abandonado su legítima esposa para irse a vivir con una tía buena que, además, era mucho más joven que su esposa, espíritu de cuerpo se llama lo de la Botella. En esto la Botella se ha comportado como una mujer moderna: se ha negado a admitir eso de que los caciques tuvieran siempre una santa esposa, casi siempre no muy agraciada para que fuera la madre de sus hijos, los criara como es debido en el santo temor de Dios, y, luego, fuera del matrimonio,otra mujer opulenta, en el sentido físico, la barragana.

Pero íbamos diciendo que Rato es el prototipo de la derecha.

Desde siempre, la derecha fetén, la derecha de verdad, ha seguido la misma táctica para criar a sus vástagos. A las chicas las ha encaminado hacia los monasterios con la esperanza de que llegaran a madre abadesa. 

Y a los chicos, mientras duró eso de hacer carrera con las armas, hasta hace muy poco por lo tanto, si nos fijamos en el Caudillo, los varones se alistaban en los llamados Tercios que, a veces, se iban a Flandes y otras a América. De modo que siempre acababan llenos de honores y de pasta gansa.

Pero los tiempos han cambiado que es una barbaridad, ahora, las féminas, no sólo se casan con tipos con porvenir sino que incluso ellas mismas participan muy activamente, la Aguirre, por ejemplo, en la carrera del poder.

De modo que Rodrigo, hijo de los Rato y Figaredo, según decía ayer Verstrynge, vino a Madrid a hacer carrera montado en una vespa, como un autentico caballero andante.

Y comenzó, Verstrynge dixil, como meritorio, aprovechándose de la vespa, al fin y al cabo un medio de transporste móvil, para hacer los recados, de Fraga, por ejemplo.

Porque, según las malas lenguas, siguen contando, el padre de Rodrigo, empleó parte de su non sancta fortuna en financiar la carrera de Fraga, que así es la gloria de este mundo, a Franco lo financió Juan March, un contrabandista mallorquín, y a Fraga, un banquero de tan mala conducta que, al final, acabó en la cárcel, aquí, en este país, cómo sería el tío.

Pero de lo que no cabe la menor duda es de que Rodrigo siguió las pautas del perfecto cacique, o sea del prototipo de la ultraderecha: primero, hizo todo lo que hubiera que hacer para llegar a la cima, unido a su santa esposa y , luego, cuando llegó a ella, dijo "pero, coño, que yo no he luchado tanto para seguir acostándome con una tía vieja y fea", exactamente lo mismo que el cacique de mi pueblo, un tal Perea, que le ponía los cuernos a su santa con la tía más buena del mismo, 
porque esta gente piensa sinceramente que si se ha esforzado tanto por la felicidad de los demás, les juro que es así como piensan, que todo lo que han hecho es por los demás, cómo no van a tener derecho no ya sólo a robar todo lo que puedan, como la más lógica de las retribuciones a su inmenso esfuerzo, sino a acostarse todos los días del año con una tía no sólo joven sino que esté muy buena, ya se sabe, la mujer como el descanso del guerrero. De modo que fue una verdadera lástima que la Botella, auténtica Legionaria de Cristo, no le perdonara esta minucia e impidiera que llegara, mediante el dedo de su marido, a la jefatura del gobierno.

A no ser por éste ínfimo detalle, Rodrigo sería hoy el habitante de La Moncloa y no de un modesto piso de 600 metros en el Barrio de Salamanca, y en lugar de estar hoy procesado por no sé cuántos delitos, seguiría promulgando leyes para que, como él mismo dijo, ni él ni sus amigos pagaran nunca impuestos.

Porque pagar diezmos y primicias, y reales, a la Iglesia y al señor feudal es cosa de plebeyos, como todo el mundo sabe y es debido.

Ya me iba a olvidar de escribir un poco sobre esa flagrante incógnita en el que podríamos llamar caso Rato:

¿Por qué las diligencias de registro domiciliario y de incautación de posibles pruebas en el domicilio y en el despacho de Rato las ha llevado a cabo la Agencia Tributaria mediante sus agentes de Aduanas que, efectivamente, tienen también la condición de policía judicial en algunos casos, y no la policía nacional o la Guardia Civil, como sucede siempre? ¿Por qué
 se han dejado a un lado estas policías habituales y se ha recurrido a un cuerpo tan excepcional que la prensa sólo ha podido hablar de un antecedente: unas diligencias contra una trama de drogas, en Galicia, en la que se hallaban implicados miembros de estas dos referidas y habituales policías? ¿Por qué se ha cortocircuitado a la Fiscalía anticorrupción y se ha recurrido a la Fiscalía normal para que actuara en este caso, típico de corrupción?

¿Será, como apuntan algunos, para que fuera la policía que depende directamente de Montoro la que se llevara las posible pruebas delictivas de Rato a fin de que alguien pudiera comprobar si, entre ellas, las había también comprometedoras para el PP?

Ya nunca lo sabremos. Como tampoco sabremos nunca qué otros miembros del PP, como el propio Rato y Bárcenas, se acogieron a la aministía que Montoro se sacó de la manga para santificar la situación fiscal de sus amigos y compañeros.



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