domingo, 31 de mayo de 2015

La derecha es esencialmente antidemocrática




Democracia, de “Cratos”, poder y “demos”, pueblo, es poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, Lincoln.

La derecha ¿pretende alguna vez que el poder resida en el pueblo y sea ejercido por el pueblo a favor del pueblo?

La derecha es poder puro, duro e inmisericorde y el poder es, por su propia naturaleza antidemocrático, precisamente toda la historia humana no es sino un titánico esfuerzo por neutralizar al poder.

Porque el poder comenzó siendo físico, basado exclusivamente en la fuerza bruta, en la potencia muscular, primero, en la potencia armada, después, en la fuerza económica, por último.

Pero el hombre es el más inteligente de los animales. Y desde el principio comprendió que el poder es tanto más fuerte cuando más difuso porque la lucha contra él es más difícil si no se personaliza, si no se concreta.

Es por eso que el genio de Foucault afirma que el auténtico poder, el poder máximo, nadie sabe quién es ni donde está concretamente, todos sabemos que se halla en algún sitio de los Usa pero no concretamente dónde ni quién es.

Porque si se supiera quién es y dónde está los poderófilos, los poderóvoros, irían a por él.

Y es que el ansia de poder se basa en el instinto de conservación, de ahí que los lexicólogos llamen a los poderosos, políticamente, conservadores.

Lo que, qué catástrofe, nos hace a todos nosotros, los humanos, por nuestra propia  naturaleza conservadora, de derechas.

Pero tan natural como nuestra tendencia conservadora es la que nos impulsa a repartir el poder.

Frente al atleta poderoso que se imponía por la fuerza bruta en la tribu inicial, se unieron varios otros elementos de la misma que lo neutralizaban.

Así nació el contrapoder, los contrapoderes y éste fue el comienzo de la era y de la ciencia política, un método capaz de limitar el poder para facilitar la convivencia.

Y, ahora, para ganar tiempo y espacio, recurramos a Aristóteles y a su descripción de la evolución de las formas de gobierno. Monarquía, o sea el mandato del líder que podía serlo bien por su propia fuerza física o por la acumulada bajo su inmediato mandato, situación que duraba hasta que el ejercicio de la fuerza por el monarca, mono, uno, arje, poder, se hacía tiránico hasta tal punto que la tribu, el pueblo, la comunidad, se alzaba contra él, dando lugar a un gobierno colectivo de la cosa pública, de ahí el primero de sus nombres científicos, república, que, al principio, era esencialmente democrática, hasta que paulatinamene el ejercicio del poder dentro de la comunidad, se fue adscribiendo a determinados personajes, los mejores de entre todos los comuneros, que por eso se llamaron asristócratas, de aristos, el mejor, y, por cooptación entre éstos, volvió otra vez, la monarquía como la forma de gobierno del mejor de todos ellos.

Por supuesto que, tal como nos expuso El Estagirita, cada una de estas formas de gobierno, que podríamos llamar puras u originales se podía presentar también en su forma impura o mestiza, tiranía, demagogia u oligarquía.

Pues, bien, establecidas por el uso estas formas de gobierno, los filósofos políticos trataron de racionalizarlas, de hacerlas científicas, estableciendo como base de su estudio la morfología del poder.

Porque de eso es de lo que siempre se ha tratado en política, del acceso y de la conservación del poder.

Pero ¿qué es el poder y cómo se accede a él?

De una concepción primaria del poder, como la posesión de la simple fuerza física, pronto se pasó al concepto de la fuerza económica, puesto que quien disponía de los recursos económicos del grupo social podían alquilar la fuerza física de los otros.

De modo que, ahora mismo, el poder, como puso de manifiesto científicamente Marx, no es ni más ni menos que el económico.

Y éste como también puso de manifiesto otro filósofo de la historia económica, Adam Smith, en La riqueza de las naciones, tiende a concentrarse y a imponerse duramente al resto de los contrapoderes, al perseguir inexorablemente el mayor beneficio individual.

Y ésta es la cuestión.

Si dejamos que las fuerzas económicas actúen siempre libremente, de aquí la denominación de liberales a los que así piensan, parece evidente que por un proceso de inevitable retroalimentación, la economía, el poder económico, crecerá sin ninguna clase de límites hasta llegar al estado actual de la organización del mundo, en el que la economía impone su ley de tal manera que fuera de ella no existe siquiera la posibilidad de otra clase de organización politica. 

Y esto, dicen ellos, los liberales conservadores, puesto que propugnan que tal estado de cosas es absolutamente intangible, no sólo es así sino que también debe de ser así.

Y aquí volvemos al principio de este post.

La idea que acabamos de exponer se resume en un corolario: no hay  otra forma posible de organización económica que la liberal conservadora, ergo, las formas de organización políticosociales deben de respetar indefectiblemente este principio científico no pudiéndose dejar al arbitrio de unas elecciones democráticas.

Y, sin embargo, las elecciones mal llamadas democráticas, tienen lugar en las que se ha dado en llamar zonas civilizadas del mundo.

Es falso, para que unas elecciones fueran realmente democráticas, habría que cambiar radicalmente la forma de funcionar la comunicación y la información en dichas zonas de tal manera que las diferentes opciones políticas dispusieran exactamente de las mismas posibilidades de difusión de sus programas políticos, lo que no sucede en ninguno de los países que hemos dado en llamar civilizados.

O sea, que no existe una derecha democrática puesto que siendo como es la que gobierna el mundo, no permite en ningún sitio que se produzcan auténticas elecciones democráticas, que es lo que se trataba de demostrar.






1 comentario:

Anónimo dijo...

Madrid: IU más de 130.000 votos, ni un diputado.Al pp lcuesta cada uno 21.000 votos.
Se hace dificil la lucha.

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