lunes, 11 de mayo de 2015

La sombra de Franco



                                                               Truman y MacArthur


En el post de ayer narrábamos la tremenda peripecia del juez PR que de ser la esperanza de toda la judicatura acabó desterrado en Fuerteventura, como yo mismo y Unamuno, por haberse atrevido a dar órdenes directas a unos agentes de la guardia civil.

Todavía reinaba personalmente Franco y los uniformes de la clase que fueran eran absolutamente intangibles, a pesar de que nada de esto estaba escrito en ningún sitio. Si acaso, lo contrario,en teoría, toda la policía era consideraba subordinada al poder judicial y, por lo tanto, debería de seguir las órdenes de éste por muy directas que fueran.

Pero también decíamos allí que el hipócrita de Lampedusa había pronunciado ya su célebre máxima: es preciso que todo cambie para que todo siga igual, de modo que el Poder, así con mayúscula, creyó oportuno iniciar la tarea del enmascaramiento del propio poder porque, en el fondo, tan descarado era que mandara Franco como si lo hubiera hecho directamente su mentor, Juan March, el contrabandista, estraperlista, balear que lo trajo a lomos del Dragon Rapide desde la capitanía general de Canarias para que arreglara aquel desastre que había montado la República de 1931.

Porque entonces, como ellos temen que suceda ahora, la izquierda se había elevado al poder político ganando unas elecciones, lo que entorpecía sobremanera, como el Ibex 35 teme que suceda ahora, el gobierno descarado del poder real, o sea, el económico. 

Había, pues, que recomponer las cosas y la decisión incumbía al máximo representante de los empresarios que entonces era y ayer leí en no sé dónde que hoy también sigue siendo la mallorquina familia March, que en la misma noticia la situaba ni más ni menos, en poder económico, que a la altura del clan de los Rothschild.

Pero estoy absolutamente seguro que ni siquiera el uno por ciento de los españoles ha oído o leído nunca a nadie hablar de los March porque, como muy bien dijo Foucault, la característica esencial del poder auténtico es su desconocimiento por los demás.

De modo que Franco siempre respetó a los empresarios lo que era tanto como respetarse a sí mismo pues fueron ellos los que lo colocaron allí, en el palacio de El Pardo, desde vigilaba, ojo avizor, todo lo que pasaba en España, cumpliendo así el tácito mandato de aquellos.

Y las empresas comenzaban ya, entonces, a estar casi todas en manos del Opus Dei, que es, sin duda, la obra más terrenal de todas, a pesar de la feroz oposición de Fraga que intentó desprestigiarlos con la famosa operación aquella de los telares catalanes.

Por lo que fueron los más notables de los Opusdeístas los que iniciaron aquello que se llamó Planes de Desarrollo, López Rodó y el otro lópez de cuyo segundo apellido ya no me acuerdo. Ah, sí, López Bravo.

Fue una feroz batalla política entre falangistas y opusdeístas que terminó como era lógico con la victoria de éstos que, al fin y al cabo, contaban con la ayuda de Dios.

Pero ya, como todos los días, se me ha ido el santo al Cielo, porque yo de lo que quería realmente escribir hoy es de cómo Franco inició la hibridación de todos los poderes, lo que tenía por objeto que éstos no se produjeran nunca en estado puro, de modo que, por ejemplo, el Ejército seguía siendo el poder cenital pero tenía demasiado en cuenta que nadie tocara ni con la más leve de las plumas del ala de un ángel al poder económico, que, como ellos sabían muy bien, era el único capaz de quitar y poner gobernantes.

Y el poder económico es un poder cuasi intelectual, cuasi pensante, quiero decir que es capaz de pagar a las mejores cabezas para que propongan las mejores coartadas y lo han terminado haciendo, así, hoy, ya nadie discute una de las mayores barbaridades de la historia humana: que la avaricia del hombre es el auténtico motor del progreso, gracias a pensadores tales como Adam Smith y su La riqueza de las naciones, y Karl Popper, La sociedad abierta y sus enemigos.

De modo que los civiles parecía que estaban ya por encima de los militares, o sea que el poder real se hallaba y a por encima del poder virtual, como sucedía en los Usa, donde McCarthur tuvo que rendir su victoriosa testa ante un comerciante de camisas como Harry Truman. 

Del mismo modo aquí, ahora, el que parece que manda en el Ejército es un fabricante de bombas de racimo, pero sólo es una apariencia, los militares siguen haciendo lo que ellos quieren, echan de sus filas a las pocas mujeres que se creyeron eso de que ellas también podían trabajar allí y el Rey actúa más como comandante en jefe de los Ejércitos que como jefe de un Estado Civil.

De modo y manera que la sombra de Franco todavía sigue siendo demasiado alargada.


1 comentario:

bemsalgado dijo...

Un poco de aire fresco si hace falta por Escombreras y que el submarino de Monturiol se haga a la mar, o a la Casa de Campo.

Un saludo José.
Un abrazo

http://beminvitados.blogspot.com.es/2015/05/xa-felizmente-aparcado.html

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