jueves, 28 de mayo de 2015

¿Líder o lideresa, cinismo o coraje?




“Profiles in courage”: Perfiles de coraje.

John Fitzgerald Kennedy llegó a la presidencia de los Usa no sólo porque era más atractivo que Nixon sino porque había escrito un libro con dicho título, en el que narraba la vida de 8 senadores que habían realizado actos de coraje. Profiles in Courage (Perfiles de Coraje) es un libro escrito por John F. Kennedy, en el que describe actos de valor e integridad realizados por ocho senadores estadounidenses. Estos ocho senadores realizarón algún acto debido al cual se pusieron en una posición contraria a su partido, o tuvieron que oponerse a la opinión de sus electores, por lo cual fueron severamente criticados y perdieron gran popularidad.

Lo de Aguirre ¿es coraje o cinismo?

Es evidente que el PP busca líder desesperadamente y que a mi, así, a vuela pluma, sólo se me aparecen tres: Aguirre, Cifuentes y el gallego ése que, ahora, maldito alzhéimer, no recuerdo su puñetero nombre.

Quien le niegue a Aguirre el cinismo o el coraje, así como la inteligencia se equivoca de todas, todas.

El coraje, si para algo sirve, es para luchar contra la adversidad hasta el último aliento. Y esto no puede negársele a Aguirre.

Está haciendo, y, lo que es peor, hará, todo lo posible para evitar la derrota y somos muchos, entre otros, Ignacio Escolar, que, ayer, en el diario.es, titulaba “con un suave aroma a tamayazo”, su crónica, los que no descartamos que la tía vuelva a comprar de nuevo a uno de los concejales de Ahora, Madrid, o del Psoe, cuyos 29 elementos son absolutamente necesarios para que ella no gane.

Porque la tía no se para en ninguna clase de barras, tanto es así que  ha intentado ya seducir a Carmona, ofreciéndole a él mismo la propia alcaldía, y, ayer o anteayer intentó otras dos cosas más, formar una coalición de todos los partidos, incluso con Manuela Carmena, de alcaldesa, pero comprometiéndose ésta a no permitir el funcionamiento de lo que la Aguirre llama soviets, o sea, esos círculos  populares que actúan en Podemos.

Porque lo que hay que hacer, sea como sea, según ella, es evitar que en España se entronice lo que ella llama comunismo bolivariano porque supondría el fin de la democracia en nuestro desdichado país.

Esto es ¿cinismo o coraje?

Porque, para ella, el comunismo es el mensaje del diablo, o sea, precisamente lo mismo que, para mi, representa su liberal capitalismo mafioso y fascista.

Si la tía es sincera, o sea, si realmente es eso lo que piensa y no se trata de una táctica encaminada únicamente a perpetuar el actual estado de cosas para que ella y su marido, como la Cospedal y su marido también, y el Aznar y su Fazmatella, y etc. y etc., puedan seguir explotando una situación politicosocial de privilegio que les permite recibir las ayudas descaradas de la plutocracia española para seguir enriqueciéndose hasta el infinito, es indiscutible que la tía tiene un coraje, o un cinismo, infinito porque, como su Real Madrid, RM, no se da por vencida nunca y vuelve siempre a intentarlo todo para ganar, comprar Federaciones, árbitros y todo lo que se ponga por delante: seducir individualmente a todos y cada uno de los componentes de los equipos de los otros partidos, implicados en la batalla, o a los propios partidos en sí mismos, proponiéndoles “generosamente” una victoria con el único fin de derrotar a Podemos, o sea, a su particular Barça.

Es por ese coraje, o ese cinismo, por lo que el PP, me atrevo a entrever que ha dado un viraje: ha desechado a Rajoy, que es precisamente su antítesis, por su inmovilismo y cobardía, y ha hecho suyas, las de Aguirre, la teorías de seguir luchando hasta el último aliento.

De modo que, así, a primera vista, y, por ahora, parece que son tres los peperos  a suceder a Rajoy al frente del partido, lo que supone, dado lo que determinan sus estatutos, que podrían ser los cantidatos a encabezar sus listas en las elecciones generales: ella, la Aguirre, el galleguito que veranea con los narcotráficos y de cuyo nombre no sé si no me acuerdo o no quiero acordarme, ah, sí, Feijó, y esa tremenda  otra mujer que a mí, particularmente, me parece todavía peor que la Aguirre, la odiosa Cifuentes, ésa que ordena a sus cipayos echar de sus casas, a la puñetera calle, arrastrándolos por los pelos, a todos los desahuciados de España que son millares, sean niños, mujeres, anciano o enfermos de cáncer.

4 comentarios:

Futbolín dijo...

EL NUDO DE JULIO ANGUITA
Manolo Monereo
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=199334

Futbolín dijo...

EL FINAL DE UN PERSONAJE
Beatriz Gimeno en eldiario.es(avance)
Aunque el PP ha perdido cientos de miles de votos en Madrid por sus políticas, por el hartazgo de la gente y por la emergencia de otras opciones que han sabido ganarse a pulso la confianza de los votantes, la diferencia de votos, inesperada, entre Aguirre y Cifuentes y que han dejado a la primera fuera de la alcaldía, esa se la ha ganado a pulso Esperanza Aguirre en las dos semanas que ha durado la campaña electoral. Poca gente podía predecir cuando la campaña estaba empezando la manera en que ésta iba a terminar para Aguirre. Al fin y al cabo, cuando se presentó, y no siendo precisamente la preferida de Rajoy, lo hizo porque ella misma y su partido la veían como imbatible, como la única que podía conservar el Ayuntamiento para el PP. No sólo no lo ha , sino que ha perdido humillantemente su particular batalla contra Cristina Cifuentes. El caso de Aguirre, o como puede una persona pasar de ser una triunfadora a una caricatura de sí misma en quince días, puede que se convierta en un caso de estudio para el futuro.
Esperanza Aguirre es una mujer rica, privilegiada desde la cuna, que considera que todo le es debido por nacimiento; se relaciona con la gente como se debe relacionar con el servicio (llama a todo el mundo de tú y les trata como si fueran niños), está falta de la más mínima empatía humana, es inculta y lo lleva a gala, autoritaria y no muy inteligente, aunque sí tiene olfato político. Y con estos mimbres se ha creado un personaje que, sorprendentemente, caía bien a mucha gente y que le ha durado muchos años. Podríamos decir que ese personaje, que se ha ido bandeando mejor que bien por lo más proceloso de la política, no ha podido sobrevivir a este momento, en el que se exige una política que de verdad resuelva los problemas de la gente. Cuando la política ha dejado de ser el espectáculo en el que el Partido Popular la ha convertido y se está desgajando a trozos de pura putrefacción, es cuando Esperanza Aguirre aparece claramente como lo que siempre fue, una especie de caricatura, un personaje despreciable.
Aguirre, señora bien de toda la vida, condesa consorte que habita en un palacio, se trasmutó en una señora de barrio, castiza y chulapona, que mucha gente sentía cercana; y hay que reconocer que en eso tuvo éxito. Al fin y al cabo, el personaje de alcurnia que lejos de comportarse de manera estirada se comporta, aparentemente, como el pueblo, tiene una larga tradición entre la monarquía y la nobleza de este país. Recordemos que también es así el rey Juan Carlos, al que le ha pasado exactamente lo mismo que a Aguirre. Si en el Reino Unido, por ejemplo, la familia real parece que se ha metido un huevo en la boca, aquí por el contrario los borbones se han jactado siempre de hablar y actuar como todo el mundo; si me apuran incluso peor que todo el mundo. Ser muy castiza, en el caso de Aguirre, consiste en ser capaz de bailar chotis, pasear por la verbena, ir a los toros, contar chistes verdes, llamar a todo el mundo de tú, mostrar una (falsa) cercanía con todo tipo de gente, gustar de los huevos fritos más que del caviar, y sobre todo no ser culto ni parecerlo; es importante que se note que se está mucho más a gusto con Norma Duval, por poner un ejemplo, que con un renombrado filósofo o con una poeta. La cultura, para estos castizos de pacotilla siempre es sospechosa. Se trata de mostrar que se es, no ya como todo el mundo, sino más bien como nos imaginamos que es todo el mundo; y eso a pesar de que se duerma en un palacio y se acumulen los ceros en la cuenta corriente.

Futbolín dijo...

Esta ficción populachera puede mantenerse mientras todo sea bailar chotis y contar chistes verdes y para ello es importante que la gente esté con ganas de baile. Pero cuando la tercera parte de la ciudadanía vive en la pobreza, cinco millones de personas no encuentran trabajo y la mayor parte de la población vive angustiada por no tener empleo o no ganar suficiente como para vivir, entonces la campechanería desbocada choca con su límite. Y Aguirre no se dio cuenta de eso. El personaje pasó sin solución de continuidad de decir simplezas que la gente reía a decir barbaridades que la gente aborrecía; de comerse un cocido en una tasca a descubrirse que ganaba un fastuoso salario por no hacer nada; de vestirse de chulapa a acusar a Manuela Carmena, relatora de la ONU, de ser una terrorista. Con la gente viviendo en una situación de precariedad insoportable, con tanta gente privada de los derechos humanos básicos, el personaje de Aguirre comenzó a resultar más que cargante, aborrecible. Cuando la ciudadanía lo que quiere es escuchar soluciones y propuestas para las cosas que nos importan de verdad porque nuestra vida va en ello, como la vivienda o la posibilidad de tener o no un trabajo digno, que alguien base su discurso político a la alcaldía de Madrid en una ETA desaparecida o en un país latinoamericano que a la mayoría le da igual, terminó por resultar insoportable. Y si a un discurso político vacío e inconsistente le sumas unas formas que ya no hacían ni pizca de gracia, Aguirre se daba la puntilla a sí misma.
Después de querer ocultar a los mendigos en un país en el que mucha gente tiene miedo de quedarse en la calle; después de afirmar que la prestación por desempleo permitía irse de vacaciones en un país con 5 millones de parados la mayoría de ellos sin prestación…la prepotencia de señora rica de toda la vida que usa Aguirre, fue a estrellarse con una señora mayor, pacífica, moderada, inteligente, empática, no ambiciosa y con varios premios en su haber por su defensa de los derechos humanos. Por muy injusto (e incluso delictivo) que resulte, no es lo mismo acusar a un perroflauta de ser de ETA (el PP lleva años acostumbrando a este país a ese tipo de bajezas morales) que hacer lo mismo con una ex jueza del Tribunal Supremo que cae bien a todo el mundo. Ahí fue cuando a Esperanza Aguirre su propio personaje se le fue de las manos. Y a partir de ahí, después de conocido el resultado de las elecciones y ante el estupor de todo el mundo, Aguirre entró en barrena. Acostumbrada como debe estar a mandar y a que todo el mundo le ría las gracias, no ha debido darse cuenta de que la gente no es tan idiota como ella piensa y que no estamos para bromas. Sus ataques desaforados contra Manuela Carmena no sirvieron para poner el foco sobre la ex jueza, sino sobre sí misma; sólo sirvieron para visibilizar a una mujer privilegiada echando espumarajos por la boca con tal de no perder ni un ápice de sus privilegios. Y desde ahí ha sido un no parar, hasta el punto de que Aguirre parece haber perdido no ya su olfato político, sino la cabeza. Los días siguientes a su derrota no nos ha dejado descansar un solo día. Tan pronto quiere pactar con Carmona para salvar la democracia occidental, como quiere pactar con Carmena a pesar de ser ésta de ETA un minuto antes, como encuentra unos Soviets fantasma en el programa de Ahora Madrid o insulta a los votantes de esta coalición.

Futbolín dijo...

Su olfato ha desaparecido, no ha sabido verse a sí misma con los ojos con los que la estamos viendo los demás. No ha sabido ver el hartazgo de la gente con el PP, la indignación por sus comportamientos prepotentes, las ganas de cambio, y no sólo de cambio político, sino también de cambio ético, que tiene esta sociedad. No ha sabido ver que la gente necesita esperanza y que alguien les hable de justicia social y de igualdad, porque llevamos años sufriendo el despotismo de un partido que no sólo aplica las injustas e ineficaces políticas que ordena la Troika, sino que ha robado a manos llenas, ha malversado, prevaricado, delinquido y, por si fuera poco, lo ha hecho con una suficiencia insufrible. La desesperación de Esperanza Aguirre es la de los privilegiados que se resisten con uñas y dientes a perder su posición de privilegio. La desesperación de Aguirre visibiliza mejor que nada el ocaso no sólo de un partido, sino de toda una época. El momento que se abre tiene que ser mucho mejor. Lo mejor que puede hacer Aguirre es marcharse y dejar que otras personas hagan de una vez otra política, buena política. (FIN)

calificacion de las entradas