domingo, 14 de junio de 2015

¿Hasta cuándo El País, en su irresistible deriva hacia el liberal capitalismo más salvaje, va a seguir permitiendo opinar en su columnas a tipos como Krugman y Stiglitz?


     Piketty, Krugman y Stiglitz, los grandes "gurús" de la economía mundial son de izquierdas.

Hay una contradicción esencial entre lo que propugnan estos dos sólidos premios Nobel de economía usanianos y la línea general del diario para cuyo reforzamiento e imposición se trajo desde los EE:UU., en donde trabajaba como corresponsal, al que ahora es el director del mismo, que ha logrado imponer a todo el elenco de rotativo una declinación decididamente liberal conservadora.

En sus artículos insertos hoy en El País, ambos dicen abiertamente lo que sigue:

Stiglitz: El País:14 de junio de 2015

“¿El último acto de Europa?
LOS líderes de la Unión Europea siguen embarcados en un juego en la cuerda floja con el Gobierno griego. Grecia ha cumplido con mucho más de la mitad de las exigencias de sus acreedores. Sin embargo, Alemania y otros tenedores de deuda griega cotinúan exigiendo que este país firme un programa de política económica que ha demostrado ser un fracaso, y que pocos economistas alguna vez pensaron que podría, llegaría o debería ser implementado......

La insensatez de continuar promoviendo este programa es particularmente aguda hoy en día, tomando en cuenta la disminución del 25% de su PIB que Grecia ha sufrido desde el inicio de la crisis. La troika calculó erróneamente los efectos macroeconómicos del programa que impuso. Según los pronósticos publicados, creían que, mediante la reducción de los salarios y la aceptación de otras medidas de austeridad, las exportaciones griegas aumentarían y la economía podría volver rápidamente al crecimiento. Creían, también, que la primera reestructuración de la deuda llevaría a la sostenibilidad crediticia.

La troika se equivocó en sus pronósticos, en repetidas ocasiones. Y no por poco, sino por mucho. Los votantes de Grecia tenían razón al exigir un cambio de rumbo, y su gobierno está en lo correcto al negarse a firmar un programa profundamente defectuoso.

Una vez dicho esto, sí existen posibilidades de llegar a un consenso: Grecia ha expresado de manera clara su voluntad de participar en reformas continuas, y ha agradecido la ayuda de Europa para la implementación de algunas de ellas. Una dosis de la realidad por parte de los acreedores de Grecia – sobre lo que se puede lograr, y sobre las consecuencias macroeconómicas de las diferentes reformas fiscales y estructurales – podría constituirse en la base para un acuerdo que sería bueno no sólo para Grecia, sino para toda Europa.

Algunas personas en el continente, especialmente en Alemania, parecen ser indiferentes a una salida de Grecia de la eurozona. Afirman que el mercado ya tiene “amortizada” una ruptura de ese tipo. Hay autores que incluso sugieren que sería buena para la unión monetaria.

Creo que tales opiniones subestiman significativamente tanto los riesgos actuales como futuros que están involucrados. Un grado similar de indiferencia se hizo evidente en Estados Unidos antes del hundimiento de Lehman Brothers en septiembre del año 2008. Hacía mucho que se conocía la fragilidad de los bancos de Estados Unidos, por lo menos desde la quiebra de Bear Stearns en el mes de marzo anterior. No obstante, debido a la falta de transparencia (que en parte, a su vez, se debió a la debilidad de la regulación), tanto los mercados como los formuladores de políticas no sopesaron plenamente los vínculos entre las instituciones financieras.

De hecho, el sistema financiero mundial aún siente las réplicas del terremoto que significó la caída de Lehman. Y los bancos aún siguen sin ser transparentes, y por lo tanto se encuentran en riesgo. Todavía no conocemos el alcance pleno de los vínculos entre las instituciones financieras, incluyéndose los vínculos que emergen de los derivados no transparentes y las permutas de incumplimiento crediticio.

En Europa, ya podemos ver algunas de las consecuencias de la regulación inadecuada y del diseño defectuoso de la propia eurozona. Sabemos que la estructura de la moneda única promueve la divergencia, no la convergencia: a medida que el capital y las personas con talento dejan las economías afectadas por la crisis, estos países se vuelven menos capaces de pagar sus deudas. En la medida que los mercados comprenden que una viciosa espiral descendente está integrada estructuralmente en el euro, las consecuencias para la próxima crisis se tornan profundas. Y otra crisis es inevitable: se encuentra en la naturaleza misma del capitalismo....

No es del interés de Europa –o del mundo– tener un país en la periferia de Europa, alejado de sus vecinos, sobre todo ahora, cuando la inestabilidad geopolítica es ya tan evidente. El vecino Oriente Próximo está en crisis; Occidente está tratando de contener a una Rusia que últimamente se ha vuelto agresiva; y China, que ya es el mayor ahorrador del mundo, el país más grande en cuanto al comercio exterior y la economía más grande en general (en términos de paridad de poder adquisitivo), confronta a Occidente con nuevas realidades económicas y estratégicas. Este no es un momento para la desunión europea.

Los líderes europeos se veían a sí mismos como visionarios cuando crearon el euro. Ellos pensaban que miraban más allá de las exigencias a corto plazo que normalmente preocupan a los líderes políticos.

Desafortunadamente, su comprensión de la economía se quedó corta frente a su ambición; y la política en aquel momento no permitió la creación del marco institucional que podría haber permitido que el euro funcione según lo previsto. A pesar de que se suponía que la moneda única iba a traer consigo prosperidad sin precedentes, es difícil detectar un efecto positivo significativo para la eurozona en su conjunto durante el período anterior a la crisis. En el período posterior a dicha crisis, los efectos adversos han sido enormes.

El futuro de Europa y del euro depende ahora de si los líderes políticos de la eurozona pueden o no pueden combinar una pizca de pensamiento económico con un sentido visionario de —y una preocupación por— la solidaridad europea. Probablemente empecemos a encontrar la respuesta a esta pregunta existencial durante las próximas semanas”.

Krugman: Ibidem, 14 de junio de 2015:

Ideas realmente malas
¿No es toda esta obsesión por el déficit una simple excusa para recortar las ayudas sociales?
Y el ejemplo perfecto de una idea seriamente mala es la determinación, contra toda evidencia, de defender que el gasto público que ayuda a los menos afortunados es una causa fundamental de nuestros problemas económicos. En Estados Unidos, me alegra decirlo, esta idea parece estar contra las cuerdas, al menos por ahora. En Gran Bretaña, sin embargo, sigue imponiéndose. En concreto, un factor importante del reciente triunfo electoral de los conservadores ha sido el modo en que los medios de comunicación británicos les han dicho a los votantes, una y otra vez, que el gasto público excesivo del Gobierno laborista fue el causante de la crisis financiera.

Apenas hay que esforzarse para demostrar que esa afirmación es absurda por diversos motivos. Por un lado, la crisis financiera afectó a todo el mundo; ¿acaso provocó el supuesto despilfarro de Gordon Brown el estallido de las burbujas inmobiliarias de Florida y España? Por otra parte, todas estas acusaciones de irresponsabilidad constituyen un falseamiento de los hechos porque, en vísperas de la crisis, nadie opinaba que Gran Bretaña estuviese derrochando el dinero: la deuda era baja, desde un punto de vista histórico, y el déficit, bastante pequeño. Para terminar, la supuestamente desastrosa situación fiscal de Gran Bretaña jamás ha preocupado a los mercados, que han seguido dispuestos a comprar bonos británicos, aun cuando su rendimiento es bajo, en términos históricos.

Sin embargo, esa es la historia, que se suele presentar no como una opinión sino como un hecho. Y lo peor de todo es que los dirigentes británicos parecen creerse su propia propaganda. El miércoles, George Osborne, ministro de Hacienda y arquitecto de las políticas de austeridad del Gobierno, anunciaba su intención de implantar estas políticas de forma permanente. Gran Bretaña, afirmaba, debería tener una ley que exija al Gobierno mantener el superávit presupuestario —y que los ingresos actuales cubran todos los gastos, incluidos los de inversión— siempre que la economía esté creciendo.

Es una propuesta sorprendente, y lo digo en el peor sentido. No es que Osborne esté respondiendo de forma errónea a los problemas de Gran Bretaña; es que está respondiendo a un problema que Gran Bretaña no tiene, mientras hace caso omiso de los que sí tiene y los agrava.

Porque Gran Bretaña no tiene un problema de deuda pública. Sí, la deuda aumentó después de la crisis económica, pero sigue sin ser alta desde un punto de vista histórico, y el coste de los préstamos casi nunca ha sido tan bajo. De hecho, los tipos de interés ajustados según la inflación son negativos, incluso en los préstamos a muy largo plazo. En otras palabras: los inversores están dispuestos a pagar al Gobierno británico para utilizar parte de su riqueza.

Mientras tanto, la economía real de Gran Bretaña sigue aquejada de problemas. Es cierto que el empleo ha resistido sorprendentemente bien, pero esto se debe solo a una caída de la productividad espectacular y sin precedentes: teniendo en cuenta la cualificación de la mano de obra, la producción por persona y hora ha descendido alrededor de un 7 % desde principios de 2008.

Nadie sabe a ciencia cierta por qué se ha producido este descenso ni cómo invertir la tendencia pero, sin duda, la combinación de una economía todavía débil, un desastroso comportamiento de la productividad y un coste negativo del préstamo indica que ha llegado la hora de aumentar la inversión en cosas como las infraestructuras. (Los trenes de pasajeros británicos hacen que el servicio ferroviario estadounidense parezca bueno, y la congestión del tráfico es cada vez peor). Sin embargo, la propuesta de Osborne acabaría con cualquier iniciativa de ese tipo.

Pero Osborne parece muy serio y, si la historia sirve de guía, el Partido Laborista no presentará contraargumentos eficaces.

Ahora bien, algunos lectores probablemente estén pensando que confío demasiado en la sinceridad de Osborne y otros como él. ¿No es toda esta obsesión por el déficit una simple excusa para recortar las ayudas sociales? Estoy seguro de que, en parte, así es. Pero no creo que esa sea la única explicación. Yo diría que las ideas seriamente malas tienen vida propia. Y controlan nuestro mundo”.

4 comentarios:

Futbolín dijo...

Podemos: lecciones de la Transición

https://www.youtube.com/watch?v=BV9_EYoKXcE

Fernando Mora dijo...

" Ahora bien, algunos lectores probablemente estén pensando que confío demasiado en la sinceridad de Osborne y otros como él. ¿No es toda esta obsesión por el déficit una simple excusa para recortar las ayudas sociales? "


David Rockefeller: “Todo lo que necesitamos es una gran crisis y las naciones aceptarán el Nuevo Orden Mundial”

http://2014.kaosenlared.net/component/k2/57432-david-rockefeller-%E2%80%9Ctodo-lo-que-necesitamos-es-una-gran-crisis-y-las-naciones-aceptar%C3%A1n-el-nuevo-orden-mundial%E2%80%9D

Futbolín dijo...

EL BOSQUE DE MANUELA (Artículo magistral)
http://www.eldiario.es/zonacritica/bosque-Manuela_6_398670146.html
Ruth Toledano

eddie dijo...

1) Geopolitica de las drogas
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=199959

2)
http://periodismo-alternativo.com/2015/06/09/operacion-gladio-la-historia-no-contada-de-la-alianza-entre-el-vaticano-la-cia-y-la-mafia/

3)
http://jmalvarezblog.blogspot.com.es/2015/06/europa-compra-petroleo-rojo.html

4) http://insurgente.org/index.php/mas-noticias/cibergencias/item/17048-el-reino-unido-traslada-con-urgencia-varios-espías-al-constatar-que-rusia-y-china-los-descubrieron

5) http://kaosenlared.net/estamos-en-guerra-2/

6) https://cazadebunkers.wordpress.com/2015/06/15/felipe-gonzalez-fue-un-agente-de-la-cia-con-el-cometido-de-crear-una-falsa-izquierda-en-espana-para-detener-el-avance-popular/

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