sábado, 20 de junio de 2015

Los dioses



En uno de los célebres diálogos entre Platón y Sócrates, uno de ellos le dijo al otro: “sí, los jueces son absolutamente necesarios pero ¿qui custodiat custodes?”.


¿Quién juzga a los jueces?



Nadie, absolutamente nadie, si ellos no cometen el pecado nefando, meterse con otro juez.



Un status profesional como el de los jueces sólo puede mantenerse con la más rígida de las disciplinas, ríanse ustedes de la militar, que, por cierto, es la que más se le parece.



Decía lord Acton que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente.



Y Hobbes que “homo homini lupus” o sea que el hombre es un lobo para el hombre, pero quízá el que más se ha acercado en su definición a la verdad sea el que llamaron Doctor Angelicus, el hombre es un ser desfalleciente.



Yo, desde la inmensa modestia de mi situación, afirmo que el hombre es malo por su propia naturaleza, lo hicieron, lo concibieron así para que pudiera subsistir, para que pudiera sobreponerse a todas las asechanzas que se va a encontrar a lo largo de su arduo camino.



Entonces, si esto es así, y parece que sí que es así, ¿a quién se le ha ocurrido la malsana idea de dar a uno de estos individuos la facultad omnímoda de juzgar coactivamente a sus semejantes?



Históricamente, está comprobado que los jueces han existido siempre y también, ya lo hemos visto, que siempre preocupó a los sabios quién y cómo se iba a cuidar de su propio enjuiciamiento.



Porque es absolutamente imposible que un juez no acabe corrompiéndose, tal como nos anunciaba lord Acton, porque el poder de un juez es lo más parecido que existe al poder de Dios, y cuando Dios se corrompió apareció el Diablo, de modo que la judicatura está llena de pequeños diablos.



Pero son diablos humanos, al fin y al cabo, quiero decir que están sujetos, aún más que los otros humanos, a un flujo continuo de presiones que, a veces, son insuperables.



Es por eso que ellos han establecido su propio código deontológico que no es ni mucho menos la LEY ORGANICA DEL PODER JUDICIAL, LOPJ, como luego veremos.



Para mi fortuna o desgracia, yo he pasado una gran parte de mi vida, 50 años, en medio de ellos, trabajando con ellos, comiendo con ellos,  disfrutando y sufriendo con ellos, o sea, que los conozco muy bien.



Por eso sé de memoria la primera norma de su código deontológico que dice: ay de aquel que roce a un juez con siquiera la pluma más leve del ala de un ángel, más le valiera atarse una piedra al cuello y arrojarse de cabeza al mar.



Si bien se fijan, esta norma explica por qué nunca verán a un juez criticando a otro juez y los pocos, tres o cuatro, que lo han hecho, han sido expulsados violentamente de la carrera: Liaño, Garzón, Elpidio.



Y también explica suficientemente que la carrera soporte que jueces como Pérez de los Cobos y Lesmes sean, respectivamente, los presidentes de los tribunales Constitucional y Supremo, siendo como son y lo que son. Cuando los órganos representativos de la abogacía han intentado su relevo han fracasado estrepitosamente porque incluso los jueces que profesan ideologías diametralmente opuestas a las de estos dos jueces han votado a su favor aplicando a rajatabla esa primera norma de su Código deontológico que acabamos de citar.



Y todo esto a propósito de esa ¿alarma social? que parece haber levantado el hecho de que el juicio oral de la Gürtel haya correspondido a una Sala de la Audiencia en la que figuran como presidenta y ponente ni más ni menos que una tan notoria amiga íntima de Cospedal, que se la conoce en sus círculos amistosos como Espedal, en lugar de Espejel,  y el más famoso de todos los jueces peperos, Enrique López, que prácticamente vive en Faes y que no ha hecho otra cosa, en donde haya estado, que servir al PP.



La cuestión estriba en si ambos magistrados van a abstenerse de actuar en dicho juicio oral en virtud del artículo 219 de la LOPJ que les es aplicable de lleno por ordenar que: “son causas de abstención y, en su caso, de recusación....8ª: Amistad íntima o enemistad manifiesta”.



En realidad, si uno lee con desapasionado interés el artículo 219 de la ley que rige la conducta de los jueces, interpreta que no sólo les es aplicable la causa recogida bajo el número 8 sino también algunas otras más, como por ejemplo, la 9ª, “tener interés directo o indirecto en el pleito o causa” o la 11ª, “ser una de las partes subordinado del Juez que deba resolver la contienda litigiosa”.



Pero no deben ustedes preocuparse: si ambos jueces no se abstienen espontáneamente, la recusación, si se interpone, no prosperará en virtud de la aplicación de la norma deontológica antes mencionada.


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