sábado, 6 de junio de 2015

Vivimos tiempos apasionantes.



Supongo que todavía nadie se ha detenido a pensar en la serie de conflictos que se van a presentar inmediatamente, apenas tomen posesión de sus cargos las alcaldesas electas, Colau y Carmena, por ejemplo.

Ambas han sido aupadas por los votos revolucionarios de los que pensamos que el actual estado de cosas no sólo es esencialmente injusto sino también ilegal, porque creemos firmemente que el derecho positivo o sea, la ley, como decíamos ayer ni siquiera existe porque es nulo de pleno derecho si es esencialmente injusto porque no se puede obviar lo que es esencialmente exigible, por principio, que la ley o cumple con todas las exigencias de la justicia o no es tal ley sino un a norma emitida ilegalmente por un parlamento que traiciona su misión esencial. Es por eso que en el Derecho Constitucional moderno, en todos los países, existen los Tribunales constitucionales para declarar inexistentes las leyes que no cumplan con la primera de sus exigencias, ser justas.

Pero éste fue el tema de ayer, que, por supuesto, no pude desarrollar en toda su extensión dados los límites en que se desenvuelven los posts.

El tema de hoy, quizá el más apasionante que yo haya tratado nunca por aquí, es el conflicto que, a semejanza de los llamados conflictos jurisdicionales, vamos a denominar conflicto de autoridades.

Y es que cuando tomen posesión próximamente las autoridades locales vamos a contemplar asombrados cómo las 2 alcaldesas de las 2 ciudades más importantes de España, van a adoptar para resolver el problema actitudes esencialmente desemejantes.

Mientras Carmena va a intentar resolver el problema de los desahucios por la vía de la conciliación amistosa con los dos grandes poderes que hasta ahora están actuando sobre él, el poder económico, principalmente los Bancos, y el poder judicial, los juzgados que decretan los lanzamientos, de hecho, Carmena, ya, antes incluso de su toma de posesión, ha contactado con ambos, mientras que Colau, apoyada por Pablo Iglesias, ha dicho que no descarta desobedecer las leyes injustas.

La postura de Carmena, al menos en el campo de la pura teoría, no plantea problemas, pero la actitud de Colau, puede plantear los más serios conflictos de autoridades que nunca se hayan producido en este  país, porque si yo la interpreto adecuadamente, lo que está anunciando cuando dice que va a desobedecer las leyes injustas es que, por lo menos, no van a ser los guardias municipales, los que van a realizar físicamente los desahucios.

Supongamos que esto, en principio, sucede así, o sea que cuando el juzgado solicite al Ayuntamiento de Barcelona la remisión de una unidad de la Guardia Urbana para que auxilie a la Comisión judicial en la realización del desahucio, el Ayuntamiento le diga al juzgado que no puede hacerlo porque considera que dicha resolución es injusta.

Lo primero que hará el juzgado entonces es abrir diligencias previas al Ayuntamiento por el delito de desobediencia a la autoridad judicial y, después, pedirá que auxilien a la referida comisión la policía nacional, a través de la Sub-Delegación del Gobierno en Barcelona.

Casi no me atrevo a seguir.

Porque en teoría, al menos, cabe plantearse que aquella Ada Colau que tuvo que ser sacada a rastras de tantas casas de las que sus familias habitantes eran desahuciadas, ahora, coherentemente, se oponga a dichos desahucios con todas sus fuerzas.

Y no me atrevo a desarrollar esta última expresión “con todas sus fuerzas”, porque el conflicto que podría producirse daría inicialmente pábulo a la afirmación que leí el otro día de que la actitud de Colau de desobedecer las leyes injustas podría ser el principio de auténticos conflictos bélicos.

3 comentarios:

Futbolín dijo...

PAN, ROSAS, MOVISTAR
Beatriz Gimeno
En uno de los mítines de esta campaña coincidí con los trabajadores de Movistar que siguen en huelga y que nos explicaron los motivos por los que tomaron la decisión de desafiar a la poderosa empresa de telefonía. Están contratados como falsos autónomos y ganan 800 euros por 10 o 12 horas de trabajo (una de sus reivindicaciones es la de fijar una jornada de 40 horas semanales) en las que tienen que pagarse ellos mismos la Seguridad Social, la furgoneta y la gasolina. Entre el salario y el horario estas personas no tienen vida familiar ni social. Estuvieron contando su situación y cuando acabaron uno de ellos dijo: “No pedimos nada extraordinario; yo me conformaría con poder llevar a mi novia un fin de semana a la playa”. El presidente de la compañía, César Alierta, se subió el sueldo en 2015 un 16% y ya gana cerca de los 7 millones de euros. En unas declaraciones que hizo al medio de comunicación que le preguntó por esto afirmó que no ve extraño su salario porque que él bien vale ese dinero.
El axioma, repetido hasta la náusea por Rajoy, por la Troika, por los que nos gobiernan, de que si a las grandes empresas les va bien, a la gente le va bien, supone no sólo una mentira, sino además una humillación gratuita al sufrimiento de tantas personas. El día después de las elecciones el INE sacó un informe en el que se señala que en 2014 aumentó la pobreza hasta situarse en el 30% de los hogares españoles. Los niños están aún peor y sus tasas de pobreza son de un 35%. Cada vez menos esas cifras están relacionadas con tener o no tener empleo. Hay 4.5 millones de personas que trabajan y no llegan a los mil euros al mes, y los salarios no dejan de perder poder adquisitivo. El Partido Popular dice que se está creando empleo porque ahora un salario de antes se ha dividido en tres, aunque eso no ocurre con las horas de trabajo, que han aumentado para todos los trabajadores.
Y es verdad y es lo más urgente que mucha gente no tiene para vivir con esos salarios, ni puede pagarse una vivienda, ni poner la calefacción o incluso comprar comida, pero no olvidemos que según el mismo informe del INE, casi la mitad de los españoles no puede irse nunca de vacaciones. No puede, como dijo el técnico de Movistar, irse ni una semana a la playa. Queremos poder comer y estar calientes, pero queremos también poder ir de vacaciones, al cine, comprar un libro o llevar a los niños a un parque de atracciones. La lucha por una vida digna exige pan pero exige también rosas. “Pan y rosas” es una frase de un poema de James Oppenheim, pero fue también el eslogan de la huelga de los trabajadores y trabajadoras del textil, sobre todo de éstas, en Lawrence, Massachusetts, en 1912 por la mejora de sus condiciones de vida. Más tarde, “Pan y Rosas” se convirtió en una canción reivindicativa que muchas causas han hecho suya y cuya letra vuelve ahora, con las nuevas condiciones de trabajo que se están imponiendo, a estar más vigente que nunca.

Futbolín dijo...

Y si las urgencias que ha creado esta crisis nos llevan a exigir pan, no olvidemos las rosas. Porque todos y todas tenemos derecho no sólo a la subsistencia básica, sino a una vida que merezca la pena ser vivida; a una vida que incluya vacaciones, deporte, cultura, ocio, bienestar. Tenemos derecho a condiciones salariales que nos ofrezcan no sólo un salario para comer y unas pocas horas para dormir, sino un salario y tiempo suficiente para disfrutar de la vida y poder aspirar a ser felices. Porque la riqueza ajena no puede construirse a costa de nuestras vidas, de nuestro bienestar y felicidad. Porque no somos máquinas a las que les baste con gasolina para funcionar. Los trabajadores de Movistar quieren, como cualquiera, trabajar, comer y disfrutar de la vida. Y esa convicción tiene que ser la que nos debe mover a todos los que estamos en política para cambiar las cosas, a las diputadas y a los sindicalistas, a los activistas sociales y a los militantes de base: que todo el mundo tiene derecho a vivir la única vida que tenemos en condiciones dignas y suficientes. Salarios dignos para vidas buenas que valen tanto como la vida del presidente de Telefónica (y tantos otros) cuyo salario no está en relación con su trabajo, sino con la explotación a la que somete a miles de personas.

Futbolín dijo...

NO VEO SÓVIETS EN MI BARRIO
Javier Valenzuela ( Infolibre)

El Partido Popular ha reaccionado con tremendismo a la posibilidad de que, perdida su mayoría absoluta en muchos ayuntamientos y comunidades de España, sea reemplazado en alcaldías y presidencias por fórmulas surgidas de acuerdos de uno u otro tipo entre el PSOE y los nuevos partidos y candidaturas ciudadanas de izquierda. Esperanza Aguirre mencionó la posibilidad de un Madrid gobernado por sóviets; una correligionaria suya valenciana evocó el regreso de las violaciones de monjas y los fusilamientos de curas; Ana Palacio citó a Bin Laden e ISIS; otros mencionaron, cómo no, a ETA, la Venezuela chavista y Corea del Norte.

Resulta muy irritante el desparpajo con el que el PP utiliza la descalificación de calibre grueso contra sus adversarios, mientras se muestra suspicaz como una niñita malcriada cuando, por ejemplo, se le recuerdan sus obvias raíces franquistas. También en este terreno, el PP está convencido de que la finca es suya y sólo suya. Sólo el PP puede ejercer el derecho a la plena libertad de expresión, aunque sea con disparates que entran de lleno en el campo de las injurias y las calumnias. Sólo el PP puede "reabrir viejas heridas", convidar al debate a fantasmas apocalípticos tan falsos como la Bruja de Blancanieves y utilizar el miedo como argumento político. Hasta el derecho a no responsabilizarse de los delitos del padre es exclusivamente suyo.

La democracia española sigue necesitando, ciertamente, una derecha menos posesiva, menos deslenguada, menos crispada. Ya tenemos suficientes problemas como para que los conservadores intenten aterrorizarnos con la llegada de Darth Vader cuando pierden unas elecciones. Mucho mejor estaríamos si aceptaran con deportividad su derrota y la alternancia, si dedicaran su energía a escuchar el mensaje ciudadano y hacer autocrítica. ¿No tienen nada que reprocharse en materia de corrupción, autoritarismo y fomento de la desigualdad?

La campaña tremendista de las dos últimas semanas tiene dos objetivos evidentes. Uno, el intento de removilizar al electorado más asustadizo del PP de cara a las elecciones generales del próximo otoño. Si ganan los rojos, os quitarán el apartamento de la playa y esto se llenará de inmigrantes musulmanes, viene a ser el mensaje primario. Nadie propugna nada semejante en las filas de la actual oposición de izquierdas, por supuesto. Pero esta basura funciona, sin duda, en las tertuliascon olor a aguardiente de las tabernas y los platós televisivos.

El segundo objetivo, más sutil, es compartido por el centroizquierda del IBEX. Se trata de intimidar a los dirigentes del PSOE ante posibles pactos –ahora y en el otoño– con Podemos, IU, Compromís y otras fuerzas y candidaturas progresistas. Satanizar a la izquierda es un bombardeo político e ideológico preventivo que pretende anclar al PSOE en el campo del establishment, que le amenaza con las penas de infierno que le acarrearía sumarse a un cambio auténtico, ya no digamos liderarlo.

Rajoy lo ha verbalizado al despotricar de una supuesta"radicalización" de Pedro Sánchez. Esta y las otras exageraciones de la derecha siembran así coartadas para hipotéticos nuevos "tamayazos". Pero el objetivo de amedrentar a los socialistas también es compartido por cierto centroizquierda, insisto. Tras haber fantaseado con la idea de una Gran Coalición entre el PP y el PSOE para cerrar el paso a una Segunda Transición, los más listos en algunos consejos editoriales y de administración privilegian ahora la idea de un matrimonio de conveniencia entre el PSOE y Ciudadanos. ¿Puede ser Andalucía su primer laboratorio de ensayo? ¿Es Susana Díez su posible lideresa?

Tras el excelente resultado de Manuela Carmena en las elecciones de Madrid, yo no veo a gente formando sóviets o asaltando conventos en mi barrio, ni a etarras y yihadistas preparándose para asumir las tareas de la Policía Municipal. Sí me parece escuchar, en cambio, el ruido de las trituradoras de papeldestruyendo posibles pruebas de corrupción.

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