sábado, 11 de julio de 2015

El miedo, el dolor, el hambre y el desprecio




-Han empezado otra vez a hablar del miedo. No sé, pero lo que está meridianamente claro es que a lo que está pasando en Grecia hay que tenerle miedo.

Hay que ser el tío más canalla del mundo, hay que tener el alma absolutamente podrida para pensar y decir esto cuando tú eres uno de los culpables del dolor, del hambre y del miedo que asola a los otros.

Dolor, los enfermos mueren, abandonados a su suerte, en la puerta de los hospitales porque la medicina que puede salvarlos es demasiado cara.

¿Por qué es demasiado cara? Porque las farmacéuticas quieren, porque ése es precisamente su negocio, encarecer los específicos para ganar más.

Se podría romper esta cadena infernal que condena a la peor de las muertes a una pobre gente que no tiene la culpa de nada, simplemente no respetando las patentes o rebajándolas hasta un nivel que fuera medianamente decente pero eso atentaría contra las bases del sistema.

Hambre, dicen que los alimentos que les sobran a las empresas que comercian en este ramo de la producción, para que los precios de los mismos no bajen, se arrojan directamente al mar o se queman.

Esto sí que es un crimen de lesa humanidad y no otros de los que tanto se habla ahora, cuando toca, según ellos.

Según dice Carmena, la alcaldesa de Madrid, unos cien mil niños, actualmente, padecen hambre en esa maravillosa ciudad cuyos destinos ella regenta.

Cien mil niños, ¿cómo y de qué manera los habrá contado?, porque el hambre es una miseria que el que la padece oculta como el mayor de los pecados porque incita directamente al asco y al desprecio por los otros, y esto lo sabemos muy bien los que la hemos padecido.

Y que lo opulentos desprecian a los menesterosos, fuera del ámbito de las órdenes u organizaciones más o menos religiosas, es algo que saben muy bien todos esos desharrapados que han sufrido persecución y muerte en los portales de los grandes edificios o en los locales que albergan los cajeros automáticos y porque uno de sus arcángeles, Andrea Fabra, la hija del tío al que le tocaba la lotería casi todos los días, ya nos lo gritó a todos, desde los escaños del Congreso de los diputados, “que se jodan, coño, que se jodan”.

Claro que tenemos miedo, incluso los que ya no tenemos nada que temer porque ya lo hemos sufrido todo.

Porque a las alimañas, si eres una persona normal, hay que tenerles miedo.

Y el tío ríe ante las cámaras con su asquerosa sonrisa que desprende babas.

Porque sabe que, pase lo que pase, él y los suyos no van a perder absolutamente nada, porque le está esperando, convenientemente administrado, uno de los mejores registros de la propiedad de España, una canonjía que le supondrá varios millones de euros mensuales, es por eso que uno de sus ministros dijo, con toda razón, que él, Rajoy, estaba perdiendo dinero en el gobierno de España.

Y si vamos descendiendo, poco a poco, en esa interminable escala que es el poder político y administrativo español, comprobaremos, asombrados, que la historia de Rajoy, se repite milimétricamente en todos los demás casos.

Porque Rajoy es registrador de la propiedad, tal vez la canonjía mas rentable de todo el elenco profesional español, pero, detrás, le siguen desde muy cerca, la Sáez de Santamaría y Cospedal, que son abogadas del Estado, gente, en fin, que pase lo que pase en la política española, nunca, nunca, nunca, van a luchar a vida o muerte porque esos 60 euros por los que peleaba tan duramente esa pobre mujer griega, cuya imagen nos traía el otro día toda la prensa mundial, con los ojos desencajados y la boca y la cara torcida en una terrible mueca, que nos muestra hasta donde puede llevarnos la desesperación humana cuando uno lucha por su supervivencia.

O sea que Rajoy, como siempre, tiene razón:

-Ya han comenzado otra vez con esa letanía de que nosotros estamos sembrando el miedo para ganar las próximas elecciones, pero lo cierto y verdad es que a lo que ahora está ocurriendo en Grecia hay que tenerle miedo. Y eso pude venir hasta aquí, si nos olvidamos de a quien tenemos que votar para que el caos, el hambre, el dolor y la desesperación no vuelvan a imponerse otra vez, en nuestro país.

Como si el caos, el hambre, el dolor y la desesperación no estuvieran ya instalados aquí, precisamente desde que ellos están gobernando.

O sea que, encima, nos aplastan con su absoluto desprecio, no sé si creen realmente que todos somos tontos, pero nos tratan como si lo fuéramos.

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