lunes, 6 de julio de 2015

El totalitarismo enmascarado



Muerto Foucault, de sida, por cierto, la persona viva a quien más respeto en el mundo es Jürgens Habermas, el viejo marxista reciclado.

“Las élites políticas de Europa no pueden seguir ocultándose de sus electores, escamoteando incluso las alternativas ante las que nos sitúa una unión monetaria políticamente incompleta. Son los ciudadanos, no los banqueros, quienes tienen que decir la última palabra sobre las cuestiones que afectan al destino europeo” (El gobierno de los banqueros. El País, 28 de junio de 2015).

Es precisamente por frases como ésta por las que considero a Habermas un marxista reciclado en lugar de un marxista puro.

El análisis marxista de la situación actual no tiene vuelta de hoja.

Su principio esencial: todo es economía nunca ha sido más evidente.

Los economistas farisaicos lo saben mejor que nadie, pero nunca lo admitirán porque admitir la vigencia total del marxismo supone tanto como admitir la injusticia social esencial que el viejo Marx predicaba.

Habermas tiene que vivir porque, como todo hijo de vecino, está sometido al clásico “primum vivere, deinde philosophari”, y es por eso que ha tenido que acondicionar su filosofía de la vida a esta norma esencial, por eso ocupa cátedras más o menos oficiales en la metrópoli del mal.

Pero su diagnóstico íntimo tiene que ser el de todos los marxistas del mundo.

Si el mercado es el Dios de hoy, si la avaricia y el lucro son absolutamente sacrosantos porque su imperio va seguramente a salvar el mundo, la estructura política de la sociedad forzosamente debe de adecuarse a esta concepción cosmológica y así se está haciendo porque los totalitarios esenciales del neoliberal  capitalismo sí que son fieles a sus principios.

Todo no es, no debe ser sino capital. Curioso que Marx titulara así a su obra fundamental.
Y si todo no es más que capital, cualquier cosa, idea, concepto que se le oponga no es más que un sacrilegio.

“Ergo”, la democracia es esencialmente sacrílega.

Un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo es la mayor aberración porque supone que el Moloch capitalista debe de ser regulado, ¿por quién?, por el Estado, el supremo guardián de las esencias sociales, de aquí que tanto la Thatcher como el Reagan dijeran aquello de que el Estado no es la solución sino precisamente el problema.

Pero si el mercado lo es todo, si la libertad con la que éste se autoregula es la única libertad real operante, la libertad divina, la libertad suprema,  nos hallamos ante un nuevo totalitarismo mucho más peligroso que el de aquellos regímenes nazi,  fascista y franquista, porque es un totalitarismo absolutamente conceptual que no admite la menor sombra de discusión.

De modo que Grecia debe de ser sacrificada con toda la severidad del mundo porque se ha atrevido a poner en tela de juicio la verdad esencial: todo no es sino economía y ésta gira en su totalidad alrededor del mercado, que debe de castigar con toda la severidad posible ese crimen de lesa majestad que el pueblo heleno se ha atrevido a cometer.

Si el mercado no es el dios omnipresente, que los griegos saquen de donde puedan el dinero necesario para abrir sus Bancos, porque ellos, el mercado común europeo, el FMI, el BCE y el Eurogrupo no se lo van a prestar, si no por otra cosa para no ofender unas creencias tan arraigadas que les han llevado a votar en contra del más sagrado de los dogmas modernos.




2 comentarios:

bemsalgado dijo...

http://www.elcorreogallego.es/opinion/ecg/luis-pousa-mente-brillante-despierta/idEdicion-2015-07-07/idNoticia-941530/

{ CELTAS SIN FILTRO }

LUIS POUSA

Una mente brillante y despierta


‘‘TAKE it or leave it" (O lo tomas o lo dejas). Esa frase, pronunciada por el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, refleja y sintetiza de forma muy clara el talante con el que fueron tratados los representantes griegos en los cinco meses que llevan negociando en Bruselas un nuevo y tercer rescate.

En esos cinco meses, el Gobierno heleno ha podido comprobar que el Eurogrupo decide poco y habla mucho; está presidido por un mandado holandés (Jeroen Dijsselbloem), del ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, que amenaza en exceso y nada resuelve; y los ministros que allí asisten no atienden a razones económicas sino a las consignas políticas que emanan de sus respectivos gobiernos, pendientes todos ellos de lo que diga Berlín, interprete el FMI y ejecute el BCE presidido por Draghi. Decide Alemania, lo demás es cinismo e hipocresía.

Para una mente brillante y despierta como la del recién dimitido ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, el escenario descrito es una renuncia a la inteligencia y un insulto a la racionalidad económica.

¿Se puede acusar de hacer populismo y demagogia a quien sostiene que el volumen actual de la deuda griega (180 % del PIB) es insostenible y precisa una reestructuración?

¿Cómo se entiende que eso mismo lo admita ahora el FMI, lo cual es tanto como reconocer implícitamente que las políticas de ajuste agravaron el problema, y al mismo tiempo siga empeñado en aplicar recetas fracasadas?

¿Es un demente Varoufakis al señalar que si el porcentaje de la carga de los intereses que paga un país en relación a su PIB es superior al crecimiento de este, la deuda continúa aumentando? ¿O desafiante al explicar que la consecución de un superávit primario debe hacerse de manera que no yugule el crecimiento, no agrande la recesión y evite que el país entre en el círculo vicioso de la trampa de la deuda? ¿O un insensato al sostener que un retorno de Grecia al dracma, y su consiguiente devaluación, no haría más que aumentar el coste en euros de la amortización de la deuda; que el aumento de la competitividad de tal guisa tendría efectos limitados al carecer de una estructura industrial capaz de producir bienes y servicios para la exportación; y que la salida de Grecia del euro desencadenaría efectos en cadena que darían al traste con la moneda única en su concepción actual y muy probablemente generarían una suspensión de pagos en muchos otros países?

Admitamos que el ministro no estuvo diplomático en sus acusaciones a la troika. En lenguaje económicamente correcto, palabras como "criminal" y "terrorismo" no se dicen o se dicen de otra manera para no herir la sensibilidad de las élites. Tras ganar el referéndum, Varoufakis ha dimitido para facilitar el acuerdo, un gesto que le honra y una manera de señalar el camino que deberían seguir los Juncker, Dijsselbloem, Schäuble, Guindos y tantos otros. Otra UE es posible.

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Sencillo y muy claro pero suficiente. Como todo lo que tú aportas, bem.

En cuanto a lo de hablar de criminales y de terrorismo por parte de Varoufakis, demasiado templado está un tipo que tiene que tratar todos los días con semejante camada de indeseables.

Un fuerte abrazo, bem,

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